MasukLa casa estaba en silencio cuando Shun la atravesó. No había voces, ni pasos, ni luces encendidas más allá de las necesarias; solo esa quietud elegante y controlada que siempre había caracterizado ese lugar.
Subió las escaleras sin mirar atrás, sintiendo todavía el calor de la mano del alfa en la piel y la vergüenza quemándole por dentro. Cuando llegó a su habitación,
La habitación de huéspedes del penthouse guardaba una calma tibia, ajena al ajetreo que poco a poco se apagaba en el resto de la casa. La iluminación tenue daba un matiz suave a la estancia mientras Shun permanecía sentado sobre el borde de la cama, apoyando la espalda contra los cojines. Théon, arrodillado con naturalidad sobre la alfombra, le masajeaba las piernas cansadas con un cariño pausado y reverente, aplicando justo la presión necesaria para aliviar la tensión del día.El omega observaba los detalles de la habitación con detenimiento, recorriendo con la mirada los muebles de madera clara y las cortinas pesadas, hasta que finalmente fijó los ojos en su alfa.—Mamushi... ¿aquí dormías cuando te estabas escondiendo de mí? —preguntó con un tinte de timidez en la voz, jugando con el borde de su camisa.El francés dejó escapar una sonrisa tranquila sin interrumpir el ritmo de sus manos.—Yo no me estaba escondiendo de ti... —respondió con suavidad—, pero es verdad que dormí aquí al
La noche veraniega terminó por asentarse sobre el horizonte de Milán, transformando la terraza de CityLife en un espectáculo de luces lejanas. En el interior del penthouse, la sala lucía un ambiente mucho más distendido y cálido tras la cena, con el murmullo de las distintas conversaciones repartidas por el espacio.Alrededor de la mesa de centro, las gemelas disputaban una animada partida de cartas con Lucien y Kyle, simulando un pequeño casino entre risas y fichas de colores.A unos metros, en un rincón de la sala decorado con elegantes sillones de cuero, Eliot, Théon y Nataniel compartían un vaso de whisky con camaradería.— Hacía mucho que no pasábamos un rato tan alegre —comentó el patriarca, contemplando el grupo con una sonrisa tranquila antes de darle un sorbo a su bebida—. Creo que deberían dejar que el joven Bellmont haga más fiestas, tiene talento para entretener a los niños.—Claro, cualquiera es divertido si solo se aparece para dar dulces y regalos —replicó Eliot con evid
El sol de la tarde veraniega caía de lleno sobre la terraza del tercer nivel del penthouse en CityLife, tiñendo el horizonte de Milán con destellos dorados. En el área de la piscina de borde infinito, el ambiente estaba cuidadosamente preparado para la ocasión: inflables de formas divertidas flotaban en el agua, la hielera del bar exterior rebosaba de bebidas frías y golosinas, y sobre la mesa baja se acumulaba una colorida selección de bocadillos y juegos.A pesar de que todo lucía impecable, Lucien no paraba de moverse; iba y venía por la cubierta de madera ajustando la posición de los cojines, alineando las copas en la barra del bar por tercera vez y acomodando las toallas con un nivel de exigencia desmedido.Adelard, recostado en una de las asoleadoras traseras, lo observaba ir y venir con una sonrisa entretenida. Le complacía verlo tan enfocado y lleno de energía, aunque era evidente que la ansiedad lo estaba dominando.Cuando vio que se disponía a reacomodar los inflables en el
Shun terminó de beber su último sorbo de té de cebada antes de que Théon, con la firmeza servicial que lo caracterizaba, lo tomara suavemente del brazo para ayudarlo a ponerse en pie. Cruzaron el pasillo iluminado por el sol matutino hasta llegar al consultorio, donde lo guio hasta la camilla con sumo cuidado, sosteniéndole la espalda hasta que el omega estuvo completamente acomodado.Mientras comenzaba a encender la unidad del ecógrafo y a calibrar los controles del monitor, Shun se reclinó sobre la camilla, subiéndose la camisa para dejar al descubierto la redondez de su vientre. Un cosquilleo de ansiedad le recorrió el pecho ante la expectativa; en lo más profundo de su corazón, ansiaba con fuerza que fuera un varoncito, un pequeño alfa fuerte y noble que heredara los rasgos pulidos de Théon.El francés preparó la sonda y tomó el tubo de gel conductor, cuando lo vertió sobre la piel tibia de Shun, sus manos temblaron ligeramente por un arrebato de nerviosismo que intentó disimular
La luz cálida y brillante de finales de primavera se filtraba a través de las cortinas ligeras del ventanal, tiñendo la habitación de un tono dorado y anunciando la llegada del calor mañanero. Shun dormía plácidamente acurrucado de lado, con la colcha liviana apenas cubriéndole la cadera para hacer frente a la temperatura suave de la temporada.El vibrar continuo de su teléfono sobre el buró interrumpió el silencio de la estancia. Con extrema parsimonia, estiró la mano por fuera de la cama y tanteó la superficie hasta dar con el aparato. Entornó los ojos por la claridad del sol y miró la pantalla, confirmando que se trataba de su padre. Aceptó la llamada y se llevó el teléfono al oído, pegando la mejilla a la almohada.—Buenos días, Otōsan... —saludó con la voz ronca y pegajosa por el sueño.—¡Buenos días, hijo mío! —lo saludó Ren del otro lado de la línea, con una energía desbordante—. ¿Cómo amaneciste? ¿Cómo está mi nieto?—Bien, Otōsan... Mushi está moviéndose mucho —sonrió despaci
El convertible cortó el aire fresco de la noche milanesa a una velocidad considerable. Lucien sostenía el volante con fuerza, impulsado por una emoción desbordante que lo hacía sin prestar atención al tacómetro y a las luces que pasaban a los lados como ráfagas borrosas; su mente solo estaba concentrada en recortar minutos para llegar cuanto antes a CityLife.Entraron al estacionamiento subterráneo del complejo y, casi sin dar tiempo a que el motor se apagara del todo, caminaron a paso apresurado hacia el ascensor. Tan pronto como las puertas metálicas se cerraron, acorraló a Adelard contra la pared del espejo, atrapándolo en un enjambre de besos ansiosos.El omega soltó una risa baja y cristalina al ver la devoción desesperada del alfa, correspondiéndole los besos y pasándole las manos por la nuca para seguirle el juego mientras el elevador ascendía.Al cruzar el umbral del penthouse, Adelard puso un par de dedos sobre el pecho de Lucien para marcar una ligera distancia, rompiendo un