LOGINEl viento helado de la noche milanesa golpeaba el parabrisas del convertible mientras avanzaban por las avenidas casi desiertas. Las luces amarillentas de los faroles dibujaban sombras largas sobre el asfalto mojado, envolviendo la ciudad en una atmósfera pesada y silenciosa.En el asiento del copiloto, Seiya mantenía la mirada fija en el exterior, apretando las manos sobre su regazo. Su mente era un caos que no le daba tregua. La ansiedad le oprimía el pecho al imaginar la confrontación inminente con Eliot tras el colapso de su burda mentira, pero el verdadero tormento residía en el vacío que le había dejado Lisboa.Las acusaciones de Raffaelle retumbaban en su cabeza como un eco distante e insoportable. Le resultaba imposible procesar la idea de que Karina estuviera muerta; su mente se negaba a aceptarlo, aferrándose con desesperación al último recuerdo intacto que tenía de ella: de pie en la sala de su casa, luciendo frágil pero viva, mientras sostenía con una sonrisa las bolsas de
Hola, queridas lectoras.Hoy vengo a compartirles una noticia que me hace muchísima ilusión: GoodNovel acaba de ofrecerme un contrato para La Rosa y el Ruiseñor. Esto significa que pronto tendrán una nueva obra mía disponible en la plataforma, y estoy muy feliz de poder ampliar poco a poco el universo que hemos construido juntas.Para quienes todavía no la conocen, La Rosa y el Ruiseñor comparte universo con Dragón Azul y León de Hierro y nos cuenta la historia de Kyle D'Alessandro, antes y después de llegar a la Mansión Kurosawa, así como su relación con Nataniel.Y para las fans de Seiya, Eliot y los niños, ¡también hay buenas noticias! En esta novela podrán reencontrarse con ellos, conocer la historia de la casa familiar desde otra perspectiva y, sobre todo, acompañar el crecimiento de los hijos Foster Kurosawa a lo largo de aproximadamente quince años de historia.Aunque ambas novelas comparten parte de su línea temporal, La Rosa y el Ruiseñor nos llevará mucho más lejos en el tiem
Al descender los últimos peldaños de la escalinata de entrada, la resistencia de Lucien colapsó por completo. Un vértigo violento le nubló la vista y sus piernas cedieron de golpe; antes de llegar a la portezuela del sedán, se dobló sobre sí mismo y comenzó a vomitar estrepitosamente sobre los adoquines, salpicándose el abrigo y los zapatos.Seiya lo sostuvo desde el costado a duras penas, sujetándolo por las axilas con el rostro desfigurado por una angustia desgarradora, sin entender porque su amigo acababa de colapsar.—¡Luci! ¿Qué pasa? ¿Qué hago? —preguntó mientras trataba de mantenerlo erguido.Lucien se limpió los labios con el dorso de la manga con la mano temblorosa, haciendo un esfuerzo sobrehumano para recomponerse.—Estoy bien... —murmuró en un hilo de voz rasposo y débil—. Solo necesito salir de aquí...El enigma lo ayudó a subir al asiento trasero del vehículo como pudo. El chofer, al ver el rostro pálido del alfa y la mancha de sangre en la mejilla del enigma, encendió e
El cielo sobre Lisboa amanecía teñido de un gris plomizo y melancólico, envuelto en esa llovizna fina y persistente de primavera que empapaba los adoquines de la pista sin llegar a convertirse en tormenta. El aire fresco y húmedo de la mañana se filtraba por los ventanales del aeropuerto, trayendo consigo el aroma salino del estuario del Tajo.Tras abandonar el desembarque, Lucien y Seiya caminaban a la par por el pasillo despejado. El alfa vestía un abrigo largo bien estructurado, ajustándose el cuello con evidente incomodidad mientras tiritaba levemente; el frío atlántico era su peor enemigo. El enigma, en cambio, avanzaba con un paso fluido y mucho más ligero, apenas cubierto por una chaqueta fina mientras arrastraba con soltura una maleta de ruedas sobre el suelo pulido.Sin entretenerse en miradas ni perder tiempo entre los pasajeros, se adentraron en la exclusividad de la sala VIP del aeropuerto. Cruzaron el salón de descanso a paso firme y, desviándose hacia el fondo, se colaro
El brillo cálido de los candelabros de cristal de Bohemia se multiplicaba sobre las superficies de mármol veteado y las molduras doradas de la boutique de Erissu, en el corazón de la Galleria Vittorio Emanuele II. El ambiente olía a cuero fino, alfombras tupidas y al suave perfume de flores frescas dispuestas en jarrones de porcelana. A través de los ventanales arqueados, la luz tamizada de la tarde milanesa recortaba las siluetas de los transeúntes vestidos con abrigos estructurados, mientras al interior, el murmullo de los dependientes mantenía un rigor casi litúrgico.En una de las salas privadas de la tienda, rodeado de espejos de cuerpo entero con marcos tallados y sofás de terciopelo borgoña, Kyle vivía su propio e interminable infierno personal. Salía por enésima vez del probador, ajustándose con cierta torpeza la chaqueta de un conjunto en tono verde aguamarina que acentuaba el fuego de su cabello rojizo y la claridad de sus ojos azules.Apenas pisó la alfombra, Seiya se puso
La mañana se filtraba por los ventanales de la habitación principal, tiñendo el espacio con una luz dorada y apacible que acentuaba la calma de la mansión. Frente al gran espejo de cuerpo entero, Seiya lidiaba en un silencioso dilema con su propia imagen. Pasaba los dedos entre sus mechones oscuros que, tras varios meses sin cortar, le caían ya sobre los hombros. Intentó peinarlos hacia atrás y luego sujetar un costado tras la oreja, pero el cabello simplemente volvía a caer, reflejando bajo el tragaluz destellos casi azulados mientras ajustaba el cuello de su camisa.En medio de su batalla silenciosa, Eliot apareció en el umbral. Aún vestía su pijama holgada, se apoyó contra el marco de la puerta cruzando los brazos con una postura relajada.—Buenos días, Bambino... —saludó observándolo con una sonrisa perezosa y tibia—. ¿A dónde vas tan temprano?El enigma abandonó el reflejo del espejo y caminó hacia él sin dudarlo, acortando la distancia para inclinarse y dejarle un beso suave sob







