LOGINDoce años atrás, cuando la vida todavía sabía a juventud, a campus soleado y a promesas que parecían eternas, la Universidad de Tokio respiraba el aire dulzón de San Valentín. Era una tarde tibia, cargada de la emoción torpe que flotaba cada catorce de febrero: intercambios de chocolates, risas nerviosas, olor a café saliendo de las cafeterías, grupos de estudiantes corriendo con cajas envueltas en papel brillante, buscando el valor para declararse.Entre todo ese alboroto caminaban dos figuras que detenían miradas. Seiya Kurosawa, de dieciséis años y tercer año universitario, era la viva imagen del caos magnético que era tener un enigma en plena adolescencia, con ese brillo insolente de quien sabe exactamente el efecto que produce sin haber pedido producirlo. A su lado, Seraphine Fraser de dieciocho años, como estudiante de intercambio desde Edimburgo, llevaba el cabello rojizo llameando con la luz de la tarde y los ojos verdes divertidos incluso cuando suspiraba, como hacía desde ha
Mientras estoy en este pequeño hiatus, me puse a revisar algunas cosas que tenía guardadas y encontré un capítulo especial e inédito que nunca supe muy bien dónde acomodar dentro de la historia.Así que pensé que este era un buen momento para liberarlo.En él podrán conocer un poquito más del pasado de Seiya, Seraphine y Shun durante su adolescencia en Tokio.No es un capítulo indispensable para seguir la trama, pero creo que puede resultar entretenido mientras esperan mi regreso. Tómenlo como una pequeña compañía para que no me extrañen tanto.Espero que lo disfruten y, por supuesto, estaré feliz de leer qué les parece.
Hola, lector@s.Creo que ya era hora de que finalmente nos presentáramos.Quiero comenzar agradeciéndoles muchísimo por la bonita acogida que le han dado a esta historia. Cada vez que entro a la plataforma y encuentro nuevos suscriptores, nuevas lecturas y personas que siguen acompañando el libro, me hace muchísima ilusión. Sé que esta ha sido una historia larga, pero he intentado llenarla de matices, personajes y momentos diferentes para conseguir que quieran quedarse conmigo hasta aquí.Probablemente les resulte un poco extraño que aparezca a presentarme justo en este punto de la historia, pero los cambios recientes de la plataforma me han permitido acercarme un poquito más a ustedes y, sobre todo, encontrar comentarios que llevaban bastante tiempo escondidos. Así que también quiero disculparme con quienes me escribieron en algún momento y no recibieron respuesta. No era falta de interés; simplemente no había conseguido encontrar sus mensajes.Y ya que finalmente estamos hablando, qu
La brisa de la tarde traía consigo un calor más benigno, lejos de los últimos vestigios del frío. A través de los ventanales de la mansión, el jardín desplegaba ese peculiar follaje híbrido donde las glicinas en flor y las azaleas se mezclaban con la vegetación mediterránea, llenando los pasillos con un aroma dulce y fresco.Eliot caminó por el pasillo principal aflojándose el nudo de la corbata, con el cansancio del trabajo pesándole en los hombros, pero con la sola idea de buscar a su esposo para refugiarse en él. Al aproximarse al estudio de la primera planta, el sonido de una risa melódica y clara lo hizo detener el paso; era su risa, amplia, suelta y seguida por los grititos agudos y emocionados del pequeño que jugaba cerca.Justo cuando iba a girar el picaporte, las palabras de Seiya al otro lado de la madera lo congelaron en su sitio.—¡Luci, basta! —exclamó entre risas, ahogando un murmullo coqueto—. ¿Por qué siempre dices cosas como esas?Aguzó el oído, sintiendo cómo una pun
Théon soltó la mano de Shun con una lentitud casi dolorosa, asegurándose de que los dedos del omega descansaran con firmeza sobre las cobijas de la camilla. Se puso en pie, echó una última mirada a la curva del vientre donde la aguja del monitor seguía trazando una línea pausada y tranquila, y caminó hacia la entrada del consultorio.Al cruzar el umbral, no tuvo tiempo de articular palabra. Eliot acortó la distancia y lo envolvió en un abrazo apretado, cálido y pausado, cargado de esa fraternidad pura que con el tiempo había borrado cualquier línea entre la amistad y el trabajo. Afianzó el agarre, rodeándole los hombros con firmeza y dándole un par de palmaditas pesadas sobre la espalda, ofreciéndole ese refugio seguro donde al fin pudo soltar la tensión que le agarrotaba el cuello.—¿Qué haces aquí? —se separó despacio, pasándose el dorso de la mano por el rostro aún húmedo.—Estaba cerca por si tenía que retenerte —admitió el italiano con una media sonrisa franca, manteniendo esa ca
La mano de Théon se cerró sobre su muñeca con la firmeza implacable de un alfa, deteniéndolo en seco. Shun se quedó inmóvil, sintiendo la presión de esos dedos cálidos atravesándole la manga del abrigo. El aire entre los dos se volvió denso, sofocante, cargado de una electricidad tirante. Obligándose a mantener la compostura, giró el rostro despacio para encararlo.Su mirada lo atravesó como una cuchilla. Sus ojos verdes, entornados y fríos, no mostraban el amor que tanto había anhelado durante meses; solo había en ellos una escudriñadora incredulidad, una desconfianza tan profunda que le encogió las entrañas.Por dentro, sentía un temblor destructivo. La angustia le carcomía el pecho. Había pasado días planificándolo todo al milímetro, ensayando cada frase, intentando ser el hombre maduro y entregado que el alfa merecía, y ver que toda su preparación solo levantaba muros más altos de sospecha lo estaba desarmando por completo.—Yo nunca te dije que estaba incómodo —soltó Théon, con l


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