LOGINLa luz de la mañana filtrada por las cortinas iluminaba a medias la habitación. Eliot dormía en la cama, ajeno a todo y frente al tocador, Seiya llevaba rato sentado sobre el banquillo, observando en el espejo las sombras oscuras que el insomnio le había dejado bajo los ojos.Frente a él, había varios frascos de maquillaje abiertos. Tomó el corrector y, con una brocha, dio pequeños toques sobre los moretones de su pómulo y cuello. Esparció el producto con cuidado, buscaba ocultar los golpes antes de que sus hijos despertaran; no quería que lo vieran así. Sin embargo, la cobertura no bastaba y las marcas violáceas continuaban transparentándose por más capas que aplicara.Tras varios intentos inútiles, dejó el envase sobre la mesa. Tapó los frascos uno a uno, deslizándolos de vuelta en el cajón con un movimiento suave para no hacer ruido. Se puso en pie evitando mirar hacia la cama y caminó hasta la salida. Abrió la puerta sin producir un solo chasquido y se deslizó hacia el pasillo e
Lucien insertó la llave metálica en la cerradura con un cuidado excesivo, girando el mecanismo milímetro a milímetro para evitar cualquier chasquido delator. Empujó la puerta con sigilo, se deslizó hacia el interior del penthouse y la cerró a sus espaldas, dejando fuera el viento helado de la noche milanesa. Pegó la espalda contra el marco del recibidor con el corazón martilleándole el pecho mientras sus ojos escudriñaban la penumbra.Al constatar que la sala principal estaba sumida en una oscuridad absoluta y en un silencio denso, soltó un largo suspiro. Adelard aún no había vuelto o ya estaba dormido.Sin encender las luces, se descalzó a toda prisa y avanzó en medias hacia el área de lavandería. Se desnudó apresuradamente, sabía perfectamente que esas telas apestaban al sándalo denso de Seiya; un solo rastro de ese aroma en la casa y no tendría cómo justificarlo. Arrojó cada prenda al tambor de la lavadora, vertió una dosis generosa de detergente y puso a funcionar el ciclo antes
El viento helado de la noche milanesa golpeaba el parabrisas del convertible mientras avanzaban por las avenidas casi desiertas. Las luces amarillentas de los faroles dibujaban sombras largas sobre el asfalto mojado, envolviendo la ciudad en una atmósfera pesada y silenciosa. En el asiento del copiloto, Seiya mantenía la mirada fija en el exterior, apretando las manos sobre su regazo. Su mente era un caos que no le daba tregua. La ansiedad le oprimía el pecho al imaginar la confrontación inminente con Eliot tras el colapso de su burda mentira, pero el verdadero tormento residía en el vacío que le había dejado Lisboa. Las acusaciones de Raffaelle retumbaban en su cabeza como un eco distante e insoportable. Le resultaba imposible procesar la idea de que Karina estuviera muerta; su mente se negaba a aceptarlo, aferrándose con desesperación al último recuerdo intacto que tenía de ella: de pie en la sala de su casa, luciendo frágil pero viva, mientras sostenía con una sonrisa las bolsas d
Hola, queridas lectoras.Hoy vengo a compartirles una noticia que me hace muchísima ilusión: GoodNovel acaba de ofrecerme un contrato para La Rosa y el Ruiseñor. Esto significa que pronto tendrán una nueva obra mía disponible en la plataforma, y estoy muy feliz de poder ampliar poco a poco el universo que hemos construido juntas.Para quienes todavía no la conocen, La Rosa y el Ruiseñor comparte universo con Dragón Azul y León de Hierro y nos cuenta la historia de Kyle D'Alessandro, antes y después de llegar a la Mansión Kurosawa, así como su relación con Nataniel.Y para las fans de Seiya, Eliot y los niños, ¡también hay buenas noticias! En esta novela podrán reencontrarse con ellos, conocer la historia de la casa familiar desde otra perspectiva y, sobre todo, acompañar el crecimiento de los hijos Foster Kurosawa a lo largo de aproximadamente quince años de historia.Aunque ambas novelas comparten parte de su línea temporal, La Rosa y el Ruiseñor nos llevará mucho más lejos en el tiem
Al descender los últimos peldaños de la escalinata de entrada, la resistencia de Lucien colapsó por completo. Un vértigo violento le nubló la vista y sus piernas cedieron de golpe; antes de llegar a la portezuela del sedán, se dobló sobre sí mismo y comenzó a vomitar estrepitosamente sobre los adoquines, salpicándose el abrigo y los zapatos.Seiya lo sostuvo desde el costado a duras penas, sujetándolo por las axilas con el rostro desfigurado por una angustia desgarradora, sin entender porque su amigo acababa de colapsar.—¡Luci! ¿Qué pasa? ¿Qué hago? —preguntó mientras trataba de mantenerlo erguido.Lucien se limpió los labios con el dorso de la manga con la mano temblorosa, haciendo un esfuerzo sobrehumano para recomponerse.—Estoy bien... —murmuró en un hilo de voz rasposo y débil—. Solo necesito salir de aquí...El enigma lo ayudó a subir al asiento trasero del vehículo como pudo. El chofer, al ver el rostro pálido del alfa y la mancha de sangre en la mejilla del enigma, encendió e
El cielo sobre Lisboa amanecía teñido de un gris plomizo y melancólico, envuelto en esa llovizna fina y persistente de primavera que empapaba los adoquines de la pista sin llegar a convertirse en tormenta. El aire fresco y húmedo de la mañana se filtraba por los ventanales del aeropuerto, trayendo consigo el aroma salino del estuario del Tajo.Tras abandonar el desembarque, Lucien y Seiya caminaban a la par por el pasillo despejado. El alfa vestía un abrigo largo bien estructurado, ajustándose el cuello con evidente incomodidad mientras tiritaba levemente; el frío atlántico era su peor enemigo. El enigma, en cambio, avanzaba con un paso fluido y mucho más ligero, apenas cubierto por una chaqueta fina mientras arrastraba con soltura una maleta de ruedas sobre el suelo pulido.Sin entretenerse en miradas ni perder tiempo entre los pasajeros, se adentraron en la exclusividad de la sala VIP del aeropuerto. Cruzaron el salón de descanso a paso firme y, desviándose hacia el fondo, se colaro







