LOGIN*—Engel:Al final, Ezra y Dante se marcharon prometiendo regresar en mejores circunstancias, aunque Engel sabía que probablemente no sería pronto. Ezra necesitaba descansar y cuidarse, sobre todo llevando mellizos y con un embarazo que avanzaba rápidamente. Engel tampoco tendría demasiado tiempo libre durante las próximas semanas entre las revisiones en el hospital y las terapias que comenzaría en cuanto su médico lo autorizara. Cuando se quedaron solos, Engel suspiró y volvió la mirada hacia Cameron, quien todavía permanecía en la habitación.—¿Puedo dar un paseo? —preguntó.Cameron lo observó con cierta desconfianza.—Solo quiero despejarme un poco. Puedes decirle a uno de los guardias que me acompañe, ¿sí?Para su sorpresa, Cameron sonrió y asintió. Incluso lo ayudó a ponerse unas zapatillas deportivas antes de acompañarlo hasta la terraza. Había uno de los guardias allí y, apenas los vio aparecer, se irguió inmediatamente. Cameron le ordenó que acompañara a Engel durante el paseo
*—Engel:«No dejes que las palabras de Raphael te agobien. Raphael no es nadie, solo es una basura», se repitió a sí mismo, pero, por más que intentaba convencerse, el nudo en su garganta no hacía más que crecer.Engel tragó con dificultad. Los ojos comenzaron a arderle, pero se negó a llorar frente a él. No iba a darle esa satisfacción.—Basta —escuchó decir a Ezra.Engel levantó la mirada. Su amigo estaba de pie, con los ojos llenos de lágrimas y una mano protectora sobre su vientre.—No tienes que decirle todas esas cosas horribles, ¿quién demonios te crees que eres?Raphael lo miró con evidente desprecio.—Si sabes lo que te conviene, será mejor que no hables y…—¿Qué vas a hacer?La voz masculina, fuerte y cargada de advertencia, lo interrumpió desde la puerta.Dante estaba en la puerta y se veía furioso. El azul que normalmente caracterizaba sus ojos había desaparecido por completo, sustituido por un intenso color dorado que Engel solo había visto aparecer cuando su primo perdía
*—Engel:Estaban riéndose de un video de los mellizos de Callum donde estos estaban sentados en sus sillitas comiendo, aunque parecían más interesados en lanzarse la comida y reírse entre ellos que en llevársela a la boca. Engel y Ezra se divertían con el desastre cuando llamaron a la puerta. Engel permitió que la persona del otro lado pasara, convencido de que sería Cameron o quizás Dante regresando de hablar con él. Sin embargo, la sonrisa desapareció de sus labios apenas la puerta se abrió y vio entrar a un hombre alto, rubio y de intimidantes ojos azules. Raphael.Su hermano mayor seguía siendo la representación perfecta de aquellos alfas dominantes de la vieja escuela que Engel tanto detestaba: imponente, arrogante y consciente del poder que poseía. Solo verlo consiguió revolverle el estómago.Las risas cesaron y el ambiente de la habitación cambió por completo.Engel apretó las manos mientras observaba a Raphael entrar en su recámara. Su hermano echó un vistazo alrededor, como
*—Engel: Engel y Ezra comenzaron a ponerse al día hasta que Dante anunció que bajaría a hablar con Cameron, con quien se había encontrado al llegar. Los dejó solos para que, según sus propias palabras, pudieran chismear como dos viejas sin oficio. Engel permaneció sonriente mientras Ezra le hablaba del café, cuya apertura estaba prevista para finales de agosto. Para entonces estaría prácticamente en la recta final del embarazo y probablemente con un vientre todavía más enorme. Verlo acariciarse la barriga mientras hablaba de sus planes provocó una ternura inmensa en Engel. No podía esperar a que aquellos niños nacieran para mimarlos tanto como mimaba a los de Dominick y Callum. Amaba a sus sobrinos postizos y, quizás esta vez, tendría suerte y le permitirían ser padrino de uno de los bebés. Con los de Dominick y Callum no había tenido oportunidad porque Micah y Noah se le habían adelantado. —¿Y la habitación de los bebés? —preguntó con curiosidad, pues la última vez que fue al ap
*—Engel:Todavía no podía creer lo que había pasado.Engel bajó la mirada hacia su brazo izquierdo, inmovilizado en un cabestrillo contra su pecho para evitar movimientos innecesarios y cualquier esfuerzo que pudiera comprometer la herida de bala en su hombro. Soltó un suspiro y cerró los ojos con fuerza.¿Cómo se había metido en el camino para salvar a Cameron? Todavía no entendía cómo había reaccionado tan rápido, lanzándose entre la bala y su esposo como si fuera un maldito héroe, como si fuera un alfa dominante con instintos de protección imposibles de controlar. Pudo haber muerto. De hecho, durante aquellos primeros minutos había creído que moriría. El dolor había sido insoportable, había perdido bastante sangre y recordaba haber delirado entre momentos de lucidez, convencido de que finalmente todo terminaría allí. Pero no, no había muerto, estaba muy vivo.Había permanecido varios días en el hospital y pasado casi uno entero inconsciente. Según los médicos, su cuerpo simpleme
*—Sebastián:Las manos le temblaban mientras sostenían su tableta y veía la fotografía.El mismo rostro que aparecía una y otra vez entre aquellos fragmentos confusos de su pasado, aquel hombre que parecía haberlo secuestrado, quien había amenazado tanto a su madre como a él, y el que, incluso después de tantos años, conseguía que su cuerpo reaccionara con un miedo que su mente era incapaz de explicar. De repente, el aire no llegaba a sus pulmones.—No… —murmuró.Las náuseas aparecieron primero. Después llegaron el mareo, las manos temblorosas y aquella aceleración descontrolada de su corazón que ya conocía demasiado bien.Por favor, no otra vez.La tableta cayó sobre el asiento y Sebastián salió prácticamente huyendo hacia el baño. Apenas consiguió llegar al retrete antes de devolver todo lo que había comido, vaciando el estómago mientras su cuerpo se estremecía violentamente. Las arcadas continuaron incluso cuando ya no tenía nada más que expulsar, provocándole dolor en la espalda,







