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EN CASA DEL SUEGRO

Autor: Nelpin
last update Fecha de publicación: 2025-05-30 21:43:51

**KLAUS**

Diego. Podía imaginarlo, sentado en su trono de poder, creyéndose dueño de todo, incluso del destino de su hija. Y si tenía razón —si estaba detrás de esto—, entonces el juego había cambiado.

—¿Tanto te asusta verme al lado de tu hija, viejo bastardo? —murmuré con veneno.

Mi teléfono vibró. Mensaje de mi asistente.

—La matrícula parcial corresponde a una flota de vehículos alquilados por una empresa de seguridad privada… Meyer los usó hace dos semanas. Mismo proveedor. —la sangre se m
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Último capítulo

  • Adicto A tu cuerpo   EPILOGO

    **KLAUS**El despacho principal de las industrias Meyer ya no imponía el mismo terror. La caoba seguía pulida, los ventanales de tres metros continuaban ofreciendo una vista panorámica de la ciudad que Diego había conquistado con puño de hierro, pero el aire ya no pesaba. Los archivos de Elías estaban bajo tres llaves en una caja fuerte de alta seguridad, listos para ser entregados a la fiscalía cuando el momento fuera idóneo. Las grietas se habían sellado.Me senté al borde del escritorio, no en la silla presidencial. Ese trono ya no tenía el mismo valor para mí.—Los inversores de Ginebra firmaron la adenda del contrato, Klaus —la voz de Úrsula me sacó de mis pensamientos.Se paró en el umbral de la puerta, vistiendo un vestido holgado de color vino que apenas lograba disimular la curva prominente de sus cinco meses de embarazo. Su piel tenía un brillo distinto, un calor que había reemplazado de manera definitiva la palidez aséptica del hospital. Caminó hacia mí con esa elegancia inn

  • Adicto A tu cuerpo   MIRANDO LA VIDA CON OTROS OJOS

    **KLAUS**No heredará guerras. Solo amor. Ella lloró. Y yo también. Pero por primera vez, no llorábamos por lo perdido. Llorábamos por lo que venía. Por la vida. Para nosotros. Por ese pequeño milagro que llegaba justo cuando todo parecía roto. Y así, con barro en los zapatos, un corazón herido, y un hijo creciendo en el vientre de la mujer que más amo…Por fin sentí que el mundo volvía a girar en la dirección correcta.No dormimos esa noche. Ni por cansancio, ni por temor. Simplemente, no queríamos perdernos ni un segundo del silencio que por fin no dolía. Nos sentamos en el viejo sofá del cuarto de reposo, sin luces encendidas, solo el leve parpadeo del monitor cardíaco de Diego al fondo y el sonido pausado de su respiración asistida.Ella recostó su cabeza en mi hombro. Mi mano descansaba sobre su vientre, como si pudiera proteger desde ya a ese pequeño ser que, sin saberlo, venía a enseñarnos que todavía era posible empezar de nuevo.—No sé si voy a ser buena madre —susurró Úrsula

  • Adicto A tu cuerpo   ¡¡EMBARAZADA!!

    **KLAUS**Leticia apareció en pantalla, impecable.—Durante años, Elías Romero fue considerado uno de los pilares financieros más influyentes del país. Hoy, nuevas pruebas lo vinculan con una compleja red de lavado de dinero, presiones corporativas, y lo más grave: la muerte encubierta de la esposa del empresario Diego Meyer.Úrsula jadeó. No era solo escuchar el nombre de su madre. Era ver esa palabra: “muerte”. Finalmente, reconocida. Ya no era una “pérdida repentina” ni “un lamentable accidente cardíaco”. Era un crimen. Y ahora el mundo lo sabía.—Las pruebas provienen de una serie de grabaciones realizadas en encuentros recientes con Romero, donde él mismo admite haber utilizado la presión emocional para doblegar a Diego Meyer y tomar el control de su imperio empresarial.Las imágenes aparecieron. Borrosas, en blanco y negro, pero claras. Elías hablando. Sonriendo. Confesando. —Tu suegra era un obstáculo… era cuestión de presión… Úrsula no lo sabe todo… Y si sigue entrometiéndose,

  • Adicto A tu cuerpo   UNA VERDAD DOLOROSA

    **KLAUS**Ella bajó la mirada por un segundo. Pero no reculó. Úrsula nunca retrocedía.—No soy una niña. No me cuides así, Klaus. No me ocultes la verdad. Tengo derecho a saber qué está pasando. Sobre mi madre… sobre Diego… sobre todo.La miré, y sentí una punzada en el pecho. Me costaba más protegerla de lo que pensaba. Pero la verdad ya era un arma. Y yo tenía que decidir si se la entregaba… o si la usaba por ella. Respiré hondo. —Tu madre no murió de causas naturales —le confesé, finalmente—. La mataron. Y Elías Romero pagó para que lo encubrieran.El silencio que siguió fue una caída libre. Úrsula parpadeó lentamente. Luego, retrocedió un paso, como si la verdad tuviera peso físico. —¿Estás seguro?Asentí.Sus ojos se llenaron de furia. Pero no de desesperación. —Entonces vamos por él.Ahí entendí que ya no estaba solo en esta guerra. Y que Elías Romero había cometido su último error.—Vamos por él —replicó Úrsula, con esa calma tensa que precede al desastre.Yo sabía que en su me

  • Adicto A tu cuerpo   CONTRAATAQUE

    **ÚRSULA**No sentí miedo. Sentí rabia. Furia limpia y cortante como el filo de una navaja.—Vamos a destruirlo —murmuré, con la voz firme.Klaus asintió.—Lo vamos a hacer caer. Con cada una de estas pruebas. Y cuando todo salga a la luz, ni su dinero, ni su traje caro, ni sus amenazas podrán salvarlo.—Por mi madre —dije, apretando la fotografía contra el pecho.—Y por ti —añadió Klaus, mirándome como si fuera la única persona que importaba en el mundo.**KLAUS**Me movía en silencio, como un depredador en terreno enemigo. No había lugar para errores. Úrsula no lo sabía —al menos no del todo—, pero desde el momento en que descubrimos las pruebas de la muerte de su madre, ya no se trataba solo de justicia. Era una cacería. Y yo tenía que ser más rápido, más inteligente, más letal que el bastardo al que nos enfrentábamos.Elías Romero no era un hombre común. No dejaba cabos sueltos. Jugaba sucio, y lo hacía con una sonrisa de cortesía. Había visto a hombres como él antes. Los que disf

  • Adicto A tu cuerpo   UN SECRETO IMPACTANTE

    **ÚRSULA**No pasaron ni veinticuatro horas desde aquella llamada cuando lo vi por primera vez. Yo estaba sentada en la sala de juntas de la empresa, revisando documentos con Klaus a mi lado, cuando la secretaria entró con la expresión pálida y los ojos temblorosos.—Señorita Meyer… hay un hombre que insiste en verla. Dice que tiene una “cita pendiente con la familia”.Levanté la mirada con el ceño fruncido. Klaus se tensó a mi lado como si hubiese sentido algo, un presentimiento oscuro que cruzaba el aire.—¿Nombre? —pregunté.—Se hace llamar Elías Romero.El nombre cayó como un peso muerto sobre la mesa. A Klaus no le sonó, pero yo sí lo recordé. Vagamente. Algo que papá había mencionado una vez… un socio de “negocios” de los años más oscuros. No salía en los papeles. No tenía cargos oficiales. Pero estaba ahí, siempre entre sombras.—Hazlo pasar —dije, tragándome el temblor en la voz.Y entonces lo vi entrar.Alto. Traje oscuro perfectamente entallado. Un bastón que más que apoyo p

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