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Capítulo 2

Author: Rose D'Arc
last update publish date: 2025-10-21 18:36:05

SEIS AÑOS DESPUÉS

Eva

—¡Cory! ¡Anthea! ¡Daos prisa, vuestros amigos os están esperando! —grité con cansancio al pasillo vacío.

—¡Sí, mamá! —respondieron al unísono, y pronto oí pasos que se acercaban y cuatro piececitos se acercaron a mí.

Sonreí con cariño a los dos niños emocionados que tenía delante. Cory todavía estaba masticando el desayuno que le había preparado, mientras que Anthea tenía manchas de mantequilla de cacahuete en la mejilla y la mano.

Sin dudarlo, me agaché a su altura, le limpié las manchas de la mano y me puse delante de ellos.

—No olvidéis lo que os he dicho. Quedaos con vuestros profesores en todo momento y cuidaos.

—Sí, mami —respondieron al unísono, sonriendo con picardía. No pude evitar que se me llenaran los ojos de lágrimas.

Mi hijo y mi hija, la luz de mi vida.

Para mí fue una sorpresa dar a luz no a uno, sino a dos hijos. Aún más maravilloso era lo parecidos que eran, con mi tez color moca y solo diferentes en los ojos y el pelo.

Les di un beso en la mejilla y un fuerte abrazo antes de guiarlos con su pequeño equipaje en mis manos.

Cuando nos fuimos, les entregué sus cosas a los profesores y los vi subir al autobús para su excursión escolar. No podía dejar de mirarlos, sobre todo porque no los volvería a ver en mucho tiempo.

Contuve las lágrimas mientras les decía adiós con la mano hasta que el autobús desapareció de mi vista. Los iba a extrañar mucho.

En cierto modo, era increíble. En seis años, mi vida había cambiado mucho. Nunca pensé que tendría amor y un corazón sanado, pero su existencia trajo nueva esperanza a mi corazón.

Sin embargo, no tenía tiempo para quedarme sentada sin hacer nada; tenía trabajo que hacer.

Me di la vuelta, caminé hasta mi garaje, me subí al coche y conduje hasta mi lugar de trabajo.

En cuanto entré en el edificio, me saludaron desde múltiples direcciones. Asentí con la cabeza a todos mientras pasaba junto a mis compañeros.

Al entrar en mi pasillo, me encontré a Lucy, mi secretaria, en la puerta con una taza familiar en la mano, y gemí.

—Eres una joya —le di las gracias y le quité la taza de café de las manos mientras ella sonreía.

—Llámeme si necesita algo, Señora Greene —Hizo una reverencia antes de marcharse.

Entré en mi oficina antes de dar un sorbo a mi café, contemplando la vista panorámica que ofrecía el cristal.

Mientras contemplaba la vista, recordé cómo había llegado hasta allí. En aquel entonces, conseguir una entrevista en S. Corporation era un sueño hecho realidad, pero no desperdicié mis oportunidades. En muy poco tiempo, había demostrado mi valía y me había convertido en uno de los ejecutivos de más alto rango. Era algo que nunca hubiera imaginado antes, pero mis esfuerzos habían dado sus frutos.

Sin embargo, eso no ayudó a acallar los rumores, sobre todo porque cierta persona no hizo nada para detenerlos.

Cerré los ojos cuando oí los golpes rítmicos seguidos de la apertura de la puerta. Ni siquiera tuve que darme la vuelta para saber quién era.

—¿Los niños están ahora de excursión escolar? —preguntó una voz grave detrás de mí.

Asentí con la cabeza, tarareando ligeramente. Oí sus pasos acercándose antes de sentir el calor de su cuerpo contra el mío.

—¿Les diste un beso de despedida de mi parte? —preguntó.

Una sonrisa se dibujó en mis labios cuando finalmente cedí. Me di la vuelta y lo miré.

Jonathan Salvador, presidente y propietario de S. Corporation.

También mi novio y autoproclamado pretendiente.

—No hace falta. Ya te adoran lo suficiente. Me dijeron que le enviara su cariño al tío Jon, no hace falta ningún beso —dije, poniendo los ojos en blanco.

—Entonces, eso está muy bien —sonrió con descaro, y su hermoso rostro y su mandíbula esculpida se transformaron en una expresión pícara mientras se inclinaba hacia mí.

—Sin ánimo de ofender, pero solo hay unos labios que quiero besar.

Levantó las cejas con picardía y no pude evitar reírme.

Nunca pensé que me vería envuelta en este tipo de relación, sobre todo teniendo en cuenta que él era mi jefe. Al principio me mostré cautelosa cuando él se interesó por mí, pero él se esforzó por demostrar su valía y respetar mis límites. Se dedicaba con el mismo cariño a mis hijos, lo que facilitaba las cosas. No fue hasta el año pasado cuando cedí y lo acepté, pero seguíamos yendo poco a poco, limitándonos a besos y caricias.

—Sé serio, Jon, ¿qué te ha traído aquí? —le pregunté.

A pesar de salir juntos, seguíamos manteniendo nuestros límites profesionales en la oficina y, aunque él se pasaba de la raya con algún que otro beso furtivo, nunca venía sin motivo.

Su rostro se volvió serio de inmediato, desapareciendo todas las bromas y el humor. Suspiró y se pasó los dedos por su cabello negro azabache.

—Tengo que viajar hoy por el trato del que te hablé. Resulta que necesitan que esté allí en persona y no sé cuándo volveré —dijo.

Mi corazón se hundió al instante. El acuerdo del que hablaba llevaba varios meses gestándose y yo sabía lo importante que era para la empresa, pero eso significaba que estaría fuera durante Dios sabe cuánto tiempo.

—Necesito que te encargues de todo aquí por el momento, —continuó, sonriendo cálidamente.

—Una de las cosas más importantes es la fusión con otra empresa, y quiero dejar eso en tus manos. Eres la única en quien confío para manejarlo.

Asentí sin dudarlo y le estreché la mano.

—Me encargaré de todo aquí, jefe. Tú haz lo que tengas que hacer —Intenté bromear a pesar de todo.

Su rostro se iluminó de inmediato. Se inclinó y me dio un pequeño beso, acariciándome la mejilla antes de marcharse. Me invadió una sensación de soledad, pero la reprimí.

No había nada que temer. Volvería pronto.

~~~~~~~~

En menos de una hora, recibí todos los archivos necesarios. Mientras los revisaba, Dave, el secretario de Jonathan, me explicó todos los detalles que necesitaba saber.

—Son una gran empresa, como la nuestra. Sinceramente, están más consolidados, ya que tienen una posición influyente y relativamente antigua. Pero su presencia ha ido disminuyendo en los últimos años. Ahora están experimentando problemas estructurales y financieros. Ellos se pusieron en contacto con nosotros primero y aceptaron la asociación. Nuestra ayuda a cambio de sus recursos.

—¿Y quién es el jefe? —pregunté mientras finalmente cogía el archivo que estaba buscando.

Lo leí y me quedé paralizado.

Él dijo algo, pero mi oído se había embotado mientras seguía las letras con la mirada. Se me heló la sangre cuando vi el nombre que figuraba en el archivo.

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