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Capitulo 3

Author: Alice Hard
last update publish date: 2026-08-26 23:10:15

"Cupido y otras formas elegantes de secuestro"

La semana previa pasó zumbando frente a mis ojos como un suspiro largo y cargado de pánico, dudas existenciales y una ansiedad tan pura que me impedía dormir más de tres horas seguidas por las noches. Entre el acoso sutil pero constante del grupo Zona Rosa en el chat grupal —preguntando emocionados cada detalle de mi supuesta y flamante relación amorosa— y las ganas intensas, incontrolables y profundamente reprimidas que tenía de estrangular a Gabriel mental y físicamente, el sábado llegó mucho más rápido de lo que mi frágil salud mental podía tolerar.

Eran exactamente las 7:55 p.m. en punto cuando el timbre de la puerta principal de mi casa sonó con una puntualidad insultante que parecía un recordatorio mecánico de que mi condena social y personal había comenzado oficialmente hoy.

Abrí la puerta de un tirón seco y allí estaba él, plantado en el porche de entrada como si fuera el mismísimo dueño del universo entero. Gabriel llevaba una camisa negra de cuello abierto que le quedaba peligrosamente bien, una chaqueta de cuero oscuro que acentuaba la anchura de sus hombros y esa misma expresión de suficiencia arrogante que me daban ganas de borrarle a golpes limpios de una vez por todas.

—Veo que al menos tuviste la decencia mínima de vestirte con algo que no fuera tu ridículo pijama de dibujos animados —soltó él de entrada, evaluando mi vestido azul con una ceja alzada, adoptando el papel de un crítico de modas insoportable.

—Y yo veo que tu gigantesco ego sigue ocupando el doble de espacio físico que tú, lo cual es científicamente impresionante y alarmante a la vez —le respondí con una sonrisa falsa, cortante y llena de veneno, cerrando la puerta de mi casa de un portazo seco que retumbó en toda la vecindad—. Vámonos de una vez de aquí antes de que me arrepienta profundamente de haber nacido y de haberte conocido en esa maldita aplicación de citas.

El trayecto en el interior de su auto fue una tortura silenciosa, densa y cargada de estática invisible, salpicada únicamente por las canciones dramáticas de Taylor Swift que sonaban a un volumen moderado en la radio y que él se encargaba de criticar con comentarios sarcásticos y despectivos que decidí ignorar olímpicamente mirando hacia la ventanilla empañada por la neblina nocturna. Pero lo que no sabía —y lo que él se encargó de informarme con una sonrisa maliciosa y torcida justo cuando estábamos a dos cuadras de llegar al restaurante— era que la farsa no terminaría esa noche con una simple cena de disimulo.

—Por cierto, "nena" —dijo Gabriel con total soltura mientras estacionaba el auto frente al bullicioso y elegante Restaurante Acuario—. Entiende bien una cosa: esto de hoy es solo el entrenamiento básico y el calentamiento para lo que se viene de verdad en poco tiempo. Mañana mismo por la mañana tomamos un vuelo internacional rápido. Tengo un asunto familiar en el extranjero y tú vas a venir conmigo obligatoriamente a fingir que eres mi prometida oficial ante mi gente y ante ella.

—¿Qué? —grité, ahogándome con mi propia saliva y tosiendo escandalosamente mientras me giraba hacia él—. ¡Tú estás completamente loco de remate, Gabriel! ¡Yo no voy a ir a ningún maldito país extranjero contigo ni a punta de pistola!

—Ah, ¿no te parece buena idea ni conveniente para tus planes? —preguntó él con una calma exasperante, girándose lentamente en el asiento del conductor para clavarme una mirada retadora y oscura—. Recuerda perfectamente las reglas de nuestro acuerdo de mutuo beneficio: tú me cubres a mí frente a mis propios enredos y yo te cubro a ti frente al tuyo. Si te niegas a viajar conmigo a Inglaterra, me encargaré personal y públicamente de recordarles a tus queridos y metiches amigos de Zona Rosa que aceptaste hacer este teatro conmigo a cambio de favores.

Lo miré con los ojos bien abiertos de la impresión, sintiendo que el odio puro, genuino y visceral me recorría las venas de pies a cabeza. Ese maldito desgraciado me tenía acorralada y atrapada sin salida en su red de mentiras y chantajes.

—Eres un infeliz manipulador de primera categoría, un chantajista de lo peor que ha parido este planeta —le espeté con furia, abriendo la puerta del auto de un golpe seco.

—Y tú una dramática adorable cuando te enojas y te quedas sin argumentos lógicos para defenderte —respondió él con una sonrisa torcida que me descolocó los nervios y el ritmo cardíaco por completo.

Respiré hondo tres veces intentando recuperar la compostura, pero el pecho me ardía de rabia.

—¡Pues métete tu viaje a Inglaterra por donde te quepa! ¡Se acabó! ¡Búscate a otra idiota para que limpie tus desastres, Gabriel! —grité fuera de mí.

Sin pensarlo ni un segundo más, salí del auto azotando la puerta con tanta fuerza que crujió. Me bajé en plena calle, sintiendo la brisa nocturna agitar mi cabello, dispuesta a caminar de regreso a mi casa o desaparecer de la faz de la tierra antes que ceder a su chantaje.

—¡Oye! ¡Estás loca, regresa aquí! —gritó Gabriel desde el interior del vehículo, bajando la ventanilla con rapidez.

Lo ignoré por completo, caminando a zancadas rápidas sobre la acera con mis tacones tambaleándose, con la respiración agitada y las mejillas ardiendo de rabia. ¡Que se fuera al diablo él, su contrato y su maldito viaje!

A los pocos segundos, escuché el motor del auto rugir suavemente a mi espalda. Las luces delanteras del coche me iluminaron de lleno, proyectando mi sombra alargada sobre el pavimento. Gabriel venía avanzando despacio, persiguiéndome metro a metro, manteniéndose a mi paso con una paciencia insultante que me irritaba aún más.

—Súbete al auto, Anne. No voy a repetirlo —dijo con la voz ronca, asomándose por la ventanilla del copiloto mientras manejaba lento a mi lado.

—¡Déjame en paz! ¡Prefiero que me atropelle un camión antes que dar un paso más contigo! —le contesté sin dejar de marchar, dándole la espalda de la forma más dramática posible.

—Como quieras. Pero ten en cuenta una cosa —añadió él con un tono gélido y calculador que me hizo detener el paso de golpe, dándome cuenta de que mi peinado impecable y mi vestido corrían peligro si seguía haciendo el ridículo en la calle—. Si sigues caminando y me dejas plantado aquí, juro que en este preciso instante agarro mi teléfono, le escribo al chat de Zona Rosa y les cuento con lujos de detalles cómo la gran farsa de tu novio perfecto se vino abajo. ¿Te imaginas la cara de tus amigos cuando descubran la verdad?

Me giré bruscamente sobre mis talones, con los ojos echando chispas y el rostro encendido de la rabia más pura, cuidando que el viento no me arruinara el flequillo.

—¡Eres un monstruo! ¡Un maldito psicópata manipulador! —le grité en medio de la calle, apuntándole con el dedo con furia temblorosa.

—Y tú una pésima caminante enojada —respondió él con una sonrisa torcida, abriendo la puerta del copiloto desde adentro—. Así que deja el berrinche de última hora, sube al auto antes de que arruines tu propio vestido y comportémonos como la pareja feliz que fingimos ser. El reloj corre, "nena".

Apreté los dientes con tanta fuerza que creí que se me iban a romper las muelas. Quería matarlo. Quería estrangularlo con mis propias manos y arrojarlo a un río. Pero tenía razón: si mis amigos se enteraban de la verdad, mi vida social estaría acabada para siempre y la humillación sería eterna.

Derrotada por mi propia estupidez y con el orgullo pisoteado, caminé de regreso hacia el auto pisando con fuerza el suelo, abrí la puerta del copiloto de un tirón violento y me dejé caer en el asiento con los brazos cruzados y la mandíbula apretada hasta el dolor.

—Te odio —le espeté entre dientes, mirando hacia la ventana con desprecio mientras él volvía a arrancar el vehículo con total calma hacia el restaurante—. Te juro que te odio con toda mi alma.

—Guarda algo de ese odio para mañana en el aeropuerto, preciosa. Lo vas a necesitar —respondió él con una risita burlona que hizo que me hirviera la sangre.

El bullicio del Restaurante Acuario estaba a solo dos cuadras de distancia, pero para mí, ese auto se había convertido en la antesala del infierno.

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