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Capitulo 3: nos encontraremos de nuevo (parte uno)

last update publish date: 2021-09-22 03:46:53

"Las almas que se encuentran y se reconocen nunca se sueltan. Ni con la distancia, ni con el silencio, ni con el tiempo, ni con las vueltas que da la vida"

Ya era hora de que Fumiko se retirara con su nueva "familia" hasta que cumpliera los 17 años. El joven futuro alfa era mayor que ella y, en pocos años, se transformaría. Al saber que ella era su Luna y tenerla cerca, él se volvería insoportable, con una necesidad de estar siempre junto a ella que podría ser peligrosa. Él no controlaría completamente sus instintos, y la cercanía podría incluso hacerle daño a la pequeña, quien todavía era una niña en todos los sentidos.

El día anterior, pasaron todo el día juntos. Jugaron, hablaron, se rieron y, en muchos momentos, se quedaron en silencio, simplemente disfrutando de la compañía mutua. Era un tipo de paz que pocos podían comprender, esa tranquilidad que se encontraba solo en la presencia de alguien especial. El chico, con su energía habitual, mostraba un lado suave y tranquilo cuando estaba con Fumiko. Se había acostumbrado tanto a su compañía que cualquier momento a su lado parecía ser perfecto.

Mientras tanto, el padre de Oshin Itreque se aseguraba de que quienes estuvieran a cargo de la Luna de su hijo la cuidaran bien, evitando que sufriera cualquier tipo de abuso o daño. Él estaba dispuesto a tomar cualquier medida si su hijo se veía obligado a enfrentarse a quien osara lastimar a su Luna. No quería ni imaginarse la reacción de Oshin si eso llegaba a suceder, y cómo su hijo podría llegar a ser peligroso si alguien lastimaba a la niña que estaba destinado a cuidar.

El chico estaba en el jardín con ella, disfrutando de la calma que solo la compañía de su Luna le brindaba. Él estaba recostado en las pequeñas piernas de Fumiko, con los ojos cerrados, completamente relajado. Ella le acariciaba el cabello con una sonrisa en el rostro, como si nada más en el mundo importara. Él disfrutaba del toque de ella, ese gesto tan simple pero lleno de significado. Era una de esas escenas que cualquiera podría ver y entender, sin necesidad de palabras. Era la pureza e inocencia de un amor que, sin duda, estaba destinado a ser eterno.

Los encargados del orfanato ya estaban afuera, con la nueva familia de Fumiko y sus maletas, esperando pacientemente para llevarse a la pequeña. Mientras tanto, el padre iba a buscar a su hijo y a la niña para que pudieran despedirse. Cuando llegaron donde estaban, al señor Mael Itreque le pareció una escena hermosa, llena de ternura. Observó a la niña con atención y vio en sus ojos un amor tan puro que casi le pareció como el agua que viene del rocío, inmaculada y fresca. Fumiko, tan concentrada en el chico que tenía sobre sus piernas, no se percató de la presencia de su padre hasta que él se acercó.

—Oshi...—lo llamó ella, mirando aún al padre del joven. Él gruñó, queriendo continuar en su mundo de sueños, guiado por el aroma familiar de Fumiko.

Ella rió al escuchar su respuesta.

—Tu papá—dijo, observando cómo se quejaba. Él abrió los ojos entre bufidos y gruñidos, pero aún no quería levantarse.

—¿Qué pasa, papá?—dijo en tono molesto, como si la comodidad de estar allí fuera más importante que cualquier otra cosa.

—Ya es hora—respondió su padre, mirando con tranquilidad a su hijo. Aunque le sorprendía ver a Oshin tan relajado y tranquilo, sobre todo con ella, él sabía que su hijo estaba cambiando de alguna manera, aunque aún era joven. Oshin sonrió ampliamente al escuchar esas palabras y se levantó del suelo.

—Fumiko, es hora de irnos—dijo él con emoción, y el padre frunció el ceño, sin comprender por qué el chico estaba tan entusiasmado.

—¿Irnos?—preguntó el señor Mael, mientras ayudaba a la pequeña a levantarse del suelo, tomando su mano con suavidad.

—Sí, se viene con nosotros a la manada—dijo Oshin, tomando la mano de Fumiko con una devoción tan grande que incluso su padre se sintió incómodo con esa demostración. Miró a su hijo desafiante, como si no tuviera ninguna duda de lo que quería.

El padre suspiró, visiblemente preocupado.

—Ella no irá a la manada, Oshin—dijo el padre, deteniendo los pasos de su hijo hacia la salida del lugar.

—Pero tú dijiste que ella era mi Luna, y que tenía que estar conmigo siempre—respondió Oshin, molesto, defendiendo lo que él consideraba un derecho natural.

—Y así es—aseguró su padre, pero el tono de su voz se tornó más serio y cauteloso—. Pero ella es una niña y tú eres un joven...—dijo, con cautela. Oshin frunció el ceño, confundido, sin entender por qué su padre no estaba de acuerdo—. Ella se reencontrará contigo cuando cumpla 17 años, hasta entonces...—explicó con paciencia, aunque sentía que su hijo no estaba dispuesto a aceptar esa separación.

La niña, que observaba en silencio, sin saber qué decir o cómo reaccionar, solo podía mirar a Oshin, consciente de que algo no iba bien. Su corazón se apretó al ver la tristeza en los ojos del joven, mientras sus propios sentimientos comenzaban a desbordarse. No podía entender completamente la situación, pero sentía en su pecho una presión que la asfixiaba. A medida que las palabras de Oshin resonaban en sus oídos, una punzada de miedo y ansiedad se instaló en ella. No quería separarse de él.

—Me niego—gruñó Oshin, aferrándose a la mano de Fumiko, como si fuera la última cosa que podía controlar. Ella dio un paso atrás, como si la promesa que había hecho de protegerla fuera ahora más importante que nunca. Fumiko, sintiendo la devoción de Oshin, se vio arrastrada por la emoción que brotaba de él. Sus ojos empezaron a llenarse de lágrimas sin comprender por qué.

—Ella irá conmigo a la manada—dijo Oshin en tono decidido, casi desafiante, sin dudar de lo que quería. La niña, que no entendía completamente la situación, comenzó a llorar. Las lágrimas, pesadas y gruesas, comenzaron a deslizarse por sus mejillas mientras sentía el dolor de la separación. Sus ojos se nublaron con el miedo de perder a Oshin. No podía evitarlo. Sentía que todo lo que conocía estaba desmoronándose ante ella.

Entonces, Fumiko habló con voz baja, llamando la atención de ambos, aunque su timbre de voz estaba lleno de temor.

—Entonces...—dijo, mirando al suelo, incapaz de levantar la cabeza. Su corazón latía con fuerza—. ¿Ya no te veré más?—preguntó, con la voz quebrada por el miedo, con los ojos llenos de dolor y desconfianza. Oshin gruñó nuevamente, mirando a su padre, quien observaba sorprendido los ojos apagados de la niña. Nada de lo que había planeado había servido para evitar lo inevitable: la conexión entre ellos, tan fuerte e instantánea, había sellado su destino desde el principio.

—No hasta que sea el momento—dijo el padre de manera firme y seria, con una voz que no dejaba lugar a dudas.

La encargada de los trámites de la "compra" y la "apartada" tomó a Fumiko por la cintura y la separó de Oshin, comenzando a caminar hacia la salida, donde la nueva familia de Fumiko la esperaba con ansias.

—¡No, no, Oshin!—gritó Fumiko, aferrándose con fuerza a la mano de él mientras las lágrimas continuaban cayendo de sus ojos. La mujer que la sostenía trataba de separarla, pero Fumiko se retorcía en sus brazos, llorando más fuerte.

—¡NO QUIERO!—gritaba con desesperación, luchando contra la mujer que intentaba llevársela—. ¡QUIERO ESTAR CON ÉL!—seguía, mientras trataba de soltarse, sin poder evitar su angustia.

—¡SUÉLTAME, DÉJAME, DÉJAME, SUELTAME!—gritaba, pataleando con todas sus fuerzas, mientras ambos, el chico y la niña, se aferraban el uno al otro, sin querer soltarse, como si su vida dependiera de ello. El dolor de la separación prometía ser tan grande que parecía que el mundo entero se desmoronaba a su alrededor.

No querían que eso ocurriera.

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Comments (1)
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Alexa Zales
para cuando se lo encuentra ya tendrá sida de lo mujeriego que es
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