Masuk—No sabía que llevabas cuentas de esto, quizás, la próxima vez deberías ser tu quien los llame, ese par de diablillos no hacen caso a los sirvientes, y ahora tampoco a mí, cuando te lo hagan, veras que no es tan divertido como lo haces ver…al menos espero que Celia, mi pequeña hermosa que pronto llega, no me haga sacar canas verdes junto a ellos. — se quejó.Fernando soltó una risotada. — Oh ya lo veras, si hereda tú mismo carácter, entre los tres de sacaran canas verdes, rojas, azules…de todos los colores, y los pobres niños de su colegio, tendrán que cuidar que no los rosee con gas pimienta. —Aitana frunció el ceño de nuevo, pero esta vez, la risa le gano. — ¡Oh Dios mío! ¿Hasta cuándo te vas a olvidar de eso? Además, tu tuviste la culpa de que te echara gas pimienta, parecías un maldito acosador en ese entonces —Fernando acerco a su amada esposa hasta pegarle completamente a él y luego besarla en los labios.—Nunca lo voy a olvidar, y ese billete de quinientos dólares que me arro
Julia había escuchado todo. No podía permitir que alguno de ellos muriera. Tenía que avisar a la policía.El helado viento de la madrugada golpeaba el rostro de los gemelos Toledo. El aroma salino del mar, pronto llego hasta ellos. Tantos errores, tanto dolor y sufrimiento, estaba llegando a su destinado final…el amor de su vida, aquella hermosa mujer de encantadores y soñadores ojos verdes, los estaba esperando. Encontrando el muelle y aquel yate en donde estaba a punto de desatarse el infierno, estaba a la vista. Subiendo como aquel condenado que caminaba a su propia muerte en el paredón, ambos, se tomaron de la mano. Si iban a morir por ella, lo harían juntos.Ainara miro a los hermosos gemelos de cabellos dorados y penetrantes ojos acules entrando a la cabina. —¡Aitana! — ambos gritaron al unisonó.—Aun respira — dijo Fernando con alivio. Alejandro suspiró aliviado a su vez.—Por supuesto que respira, lastimosamente, no pude acabarla como quería… — dijo Ainara.Fernando y Alejand
—Veo que no te has olvidado de tu hermana mayor…oh, es cierto, ni siquiera somos parientes…tu, Aitana, vendrás conmigo sin oponer resistencia, de lo contrario, matare a esta mujer junto a su pequeña hijita… ¿Vas a permitirlo? —Aitana pudo ver que Ainara estaba realmente dispuesta a hacer lo que había dicho.—Por favor, Ainara, baja esa arma…yo, iré contigo, pero por favor, no lastimes a nadie. —Ainara sonrió. — Aitana, mi tonta, tonta y sentimental hermana menor…oh, es cierto, no lo eres… — tomándola con fuerza del brazo, apunto con su arma directamente en el vientre de la castaña. —Si disparo aquí, es probable que no mueras, pero sí que lo hará el bastardo que crece en tu vientre, así que anda, caminaras conmigo hasta tu auto, y luego iremos a los muelles, ¿Te queda claro? —Con lágrimas de horror en sus ojos verdes, Aitana asintió. Saliendo rápido y sin ser vistas, en solo unos minutos llegaron al estacionamiento, para luego subir al auto de la castaña que Ainara arranco a toda pr
—Veo que no te has olvidado de tu hermana mayor…oh, es cierto, ni siquiera somos parientes…tu, Aitana, vendrás conmigo sin oponer resistencia, de lo contrario, matare a esta mujer junto a su pequeña hijita… ¿Vas a permitirlo? —Aitana pudo ver que Ainara estaba realmente dispuesta a hacer lo que había dicho.—Por favor, Ainara, baja esa arma…yo, iré contigo, pero por favor, no lastimes a nadie. —Ainara sonrió. — Aitana, mi tonta, tonta y sentimental hermana menor…oh, es cierto, no lo eres… — tomándola con fuerza del brazo, apunto con su arma directamente en el vientre de la castaña. —Si disparo aquí, es probable que no mueras, pero sí que lo hará el bastardo que crece en tu vientre, así que anda, caminaras conmigo hasta tu auto, y luego iremos a los muelles, ¿Te queda claro? —Con lágrimas de horror en sus ojos verdes, Aitana asintió. Saliendo rápido y sin ser vistas, en solo unos minutos llegaron al estacionamiento, para luego subir al auto de la castaña que Ainara arranco a toda pr
—¡AHHH! — gritó histérica y llena de lágrimas.La comida que había dentro del frigobar de su yate, que ya no podría conservar al quedarse sin dinero y apellido, se había terminado desde ayer. Estaba hambrienta, sucia, pues el agua para uso también se había terminado. No tenía a donde ir o a quien acudir…su tío Marcus la había robado y abandonado a su suerte…estaba sola, completamente sola, y escuchando a su estómago vacío exigirle alimento.—¡Ahhhhh! — gritó una vez de impotencia, hambre y ansiedad.¿Por qué le estaba pasando todo aquello? ¿Por qué Aitana tenía a un hombre que la amaba a su lado incondicionalmente, a un padre que la miraba con amor, y tanto dinero en sus cuentas que no se terminaría nunca? ¿Por qué ella tenía talento para los negocios y el estudio de la medicina? ¿Por qué ella misma no tenía nada de aquello?—Te odio, maldita perra, ¡Voy a matarte! ¡Tú no lo mereces! ¡Todo lo tuyo debería ser para mí! ¡Ni siquiera eres mi hermana! ¡Soy hija de un don nadie y la nieta
—¡No!, ¡No!, ¡Eso es mentira! ¡Aitana creció en el vientre de mi esposa, es solo mía! ¡Tú, maldito infeliz, regresaste del infierno solo para quitarme lo que es mío! — gritó Augusto señalando a Maximus quien lo miró con lastima.Aitana se recargó en la pared. Su abuelo… ¿Qué acababa de decir su abuelo en ese testamento?—Como tercero, realice en secreto una prueba de ADN en mi hijo, Augusto, para corroborar algunas dudas que tenía desde hace muchos años sobre su origen. He anexado aquí los documentos que lo avalan. Descubrí que mi pobre y atormentado Augusto, no es en realidad mi hijo biológico, el y mi nieta Ainara, no tienen una sola gota de la sangre Mendoza recorriendo sus venas, pues mi amante, la madre de mi hijo, me engañó con alguien más y me hizo a mí el responsable del niño, y en verdad, lo lamento. —Augusto sintió aquellas palabras de su padre como si cien espadas le atravesaran todo el cuerpo. Aitana exhalo con sorpresa, pero Maximus, no se mostró sorprendido.—Esto…no pu







