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5 Odio.

last update Fecha de publicación: 2024-03-26 01:52:33

— Mamá. — la llamo mientras corría hacia su madre, quien acababa de caer sobre la nieve solo a unos pasos del pequeño Vladimir. — ¡Mamá! — grito sujetándola entre sus brazos y viendo de reojo como gran parte de sus hombres comenzaban a moverse, tratando de saber que era lo que sucedía.

— Solo le estaba contando de los abuelos a Vladimir… — susurro acariciando el blanquecino rostro de su único hijo. — Creo que seré la primera de sus hijas en acompañarlos. — los ojos de Zafiro se empañaron, la reina fría sabía que el dolor en su pecho era demasiado fuerte y fuera de lo normal, Zafiro Zabet, comprendió que su fin había llegado y solo le quedo dar gracias de haber podido consentir a su nieto.

— No lo harás… — trato de convencerla y convencerse, podría ser que lo apodaran la muerte blanca, pero ahora solo parecía un niño, a punto de perder todo lo que amaba.

— Shhh… Lukyan… cuida a Vladimir y cuando ella regrese, no seas un tonto hijo. — incluso en ese momento, la voz de su madre sonaba más a orden que ha pedido.

— Mi hermosa Zafiro, ni en este momento, pierdes tu belleza. — la voz de Neri sonaba tranquila, aunque solo bastaba con ver sus ojos para saber que la vida se iba con su esposa.

— Mi ruso terco. — respondió mientras Neri la tomaba en brazos, dejando a su hijo apreciar la despedida de dos almas que siempre estarían juntas.

— Te buscare amor mío. — juro el mayor dejando un suave beso sobre los labios aun rosados de la rubia.

— Y yo te estaré esperando. — su juramento fue lo último que salió de ella, y aunque en ese momento ya estaban dentro de su mansión y el médico de la organización hizo todo lo humanamente posible para revivir a la reina frían, Neri Neizan sabía que era el fin, ya lo había visto.

Jamás habían visto las lágrimas del vidente, y jamás lo harían, el lado débil del mafioso solo lo conocía aquella mujer que yacía en la cama, como si solo estuviera durmiendo y no como si un infarto se hubiera llevado su vida.

— No puedes hacerlo papá, no puedes dejarme. — imploro Lukyan, comprendiendo porque su padre le había notificado que su fin estaba cerca. — Cambiaste la ley del clan…

— No lo hice por mí. — lo interrumpió el mayor. — Solo era por ella, cuando conocí a tu madre, fue antes de los 20, supe que la amaba y en ese segundo la vi morir por mi causa, las leyes del clan son claras, si un esposo muere, sin importar quien, el otro lo debe seguir, trate de apartarla de mi lado y eso… solo provocó más dolor, en especial a ella, pero ahora comprendo que lo que vi aquel día, solo fue mi miedo y cobardía, si yo estuviera en el lugar de tu madre, ella no dudaría en acabar con su vida, porque sabría que la estaría esperando en el más allá, ahora... es mi deber ir por ella, no es de buena educación hacer esperar a una dama y menos alguien como tu madre. — lo entendía, él había sido criado bajo las leyes del clan, pero, aun así, estaba perdiendo todo de una sola vez.

— Papá… — queria suplicar, implorar que no lo dejara, pero la mirada decidida del mayor lo silencio.

— Hazle caso a tu madre Lukyan, ya no eres un niño, no seas un toto hijo, ella es alguien especial, alguien que está dispuesta a morir por ti y tú por ella.

Solo cuando su padre se desplomo, fue consiente del charco de sangre que había a su alrededor, Neri Neizan, mejor conocido como el vidente, dejaba este mundo por mano propia, con cortes limpios y preciosos en sus muñecas, dejando a su hijo como cabeza del clan más grande que tenía rusia.

Odiaba recordar aquel día, odiaba el tiempo trascurrido, como cada ser seguía con su vida, mientras él, solo estaba detenido esperando a una mujer que cada día le parecía menos probable que regresara, diez años había cumplido Vladimir, diez años era el límite para Lukyan Neizan.

— ¿A dónde vas? — indago preocupado su primo Alek.

— Voy al club, cuida a Vladimir, no creo que regrese esta noche. — Alek lo comprendió y no dijo nada, incluso él no aguantaría tanto sin estar con una mujer, y claro que no lo hacía, si bien faltaba poco para al fin casarse con Harum Morozova, en esos diez años Alek había tenido muchas compañeras de alcoba, algo que no era el caso de Lukyan, quien le era fiel a un fantasma o al menos eso pensaba Alek.

Odio, una pequeña palabra que abarca muchas cosas, odio era lo que sentía Vladimir por su padre, el pequeño había dejado de hablar a los 5 años, trauma dijo el psicólogo, ya que el niño vio la muerte de sus abuelo de primera mano cómo su padre Lukyan, el niño se mantenía en un silencio casi espeluznante desde entonces, hasta esa noche que vio a su padre salir.

— Llévame con mi padre. — Alek pego un brinco de puro susto.

—Vla…Vladimir, tu…

— Te di una orden. — Alek no dijo más nada y solo se dispuso a obedecer al heredero del clan, sus ojos cargados de odio le dejaron en claro que sabía lo que queria y era mejor obedecerlo.

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Último capítulo

  • Atrapar al mafioso.   66 Atrapar al mafioso.

    Dolor, ¿Cuántas formas de sentirlo existen? ¿Cuál pesa más? ¿el físico, o el que se carga en el alma? Lukyan conocía el dolor, la perdida, eran cosas casi cotidianas para mafiosos de su calibre, sin embargo, viendo el cuerpo de Dima, comprendió, que nunca podría acostumbrarse a sentir esa pena en su alma, se suponía que era un custodio, su mano derecha, pero, resultó ser el padre de la mujer que amaba, su consejero, ese que lo vio nacer y lo cuido, ese hombre que luego de que perdiera a su padres, lo ayudo a cuidar a Vladimir, Dima era ese ser, que había salvado a la razón de ser del mafioso, en ese momento Lukyan comprendió que la muerte no perdonaba nadie, y él de iluso pensando en sacrificar a medio clan si era necesario para salvar a su esposa, cuando en realidad la persona que cambiara de lugar con Dasha causaría el mismo dolor, dejaría el mismo vac&iacu

  • Atrapar al mafioso.   65 Papá.

    Los días que siguieron los dedico a investigar junto con Dima, cada detalle, cada cosa que lo pudiera ayudar a salvar a la mujer que amaba y sin la cual no queria seguir viviendo, sus noches pasaron de ser enemigas a su mejor aliada, ya que ahora no escapaba a ese sueño recurrente que tanto dolor y miedo le causaba, ahora, tomaba todo lo que podía de aquella fúnebre premonición.— Entonces sucederá aquí, en la mansión. — Dima aun no podía creer ese detalle, que Alek se atreviera a atacar la mansión Neizan no sería de extrañar, después de todo, el castaño ya no tenía nada que perder, lo que causaba la incredulidad del custodio, era saber que Alek pasaría todos y cada uno de los anillos de seguridad que Lukyan había dispuesto para proteger a su esposa.— La veo bajar por las escaleras. — aseguro apuntando la cima de estas. —

  • Atrapar al mafioso.   64 ¿Cómo evitarlo?

    Su lengua húmeda y cálida envolvió la aureola del pezón, provocando que este se alzara como la punta de una flecha al soplar sobre el luego de humedecerlo, entonces llevo sus dedos pulgar e índice al rosado botón, que pedía a gritos seguir siendo tocado, comenzó a pellizcar y retorcer el pezón, mientras su lengua atendía al otro; podía sentir a su esposa estremecerse bajo su lengua y contacto, aunque no la podía escuchar, gracias a la mordaza que tenía una pequeña pelota y que había colocado en su muy apetitosa boca, era una imagen digna de retratar, no solo estaba amordazada, sus ojos estaban vendados, mientras su pecho subía y bajaba con cada mordisco y pellizcó que le otorgaba a sus rosados y muy sensibles pezones.— ¿Estas lista cariño? — susurro en su oído y la pelinegra busco restregar su feminidad en la pi

  • Atrapar al mafioso.   63 Muchas formas de morir.

    Ese día el castigo y muerte de esos tres no correría de la mano de Dasha, la pelinegra era la más afectada con el actuar de esos que una vez considero familia, pero también comprendía la furia que se estaba gestando en el interior del rubio desde la noche anterior cuando vio parte de ese maldito video, no podía quitarle a su mafioso el alivio de vengarse de esos que seguramente habían disfrutado de ver a la gran Zafiro Zabet Neizan rogar piedad, además como Dima le había dicho, ella debía descansar para reponer fuerzas, la noche de sexo duro con su esposo estaba pasando factura y cada articulación dolía más con cada minuto que pasaba.— Por favor Lukyan, ten piedad, mi única culpa fue querer ser una buena esposa y buena madre… — las lágrimas de Miriam, eran auténticas, eso lo sabía todo el mundo y fue por ello que Lukyan saco

  • Atrapar al mafioso.   62 Tú lo sabias y pagaras por ello.

    Harum veía la espalda de Lukyan, ancha y fornida, se notaba firme y recta, y sus manos cosquilleaban por tocarla, llevaba mas de 10 años deseando tocar esa espalda, más de una década en la cual la castaña decidió follar con cuanto hombre estuviera dispuesto a enseñarle algo nuevo y novedoso en el ámbito sexual y todo para poder complacer a ese capo de la mafia, que por ahora su prima le había arrebatado, pero contaba con que se lo ganaría a Dasha, pues en la mente de Harum, Luyan no podía preferir a la pelinegra sobre ella, menos si le hacia creer que Dasha solo era una herramienta de venganza utilizada por Nikola.— Mi deber siempre fue con el clan, he cumplido con mi juramento, pero no puedes pedirme que pase esto por alto, eres mi hija, no estuve para ti antes, pero lo estoy ahora. — la voz furiosa de Dima, obligo que tanto Harum como Sergei quitaran la vista de Lukyan y

  • Atrapar al mafioso.   61 Ya no da para más.

    Viviría y moriría por ella cada día, era su esposa, sería su mejor amiga, era su fuego y calma, lo era todo, lo comprendo estando allí, entre sus piernas, viéndola desde su altura, ella recostada en el piso alfombrado de la oficina, él arrodillado sujetando su cadera hundiéndose y saliendo de ella despacio, disfrutando la sensación de ser envuelto en su cálido interior, disfrutando de verla agitarse, como su pecho subía y bajaba cada vez más rápido, como sus parpados caían presos del deseo y la pasión, su boca entre abierta repetía un y otra vez su nombre, hasta que la joven levanto una mano, lentamente como si el hecho de realizar aquel acto le llevara todo de su concentración o quizás era que no podía hacer otra cosa más que gemir bajo las embestidas lentas pero profundas del rubio, queria acariciar su torso, necesitaba asegurarse que no

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