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capítulo 10:

Autor: Anto_2608
last update Fecha de publicación: 2026-09-17 15:36:37

Capítulo 10:

El sol de la mañana comenzaba a filtrarse entre los cristales tintados de la torre corporativa, pero dentro de las oficinas el ambiente se sentía helado, denso y cargado de una electricidad peligrosa. Yasmín bajó del ascensor con la barbilla en alto, los hombros erguidos y la mirada fija hacia el frente. Había pasado una noche espantosa, dando vueltas en la cama, reviviendo cada herida del pasado y escuchando las palabras de Camilo retumbar en su cabeza. Ya no había espacio para
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Angeles
Yasmin no desmaye, él sé tragará su orgullo, y te va implorar perdón de rodillas
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    Capítulo 86: A través del cristal del vehículo y el ventanal abierto de la pequeña panadería, su mirada impactó de lleno contra una figura de espaldas que acomodaba una bandeja sobre el mostrador. El corazón de Sebastián se frenó en seco, propinándole un golpe brutal contra el tórax que le cortó el aliento. Reconocería esa figura, la forma de sus hombros y la curva de su cuello entre un millón de mujeres. —Detén el coche... —alcanzó a articular Sebastián en un hilo de voz ronco, casi inaudible. —¿Señor Valderrama? —preguntó el chófer confundido. —¡Que detengas el maldito coche ahora mismo! —rugió Sebastián, abriendo la portezuela antes de que el vehículo terminara de frenar por completo. Salió a la acera como impulsado por un resorte, ignorando el ruido del tráfico y el murmullo de los transeúntes. Los ojos se le salieron de las órbitas, fijos en la entrada de la panadería. Se quedó de pie en mitad de la acera, tambaleándose ligeramente, sintiendo que las piernas le pesaba

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    Capítulo 85: El tiempo había seguido su curso implacable, arrastrando con él las hojas del calendario y transformando las heridas en cicatrices silenciosas. Habían transcurrido tres meses desde que la tormenta de la llegada a la ciudad costera se había asentado. Cuatro meses de gestación marcaban ahora la vida de Yasmín, un tiempo suficiente para que la fragilidad de las primeras semanas diera paso a una plenitud evidente y luminosa. Su cuerpo había cambiado. Bajo la tela suave de sus vestidos holgados y los delantales de tela clara, la curva de su vientre ya no era un secreto que pudiera ocultarse. La redondez de su barriguita era notoria, firme y hermosa, albergando la promesa doble de dos vidas que crecían con una fuerza constante y milagrosa. En la tranquilidad de esa pequeña urbe marina, Yasmín había reconstruido su cotidianidad lejos de los lujos asfixiantes y las traiciones del pasado. La modesta panadería que su madre administraba desde hacía años se había convertido en su

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    capítulo 84:—¿De qué demonios estás hablando? —preguntó Sebastián con voz ronca y pausada, un susurro que presagiaba un peligro inminente.—Hablo de que esto llegó a su límite —respondió Apolo dando un paso firme hacia el centro del despacho, elevando la voz sin importarle el estado de su socio—. Llevo semanas cubriéndote las espaldas en la junta directiva, apagando los incendios financieros que provocas por andar persiguiendo fantasmas, lidiando con los inversionistas extranjeros y aguantando tu carácter de mierda. ¡Yo soy el vicepresidente y socio de esta empresa, Sebastián! ¡No soy tu empleado ni tu maldito guardaespaldas personal!Las palabras de Apolo cayeron sobre el despacho como gasolina en un bosque en llamas.Sebastián despegó los pies del ventanal y comenzó a caminar hacia él con una lentitud amenazante, como un depredador acechando a su presa.—¿Te atreves a reclamarme a mí? ¿A mí, que levanté este imperio desde los cimientos mientras tú solo firmabas papeles? —escupió S

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    Capítulo 83: La penumbra de la oficina ejecutiva de Sebastián se había convertido en una cámara de tortura mental. Tras la revelación escuchada en el pasillo, el aire dentro de la estancia se sentía pesado, cargado de una electricidad estática que presagiaba una tormenta inminente. Sebastián permanecía de pie frente al gran ventanal polarizado, con los nudillos de las manos apoyados contra el cristal frío y la mirada perdida en los rascacielos iluminados de la capital. La frase de Camilo seguía rebotando en su mente como un eco ensordecedor: “Está embarazada... Lleva una vida creciendo dentro de ella”. Un temblor sutil recorrió sus hombros, seguido de una oleada de recuerdos que lo golpearon con la violencia de un puñetazo en el estómago. Su mente retrocedió en el tiempo, arrastrándolo hacia el pasado más oscuro de su matrimonio con Yasmín. Recordó con absoluta nitidez aquel día, cuatro años atrás, cuando el hospital los había devuelto a la realidad convertidos en cenizas. Recordó

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    Capítulo 82:Sebastián, que había salido de la sala de reuniones minutos después para dirigirse a su despacho personal, se había congelado detrás de la pared divisoria al escuchar las voces alteradas. Atraído por la mención de su propio nombre y por la inusual disputa personal entre su socio de confianza y el presidente del grupo aliado, se pegó al muro con la respiración contenida, escuchando cada palabra que salía de sus bocas.Apolo apretó los dientes con dureza, sintiendo que las palabras de Camilo le atravesaban el pecho como dagas filosas.—¿Y qué querías que hiciera? —reclamó Apolo con la voz temblando de frustración y dolor acumulado—. ¿Querías que provocara una guerra abierta en la empresa cuando Sebastián está al borde de la locura? ¿Cuando tu mejor amiga se fue al otro lado del océano y dejó a todo el mundo envuelto en llamas? ¡Tú estabas bajo un estrés inaguantable por culpa de Yasmín!—¡No involucres a Yasmín en esto! —estalló Camilo en un murmullo cargado de veneno—. Yas

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    Capítulo 81: El ambiente en la sala de juntas principal de la corporación Valderrama era glacial. La mesa de cristal y acero pulido, rodeada de sillones de cuero negro, parecía un campo de batalla recién abandonado tras una tregua forzada. Sobre la superficie no había tazas de café ni carpetas abiertas, solo la tensión pesada, denso e insoportable acumulada tras una reunión ejecutiva relámpago entre los representantes del fideicomiso y la alta directiva del grupo. Camilo, impecablemente vestido con un traje azul marino ajustado que acentuaba su posición como presidente del grupo aliado, recogió sus documentos corporativos con movimientos secos, elegantes y milimétricamente calculados. Mantenía el rostro sereno y la mirada firme, pero por dentro los nervios le jugaban una mala pasada. Cruzar las puertas de esa corporación significaba respirar el mismo aire tóxico del que Yasmín había huido desesperadamente al otro lado del océano, y cada segundo que pasaba en esa torre lo ahogaba. F

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