Aun sigo casada con el

Aun sigo casada con el

last updateTerakhir Diperbarui : 2026-09-17
Oleh:  Anto_2608Baru saja diperbarui
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Tras cuatro años fuera estudiando, Yasmín regresa a la ciudad lista para rehacer su vida y firmar un matrimonio por contrato con su amigo Camilo. Pero en pleno registro civil recibe un golpe demoledor: la ley le informa que no puede casarse porque aún sigue casada con él, su exesposo Sebastián. Exigiendo respuestas, Yasmín confronta al hombre que creía haber dejado atrás, solo para descubrir que él no solo oculta los verdaderos motivos de ese divorcio jamás procesado, sino que además se ha convertido en su nuevo jefe. Atrapadaí entre el rencor, un contrato que la encadena a él por un año y una tensión sofocante en la oficina, ella deberá averiguar si Sebastián busca venganza... o si el amor entre ambos jamás se apagó.

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Bab 1

Capítulo 1

Capítulo 1:

—Les presento a su nuevo jefe.

Las palabras resonaron en el amplio salón de reuniones, pero para Yasmín, el sonido se convirtió de inmediato en un zumbido ensordecedor. Se quedó paralizada en su asiento, sintiendo cómo el aire se le escapaba de los pulmones. Al levantar la mirada, sus ojos se cruzaron con la figura que acababa de cruzar la puerta con absoluta sobriedad y seguridad.

Era Sebastián.

Sebastián, el hombre que había jurado no volver a ver jamás. El hombre que le había destrozado el corazón años atrás y de quien había huido para rehacer su vida desde cero. Él vestía la elegancia de quien se sabe dueño del lugar, caminando hacia el centro de la sala sin inmutarse, ajustándose la chaqueta antes de dirigir una mirada panorámica al equipo. Cuando sus ojos se posaron en Yasmín, no hubo sorpresa en su rostro; solo una leve, casi imperceptible curva en sus labios que a ella le hizo hervir la sangre.

—A partir de hoy, asumiré la dirección general de la compañía —anunció Sebastián con una voz firme y profunda que retumbó en los oídos de Yasmín—. Espero el compromiso total de cada uno de ustedes. Mis estándares son altos, pero sé que este equipo tiene el potencial necesario.

Los aplausos de los demás empleados llenaron la sala, pero Yasmín ni siquiera podía mover las manos. Estaba atónita, con los puños apretados debajo de la mesa y las uñas clavándosele en la palma de la mano. Sintió una rabia ciega, un calor sofocante que le subía por el cuello. No podía estar pasando esto. Ella había luchado muchísimo por conseguir esta pasantía, una oportunidad clave para su carrera profesional, y resulta que ahora su jefe supremo era nada más y nada menos que su expareja.

En cuanto la reunión terminó y los ejecutivos comenzaron a dispersarse conversando entre ellos, Yasmín no esperó a que la despidieran. Se levantó de golpe, haciendo retroceder su silla con brusquedad, y caminó a pasos agigantados directamente hacia la oficina principal del fondo.

Entró sin golpear la puerta, cerrándola de un portazo seco detrás de ella que hizo retumbar los cristales.

—¿Qué significa esto, Sebastián? —gritó, encarándolo con el rostro encendido de indignación.

Sebastián estaba de pie tras el escritorio de madera, revisando una carpeta. Ante el estruendo de la puerta ni siquiera se sobresaltó; tan solo alzó la vista despacio, mostrando una calma desesperante que solo avivó la furia de ella.

—Te sugiero que bajes la voz, Yasmín. Estás en mi oficina y ahora soy tu superior —dijo él serenamente, rodeando el escritorio con elegancia y cruzándose de brazos.

—¡Me importa un carajo que seas el jefe de este lugar! —espetó ella, dando varios pasos hacia él hasta quedar a menos de un metro de distancia—. ¡Tú no puedes estar aquí! ¡No voy a trabajar para ti ni un solo segundo más! Me voy. En este mismo instante renuncio.

Sebastián dejó escapar una risotada seca, llena de ironía, y negó lentamente con la cabeza mientras caminaba hacia su escritorio para tomar un documento que ya tenía preparado.

—Lamento decirte que no es tan sencillo, Yasmín —contestó él, extendiéndole la carpeta abiertamente—. Firmaste un contrato de pasantía hace exactamente tres días. Un contrato con cláusulas de permanencia obligatoria por un año entero.

Yasmín le arrebató la carpeta de las manos y empezó a pasar las páginas precipitadamente, buscando con desesperación la sección de términos y condiciones.

—¡Esto es una trampa! —exclamó con la voz temblorosa por la rabia—. ¡Tiene que haber una cláusula de rescisión!

—La hay —respondió Sebastián, dando un paso hacia ella y mirándola fijamente a los ojos—. Puedes marcharte hoy mismo si quieres, pero tendrás que pagar la penalización por incumplimiento de contrato. Son cincuenta mil dólares por abandono intempestivo de puesto. ¿Tienes esa suma de dinero disponible en tu cuenta bancaria ahora mismo?

El impacto de la cifra dejó a Yasmín helada. Cincuenta mil dólares. Era una cantidad astronómica, una suma que jamás podría pagar en su situación actual. Apreto los dientes mientras las lágrimas de rabia amenazaban con salir de sus ojos, pero se negó rotundamente a mostrar debilidad frente a él.

—Eres un cínico, un despreciable... ¡Hiciste esto a propósito! Supiste desde el principio que yo estaba aquí y compraste o aceptaste la dirección solo para jodermes la vida —le recriminó, señalándolo con el índice.

—Yo no controlo el mundo, Yasmín, solo aprovecho las oportunidades —dijo Sebastián acercándose un poco más, reduciendo el espacio entre los dos hasta que ella pudo sentir el peso de su presencia—. Acepta la realidad. Vas a tener que verme la cara todos los días durante los próximos doce meses. No puedes huir de mí esta vez.

—¡Te odio, Sebastián! —gritó ella, arrojándole la carpeta al pecho con toda la fuerza de su frustración—. ¡Te odio con toda mi alma y me das asco! No pienses que me vas a pisotear. Voy a cumplir mi año, pero te juro que te haré la vida imposible cada maldito día.

—Esperaré con ansias que lo intentes —contestó él con una sonrisa desafiante y provocadora que terminó por romper la poca paciencia que a ella le quedaba.

Yasmín dio media vuelta y salió corriendo de la oficina, dando otro portazo desgarrador. Cruzó el pasillo a toda prisa, ignorando las miradas curiosas de los empleados que murmuraban al verla descompuesta. Necesitaba salir de ese edificio, respirar aire fresco y alejarse de la sombra de Sebastián.

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