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Capítulo 82:Sebastián, que había salido de la sala de reuniones minutos después para dirigirse a su despacho personal, se había congelado detrás de la pared divisoria al escuchar las voces alteradas. Atraído por la mención de su propio nombre y por la inusual disputa personal entre su socio de confianza y el presidente del grupo aliado, se pegó al muro con la respiración contenida, escuchando cada palabra que salía de sus bocas.Apolo apretó los dientes con dureza, sintiendo que las palabras de Camilo le atravesaban el pecho como dagas filosas.—¿Y qué querías que hiciera? —reclamó Apolo con la voz temblando de frustración y dolor acumulado—. ¿Querías que provocara una guerra abierta en la empresa cuando Sebastián está al borde de la locura? ¿Cuando tu mejor amiga se fue al otro lado del océano y dejó a todo el mundo envuelto en llamas? ¡Tú estabas bajo un estrés inaguantable por culpa de Yasmín!—¡No involucres a Yasmín en esto! —estalló Camilo en un murmullo cargado de veneno—. Yas
Capítulo 81: El ambiente en la sala de juntas principal de la corporación Valderrama era glacial. La mesa de cristal y acero pulido, rodeada de sillones de cuero negro, parecía un campo de batalla recién abandonado tras una tregua forzada. Sobre la superficie no había tazas de café ni carpetas abiertas, solo la tensión pesada, denso e insoportable acumulada tras una reunión ejecutiva relámpago entre los representantes del fideicomiso y la alta directiva del grupo. Camilo, impecablemente vestido con un traje azul marino ajustado que acentuaba su posición como presidente del grupo aliado, recogió sus documentos corporativos con movimientos secos, elegantes y milimétricamente calculados. Mantenía el rostro sereno y la mirada firme, pero por dentro los nervios le jugaban una mala pasada. Cruzar las puertas de esa corporación significaba respirar el mismo aire tóxico del que Yasmín había huido desesperadamente al otro lado del océano, y cada segundo que pasaba en esa torre lo ahogaba. F
Capítulo 80: Federica ni siquiera se inmutó. Caminó con parsimonia hasta el centro de la habitación, desviando la mirada con desprecio hacia los vasos rotos y los expedientes arrugados que cubrían el suelo de moqueta. —Mírate nada más, Sebastián. Eres una vergüenza lamentable —sentenció la matriarca con una voz tajante, helada, destilando un desprecio que no buscaba disimular—. El presidente de la corporación más importante del país convertido en un borracho harapiento y desquiciado, encerrado como un animal apestado por culpa de esa muerta de hambre. —¡Cierra la boca! —bramó Sebastián con un rugido ensordecedor que hizo retumbar los cristales del gran ventanal, dando un paso amenazante hacia ella—. ¡No te atrevas a volver a nombrar a Yasmín con esa boca asquerosa! ¡No mientras estés respirando el mismo aire que yo! —¡Me tienes harta con tu dramatismo ridículo! —elevó Federica la voz por primera vez, golpeando su bolso de piel contra la mesa con frialdad impecable—. ¡Llevas semana
Capítulo 79: La penumbra en la dirección general de la corporación Valderrama se había vuelto densa, casi irrespirable, convertida en un mausoleo de sombras y ruina. Las cortinas automatizadas del piso más alto permanecían cerradas a cal y canto desde hacía semanas, bloqueando la luz del sol y sumiendo el imponente despacho en un crepúsculo permanente donde el tiempo parecía haber perdido todo su sentido. El aire dentro de la estancia olía a licor derramado, a tabaco rancio y al hedor punzante de un desvelo prolongado que estaba destruyendo de manera acelerada la salud del hombre que allí se atrincheraba. Detrás del gigantesco escritorio de caoba oscura, Sebastián Valderrama parecía apenas una sombra espectral del líder implacable y elegante que alguna vez había dominado el mundo empresarial. Tenía la camisa de seda blanca desabotonada en el pecho, manchada de alcohol en los puños y con las mangas enrolladas a la altura de los codos. La corbata, arrugada y deshecha, colgaba de forma
Capítulo 78: Sabía que sus propios reclamos, su odio visceral hacia todo lo que oliera al imperio Valderrama y la crisis de su fuga habían alimentado la tensión entre Camilo y Apolo. —Camilo, por Dios... Lo siento tanto —dijo Yasmín con la voz rota, abrazándose la cintura mientras escuchaba el llanto de su amigo—. Siento que todo lo que toco se destruye, siento que la tormenta de mi vida terminó arrastrándote a ti y arruinando tu felicidad... —¡No vuelvas a decir eso jamás, Yasmín! —la interrumpió Camilo con vehemencia, sorbiéndose las lágrimas y esforzándose por recomponer el tono de su voz—. Esto no tiene nada que ver contigo. Fue una decisión madura y consciente de mi parte. Apolo tomó su camino de frialdad y yo tomé el mío. Ahora mismo no quiero saber nada de amores cobardes ni de ejecutivos traumados. Solo quiero concentrarme en mi trabajo, en sanar mi cabeza y en estar para ti, que eres mi verdadera familia. Yasmín sonrió con amargura y ternura a la vez. Sentir la lealtad i
Capítulo 77: La penumbra de la oficina ejecutiva de Camilo era casi total, rota únicamente por el destello helado que proyectaba la pantalla de su teléfono sobre la caoba del escritorio. El silencio en la estancia se sentía aplastante, lleno del peso de los días en que el orgullo y la rabia habían mantenido una muralla invisible entre dos personas que se querían como hermanos. Pero de pronto, la pequeña pantalla se iluminó con la vibración sorda del dispositivo sobre la mesa. Camilo bajó la mirada con una aprensión casi física, temiendo encontrarse con algún comunicado institucional de la junta directiva o un mensaje de Apolo. Sin embargo, el nombre que apareció en el centro de la notificación hizo que la respiración se le atascara en la garganta. > «No me saques de tu vida, por favor. Te amo, mi reina.» > Las palabras del mensaje resonaron en el pecho de Camilo con la fuerza de un terremoto interior. Las manos le comenzaron a temblar ligeramente mientras sostenía el dispositivo







