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capítulo 50:

Author: Anto_2608
last update publish date: 2026-10-10 12:35:14

Capítulo 50:

El rugido de los motores de la aeronave ejecutiva marcaba el inicio de una travesía cargada de una electricidad casi tangible. En la cabina de pasajeros, el silencio entre Yasmín y Sebastián no era incómodo, sino una cuerda tensada al límite que amenazaba con romperse con el menor roce. Yasmín permanecía sentada junto a la ventanilla, mirando las nubes a través del cristal mientras mantenía una compostura impecable, consciente de cada respiración, de cada movimiento del hombre que
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  • Aun sigo casada con el   Capítulo 80.

    Capítulo 80: Federica ni siquiera se inmutó. Caminó con parsimonia hasta el centro de la habitación, desviando la mirada con desprecio hacia los vasos rotos y los expedientes arrugados que cubrían el suelo de moqueta. —Mírate nada más, Sebastián. Eres una vergüenza lamentable —sentenció la matriarca con una voz tajante, helada, destilando un desprecio que no buscaba disimular—. El presidente de la corporación más importante del país convertido en un borracho harapiento y desquiciado, encerrado como un animal apestado por culpa de esa muerta de hambre. —¡Cierra la boca! —bramó Sebastián con un rugido ensordecedor que hizo retumbar los cristales del gran ventanal, dando un paso amenazante hacia ella—. ¡No te atrevas a volver a nombrar a Yasmín con esa boca asquerosa! ¡No mientras estés respirando el mismo aire que yo! —¡Me tienes harta con tu dramatismo ridículo! —elevó Federica la voz por primera vez, golpeando su bolso de piel contra la mesa con frialdad impecable—. ¡Llevas semana

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    Capítulo 79: La penumbra en la dirección general de la corporación Valderrama se había vuelto densa, casi irrespirable, convertida en un mausoleo de sombras y ruina. Las cortinas automatizadas del piso más alto permanecían cerradas a cal y canto desde hacía semanas, bloqueando la luz del sol y sumiendo el imponente despacho en un crepúsculo permanente donde el tiempo parecía haber perdido todo su sentido. El aire dentro de la estancia olía a licor derramado, a tabaco rancio y al hedor punzante de un desvelo prolongado que estaba destruyendo de manera acelerada la salud del hombre que allí se atrincheraba. Detrás del gigantesco escritorio de caoba oscura, Sebastián Valderrama parecía apenas una sombra espectral del líder implacable y elegante que alguna vez había dominado el mundo empresarial. Tenía la camisa de seda blanca desabotonada en el pecho, manchada de alcohol en los puños y con las mangas enrolladas a la altura de los codos. La corbata, arrugada y deshecha, colgaba de forma

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    Capítulo 78: Sabía que sus propios reclamos, su odio visceral hacia todo lo que oliera al imperio Valderrama y la crisis de su fuga habían alimentado la tensión entre Camilo y Apolo. —Camilo, por Dios... Lo siento tanto —dijo Yasmín con la voz rota, abrazándose la cintura mientras escuchaba el llanto de su amigo—. Siento que todo lo que toco se destruye, siento que la tormenta de mi vida terminó arrastrándote a ti y arruinando tu felicidad... —¡No vuelvas a decir eso jamás, Yasmín! —la interrumpió Camilo con vehemencia, sorbiéndose las lágrimas y esforzándose por recomponer el tono de su voz—. Esto no tiene nada que ver contigo. Fue una decisión madura y consciente de mi parte. Apolo tomó su camino de frialdad y yo tomé el mío. Ahora mismo no quiero saber nada de amores cobardes ni de ejecutivos traumados. Solo quiero concentrarme en mi trabajo, en sanar mi cabeza y en estar para ti, que eres mi verdadera familia. Yasmín sonrió con amargura y ternura a la vez. Sentir la lealtad i

  • Aun sigo casada con el   Capítulo 77.

    Capítulo 77: La penumbra de la oficina ejecutiva de Camilo era casi total, rota únicamente por el destello helado que proyectaba la pantalla de su teléfono sobre la caoba del escritorio. El silencio en la estancia se sentía aplastante, lleno del peso de los días en que el orgullo y la rabia habían mantenido una muralla invisible entre dos personas que se querían como hermanos. Pero de pronto, la pequeña pantalla se iluminó con la vibración sorda del dispositivo sobre la mesa. Camilo bajó la mirada con una aprensión casi física, temiendo encontrarse con algún comunicado institucional de la junta directiva o un mensaje de Apolo. Sin embargo, el nombre que apareció en el centro de la notificación hizo que la respiración se le atascara en la garganta. > «No me saques de tu vida, por favor. Te amo, mi reina.» > Las palabras del mensaje resonaron en el pecho de Camilo con la fuerza de un terremoto interior. Las manos le comenzaron a temblar ligeramente mientras sostenía el dispositivo

  • Aun sigo casada con el   Capítulo 76.

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  • Aun sigo casada con el   Capítulo 75.

    Capítulo 75: Las semanas posteriores a la tormentosa y definitiva llamada con Camilo transcurrieron en una calma de doble filo en la pequeña y pintoresca ciudad costera en el extranjero. Yasmín se había atrincherado en el cobijo de la modesta casa de su madre, intentando aislarse por completo del mundo exterior. En ese rincón pacífico, lejos del humo espeso de la metrópoli, de los rascacielos corporativos y de los escándalos mediáticos de la firma Valderrama, Yasmín buscaba sanar. Sin embargo, la calma era solo superficial. Por dentro, el silencio le resultaba abrasador. El pequeño bulto de su vientre aún era imperceptible bajo la holgura de los suéteres de lana que usaba para resguardarse de la brisa matutina, pero la presencia de esa nueva vida se hacía notar con una contundencia implacable. Cada mañana, las náuseas profundas la despertaban antes del amanecer, acompañadas por un cansancio de plomo que le pesaba en las extremidades. Esas sensaciones físicas, aunque incómodas, eran

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