FAZER LOGIN~Alana~
Había voces en medio de mi sueño, un aura fuerte flotando a mi alrededor que pronto desapareció, dejándome extrañamente vacía. Volví a perder la noción del tiempo, pero algo en todo eso seguía conmigo, firme, arraigado a cada parte de mí. Un olor permanecía siempre, uno que no lograba identificar, ese mismo olor que, por un momento, captó mi loba antes de que aquel lobo nos mordiera con fuerza. Sí, luego de darnos una buena arrastrada y de que nos estampara la cara contra el suelo. Parece que con eso no le bastó. Un movimiento ligero logró despertarme por completo. Me sentía algo perdida, mareada; las heridas de mi espalda ya no dolían y fue allí cuando recordé todo lo que había pasado en los últimos días y mi actual situación. El carro, aquel Alfa, la pelea y luego la mordida. Abrí los ojos de golpe, siendo casi cegada por la fuerte luz que entra por la ventana del auto en el que voy, aunque esta vez se sentía diferente. ¿cómo llegué aquí? —¿Me oyes?— giré la cabeza hacia el hombre; él mira el retrovisor cada tanto con su rostro serio e impasible mientras conduce por las calles algo vacías de una manada pequeña. Me siento derecha, mirando hacia el exterior, mi respiración acelerándose a medida que me doy cuenta de que voy de nuevo con un desconocido. —Tenemos que ponerte a salvo— vuelve a hablar, sacándome de mis pensamientos. —¿Por qué, quién eres?— me atrevo a preguntar, buscando algún signo de peligro, tratando de mantener mi temblor bajo control. —Alguien que debe ponerla a salvo; ese es mi deber y justo ahora eso es lo que debo hacer. Estaciona el auto en un callejón, sale rápido y, al verlo venir a mi puerta, me alejo asustada. «Tranquila, Alana, no va a hacernos daño» «¿Cómo puedes estar tan segura, Kyra?» «No lo sé, solo confía por una vez; tal vez no todos son malos y no todo es lo que parece» —No voy a hacerle daño, soy alguien que va a ayudarla en lo que pueda. Mis órdenes son llevarla a nuestra manada. —¿Por qué debería confiar en ti? —No tiene que hacerlo —afirma con seriedad, sus ojos oscuros siempre en los míos—, pero por ahora soy su mejor opción si quiere vivir, así que elija y hágalo rápido. ***** Avanzamos por las calles de la manada, cubiertos con una capa; nada extraño para un pueblo donde todos sus habitantes visten ropas viejas. El hombre a mi lado se detiene, tomando mi brazo para que lo haga. Sigo su línea de visión y, más allá, hay dos hombres con ropas negras, mirando con cautela cada calle, cada persona, buscando algo o a alguien. —Vamos, ellos no pueden verla ni notarla. Toma mi brazo, llevándome en dirección contraria; sus ojos se mueven en todas partes, buscando posibles amenazas. —¿Quiénes son? —pregunto suavemente, tratando de entender algunas cosas. —Hombres peligrosos enviados por alguien poderoso. No puedo darle detalles porque es lo mejor; en su momento sabrá las respuestas, pero no por mí. Eso no me deja más tranquila. Pronto nos topamos con otros dos hombres. Cruzamos rápido la calle, evitando a toda costa que nos vean; es como si estuviesen en todos lados. Pero nuestra suerte duró poco; uno de ellos nos ve y nos señala viniendo en nuestra dirección. —Mierd4, vamos, por aquí. Me saca por otro lado; prácticamente corremos entre las personas que nos miran algo raro. Puedo escuchar mi propio corazón acelerándose a cada segundo, la incertidumbre y el miedo de ser detenidos por esas personas que no conozco. Cruzamos rápido la última calle y, sin pedir permiso, nos metemos en una casa. El hombre cierra la puerta y las ventanas y luego se va hacia la puerta de atrás, donde yo lo sigo más de cerca. —Por favor, dime qué sucede. Se gira hacia mí, debatiéndose en si decirme o no. —Mis órdenes son llevarla a nuestra manada y ponerla a salvo. Los hombres que están allá afuera son hombres del Rey; no están aquí para hablar, no están aquí para nada bueno y mucho menos con usted. —¿Por qué? —no lo entendía; me sentía confundida no solo por esto, sino por todo lo demás. ¿Esto también tiene que ver con Luna Margaret y mi entrega a ese hombre? —Porque usted es… Un golpe fuerte en la puerta delantera lo interrumpió. Kyra gruñó en mi mente, alertándome de quiénes eran, y al ver la expresión hostil del hombre, lo supe. Gruñó frustrado hasta que su atención regresó a mí, mientras yo no dejaba de mirar hacia la entrada. —Debe irse—me tomó del brazo, sacándome por la puerta trasera hacia un pequeño jardín. Mucho más allá se veía la alta estructura de la casa de la manada, rodeada por guerreros y varios carros. En ese momento, se escuchó la puerta de entrada abrirse con un fuerte golpe. El hombre me empujó, ordenándome que corriera mientras él se daba la vuelta para detenerlos. Corrí con el corazón en la boca y mis nervios de punta. Miraba hacia atrás un par de veces con la esperanza de volver a verlo, que pudiera salir ileso, pero todo lo que vi fue cómo más hombres entraban a la pequeña casa. Mi visión se nubló ligeramente al saber todo lo que podrían hacerle por mí y yo… yo ni siquiera sabía defenderme. Llegué jadeando a la casa de la manada; nadie me detuvo, ninguno de los guerreros pareció notarme. Ellos tenían su atención en algo más allá y sabía qué era. Caminé apresurada hacia el interior; tenía que esconderme, ocultar mi olor porque sabía que ellos debían haberlo percibido. Miraba hacia atrás constantemente avanzando con pasos temblorosos hasta estrellarme fuertemente con alguien. —¿Pero qué mierd4? ¿acaso no ves? Un hombre me empujó y, por su aura, deduje que era un Alfa. Su aspecto ostentoso no contrastaba para nada con el de su manada pobre. Tenía el pelo bien peinado, un perfil en general limpio, pero sabía que había más suciedad en él que otra cosa. Mi mirada pasó de él al hombre con quien me había estrellado. Era mucho más alto, tenía el cabello rubio, otro Alfa sin duda, pero él se sentía más… fuerte y, al mismo tiempo, sereno. Sus ojos color miel me estudiaban con cuidado; su postura relajada me decía que no se había ofendido. —Alfa, perdón la interrupción— entró un guardia agitado, asustado, recuperando el aliento—. Los hombres del Rey están aquí para una pequeña inspección. Mis manos se apretaron fuertemente; la ansiedad comenzó a consumirme y, al ver de nuevo a aquel Alfa, me di cuenta de que él sabía que venían por mí.~Alana~ —Ven, amor— Dominic se acercó para ayudar a sentarme, acomodando las almohadas a mi espalda. La sanadora dejó la taza en mis manos, un líquido turbio removiéndose en su interior. No podía tomarme esto sin dejar salir el estómago. —Por favor, examine su cuerpo, su poder, algo no está bien desde hace días. —Haré lo que pueda mi Rey; si. embargo, su poder va a rechazarme como siempre, no deja que la magia lo invada. Dominic asintió dando un paso atrás. Ella se acercó posando sus manos en mi pecho, justo encima de mi corazón. Cerró los ojos, murmurando palabras, sus palmas brillando sobre mi piel, enviando una energía extraña a través de mí. Al principio no sentí nada, talvez un alivio que no duró mucho. Sea lo que sea que me esté haciendo comenzaba a quemarme, como lava recorriendo mis venas de forma salvaje. Resistí lo más que pude hasta que ya no lo soporté. Grité del dolor agonizante que sentía, como si mi cuerpo estuviera rechazando una posible amenaza cuand
~Alana~ Mi pie no deja de golpear el suelo mientras espero los resultados de la doctora. Aprieto con fuerza el reposabrazo, observando las paredes blancas de este consultorio demasiado pequeño. Y no es que lo sea, es que soy yo la que siento como las paredes se cierran sobre mí. La puerta se abre a mi espalda con el típico chirrido que te hace sentir ansiosa, pero que has escuchado las veces necesarias para que el desespero comience a consumirte. —Reina Luna, ya tengo los resultados en mi mano— dice, sentándose frente a mí, ojeando lo que tiene en sus manos. —¿Y bien?— pregunto nerviosa, pasando saliva, apretando mis manos esta vez en mi regazo y me preparo para las siguientes palabras que saldrán de su boca. —El resultado es negativo, no está embarazada, creo que los síntomas que ha tenido recientemente pueden deberse al estrés o al cansancio. Desliza las hojas por el escritorio deteniéndose frente a mí. Ahí están de nuevo las negritas que conozco demasiado bien. "NEGATIVO"
~Sophia~ Habían pasado dos semanas desde que Dominic había vencido a Damien, dos largas semanas de tensión y reuniones en dónde Alana parecía más distraída. Hoy decidí acercarme a ella, talvez no podría hacer mucho, pero algo es algo. —Oye, ¿que tal si damos un paseo por la manada?— tomo su brazo mostrándole el camino para salir de esta sofocante mansión. —Bien, vamos, pero mejor corramos. La que llegue de primero cocina hoy. Deja salir a su hermosa loba quien ya agarró ventaja, Cleo también me anima a darle el control y cuando lo hace, sale corriendo a toda prisa riendo. Esta es la primera vez que la siento feliz libre, disfrutando de la tierra bajo sus patas y la brisa ondeando su pelaje color marfil. Aulla fuerte a los cielos sin dejar de correr, escuchando como Kyra le responde con diversión. Esto era lo que hacíamos cuando nadie más veía, correr con la libertad de un mundo que nos podía cadenas invisibles. Los miembros de la manada se detuvieron a nuestro paso,
~Sophia~ Nada había sido igual desde que fui atrapada aquella noche donde me quedé para defender a mi hermana. Fui golpeada, drogada, encerrada en una jaula sin agua y sin comida por días. Hasta que él entró, el Alfa, aquel que se supone debía protegernos de todo, el mismo que me mandó a ese infierno. Su Luna era la más cruel, Margaret le gustaba jugar con tu mente de formas dolorosas hasta ver qué te rompías y sí no lo hacías, ella utilizaba sus garras. Así pasó mi vida por tres años. Siento torturada, violada, utilizada para el poder que yo no tenía, pero mi hermana sí. Soportaba todo lo que me hacían en esa jaula por protegerla a ella, era la única forma de no quebrarme ante cada minuto de cruel agonía. Lloraba cada vez que venía la curandera a revisarme para saber si había quedado en cinta y agradecía a la Diosa cuando me decían que no, pero cuando decían que sí, el mundo se me venía abajo. ¿Cómo podría proteger a una criatura en medio de tanto? La respuesta er
~Dominic~ Me he mantenido lejos de mi manada por mucho tiempo, preparando algo diferente para ella, para que esté cómoda, sin malos recuerdos de un lugar donde pasó demasiado. Mi madre me ayuda a supervisar las cosas con calma, dando instrucciones de cómo deben quedar los muebles y demás. Ya quiero regresar con ella, la extraño, pero ya casi está todo listo aquí para poder verla. —Hijo, ¿qué piensas de los jardines? —Los he visto y creo que a ella le gustarán; le gusta despejar su mente. —Bien, entonces ya estamos dando los últimos retoques. La manada también se cambió; algunos de los antiguos miembros se fueron, otros se quedaron. Asentí sin decir mucho; contaba con eso. Creo que han visto demasiado de mi propia familia: la muerte, la esclavitud, los castigos. A ellos nada les asegura que yo, siendo de sangre real antigua, sea igual, aunque no lo sea. Mi manada por fin podrá mudarse de nuevo a una región menos sombría, llena de vida, donde puedan cazar a disposición. Estábam
~Alana~ Ha pasado más de una semana desde el enfrentamiento con Damien y su padre. Las cosas marchan tranquilas, lentas, con la incertidumbre brillando en el rostro de muchos. Algunas manadas no saben qué pensar: ¿cómo será el nuevo mando? ¿Cómo será Dominic como Rey? Tienen miedo de que sea como su tío, pero yo sé que será mucho mejor. Mis botas suenan contra el suelo pulido de la mansión donde está Walker. Me dirijo con prisa a verlo. Apenas escuché que había despertado, vine casi corriendo. Escucho su voz en el pasillo, su risa, y eso, por mucho, hace que mi corazón tiemble de emoción. Realmente me alegra que haya podido salir con vida. Toco la puerta ya abierta, viendo a Walker sentado en la cama, aún con la intravenosa, sosteniendo a su cachorro en brazos. —Alana, ven, pasa. Me adentré con una enorme sonrisa, parándome justo al lado de Edward, quien me rodeó por la cintura, atrayéndome a él. No me negué; me recosté en su hombro, mirando el amor y la adoración que tiene W







