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Capítulo 5

last update Fecha de publicación: 2022-03-08 02:57:07

Marianela miraba preocupada en dirección del baño, Daniela llevaba bastante rato en el tocador.

 “¿Será que ha tenido una emergencia femenina? O salió a tomar el aire, bueno no debería preocuparme, de las gemelas Daniela es la que siempre ha demostrado ser la más juiciosa, a la que tengo que mantener vigilada, es Gabriela, que siempre se mete en problemas y arrastra a la pobre Daniela cada vez que se “enamora”. Aunque tengo que admitir que se ha portado bastante bien hasta ahora."

Marianela la observó bailando en la pista con Gael.

— ¿No crees que Daniela se está tardando mucho en el tocador? — Mateo se inclinó hacia ella preguntando.

—Sí, la voy a buscar — le dijo sonriendo.

 Se puso de pie y fue directo al baño y después de buscar por debajo de las puertas de cada uno de los baños individuales las sandalias rojas de Daniela, al no encontrarla decidió buscarla fuera del hotel, pero al salir del tocador, la encontró parada en el pasillo.

— ¿Dónde has estado, Daniela? Estábamos preocupados, te vine a buscar al baño y no estabas... — Le dijo Marianela.

 Daniela sonrojándose, tratando de aparentar calma, le dijo.

— Es que… entré y estaba todo ocupado. Este no es el único baño del hotel, ¿Sabes? Luego… salí a tomar el fresco y… se me fue el tiempo admirando el paisaje.

— Está bien, no me vuelvas a asustar de esa manera, regresemos con la familia Ferrero.

Daniela se quedó parada todavía trastornada por lo que acababa de pasar.

“¡Por dios que fue lo que hice! ¡Me volví loca! ¡Acabo de entregar mi virginidad a un desconocido! ¡Soy un asco, como pude traicionar a Víctor Manuel de esa manera!”

Marianela se regresó con gesto de preocupación.

—¿Qué te ocurre? ¿Por qué tienes esa cara? ¿Te sientes bien?

Daniela respiró profundo y le dijo.

— Creo que me cayó mal, algo que comí.

— ¿Te parece que regresemos al apartamento?

— No quiero arruinarle la noche a ti y Gabi.

—No seas tonta, yo regreso contigo y te haré un té. Le diremos a Gabi que se puede quedar un rato más con la familia Ferrero. Los chicos la llevarán de vuelta.

Una vez en el apartamento, Daniela, angustiada, se quitó la ropa y se puso bajo la ducha, con los ojos cerrados, borrando deliberadamente de su mente esos pocos y odiosos momentos. Apagó la ducha y se secó enérgicamente. Con firmeza apartó los pensamientos perturbadores de ella con ese hombre. Mañana estaría de nuevo en casa y todo este desastroso incidente pronto sería historia olvidada. Con determinación, hizo que su cuerpo se relajara y, para su alivio, finalmente obedeció, y las imágenes de su mente se apagaron. Daniela se adormiló y luego se durmió, cómoda contra su almohada.

****

El gran día llegó, y El doctor Arturo Castillo y la señora Elena estaban emocionados porque al fin uno de sus hijas se casaría, Marianela se autonombró “la organizadora oficial” de la boda de Daniela y Víctor Manuel, estando al tanto de todos los detalles. A cada uno le signó una labor, todos colaboraron, excepto Gabriela que justificó su apatía por la boda a un resfriado repentino. 

Daniela había estado toda la semana con los nervios de punta, lo cual no causó extrañeza a su familia, calificándolo como los nervios normales de una novia antes de la boda. Pero solo Daniela sabía la verdad, desde que llegó de Brasil, no pudo olvidar la noche de pasión que pasó con Juan Carlos Quintana, a pesar de que había tomado la decisión de dejar todo en el pasado. Y durante todo el viaje de regreso a casa paso por todo tipo de emociones, arrepentimiento, ansiedad y culpa, al bajar del avión había decidido que merecía ser feliz, lo dejaría todo en el pasado.

Pero las consecuencias de su arrebato la alcanzaron, una semana antes de la boda se realizó una prueba de embarazo que dio positivo. Se sintió asqueada y cobarde. Y lloró desconsoladamente encerrada en el baño, recordando la conversación en la que aclararon el malentendido que ocurrió en la boda de su hermano Óscar y por primera vez le dijo te amo.

“—Necesitamos hablar Daniela.

— ¡No.… por favor! —lo empujó, llena de rabia.

— ¿Esta vez no mi amor! Me la debes...

—No.… no entiendo...

Víctor Manuel ahogó con su boca las protestas, y después levantó un poco la cabeza para mirar sus ojos dilatados.

— ¡Sí lo entiendes!, ¿Pretendes escapar y burlarte de mí una vez más? Pero ahora, pequeña provocadora, ¡no voy a dejarte escapar con tanta facilidad!

Las lágrimas brotaron de los ojos de Daniela.

—¿Te diste cuenta de que no era Gabriela?

—¡Por supuesto! ¿Qué creíste? Las conozco desde que eran niñas, claro que las puedo diferenciar.

—¿Entonces porque me hiciste pensar que te había engañado al hacerme pasar por Gabi?

—Solo te seguí el juego. Al principio supuse que estabas bromeando, como cuando eran niñas y se hacían pasar la una por la otra. Hasta que las cosas se pusieron intensas entre tú y yo. No sabes cuánto me lastimaste cuando escapaste de mí.

—La otra vez no quería escapar —susurró repentinamente.

— ¿Qué has dicho? —preguntó sorprendido.

—Lo que has oído. Te deseaba tanto como tú a mí —lo miró a los ojos—. Ese día mi intención era castigarte. No era porque hubieras pretendido abusar de Gabriela, como ella dijo.

—¡¿Dijo que intente abusar de ella?! ¡Eso no es cierto! —exclamo escandalizado.

—Tranquilo, eso nunca lo creí. Como te decía me quise vengar porque estaba celosa de mi hermana. No me explico de dónde saqué fuerzas para apartarme de ti. Deseaba más que nada en el mundo que me hicieras el amor.

Víctor Manuel la contempló con incredulidad.

— ¿Por qué no me lo dijiste antes? —le apretó los codos con fuerza, en tanto la miraba con ojos abrasadores.

—Porque hasta hace poco, pensé que habías tratado de seducir a Gabriela y no podía perdonarte por haberla preferido a mí.

—Gabriela no tiene idea del problema que ocasionó, ¿Verdad? He pasado despierto muchas noches, tratando de entender qué sucedió ese día. Primero, Gabriela, con sus proposiciones molestas, las cuales rechacé. Unos minutos después creí estar soñando cuando apareciste y me arrastraste a mi habitación; toda tú eras una invitación. Una mirada, un roce de tu mano, y te deseaba tanto que perdí por completo la cabeza. Ustedes dos son muy parecidas, sin embargo, Gabriela siempre me dejó frío; en cambio, tú me enciendes con solamente estar en la misma habitación — frunció el ceño al ver que una lágrima rodaba por las mejillas de la joven—. ¿Por qué lloras?

— ¿Por qué crees? —enfadada, se enjugó las lágrimas.

— ¿Eres desdichada?

— ¿Por qué diablos debería ser desdichada? —rio con desdén. —he sido una estúpida si tan solo hubiera estado enterada de lo que sentías por mí.

—Pues ya lo sabes Daniela Castillo, te amo con locura, no lo dudes.

—Yo también te amo, señor Gutiérrez."

Después de haber llorado se lavó la cara. Estuvo a punto de cancelar el casamiento, pero cuando vio a Víctor Manuel a los ojos desistió.

Así que  aquí estaba con un hermoso vestido de novia enfrente de Víctor Manuel diciendo sus votos.

— Yo Daniela Castillo, te recibo a ti Víctor Manuel Gutiérrez, como mi legítimo esposo, me entrego a ti y prometo serte fiel en la prosperidad, en la adversidad, en la salud y en la enfermedad, así amarte y respetarte todos los días de mi vida hasta que la muerte nos separe.

— Yo Víctor Manuel Gutiérrez, te recibo a ti Daniela Castillo, como mi legítima esposa, me entrego a ti y prometo serte fiel en la prosperidad, en la adversidad, en la salud y en la enfermedad, así amarte y respetarte todos los días de mi vida hasta que la muerte nos separe.

El cura les dijo.

En el nombre del padre, del hijo y del espiritu santo, amén. Y por la autoridad en mi investida, yo los declaro marido y mujer hasta que muerte lo separe. Lo que Dios ha unido que no lo separe el hombre. Ya puede besar a la novia…

Víctor Manuel la besó con los ojos llenos de emoción, para Daniela la felicidad fue agridulce.

 La ceremonia se realizó en el hermoso patio con flores cultivadas por la señora Castillo, con familiares y amigos más cercanos de ambas familias.

Los novios se despidieron a mitad de la fiesta, entre lágrimas y risas, rumbo al aeropuerto, desde donde partirían rumbo a la isla de Curazao, a disfrutar de su luna de miel. Cuando el taxi se alejó, Daniela miró atrás y vio a su familia, sintió una opresión en el pecho, porque ya no estarían cerca para apoyarla y aconsejarla que hacer con el bebé que llevaba en el vientre.

“¡Dios mío que hice!, ¡Porque no fui capaz de decirle la verdad! ¡Solo tengo tres semanas de embarazo, en algún momento se me va a notar! ¡Entonces tendré que decirle! ¡Me va a odiar! ¡No se si podré soportarlo!”

—¿En qué piensa, señora Gutiérrez? —dijo Víctor Manuel besándole la mano.

—Únicamente en lo cansada que estoy—dijo con nerviosismo.

— ¿Qué?, ¡Y yo creí que estabas fascinada por la proximidad de mi cuerpo! —le dijo divertido — No te preocupes, dormiremos un rato en el avión y tendremos un poco de paz.

Daniela lo miró dudando y reflexionando que había perdido la paz por el resto de su vida.

Víctor Manuel la abrazó con fuerza, besándola de tal forma que puso fin temporalmente a la conversación, hasta que Daniela lo apartó porque su estómago hizo un ruido poco romántico.

—No he comido nada hoy, Víctor Manuel. ¡Me muero de hambre! Con los nervios apenas probé el pastel de boda

—El amor estimula el apetito.

—Sabes mucho más de eso que yo.

—Daniela, independientemente de mi pasado... no tan libertino como supones... mi futuro te pertenece únicamente a ti —la estrechó.

Daniela suspiró, no quería escuchar los juramentos de su esposo, porque se sentía como una vil traidora.

****

Juan Carlos Quintana se encontraba de pie sudoroso, con el micrófono en la mano, bajo el inclemente sol de Afganistán, esperando el pase en vivo desde ORQUÍDEATV.

Su camarógrafo Roberto tenía la cámara subida al hombro derecho y con la mano izquierda en alto, le indicaba con los dedos el tiempo que iría al aire.

—En… 6, 5, 4, 3, 2, 1 ¡Juan Carlos ya estamos en el aire!

—Buenas tardes, soy Juan Carlos Quintana transmitiendo en vivo para ORQUÍDEATV desde Afganistán. Como todos ustedes saben, Afganistán, es un país en el que se ha vivido una década de una guerra que se ha alargado ya demasiado. Más de 46 000 civiles han sido asesinados por todos los bandos en el conflicto de Afganistán. Fueron muertes directas por bombas, balas, explosiones y fuego. Otros miles han resultado heridos, según la Misión de Asistencia de las Naciones Unidas en Afganistán…—súbitamente se escucharon dos explosiones seguidas cerca de donde estaban transmitiendo, levantando polvo y humo. Juan Carlos y Roberto corrieron a ocultarse, aun así, el periodista siguió describiendo la escena, se escucharon más explosiones, gritos y personas corriendo a todos lados. Juan Carlos despidió la transmisión para ponerse a salvo.

—Este es Juan Carlos Quintana para el noticiario de las nueve… ORQUÍDEATV .

Por encima del ensordecedor ruido de griteríos, disparos, Juan Carlos le gritó a Roberto.

—¡Volvamos a la camioneta!

Roberto, nervioso, le gritó.

—¡La Camioneta quedó atrás, cerca de las explosiones!

—¡Está bien, quédate aquí...! ¡Iré a buscarla y la traeré hasta aquí!

—¡Estás loco! ¡Por supuesto que no! ¡Vamos a ocultarnos en algún lugar!

—¿Y esperar que nos aplaste alguna edificación? ¡Olvídalo! ¡Ocúltate bien! — Juan Carlos salió corriendo, ignorando las protestas de Roberto., ocultándose en cada auto estacionado, hasta que de repente divisó la camioneta, aliviado notó que estaba intacta. Juan Carlos salió apresurado y se subió, la encendió y dirigió el vehículo tratando de no atropellar a las personas que corrían despavoridas. Tocó la bocina para llamar la atención de Roberto y este se sentó al lado de Juan Carlos alterado y le gritó.

 —¡Eres un maldito loco!

Juan Carlos le sonrío, arrancando la camioneta y le dijo.

—Recuerdas el campamento de la cruz roja que encontramos en el camino, iremos allí si las cosas siguen revueltas.

Cuando iban rumbo al campamento, Juan Carlos paró de repente.

—¿Qué pasa porque te detienes? —preguntó Roberto.

—Grabaremos una toma, recuerda que cortamos estando al aire.

—¿En serio? ¡Podemos hacer la toma cerca del hotel! Aquí no es seguro.

—Vamos trae la cámara.

Roberto dijo a regañadientes.

—Está bien, pero hagámoslo rápido.

Se retiraron unos cuantos metros de la camioneta. Y al terminar de grabar, Roberto se quedó ajustando la cámara mientras Juan Carlos iba a buscar una botella de agua mineral, cuando inesperadamente la camioneta explotó enviando a Juan Carlos por los aires, estrellándose de frente contra las rocas, lo último que escuchó el periodista fue un gran pitido antes de desvanecerse por el dolor.

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