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Pasiones prohibidas

Autor: Dayanaclavor
last update Data de publicação: 2024-12-22 02:28:59

Laura no podía creer lo que estaba escuchando; enseguida apartó a Alejandro de ella mientras le decía entre sollozos:

— ¡Eres un degenerado! No quiero volver a verte nunca más. Es obvio que te estás burlando de mí.

Salió del bar a toda prisa. Sin embargo, Alejandro no se quedó de brazos cruzados; él tenía que hablar con ella, explicarle lo que realmente estaba sucediendo.

— ¡Laura! Por favor, ¡espera! No te vayas así.

Ella caminaba rápidamente, deseando llegar lo más pronto posible a su auto, pero Alejandro logró alcanzarla y la tomó nuevamente por el brazo, deteniéndola.

— No puedes irte así. Al menos déjame explicarte por qué no puedo romper el compromiso con Valentina.

— No hay nada que explicar. Lo único que me ha quedado claro es que te has burlado de las dos. Que lo hayas hecho conmigo no me importa, pero con mi hija, eso sí que no te lo voy a perdonar jamás.

— No puedes dejarme así sin darme el beneficio de la duda. A quien amo es a ti.

Laura, sintiendo que él se seguía burlando de ella, le dio una bofetada con todas sus fuerzas mientras le gritaba, llena de dolor:

— ¡Pero yo no te amo! Quiero que me dejes en paz o voy a solicitar una orden de restricción en tu contra.

Esta vez, él la tomó por la cintura, apretándola con fuerza contra su cuerpo, mientras le decía muy cerca de su boca:

— Mírame a los ojos y dime que no me amas. Atrévete, dime que ya no quieres tenerme así cerquita de ti.

Él sabía que Laura estaba a punto de rendirse entre sus brazos. Era muy difícil borrar de la noche a la mañana una relación de seis meses en la que habían hecho el amor de todas las formas posibles, y donde ella había sentido por primera vez lo que era llegar al clímax, ya que jamás, en el tiempo que estuvo casada con Javier, llegó a sentir algo así.

Javier siempre la trató como un objeto; nunca se preocupó por hacerla sentir amada y valorada. Solo la tomaba cada vez que tenía ganas de saciar sus bajos instintos, sin importarle si ella también lo disfrutaba. Laura pasó a ser solo su desahogo y la esclava que hacía todo lo que él ordenaba.

Alejandro sentía cómo se estremecía entre sus brazos y, sin pensarlo un solo instante más, la tomó por el cuello y le clavó un beso en la boca del que ella no pudo escapar.

Laura, en cuestión de segundos, volvió a dejarse llevar por esa pasión desenfrenada que le hacía sentir aquel joven que podía ser su hijo, pero que también sabía hacerla sentir mujer.

Ambos se besaron sin pudor, sin darle importancia a que se encontraban en medio de la acera, a unos pasos del bar donde se vieron por primera vez. Él acariciaba su cuerpo, devorando su boca húmeda a besos, mientras ella sentía su erección por encima de la ropa. Estaba muy agitada y sentía que no podía controlarse, hasta que, en un momento de cordura, se soltó de sus brazos.

— ¡No! Esto no puede ser. Es una locura que estemos aquí, mientras mi hija se encuentra en casa planificando su boda contigo. ¿Te das cuenta de lo que estamos haciendo, Alejandro?

Laura comenzó a llorar. Alejandro la abrazaba con ternura, sacó un pañuelo de su bolsillo y comenzó a secarle las lágrimas mientras le decía:

— Entremos a tu auto, cariño. Tenemos que hablar; no podemos dejar las cosas sin una explicación.

Esta vez ella accedió. Sentía la necesidad de escuchar lo que él tenía que decirle. Ya se había dejado llevar nuevamente por la debilidad de sus besos, así que nada perdía con escucharlo y tomar la decisión de cerrar ese ciclo definitivamente.

— Este beso no debió ocurrir jamás después de saber que eres el futuro esposo de mi hija. Es una aberración.

— Laura, entiendo cómo te sientes, y la verdad es que yo me siento igual o peor que tú. La gran diferencia entre tú y yo es que te amo; estoy enamorado de ti desde el primer día que te vi.

— No entiendo hasta dónde llega tu cinismo. Si realmente estuvieras enamorado de mí, no te hubieras metido en otra relación, y menos con mi propia hija.

— Es justamente lo que he querido explicarte. Tú siempre me dijiste que lo nuestro solo debía ser sexo, porque eres una mujer mucho mayor que yo y además mi profesora de arte. Por esa razón, pensé que podía hacer mi vida con alguien más.

— Pero debes reconocer que me engañaste, porque cuando nos conocimos en el bar, ya sabías que yo era profesora de arte en la universidad, y aun así seguiste adelante con tu conquista, para después inscribirte en mi clase. ¿Te das cuenta del riesgo que he corrido hasta ahora si llegan a saber en la universidad que mantengo una relación con uno de mis alumnos?

— Pero durante todos estos meses nadie se ha enterado de nada, así que por eso no tienes de qué preocuparte.

— Sí, pero ahora las cosas son distintas, porque tienes una relación paralela con mi hija.

— Y justamente eso es lo que he querido decirte en todo este tiempo. Tú solo querías tener sexo conmigo y yo así lo acepté, así que tenía derecho a tener una relación estable. Además, mi padre me presionó a comprometerme en matrimonio, o de lo contrario no me incluirá en su testamento.

— ¿Y tenías que usar a mi hija para poder recibir tu herencia?

— ¡No! No se trata de que adrede haya elegido a Valentina. Solo debía comprometerme con una buena chica, de buena familia, que además pueda darme un hijo. De pronto apareció ella, pero no porque yo la buscara sabiendo que se tratara de tu hija.

— Eso no cambia las cosas entre nosotros. Lo único que quiero es que salgas de nuestras vidas y no vuelvas a aparecerte nunca más. Bájate de mi auto.

— Laura, por favor…

— ¡Que te bajes de mi auto!

El grito de Laura fue tan desgarrador que a Alejandro no le quedó otra alternativa que obedecerle. Estaba tan molesta que en ese estado no iba a entrar en razón. Se bajó inmediatamente y ella arrancó el auto a toda prisa.

(…)

Momentos después…

Laura llegó a casa totalmente destruida por dentro; se veía muy afligida. Para su sorpresa, encontró a Javier en la sala, sentado en su silla de ruedas. Al verlo, sintió un coraje tan grande que quiso pagar con él toda la frustración que llevaba dentro.

Miró a su alrededor, asegurándose de que no estuvieran cerca Valentina o la enfermera. Se acercó a él y le dijo muy cerca del oído:

— ¿Se puede saber qué haces aquí, basura? Tú eres el único culpable de mis frustraciones, pero me alegro de que ya lo estés pagando, condenado a esa silla de ruedas.

Javier solo la miraba, mientras una lágrima caía por su rostro. Se sentía impotente de no poder hablar y estar atrapado en su propio cuerpo inmóvil.

Justo en ese momento, apareció la enfermera, quien venía con la medicina de Javier. Al ver a Laura, se puso un poco nerviosa, ya que ella le había ordenado que nunca lo sacara de su habitación. Quería mantenerlo encerrado de la misma forma en que él la había tenido durante años, sin dejarla tener amigos y prohibiéndole salir de casa.

— Buenas noches, señora Laura. No sabía que estuviera en casa.

— ¿Y por eso sacaste a Javier de su habitación? Creo que fui muy clara cuando te pedí que debía permanecer siempre en su habitación. ¿Qué parte de mi orden no entendiste?

— Lo siento, señora Laura, pero es que fui a la cocina por su medicina y pensé que tal vez querría tomar un poco de aire. Creo que no le hace bien estar encerrado todo el día.

— Sandra, tú solo estás aquí para cuidar de él, pero si no te vas a adaptar a mis normas, entonces me veré obligada a buscar los servicios de otra enfermera. ¿Te quedó claro?

— Sí, señora. No se preocupe, no volverá a ocurrir.

Javier comenzó a hacer ruido con la boca, tratando de protestar por lo que Laura le había dicho a Sandra. Él no quería que ella se fuera de la casa, ya que estaba cuidando de él desde que tuvo el accidente. Además, había otra razón de la cual Laura no tenía la más mínima idea.

— ¡Sácalo de mi vista y dale algo para que se duerma!

Sandra tomó la silla de ruedas y se llevó a Javier lo más rápido que pudo a su habitación. Al llegar allí, le dijo con voz suave:

— Cariño, por favor cálmate. No te pongas así; ya verás que más pronto de lo que te imaginas, nos vamos a vengar de esa mala mujer. Para eso estoy aquí a tu lado, como siempre. Voy a hacer que recuperes toda tu fortuna, te lo juro.

Sandra había sido la amante de Javier mucho antes de tener el accidente. Solo que Laura no estaba enterada de quién era ella en realidad. Cuando Sandra se enteró a través de un anuncio en la prensa que Laura buscaba una enfermera para que se ocupara de su esposo, ella apareció en su casa haciéndose pasar por enfermera y con recomendaciones falsas. Como Laura estaba desesperada por encontrar a alguien que se encargara de él lo antes posible, sin pensarlo dos veces le dio el empleo, sin saber que había metido en su casa a su peor enemiga.

(…)

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Último capítulo

  • Bajos instintos    Fin

    Alejandro fue a ver a Laura. Llegó hasta la habitación donde se encontraba hospitalizada y, al entrar, se encontró con un lugar que, lejos de parecer un hospital, parecía más bien un sitio abandonado por el gran deterioro que se evidenciaba en su interior y la miseria que se palpaba a simple vista. Entró en la habitación que le había indicado una de las enfermeras y, al ver a Laura acostada en aquella cama, muy desmejorada y desnutrida, se quedó impactado, sin poder asimilar que se trataba de la misma mujer de la que alguna vez había estado enamorado y con la que había vivido los momentos más emocionantes, haciéndolo perder hasta la cordura. Ella se encontraba despierta, con la mirada perdida, y no se había dado cuenta de su presencia. Alejandro caminó hacia la cama lentamente y, cuando estuvo frente a ella, le dijo: —Laura, soy yo, Alejandro. Ella lo miró con una expresión algo extrañada; a simple vista, no lo reconocía. Había comenzado a olvidar muchos episodios de su vida y le

  • Bajos instintos    Un regreso inesperado

    La tensión en el consultorio era palpable, Valentina sentía temor, no estaba optimista y solo pensaba en lo peor. Ya la vida la había hecho pasar por mucho dolor, y sentía que esta vez podía tratarse de algo muy malo que venía a empañar la felicidad que había logrado alcanzar. Apretaba la mano de Manuel con fuerza, él era su único refugio en ese momento. El doctor ya tenía los resultados de los análisis en su poder y estaba preparado para darle la noticia a ambos. —Por favor, doctor, dígame, ¿qué es lo que tengo? ¿Por qué me han dado todos esos malestares? Termine con esta angustia que tengo por favor. —decía Valentina a punto de llorar. —Bueno, después de una evaluación exhaustiva, los resultados de los exámenes indican que usted está embarazada.Tanto Manuel como Valentina exclamaron al unísono, totalmente incrédulos:—¿Cómo?—Sí, así es. Van a tener un hijo.—No, eso no puede ser, doctor. Tiene que haber un error. Yo no puedo tener hijos; hace algunos años me hice unos exámenes

  • Bajos instintos    Una posible enfermedad

    Valentina la miró con los ojos llenos de lágrimas. — ¿Qué más vas a decirme? ¿Acaso no ha sido suficiente con haberme destruido la vida como lo has hecho durante todos estos años? Y aun así, tienes el cinismo de decirme que hay algo más que debo saber. —Sí, aunque te cueste creerlo, yo me siento muy arrepentida por todo lo que te he hecho. Y no quiero que te vayas sin antes pedirte perdón. —¿Perdonarte? ¡Ja! Suena tan fácil decirlo. La verdad es que yo venía dispuesta a perdonarte, y no pensaba hacerlo por ti, sino por mí, para poder al fin liberarme de esta carga que he llevado todos estos años. Pero no contaba con que me iba a enterar de que ese hombre al que siempre vi como mi ídolo no es mi verdadero padre. —Por favor, Valentina, no me dejes así. Al menos déjame morir en paz. —Valentina la miró y le dijo: — Que te perdone Dios, porque yo no puedo. Enseguida se marchó, dejando a Laura llena de impotencia y dolor al saber que podía morir en cualquier momento sin el perdón de

  • Bajos instintos    La verdad

    Valentina seguía de pie frente a la enfermera, esperando a que ella le explicara cuál era la gravedad de Laura. —Entonces señora, dígame, ¿Qué tan grave es la enfermedad de Laura? — La señora Laura, está muy delicada, tiene una enfermedad terminal que la tiene físicamente inmóvil, y en cualquier momento puede perder sus facultades mentales, es por eso su urgencia en hablar con usted, antes de que ya no pueda hacerlo. Valentina se llevó las manos a la cara de la impresión, no podía creer como el destino le estaba haciendo pagar con la misma moneda a Laura, lo mismo que ella le había hecho a su padre. Además de todo el daño que también le había causado a ella ocultando su relación con Alejandro, a sabiendas de que ella se iba a casar con él. Pero en el fondo sentía pena por ella, porque de cualquier forma Laura, era su madre y si se encontraba en esas condiciones a punto de morir, ella debía perdonarla y liberarse de esa carga tan grande que llevaba sobre sus hombros. — Está bien,

  • Bajos instintos    Un año después

    Un año después…Alejandro vivía devastado ya que Valentina había cumplido con su amenaza y había denunciado a Ámbar de asesinato. A raíz de los acontecimientos y las sospechas que tenía especialmente el abogado de la familia, quien además había sido un gran amigo de Gustavo, la policía comenzó a investigar todo lo relacionado con la muerte del padre de Alejandro. Tras un exhaustivo análisis de las pruebas encontradas después de tanto tiempo, llegaron a la conclusión de que había muerto por envenenamiento.Sin embargo, en ese entonces, Ámbar se encargó de pagar una fuerte suma de dinero al médico forense para que no hiciera público el informe de la autopsia, en el que se leía claramente que la muerte había sido provocada por una sustancia venenosa que habían suministrado en pequeñas dosis en su cuerpo, provocando que muriera lentamente y de esta forma no levantar sospechas. Por supuesto, todos los responsables y cómplices de Ámbar, terminaron tras las rejas. Además, como Ámbar se hab

  • Bajos instintos    El hijo de Alejandro

    En vista de todo lo que había pasado con el resultado de la prueba de ADN, Valentina y Alejandro, habían tomado la decisión de buscar a Ámbar y llevarla de regreso a la mansión, ella era la única que tenia la respuesta de lo que había pasado realmente con el hijo de Laura y Alejandro. Cuando llegaron a la habitación del hotel, estaba completamente ebria. Valentina a pesar de no estar de acuerdo en llevarla de nuevo a su casa, no le había quedado otra alternativa que tragarse su orgullo y acceder, Ámbar era la única que podía explicar lo que había sucedido con el niño.— Esto es temporal, esperemos que tu madre logre estar sobria y pueda decirnos qué fue lo que hizo con el verdadero hijo que tuviste con esa mujer. —dijo Valentina con desprecio. — Entiendo tu malestar Valentina, pero no te preocupes que a penas descubramos qué fue lo que pasó, yo me encargaré de llevarme a mi madre muy lejos de aquí. — Tras las rejas querrás decir, porque es el lugar en donde merece estar y de eso

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