MasukMiro hacia donde proviene ese olor tan atrayente y luego hacia donde debe haber ido mi sobrino. M*****a sea, no entiendo por qué ese olor me hace dudar; cada vez es menos fuerte.
—Vamos por el cachorro y después seguimos ese aroma —dice Zah, mi puma, no muy contento.
Decido hacerle caso. Él no habla mucho, por no decir que en realidad casi nunca lo hace. Me dejo llevar por mi olfato; ese pequeño está aprendiendo a esconder su olor, aunque por suerte no logra hacerlo por mucho tiempo. Tiro el helado a la basura y camino rápido entre las tiendas que más le gustan. No me atrevo a preguntar a nadie si lo han visto; hay muchos de la manada trabajando en las tiendas del pueblo, y si el chisme de que perdí al futuro Alfa llega a los oídos de la Líder, estoy muerto.
Empiezo a sudar al no encontrarlo. Comienzo a hacer pequeños sonidos con la garganta, imitando los llamados de una madre a sus crías. Algunos miembros de la manada que me escuchan me miran como si estuviera loco, pero prefiero eso a no encontrarlo.
Cuando estoy a punto de empezar a gritar como una madre desquiciada, veo a lo lejos a ese pequeño escurridizo pegado a la vitrina de una tienda. Corro hacia él y lo cargo, buscando alguna posible herida, pero está intacto.
—¡¿Por qué te alejas así?! —frunce su pequeño ceño—. Sabes perfectamente lo que tu madre me haría si algo te pasa.
—Papi, yo te dije que quería ir aquí y tú cerraste los ojos, entonces es un sí —sus grandes ojos, de un color marrón raro, me miran como si yo fuera el loco.
Ese olor me cautivó tanto que ni siquiera escuché a mi propio sobrino. Tal vez me estoy volviendo loco de verdad. Para él, si no dices específicamente que no, entonces es un sí. Creo que lo he mimado demasiado.
—Para mami —dice, señalando un vestido largo.
—¿Por qué ese y no los demás? —no es el único vestido que está en exposición.
—Porque es largo, grande y bonito —me sonríe inocentemente.
Este cachorro es igual a su padre, posesivo sin perder lo tierno ni la sutilidad. A final de cuentas, es un Alfa, y su madre es ahora el centro de su mundo. También es consciente de que ella es más frágil que él, lo cual provoca que su instinto de protección se eleve.
—Cuando seas mayor me deberás pagar todo, ¿entiendes? —Él asiente feliz y entramos a la tienda.
Es un trato que tengo con él: le compro todo lo que quiere y le digo que me lo tiene que pagar cuando sea el Alfa de la manada. En realidad, solo es una excusa; él es mi único gasto. Al vivir en la manada y ser el beta de esta, no pago por mi vivienda ni servicios, mucho menos por comida. Debo buscar un trabajo para ganar dinero para las cosas extras que quiera. Kurt me pagaría, pero me niego a aceptarlo; ya hizo suficiente por mí.
Cuando el cachorro indeciso por fin termina de comprar, salimos de la tienda con tres bolsas llenas de ropa. Incluso compró algo para su padre, para mí (aunque finjo no darme cuenta) y para él.
El olor delicioso ya no está en el aire. Tendré que averiguar qué era después. Ahora vamos a caminar hasta la manada; normalmente pasaría el resto de la tarde con él, pero mi puma está inquieto y yo también. No puedo simplemente ignorarlo.
Cuando llegamos a su casa, toco la puerta, pero no recibo respuesta, así que entro. De inmediato, capto el olor de las feromonas de Kurt. Le tapo la nariz al cachorro y salgo de la casa con él; obviamente no escuchamos nada gracias al hechizo de las paredes, pero supongo que dejaron la puerta entreabierta y el olor se está filtrando.
—Kurt, ya llegamos —aviso para que salga y recoja a su hijo.
—Dale otra vuelta, por favor. —En otra circunstancia aceptaría, pero esta inquietud que siento no es normal.
Otra vez llega ese olor a mi nariz, pero esta vez es más concentrado; incluso mis colmillos se alargan. Aún no logro captar la esencia por completo, pero es sumamente delicioso.
—Recógelo, necesito hacer algo —en mi tono se nota la desesperación. Siento el impulso de salir corriendo, pero no puedo dejarlo aquí; es muy escurridizo, y fácilmente saldría de la manada si se le da la oportunidad.
Menos de un minuto después, la puerta se abre. Ya no huele a feromonas. El cachorro abraza la pierna de su padre y empieza a mostrarle sus compras; él trata de disimular que no está molesto.
Sin dejar tiempo para saludos o despedidas, corro buscando la fuente de ese olor. Con cada paso que doy y cada metro que avanzo, la necesidad de encontrarlo crece dentro de mí; me carcome y mi puma se inquieta más.
—¡Compañero! —gruñe en mi mente, desesperado por salir.
Tengo que poner todo mi esfuerzo en evitarlo; no puedo creer que esto esté sucediendo. Por fin, después de tanta espera, después de tantas noches solo, ella está aquí. Ella vino hacia mí. No paro de correr; al contrario, corro tan rápido como mis piernas me lo permiten. Mi puma gruñe y camina dentro de mi mente, expectante. Ya estoy cerca; el olor es mucho más abrumador. Estoy llegando a una de las fronteras de mi manada, y por fin logro distinguir los olores.
«Cereza, vainilla y miel»
Es incluso afrodisíaco. Empiezo a salivar; mis colmillos frotan mis labios. Esto me está desquiciando. En medio de todos los árboles y arbustos verdes, a lo lejos, algo resalta: una melena rojiza. De ella proviene ese olor tan delicioso. Ella es mi compañera. No puedo contenerme; mi mente no logra ser civilizada. Me dejo llevar por Zah. Ella estaba mirando hacia el cielo, y no lograré frenar rápido por la velocidad a la que voy, así que la cargo, agarrándola por los hombros, y la llevo conmigo hasta que su espalda toca el tronco de un árbol. Debo parecer un salvaje en este momento, pero ella me comprenderá; por su olor, sé que es una hembra Cambia Forma, igual que yo.
Manchas verdes pasan rápido ante mis ojos, luego hay manchas marrones y poco a poco veo la figura de los árboles. Me aprietan la pierna e intento soltar un quejido, pero no sé si logro hacerlo, no me puedo escuchar. Fuerzo mi cuello a levantar mi cabeza, pero un dolor punzante que me recorre desde la espalda alta hasta la nuca hace que me rinda.Me están cargando, pero sé que es él, sé que es Marcus. El dolor me hace cerrar los ojos de nuevo. Al abrirlos la luz me ciega. Mis oídos zumban, mi cuello esta inmóvil. Con el rabillo del ojo noto a Marcus intentando pasar, ahora estamos en el hospital. Él parece gritar, pero la puerta se cierra. Al levantar mi mirada están los doctores y al mirar a mi izquierda esta la máquina que marca los latidos, pero mi vista empieza a perder la claridad y esa línea queda recta. «Perdona Dios mis pecados... no me quiero ir... » □□□□□□□□□Marcus coloca el reloj en la pared. No había uno en la sala.— ¿Te gusta? — El color es muy bonito. Sus ojos se
—La tormenta esta cesando— ella esta sonriendo —vendrá pronto— escucho que murmura. Dejo la sabana en el mueble y vuelvo a mirarla. Se nota feliz, a pesar de que parece ser repudiada por su manada. El simple afecto de su compañero es suficiente para ella, al menos cuando se olvida de que quiere que todos la acepten. —Cierra la puerta— ella bufa, pero lo hace. Escucho como se acerca. Dejo de acomodar los cojines del mueble y la miro. —¿Qué tal si hacemos unos hotdogs? —No sé hacerlo. —¡Yo te enseño! Suavemente agarra mi mano y dejo que me lleve a la cocina. Cuando abre la puerta de la nevera su sonrisa desaparece. —No hay salchichas. ¿Tienes pan?—No creo. Hago que ella me suelte la mano y busco donde veo que él saca las verduras. Escucho los pasos de Marcus, me volteo y él se acerca a mí. Me entrega una bolsa de papel grande y la agarro. —Supongo que me he ganado uno. —¿Uno?— le pregunto. —Cualquier cosa que este hecha por tus manos sera un tesoro para mí— responde y quedo
—Hacia la ciudad, por favor. —Entendido señorita. El auto comienza a moverse. Evito gemir cuando una punzada me atraviesa el pecho. Me encorvo, él chofer me mira de reojo. — ¿Se encuentra bien? —Sí...— murmuro casi sin aire. El asiento que tengo en frente se empieza a desvanecer, cuando parpadeo mi vista se enfoca un poco más. >Me encorvo cuando otra punzada me atraviesa la espalda. Muerdo mi labio hasta que este empieza a doler. Cuando la punzada se va es que logro respirar. Me enderezo. Cierro los ojos, me cuesta incluso moverme. >Solo espero sufrir más que él. Marcus se merece todo lo bueno de este mundo. —Señorita, no se debe dormir con desconocidos. Abro los ojos y él señor solo sigue manejando. Falto poco para salir del pueblo. —Lo siento, estos últimos días no he podido descansar. —Le recomiendo que se quede a descansar en un hotel, a
Los árboles se sacuden con fuerza. Me encojo cuando escucho el trueno. >Hace horas que empezó la tormenta y el clima parece que empeora. No sé como no se a inundado la casa, no hay ninguna elevación. Seguro tienen un excelente sistema de drenaje natural porque a simple vista parece solo pasto. Me quito de la ventana cuando una rama choca contra el vidrio. Cierro las cortinas y me siento en el sofa. Si esto sigue me ire a la habitación oculta, solo espero que esa no se inunde. Flexiono mis piernas hasta que mis rodillas tocan mi pecho. Abrazo mis piernas y pego mi frente a mis rodillas. >— Dios cuídame y cuídalo — murmuro cuando escucho otro trueno. Aun con los ojos cerrados siento como todo se oscurece. Abro los ojos y la ventada está totalmente negra. Me levanto y corro a encender la luz, pero tendría que acercarme a la ventana para ver qué es lo que la cubre. La tela no me deja ver. Corro hasta la puerta más cercana d
Regreso tratando de que nadie me vea. La tierra esta algo húmeda o tal vez es la sangre que empapa mi pelaje.Apenas subo los escalones de la entrada me transformo. Abro la puerta y cuando entro a la sala me detengo.—La sangre no es mía. Tranquila.Me tenso cuando ella solo se da la vuelta.—No quiero dormir contigo. ¿Qué habitación me das?—Esta también es tu casa. Puedes estar donde desees y yo también.—Entonces dormiré en el bosque— ella camina hacia mí con intenciones de salir.—Agarra la verde. No te molestare.—Quiero irme, Marcus.Trago. Por un momento me imagino encerrando en una habitación hasta que cambie de opinión y al mismo tiempo imagino verla en un apartamento humano lejos de la manada. ¿El hecho de que sea mi compañera es suficiente para retenerla aquí? Odio la manera en que evita verme. Odio tener que acabar con sus ilusiones, me odio. —Yo te amo. No puedo darte lo que quieres, pero haré mi mejor esfuerzo para recompensarte.—No se trata de ti. Dios me dio un ángel
| Rasine | —¿Qué? Siento me falta el aire. Aprieto mi camisa. No, esto no debía ser así. —No me voy a casar contigo, cerececita.Miro el suelo. Intento respirar, me cuesta. Una punzada dolorosa atraviesa mi pecho, justo en medio de mis senos. Muerdo mi labio para que no se dé cuenta. De reojo veo como extiende su mano hacia mí y retrocedo de inmediato. «¿En qué estaba pensando?»—Cerecita yo... —Entiendo. Puedo arreglar esto. Puedo fingir que nada paso, tal vez él me siga tratando como antes. Sí, debo fingir. Me volteo y suelto mi camisa, pero siento su agarre en mi mano, no puedo seguir avanzando. —No, no entiendes yo... —¡Entiendo un no! — cálmate, no tienes derecho a alterarte — suéltame. —No, escúchame. —No, yo respete tu no, ahora tu respeta el mío.«Por favor, no lo aclares, no lo digas» —Solo quiero explicarte porque. Mi respiración se vuelve un desastre, pero al menos no estoy llorando. —Yo sé por qué. No necesito más, suéltame. Por primera vez intento zafar







