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IV

Author: Demian Faust
last update publish date: 2021-05-28 07:42:53

Akhadasha

Ciudad capital de la Provincia Xirgona de Carlagia.

 —Este planeta es horrible. –Dijo Sashak Larg, una capitana xirgona. Era una mujer de unos 40 años, bastante atractiva, de cuerpo atlético y de metro noventa de estatura. Tenía piel clara, cabello de un verde intenso y largo hasta la espalda. Sus ojos eran azules. Vestía el uniforme militar xirgón, de camisa y pantalón rojos, con hombreras decorativas, un fajón que cruzaba el pecho, así como un cinto y unas botas de color negro. El símbolo del Imperio Xirgón (un escudo con dos espadas cruzadas) adornaba el lado derecho de la camisa. —¿Por qué los dioses crearían un planeta totalmente desértico y árido como éste? Un seco e infértil infierno.

 Sashak observaba por la ventana de su amplia oficina. La ciudad de Akhadasha tenía 22.000 años. Era una ciudad de piedra arenosa con calles adoquinadas. Naves espaciales y aeromóviles generalmente xirgones sobrevolaban sus suelos y cielos.

 —Y sin embargo –dijo Rupert, que junto a Kriggs estaba vigilado ampliamente por dos fornidos soldados xirgones, altos, de cabellos verdes y mismo uniforme. –Ustedes masacran a los habitantes autóctonos por mantener control sobre esta roca seca que flota por el espacio.

 —El uranio que hay aquí es valioso –dijo Sashak volviéndose de frente a Rupert. –Los xirgones descubrimos su sistema sola hace miles de años. Incluso tuvimos una base en una de las lunas de Júpiter. Visitamos la Tierra primitiva y ustedes nos consideraron dioses. Pensamos que los humanos eran una colonia perdida de xirgones, debido a nuestro parecido físico. Pero analizamos su ADN y no tenemos nada en común. Pensamos que conquistar su mundo sería una pérdida de recursos. Un planeta sin nada valioso y repleto de habitantes primitivos que se mataban entre sí... ¿Quién querría eso? Aún ahora, la Tierra es el planeta más pobre y débil de la Afiliación.

 —Y hablando de la Afiliación –dijo Rupert— capitana Larg, Kriggs y yo somos ciudadanos afiliados y no puede retenernos sin arriesgarse a un conflicto con nuestro gobierno.

 —¿Cree que no sé, Gobernador, que ustedes dos entregaron información clave a los brakioneses? –dijo Sashak. –La tribu que erradicamos era parte del Ejército Carlagiano de Liberación Nacional. Un grupo rebelde que desconoce la autoridad legítima del Sultán de Carlagia, un carlagiano nativo que voluntariamente es súbdito del Imperio.

 —Un gobierno títere... –dijo Kriggs.

 —A usted, Corrado, lo eligieron recientemente gobernador de los territorios afiliados en el Sistema Carixis, ¿verdad? –preguntó Sashak.

 —Recientemente. Aún no asumo el cargo.

 —Mi esposo, el general Ushuk Larg, es el gobernante de los territorios xirgones en Carixis.

 —Lo sé.

 —Probablemente se verán mucho. Pero bueno –dijo Sashak volviéndose a la ventana de nuevo. –Aunque lo correcto sería ejecutarlos por haber financiado a grupos sediciosos enemigos del Imperio Xirgón...no es posible de acuerdo a los estipulado en el Tratado de Carixis. Pero le ofrezco un trato. Su Majestad, el Emperador de Xirgón, líder absoluto del glorioso Imperio Xirgón, solicitó hablar con usted. Venga y el Imperio ahorrará la petición de sanción contra la Afiliación ante el Concejo Galáctico...

 Sashak, Rupert, Kriggs y su escolta, salieron del Cuartel Militar Xirgón en que se encontraban. Las calles de Akhadasha estaban siempre muy transitadas por brakioneses y xirgones. Comerciantes brakioneses clamaban con alto volumen las virtudes de sus productos (generalmente insectos y otras alimañas fritas, reptiles de cabalgar, etc.). algunos comerciantes xirgones vendían esclavos de su misma especie, de todas las edades y sexos.

 Llegaron a un puerto espacial, donde abordaron una nave militar xirgona de gran tamaño. La nave emprendió el vuelo hasta salir de la atmósfera del planeta. Carlagia se veía de color amarillo rojizo desde el espacio. La nave xirgona abrió un agujero de gusano y penetró en el hiperespacio, desapareciendo de la vista con rumbo a Xirgón.

 La Sephirot se enfrentaba violentamente a las huestes devoradoras. La batalla campal se realizaba en medio del espacio interestelar. La nave afiliada había enviado cazas, pequeñas naves unipersonales que confrontaban a las naves devoradoras. En el interior de la nave las sacudidas provocadas por los tremendos disparos de los devoradores generaban chisporroteos de entre las consolas, seguido de humaredas negras.

 —Los sensores reportan heridos y muertos en otras partes de la nave, señor –dijo Zirggs— así como 23 cazas destruidos, de 50...

 —Los escudos están al 56%, señor –explicó Arg— con daños en todos los sistemas en un 67%.

 Una enorme sacudida provocó que pesados paneles del techo cayeran sobre los tripulantes, dejando al descubierto cables chisporroteantes. Todos los oficiales estaban en el suelo.

 —¿Se encuentran bien? –preguntó Zílog levantándose. Sangraba (de color amarillo) por la sien derecha.

 —Estoy bien –dijo Cheng levantándose, con una grave quemadura en su brazo derecho.

 —No puedo levantarme –dijo Arg aplastado por uno de los paneles— pero no siento dolor agudo, si a eso se refiere.

 —¿Y tú Nam?

 —Estoy bien –dijo levantándose— pero el sargento 2000 murió. Un panel le cayó encima destruyendo su cuerpo robótico.

 Continuaron las sacudidas.

 —Considerando lo que hacen a las mujeres, si perdemos... estos devoradores no me atraparán con vida... –dijo Cheng sacando su arma láser del cinto.

 —Relájese, Mayor –reprendió Zílog— la necesito concentrada en la batalla.

 —Daños en el 45% de los sistemas –dijo Nam— y escudos al 33%. Perdimos 43 cazas. Pero ellos han perdido 18 naves de 30.

 —Disparen cañones fotónicos –dijo Zílog, y entre Cheng y Nam accionaban el armamento— Ataque al área lateral. Láseres al franco derecho. Ataques selectivos a la nave nodriza. Más cañones fotónicos a la formación central...

 La lucha prosiguió hasta que finalmente, las naves devoradoras optaron por irse.

 Complacidos por el final de la batalla, un puñado de cazas volvieron a la Sephirot.

 —Los devoradores usaron la nave perdida como señuelo –teorizó Nam— para atraer nuestra atención. ¡Malditos!

 —Bueno –dijo Zílog— ánimo. Adentrémonos a la nave, que nos ha costado tanto. Quizás los dioses nos tengan una sorpresa que valga la pena en el interior...

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