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Autor: LISA CARM
last update Fecha de publicación: 2025-10-20 14:05:48

Las luces fluorescentes de urgencias del Hospital San Rafael convertían todo en tonos enfermizos de verde pálido. Cassandra estaba sentada en la camilla de exploración con las piernas colgando, los dedos aferrando el borde de metal hasta que los nudillos se volvieron blancos, mientras una doctora de guardia revisaba sus signos vitales con eficiencia mecánica.

—¿Cuándo fue su último período menstrual? —preguntó l

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  • CASADA CON EL JEFE MUDO   240

    La notificación llegó un martes.No era el tipo de notificación que se anuncia con fanfarria —ninguna lo era cuando concernía a Damián Fontaine— sino una comunicación formal en papel membretado, entregada en mano al departamento legal de Fontaine Industries a las nueve cuarenta de la mañana. Lucía Ferrer, representada por el bufete Montoya & Asociados, presentaba demanda por coacción reproductiva en el marco de un acuerdo contractual celebrado bajo condiciones de desigualdad manifiesta. Solicitaba la nulidad de todos los instrumentos jurídicos derivados y la restitución de daños morales y económicos cuantificables.El proce

  • CASADA CON EL JEFE MUDO   239

    La mañana llegó sin la dramaturgia que la noche anterior había prometido.No hubo sol espectacular ni silencio solemne. Solo la luz gris de octubre filtrándose por las persianas del dormitorio, ese tono neutro que Madrid adopta después de una tormenta, cuando el cielo no sabe todavía si terminó de decir lo que tenía que decir. Cassandra llevaba despierta desde las seis y cuarto, aunque no se había movido. Había permanecido quieta, con los ojos abiertos en el techo, escuchando cómo el apartamento recuperaba sus sonidos habituales: el zumbido del refrigerador, el tráfico lejano, los pasos de Sebastián en la cocina.Esos pasos eran los que la habían despertado del todo.No había dormido mal. Eso era lo extraño. Había dormido de un modo que no recordaba desde hacía meses —quizás desde antes del hospital, quizás desde antes

  • CASADA CON EL JEFE MUDO   238

    La lluvia llegó sin aviso.No de ese modo gradual que permite cerrar ventanas con calma y buscar una chaqueta antes de salir, sino de golpe, como si el cielo hubiera estado guardando semanas de tensión y las hubiera soltado todas a la vez sobre Madrid. Cassandra lo oyó primero desde el dormitorio: un tamborileo sordo sobre el cristal que en cuestión de segundos se convirtió en un rugido sostenido, y luego el primer trueno sacudió el aire con una vibración que se sentía en los huesos.La electricidad aguantó ese primer impacto. No aguantó el segundo.El apartamento del piso once quedó en oscuridad completa a las once y cuarenta de la noche, con una brusquedad que no dejó margen para prepararse. La pantalla del monitor sobre la encimera parpadeó y se apagó. La lámpara del rincón, con la que Cassandra leía desde hacía media hora, desapareci&

  • CASADA CON EL JEFE MUDO   237

    La mañana empezó con fresas.No era un desayuno extraordinario por ningún motivo visible: la luz de octubre entraba oblicua por los ventanales del apartamento del piso once, el café humea­ba en las tazas, y Elena había llegado a las nueve con los niños y una bolsa de frutas que depositó sobre la encimera de la cocina con la eficiencia silenciosa que la caracterizaba. Alessandro llevaba puesta una camiseta azul marino —la misma que Elena había comprado meses atrás, según recordaba Cassandra— y se había instalado en su silla con esa concentración tranquila que era su modo habitual de estar en el mundo. Isabella, un año y cuatro meses, ocupaba la trona con la solemnidad que le confería el hecho de estar rodeada de fresas cortadas en cuartos.Cassandra partía pan en la barra de la cocina. Sebastián estaba de pie junto a la cafetera, de espaldas a

  • CASADA CON EL JEFE MUDO   236

    Lucía Ferrer tenía la costumbre de llegar antes que nadie.No era puntualidad en el sentido convencional, ese apresuramiento ansioso de quien teme la impresión del retraso. Era algo más calculado: llegaba pronto para observar cómo entraban los demás, para leer en los primeros tres segundos de una persona todo lo que necesitaba saber antes de que empezara a hablar. Cassandra lo sabía porque había sido su clienta el tiempo suficiente para reconocer el ritual. Cuando ella y Sebastián entraron al despacho alquilado en la calle Velázquez —un edificio discreto, sin nombre en la placa exterior, a doce minutos en coche del distrito financiero— Lucía ya estaba sentada con una taza de café entre las manos y una carpeta cerrada sobre la mesa.Los miró entrar.No dijo nada durante los primeros segundos. Solo los miró.—Siéntense —dijo al fi

  • CASADA CON EL JEFE MUDO   235

    Lucía Ferrer tenía la costumbre de llegar antes que nadie.No era puntualidad en el sentido convencional, ese apresuramiento ansioso de quien teme la impresión del retraso. Era algo más calculado: llegaba pronto para observar cómo entraban los demás, para leer en los primeros tres segundos de una persona todo lo que necesitaba saber antes de que empezara a hablar. Cassandra lo sabía porque había sido su clienta el tiempo suficiente para reconocer el ritual. Cuando ella y Sebastián entraron al despacho alquilado en la calle Velázquez —un edificio discreto, sin nombre en la placa exterior, a doce minutos en coche del distrito financiero— Lucía ya estaba sentada con una taza de café entre las manos y una carpeta cerrada sobre la mesa.Los miró entrar.No dijo nada durante los primeros segundos. Solo los miró.—Siéntense —dijo al fi

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