FAZER LOGINLeonor pensó que su pasado no volvería a tocar a su puerta, pero el destino tenía planeado mostrarle que las casualidades son recurrentes de lo habitual. Ahora deberá enfrentarse al amor que un día fue y que sigue siendo, entre odio, rencor y rabia deberá tomar una decisión. ¿Podrá perdonar o se hundira junto con el odio que lleva años cargando en su pecho?
Ver maisLa tarde estaba perfecta para un respiro. Después de días intensos, de emociones y demás, Gabriel quiso sacar a Leonor y a Clara al parque del centro, ese con los árboles enormes y los columpios viejos que siempre estaban llenos de niños.Clara corría entre las flores, riendo, mientras Leonor la perseguía con la cámara del celular intentando grabar cada gesto. Gabriel observaba la escena desde la banca, con esa sensación cálida y rara de por fin tener algo parecido a la paz.—No puedo creer que estemos así —dijo Leonor, sentándose junto a él—. Hace unas cuantas semanas todo era enredo —Y ahora está empezando a tener forma —respondió Gabriel, tocándole la mano con suavidad—. Igual falta camino, pero vamos juntos.Leonor apoyó la cabeza en su hombro. Por primera vez en meses, se sintió ligera.Clara se acercó corriendo con una flor en la mano.—¡Mami, papi, miraaa! —dijo, con esa mezcla dulce de palabras mal pronunciadas.Leonor se inclinó para recibir la flor, riéndose.Gabriel la obse
La mañana siguiente llegó demasiado rápido, aunque para ellos dos se sentía como si el amanecer los hubiera sorprendido en medio de una burbuja donde nada dolía, nada pesaba y todo parecía posible.Leonor despertó primero. Tenía la cabeza en el pecho de Gabriel, y él respiraba profundo, tranquilo, como si el mundo entero por fin se hubiera acomodado en su sitio. Ella lo observó unos segundos, en silencio.—Nunca pensé que volvería a sentir esto —susurró, más para ella que para él.Gabriel abrió los ojos como si su cuerpo reconociera su voz antes que su mente.—¿Sentir qué? —murmuró, ronco, con una sonrisa floja.—Paz —respondió Leonor sin rodeos.Él se incorporó un poco, le acomodó un mechón detrás de la oreja y la miró con ese cariño que ya no se molestaba en ocultar.—Entonces no la sueltes —dijo—. Esta vez voy a hacer todo para merecerla.Leonor tragó, sintiendo cómo las dudas y los miedos trataban de colarse entre las costuras de su calma recién recuperada.—Lo sé —respondió con
Leonor fue la primera en abrir los ojos. Por un instante no se movió, no respiró, solo sintió el peso cálido de un brazo rodeando su cintura, el pecho de Gabriel apoyado en su espalda, y el ritmo lento de su respiración contra su cuello.Recordó las escenas de la noche anterior y su cuerpo se estremeció, Gabriel estaba allí, a su lado, habían hecho el amor como nunca antes.Sonrió ampliamente, no sentia arrepentimiento o alguna sensación de desaprobación, si no, orgullo y felicidad. Cerró los ojos de nuevo, saboreando la sensación de paz, de presencia y de “estoy aquí” que no necesitaba palabras, pero si hechos. —¿Estás despierta? —murmuró Gabriel, su voz ronca, dormida, peligrosamente dulce.Leonor sintió que el estómago se le apretaba.No por nervios… sino por ese cariño que había estado guardado tantos años.—Desde hace un rato —susurró ella, sin moverse.Él deslizó la mano por su cintura con una familiaridad nueva, pero cuidada; como si temiera avanzar demasiado rápido.—Pensé
—Leonor… —dijo él, bajo, ronco—, te juro que pensé que nunca iba a tener otra oportunidad de estar aquí, así, contigo. Ella sintió un escalofrío recorrerle la espalda y sin pensarlo lo abrazó.Los brazos de él la envolvieron de inmediato, como si hubiera estado esperando ese momento desde siempre.Una mezcla de claro, refugio y amor. —Nunca dejé de quererte —dijo ella con la voz hundida contra su cabello—. Me mentí muchas veces, pero no pude olvidarte, nunca. Leonor lo miró directo a los ojos.Esos ojos que siempre decían más de lo que él permitía.—Yo también —confesó él —. Quise convencerme de que te había dejado atrás, pero cuando te veo con Clara, cuando te veo ahora, sé que no es así.Ese reconocimiento, esa aceptación, fue una chispa.Un choque eléctrico, un ahí estás, aquí estoy y esto es real.Volvieron a besarse, lento una vez más un roce suave, casi tímido, como si ambos necesitaran confirmar que seguían siendo ellos—No puedo creer que eres mi Elena —susurró él. Pero cu












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