Sin Salvación
Pero cuando Elena lo abrió ansiosamente, su expresión de expectativa y alegría se transformó al instante en palidez, sin rastro de sangre.
En ese momento, lágrimas de arrepentimiento, incontrolables, comenzaron a caer sin parar.
—Marcos, ¿qué más tengo que hacer para que quieras volver a mi lado?
—¿Qué debo hacer, en realidad?
Elena, consumida por el dolor, se desplomó en el suelo, llorando desconsolada, sin importarle el frío de la madrugada.
Pero entre sollozos, su mirada cayó sobre el crucifijo a su lado.