MasukLa puerta se abrió con un chirrido antes de que Sophia pudiera formular su siguiente dulce comentario.
Una figura alta entró, su presencia llenó la habitación como un descenso repentino de la temperatura.
Damian Cross.
Su traje negro estaba perfectamente planchado, su corbata afilada, cada uno de sus movimientos controlados y precisos. Su mirada recorrió la habitación primero, las criadas, luego Sophia y finalmente Aria.
El silencio era pesado.
En su vida pasada, Aria se habría puesto de pie de un salto, nerviosa, desesperada por demostrarle que era una buena esposa. Habría sonreído demasiado alegremente, presentado a Sophia con tembloroso entusiasmo.
Ahora, simplemente dejó su taza de té, su postura elegante, sus ojos tranquilos.
“Señor Cross”, dijo Sophia rápidamente, su voz goteaba miel. Ella se puso de pie, su sonrisa más amplia que nunca. "Perdóname por entrometerme tan temprano. No pude resistirme a venir a felicitar a Aria otra vez. Hemos sido las mejores amigas desde la infancia".
Su tono fue cuidadoso, diseñado para establecer una conexión entre ella y Aria, una cuerda invisible destinada a atarlo más cerca de la casa de Damian.
La expresión de Damian no cambió. Su fría mirada se detuvo en Sophia sólo por un segundo antes de pasar a Aria.
“¿Qué quieres?” Su voz era baja, entrecortada, dirigida no a Sophia sino a su esposa.
Sophia parpadeó, sorprendida. En su vida pasada, Damian ni siquiera había hablado con Aria en momentos como este. Él simplemente la había ignorado, dejando que las palabras de Sophia dominaran.
Pero esta vez, Aria lo miró fijamente.
“Nada, Sr. Cross”, dijo con calma. "La señorita Lin tuvo la amabilidad de traerme un regalo. Solo le estaba agradeciendo. "
Su tono no tenía ningún rastro de necesidad, ningún intento de ganarse su favor. Sólo una explicación plana y objetiva.
Por primera vez, los ojos de Damian parpadearon, un leve cambio en su máscara fría.
Sophia rápidamente dio un paso adelante, tratando de recuperar el momento. "Sr. Cross, espero que no le importe mi visita. Sólo quería asegurarme de que Aria estuviera cómoda. Debe sentirse muy sola, en una casa tan grande..."
Sus palabras colgaban deliberadamente, mezcladas con lástima. En el pasado, Damian los había dejado colgar, permitiendo que Aria pareciera débil.
Pero Aria sonrió levemente antes de que pudiera responder. "¿Solitario? Para nada. He disfrutado de la tranquilidad. Es refrescante después del ruido de la casa Carter. ¿No está de acuerdo, Sr. Cross?"
Sus palabras fueron suaves, pero la implicación fue aguda: no necesitaba compañía, ciertamente no la de Sophia.
Las criadas se quedaron quietas, conteniendo la respiración.
La mirada de Damian se detuvo en ella por más tiempo esta vez. La tranquila confianza de su esposa no se parecía en nada a la novia nerviosa que esperaba. Algo en eso lo inquietó, aunque no lo demostró.
Finalmente, asintió brevemente. "Si ese es el caso, entonces deja que los sirvientes escolten a la señorita Lin. Mi esposa no necesita distracciones. "
La sonrisa de Sophia se congeló. "Sr. Cross"
Damian la interrumpió con una mirada lo suficientemente aguda como para silenciarla.
Las doncellas se movieron rápidamente, inclinándose mientras se acercaban. “Señorita Lin, por aquí, por favor”.
Por un momento, los ojos de Sophia se dirigieron a Aria, buscando una grieta para la mirada desesperada y suplicante en la que una vez había confiado. Pero no hubo nada. Sólo ojos tranquilos e ilegibles.
Sus uñas se clavaron en la palma de su mano, pero se obligó a sonreír e hizo una reverencia. "Por supuesto. Iré en otro momento. "
Ella salió de la habitación, su vestido de seda ondeando furiosamente detrás de ella.
La puerta se cerró. Silencio de nuevo.
Damian permaneció donde estaba, con la mirada fija en Aria. Él no habló, pero sus ojos la estudiaron, como si fuera un rompecabezas que no podía resolver.
Aria levantó su taza de té nuevamente, con movimientos pausados. Ella se encontró con su mirada brevemente, luego apartó la mirada, sorbiendo como si su presencia no fuera nada inusual.
"No dejes que la gente como ella se acerque demasiado", dijo finalmente, su tono plano pero afilado.
Los labios de Aria se curvaron levemente. En su vida pasada, esas palabras habrían parecido un salvavidas, una prueba de que a él le importaba. Ahora ella lo sabía mejor. Esto era solo Damian protegiendo su casa de plagas innecesarias.
“Por supuesto”, respondió ella a la ligera, como si el asunto no la molestara.
Los ojos de Damian se entrecerraron levemente, pero no dijo nada más. Después de un largo momento, se dio vuelta y se fue, sus pasos se desvanecieron por el pasillo.
Aria dejó su taza, una sonrisa tirando de sus labios. Por una vez, Sophia había perdido el equilibrio.
¿Y Damian? Estaba empezando a notarla.
La habitación se sintió más ligera una vez que Sophia se fue, como si su falsa dulzura le hubiera quitado el aire. Las criadas se apresuraron a ordenar las bandejas y recoger el té desechado, lanzando miradas furtivas a Aria cuando pensaron que no se daría cuenta.
Habían visto todo. Habían visto a la joven novia que, en lugar de aferrarse a su “querida amiga”, la había derribado con palabras tranquilas y una sonrisa firme.
Aria los dejó mirar. Déjalos susurrar más tarde. Los rumores eran armas útiles cuando se ponían en los oídos correctos.
Cuando el último sirviente hizo una reverencia y salió, la cámara finalmente volvió a estar en silencio.
Aria se levantó de su silla y caminó hacia el tocador. La caja de horquillas de jade todavía estaba allí, sus superficies verdes pulidas brillando bajo la luz del sol.
Levantó una entre sus dedos, la piedra fría presionó contra su piel.
En su primera vida, las había usado con orgullo, sonriendo como una niña con un juguete nuevo. Había atesorado la "consideración" de Sophia hasta que la mirada fría de Damian y un comentario cortante la convencieron de que eran baratos y desagradables. Había llorado esa noche, humillada y avergonzada.
Una risa amarga escapó de sus labios.
Nunca más.
Con manos firmes, abrió un cajón y dejó caer la horquilla dentro, dejándola caer con un tintineo sordo. Cerró el cajón sin volver a mirar.
Fue un pequeño gesto. Para cualquier otra persona, no tiene sentido. Pero para Aria, fue su primera rebelión. Su primera negativa a bailar con la melodía de Sophia.
Se volvió hacia el espejo.
La novia que le devolvió la mirada no era mansa. Su mirada era aguda y su postura orgullosa. El encaje y la seda que llevaba todavía parecían suaves, pero debajo había acero.
Sus pensamientos se dirigieron a Damian. Su mirada fría, la leve vacilación en sus ojos cuando ella no actuó como se esperaba. Estaba empezando a notarla, pero aún no lo suficiente. No lo suficiente como para temerla o respetarla. Eso llevaría tiempo.
Bien. Tuvo tiempo.
Entonces el rostro de Sophia volvió a flotar en su mente. La forma en que su sonrisa se había quebrado. La forma en que había sido escoltada como una sirvienta en lugar de una invitada.
Aria se tocó los labios, formándose el fantasma de una sonrisa. Eso es sólo el comienzo, Sophia.
Su mirada se dirigió a la ventana, a la ciudad que se extendía interminablemente más allá de los muros de la finca. Sus enemigos estaban ahí fuera, Vivienne agudizando su orgullo, Sophia tramando sus planes.
En su vida pasada, había tropezado ciegamente en sus trampas.
Esta vez, ella misma construiría las trampas.
Su voz era apenas un susurro, pero las palabras llenaron la habitación como una promesa:
“En esta vida, no me arrodillaré. Haré que se arrodillen ante mí”.
El voto suspendido en el aire, más afilado que cualquier espada.
4:45 P. M. – Mansión CrossLa habitación estaba en silencio, excepto por el suave sonido de la respiración irregular de Aria.Se había quedado dormida llorando entre los brazos de Damian.Incluso ahora, mientras dormía, sus dedos seguían aferrados con fuerza a la parte delantera de su camisa, como si soltarlo significara caer en la oscuridad.Damian bajó la mirada hacia ella.Le dolía el corazón.Nunca la había visto así.Ni siquiera durante las innumerables tormentas que habían enfrentado juntos.Fuera lo que fuera lo que había sucedido ese día...Había destrozado algo muy profundo dentro de ella.Con delicadeza, apartó los mechones de cabello pegados a sus mejillas manchadas de lágrimas.Su pulgar permaneció allí por un momento.—¿Qué te pasó hoy, Aria?Su voz apenas era un susurro.—¿Quién te hizo tanto daño?No hubo respuesta.Solo el tranquilo ritmo de su respiración.Con cuidado, ajustó su posición antes de levantarla en brazos.Ella, instintivamente, escondió el rostro contra s
2:30 P. M. – Mansión CarterEl Rolls-Royce negro se detuvo frente a la Mansión Carter.Aria bajó del vehículo, sujetando con fuerza el expediente de Ethan contra su pecho.Su expresión era fría.Decidida.El mayordomo se apresuró a recibirla.—Señorita Aria... bienvenida a casa.—He venido a ver a Richard Carter.El mayordomo vaciló antes de asentir.—El señor está en su despacho.Sin decir una palabra más, Aria entró.Cada uno de sus pasos resonaba por la mansión que alguna vez había considerado su hogar.Hoy...Le resultaba desconocida.Casi como si estuviera entrando en la casa de un extraño.---Despacho de Richard CarterRichard estaba revisando unos documentos cuando la puerta del despacho se abrió de golpe.¡Bang!Levantó la mirada, sorprendido.—¿Aria?—¿Qué haces aquí?Ella no respondió.En cambio...Caminó hasta su escritorio y arrojó sobre él un grueso expediente.Los documentos se esparcieron por todas partes.Fotografías.Informes médicos.Certificados de nacimiento.Cart
10:15 A. M. – Sede del Grupo WalterLas puertas de cristal se abrieron con un fuerte siseo.Aria entró como una tormenta.Sus tacones golpeaban el suelo de mármol con una furia decidida.Los empleados intercambiaron miradas nerviosas.Nadie se atrevió a detenerla.Caminó directamente hacia el piso ejecutivo.La asistente personal de Lucas se levantó de inmediato.—Señora Cross...—El señor Walter está en una reunión.—Tendrá que...—Muévete.La voz gélida de Aria hizo que la mujer se quedara paralizada.—Lo siento, señora, pero no puede...—¿Dónde está?Exigió Aria.—¿Dónde está ese hijo de puta?Todo el piso quedó en silencio.La asistente corrió detrás de ella.—¡Señora, por favor!—El señor Walter dio instrucciones específicas de que nadie lo interrumpiera.Aria ni siquiera redujo el paso.Llegó a la oficina de Lucas y abrió las puertas de golpe.¡Bang!El sonido resonó por toda la lujosa oficina.Lucas levantó la mirada de su escritorio.Por un breve instante...Pareció sorprendid
12:40 P. M. – Mansión CrossEl trayecto de regreso desde Garden Court Café pareció interminable.Aria apenas recordaba cómo había llegado a casa.Las palabras de Ethan se repetían una y otra vez en su mente.—Ella era tu madre.—Richard Carter robó tu identidad.—Lee las pruebas.El grueso expediente descansaba en el asiento del copiloto, junto a ella.Varias veces lo miró...Varias veces apartó la mirada.—No...Susurró mientras apretaba con más fuerza el volante.—Mi padre no haría eso.—No lo haría.Quería creerlo.Necesitaba creerlo.Richard Carter la había criado.La había consolado cuando lloraba.Había celebrado sus cumpleaños.La había protegido.¿No era así?Y, sin embargo...Los ojos de Ethan la perseguían.No había odio en ellos.Solo dolor.Solo veinticuatro años de espera.Entró en la mansión distraída.La señora Helen la recibió con una sonrisa.—Bienvenida a casa, señora.Aria forzó una sonrisa.—Gracias.Subió directamente a su habitación.Una vez dentro, colocó cuidad
Café Garden CourtLa taza de porcelana rota yacía esparcida por el suelo pulido.Todo el café había quedado en silencio.Incluso la camarera se había quedado paralizada.La respiración de Aria se volvió irregular.Miró fijamente a Ethan como si se hubiera vuelto loco.Entonces...Se rio.Una risa breve...Incrédula.—No.Sacudió lentamente la cabeza.—No...—Estás mintiendo.Ethan no dijo nada.—Mi padre me dijo que Clara Lawrence era mi tía.—Me dijo que murió cuando yo era pequeña.—¡Me dijo que tú la asesinaste!Su voz se elevaba con cada frase.—¿Y ahora esperas que crea que ella era mi madre?—¿Qué clase de broma enfermiza es esta?Varios clientes se giraron para mirar.El gerente del café hizo una discreta señal al personal para que no interviniera.Ethan permaneció sentado.Sus ojos nunca abandonaron el rostro de Aria.—Sabía que no me creerías.—Porque Richard Carter pasó veinticuatro años asegurándose de que nunca lo hicieras.Aria golpeó la mesa con ambas manos.—¡No digas e
9:40 P. M. – Mansión CarterLa Mansión Carter estaba inusualmente silenciosa.La mayoría de las luces ya se habían apagado, dejando solo el suave resplandor de las lámparas de pared iluminando el interminable pasillo.Dentro de su habitación...Vivienne Carter estaba de pie frente a las ventanas de piso a techo, con una copa de vino de cristal descansando ligeramente entre sus dedos.Más allá del cristal, la ciudad brillaba bajo el cielo nocturno.Una sonrisa amarga se dibujó en sus labios.—Así que...—Aria realmente se va a casar.Bebió lentamente antes de soltar una risa carente de humor.—Si alguien merece destruir esa boda...—Debería ser yo.Miró el anuncio del compromiso de Aria y Damian en su teléfono.La sonrisa en el rostro de Aria la irritaba.—Entonces, ¿por qué Selene tiene que dar el primer paso?Dejó lentamente el teléfono sobre la mesita de noche.—No...—No puedo.No porque hubiera perdonado a Aria.Nunca lo haría.Era por Richard Carter.Por el secreto que él había e







