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Casada con el Enemigo. Guerra de CEO's
Casada con el Enemigo. Guerra de CEO's
Autor: Miliana Rubio

Prólogo

last update Data de publicação: 2026-04-09 00:46:15

Jake

—No, padre.

Mi respuesta fue automática. Jamás trabajaría con Donna McKenzie, nadie hará que le sonría, aunque mis padres la amen.

—Podrías aprender mucho de ella Jake, además es una orden que te estoy dando. Nunca pregunté si querías hacerlo.

—Esto es una falta de respeto, yo hice la solicitud de esa empresa y dijiste que la deshuesarías. Ahora quieres… —aprieto los puños sopesando la situación ya que si conozco a mi padre este negocio tiene trasfondo.

—Esa mujer es una erudita en gerencia —lo miro con seriedad —. Deberías amarla como nosotros lo hacemos, Jake, hijo. Si te acercaras un poco a ella de seguro aprenderías mucho —me levanto de la silla donde me encuentro sentado delante del escritorio.

En una ocasión fuimos amigos, eso fue al entrar a Harvard, fuimos a una fiesta, tomé unos tragos. Bueno en realidad fueron muchos. Y al otro día al despertar ella estaba ahí desnuda a mi lado, pero no lo recuerdo. Entonces, ella de pronto surgió y me miró con desprecio. No tengo claro que sucedió, pero desde el día me odia y soy su peor enemigo. Mi padre nunca ha permitido que le diga sus verdades, aunque ella diga que soy un bueno para nada y lo único que hago es dormir a diario con una mujer diferente.

Y créanme o no, ella puede ser la mejor, pero no la quiero en mi vida.  

—Excelente. Adóptala y quédate con ella, yo me retiro —ajusto el botón delantero de mi chaqueta y me dirijo hacia la puerta de la oficina.

—Si cruzas esa puerta ya no recibirás un centavo y cambiaré mi testamento para que Donna quede a cargo en tu lugar —me giro poco a poco con el asombro de que mi padre la prefiera —. Esa división de mantenimiento técnico está al borde del colapso operativo. O la levantas con Donna, o la liquido y te quedas en la calle. Ese será tu patrimonio… escoge.

Una punzada de dolor me atraviesa, pero me deshago de ella enseguida.

—No lo harías —se me sale una risa nerviosa.

—Pruébame y dime si estoy riéndome como si fuera un chiste —bueno, se encuentra bastante serio en realidad.

Maldita sea, papá.

                                                           ✦ ─── 💎 ─── ✦

Donna

Leo el comunicado que envió Mark. Sabe que nunca le niego nada, pero esto me parece un abuso de confianza. Él sabe perfectamente que Jake y yo nos odiamos a muerte; ponernos a rescatar juntos una empresa de mantenimiento en crisis es una receta para el desastre.

Mi teléfono suena. El nombre en la pantalla hace que mi corazón dé un vuelco. Tomo una respiración profunda para recuperar mi máscara profesional.

—Sr. Connely, qué gusto tenerlo al teléfono —trato de nivelar la voz para que no se note mi ansiedad—. ¿En qué puedo ayudarle?

—Dejémonos de rodeos, Donna. Ya sabes para qué estoy llamando. Dime, ¿qué has pensado acerca de la propuesta de la división técnica? —Directo y sin anestesia, como siempre.

—Señor, con todo respeto, la situación operativa de esa empresa es crítica. Necesita una intervención profunda, no un juego de niños. Jake no tiene la disciplina para el rigor que exige el mantenimiento de campo. Trabajar con él solo ralentizará los procesos.

—Precisamente por eso te necesito a ti, Donna. Eres la mejor estratega que tengo. Pero hay una condición más que no estaba en el fax —hace una pausa que me eriza la piel—. Para que el consejo ceda el control total, deben presentarse como una unidad sólida. Deben casarse.

El aire se escapa de mis pulmones. Siento un pitido en los oídos.

—¿Casarme? ¿Con Jake? —Suelto una risa nerviosa, casi histérica—. Eso es imposible. No voy a atar mi vida a un hombre que me desprecia y al que no soporto ver ni en las reuniones del pasillo. Me niego, Mark. Busque a otra.

—Piénsalo bien, Donna —su voz baja de tono, volviéndose peligrosamente suave—. Sé que tu familia en el extranjero depende totalmente de los giros que envías. Y sé que los gastos de la educación y salud de tu hijo no son precisamente bajos. Si rechazas esto, tendré que prescindir de tus servicios en el Consorcio... y me temo que las referencias que daré no te ayudarán a conseguir otro empleo de este nivel.

Me quedo sin habla. Mi mano tiembla sobre el escritorio. Jamás le he negado la existencia de mi hijo, pero nunca habíamos hablado o por lo menos, contendido al respecto.

—¿Me está amenazando con dejar a mi hijo desprotegido? Jamás pensé que fuese capaz —Susurro, sintiendo una mezcla de odio y miedo al mismo tiempo.

—No estoy amenazándote, Donna querida, nunca haría eso porque te estimo. Te estoy dando una oportunidad de asegurar su futuro para siempre. Doce meses, Donna. Salva la empresa, ensena a mi hijo como trabajar en equipo, que se enamore de la empresa y de lo que hace. No confío en nadie más ni mejor. Hazlo y tendrás todo lo que necesites. Te espero en mi oficina en diez minutos para la firma. No llegues tarde.

Cuelga. Me quedo mirando el teléfono, sintiendo que las paredes de la oficina se cierran sobre mí. Tengo que casarme con el hombre que me cambió la vida en una noche... el hombre que ni siquiera sabe que tiene un hijo.

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