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last update publish date: 2026-09-07 03:09:38

Me quité la ropa interior lentamente. Bueno, esa era la única opción para detenerlo. No puedo luchar uno a uno sin mi arma. Era más hábil que yo en esa habitación.

Su mirada puso a cero mi zona pélvica.

—Abre tus labios, déjame verlo —dijo sin apartar la mirada de mis labios del coño.

No me abrí para él, sólo puse mi dedo índice entre mis pliegues y lo metí. Luego, después de raspar la superficie de mi interior, lo saqué y se lo mostré. Inspeccionó la sangre fresca en mi dedo. Todavía tenía una
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  • Casada con el Rey de la Mafia    47

    —¿Yo? ¡Tú fuiste el que empezó con pensamientos sucios en medio de la carretera! —le grité, divertida.—¿Y quién te dijo que salieras sin ropa interior? —me devolvió la sonrisa. Sabía que rompía los míos todo el tiempo. Por eso ya no podía usarlos.—Creo que debería romper toda tu ropa interior. Me trae muchos beneficios —dijo con descaro.—¡Ni se te ocurra tocar mis bragas otra vez o te mato! —le advertí, mientras él soltaba una carcajada.Luego me dio un beso en la frente y se despidió. Al bajar del auto, noté que los guardias me miraban de forma extraña. Traté de caminar con normalidad, pero mis piernas estaban como gelatina gracias a mi pervertido esposo. Avergonzada, escondí mi rubor y corrí hacia dentro.Le recé a Dios para no cruzarme con nadie. No quería que nadie me viera: tenía el cabello revuelto, los labios hinchados, la ropa desordenada y un olor inconfundible a colonia... y sexo.Agradecí cuando no vi a nadie en el salón. Me apresuré hacia las escaleras, pero una voz me

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    —Sí, esposa, soy bueno en algunas cosas… y seguro ya lo notaste después de anoche —respondió con una sonrisa insinuante.—¿Podemos no hablar de eso en el desayuno? —protesté con las mejillas encendidas.—Todavía te pones tímida después de todo lo que pasó. Quizás debería refrescarte la memoria con una demostración —dijo en tono burlón.—No, gracias… tu oferta es demasiado generosa —me apresuré a responder, temiendo que se lo tomara en serio.Él rió y, mirándome con picardía, susurró:—Algún día, cuando te sientas completamente cómoda conmigo, quiero pasar un día entero contigo, sin nada entre nosotros… solo tú y yo.Sus fantasías me hacían estremecer. Sabía que, si se lo proponía, no se detendría hasta dejarme completamente rendida.Decidí ignorar su comentario y me concentré en la comida, cortando la tortilla mientras él atendía una llamada. Su expresión cambió al escuchar al otro lado de la línea.—Está bien, voy de camino —dijo antes de colgar—. Cariño, tenemos que irnos ahora, vol

  • Casada con el Rey de la Mafia    45

    Hubo un silencio suave, lleno de significado. Entonces me miró con una mezcla de ternura y deseo.—Oye… ¿cuándo me dejarás tenerte por completo?Me acurruqué aún más contra su cuerpo y murmuré:—Estoy intentándolo, Pavel… contigo.—No puedo esperar a que llegue ese momento.Volvió a besarme en la frente. Su mirada bajó brevemente, y su tono se volvió juguetón.—Aunque, sinceramente, todavía me preocupa cómo vas a resistirme. Eres tan pequeña… y yo… bueno…Lo miré, medio riendo, medio sonrojada.—Justo eso me asusta —admití bajito—. No estoy segura de que encajes…Pavel soltó una carcajada suave, acariciándome la mejilla.—Lo harás, bebé. Todo a su tiempo. Jamás te lastimaría a propósito.—¿Significa que me dolerá sin querer?—Cariño… la primera vez suele doler un poco. Pero te juro que el placer lo supera rápido. Y cuando llegue ese momento… seré paciente. Muy paciente. Todo lo haré con amor.Su tono era tan sincero, tan cálido, que no pude evitar sonreír.—No será esta noche —añadió

  • Casada con el Rey de la Mafia    44

    Alessia BianchiCuando entré en la habitación, él estaba acostado en la cama y, como de costumbre, me escaneó con la mirada. Había estado bebiendo.Los borrachos son impredecibles. ¿Qué me hará ahora?Me encogí de hombros. Había sido amable conmigo hasta ese momento, así que quizás no debía preocuparme.Entonces se levantó, me pasó la botella de vino y caminó hacia el baño.Gracias a Dios... tengo unos minutos para cambiarme.Rápidamente recogí mis bragas y el sujetador. Por suerte, el sujetador estaba lo suficientemente seco. Me lo puse, y luego me coloqué de nuevo su camisa.El agua del baño se detuvo y me apresuré a acostarme de lado en la cama, cubriéndome con las mantas.Unos minutos después, la puerta se abrió. Él entró... completamente desnudo. Ni siquiera llevaba ropa interior.Aparté la mirada con rapidez, pero ya había visto... un destello de su perfección masculina.Se subió a la cama, levantó las sábanas y el colchón crujió bajo su peso.Oh, Dios... estoy en la cama con un

  • Casada con el Rey de la Mafia    43

    —Ahora esparce el chocolate con tus dedos —ordenó.No tenía sentido discutir con él. Al final siempre se salía con la suya.Comencé a extender el chocolate por mis pezones, evitando su mirada. Me concentré en el techo o en el fuego. Cualquier cosa, menos sus ojos.Cuando por fin lo miré, él sonrió como si estuviera viendo una obra de arte.—No lo apliques solo en el pecho. También en tus nalgas —añadió, cruzando los brazos tras la cabeza.—¡Voy a quedar toda sucia! —me quejé.—No te preocupes. Yo lo limpiaré todo… ——Sí, … olvidé que tengo un esposo pervertido —le respondí con burla. Él siempre se reía de mis respuestas ingeniosas.Tomé nuevamente la botella de chocolate, lo vertí sobre mi trasero y lo esparcí por la piel caliente. No tenía idea de lo que estaba haciendo en medio del bosque, cubierta de chocolate. Dios sabrá qué planea hacer ahora… pero descubrí algo: en la cama, es absolutamente malvado.—Dime una cosa —pregunté mientras esparcía el chocolate por mi trasero—. ¿De dón

  • Casada con el Rey de la Mafia    42

    —Gracias, pero recuerda que tú cortaste todo... más o menos —bromeé.Ambos nos reímos, recordando las verduras volando por la cocina.Me acomodé en el sofá, recostando los pies sobre su regazo. Empezó a hacerme cosquillas, como venganza. Me retorcí, riendo.—¡Pavel, basta! No recuerdo la última vez que me reí tanto —le dije entre risas—. Oye, vi una barra de chocolate negro en la nevera. ¿Puedes traérmela?Besó lentamente mis pies antes de dejarlos libres y se fue a la cocina.Volvió con unas cuantas barras.—¿Quieres un poco? —le ofrecí.—No, tú cómelo —me dijo, con una sonrisa en los labios.Volví a comer, pero notaba cómo Pavel me observaba todo el tiempo. Pensé que quería chocolate, así que le ofrecí de nuevo:—Oye, pruébalo. Está delicioso. ¿Es importado?—Sí. Pero no, tú cómelo. Yo… encontraré otra forma de probarlo —respondió con una sonrisa misteriosa.No entendí bien lo que quiso decir, pero no le di importancia y seguí comiendo. Estábamos cerca de la chimenea, el calor era a

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