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CAPÍTULO//DOS

last update Fecha de publicación: 2026-07-10 00:07:32

Aquel silencio, Alex nunca imaginó que pudiera odiarlo tanto. Antes disfrutaba de él, era señal de que todo funcionaba como debía. Si despacho permanecía en calma, los clientes esperaban su decisión y el mundo seguía girando a su ritmo.

Ahora...

El silencio era un recordatorio constante de todo lo que había perdido.

Observó por el enorme ventanal de su habitación, Londres seguía igual. La lluvia golpeaba los cristales, los coches circulaban. La gente caminaba reprisa, ajenas a qué su vida se había detenido hacia penas unas semanas. Apretó con fuerza los reposabrazos de la silla de ruedas, todavía se negaba acostumbrarse a ella.

Cada vez que veía frente a él, sentía que alguien le recordaba que ya no era el mismo hombre.

Unos golpes suaves sonaron en la puerta.

—Adelante.

Entró Beatrice, con una bandeja en sus manos, una taza de café humeante.

—Buenos días, cariño. — Alex apenas, esbozó una sonrisa.

—Buenos días, abuela.

Beatrice dejó la bandeja sobre la mesa y se acercó a él.

—¿Has dormido?

—Lo suficiente...

Era mentira.

Llevaba noches enteras sin conseguir descansar más de un par de horas y ella lo sabía.

—Los médicos dicen que pronto comenzarás una rehabilitación. —él bajó su mirada hacia sus piernas.

—También dijeron que volvería a caminar. — su voz sonó más amarga de lo que pretendía.

Beatrice guardó silencio unos segundos, antes de apoyar su mano sobre su hombro.

—No pierdas la esperanza, cariño. — Alex dejó escapar una sonrisa sin humor.

—La esperanza no hace mover las piernas.

—No. — respondió ella con calma. —Pero puede ayudarte a levantarte cuando quieras rendirte. — él volvió a fijar la vista en la lluvia.

—No necesito esperanza. — hizo una pausa. —Necesito volver a ser quién era.

El silencio volvió a instalarse entre ambos, hasta que Beatrice habló de nuevo.

—Hay algo que debo decirte. — Alex giró lentamente su cabeza, su expresión de su abuela era demasiado sería. —Tu familia ha empezado a reunirse sin ti. — su ceño se frunció al instante.

—¿Quiénes?

—Tu padre, tú madre...y Lucas. —la mandíbula de Alex, se tensó.

No le sorprendía, solo le decepcionaba comprobar que habían esperado tan poco.

—¿Qué pretenden?

—Creen que ya no puedes dirigir el bufete que te dejó tu abuelo. — una sonrisa fría apareció en sus labios.

—Qué rápidos. — bromeó.

—Quieren convencer al consejo para nombrar un nuevo director ejecutivo. — sus ojos se oscurecieron.

—Sobre mi cadáver.

—Eso mismo dije yo. — Beatrice se colocó frente a él hasta quedar a su altura. —Necesito que confíes en mi. — Alex observó a su abuela, su abuela nunca tomaba decisiones precipitadas. —He encontrado la solución. — arqueó una ceja.

—¿Cuál? — Beatrice respiró hondo.

—Quiero que te cases.

Alex permaneció inmóvil durante unos segundos, creyó que había escuchado mal.

—¿Casarme? — repitió.

—Si.

—¿Has perdido la cabeza, abuela? — ella sonrió con serenidad.

—No, solo escucha.

—No pienso casarme por lástima.

—No es lástima, Alex. — sujetó sus manos.

—Entonces, ¿Por qué? — Beatrice sostuvo su mirada.

—Porque necesito que haya alguien a tu lado en quien poder confiar plenamente. — entrecerró sus ojos. —Alguien que te cuide, que te proteja de quienes desean verte caer y que permanezca contigo cuando todos los demás, solo piensan en el poder. — negó lentamente. —Seréis escudos, Alex. Ella te cuidará, ella será la única que he ayude a que ellos no puedan hacer nada. — mordió su labio. —Ella será la ayuda que necesitas para que esas ratas, no puedan tocar nada.

—Abuela, no necesito una esposa. — exclamó.

—Tal vez ahora crees que no. — la anciana hizo una breve pausa, añadiendo una sonrisa. —Pero estoy convencida de que ella podría convertirse en la mejor decisión de ti vida.

Alex desvío la mirada hacia el ventanal, no tenía intención de aceptar aquella absurda propuesta.

Alexander permaneció el silencio durante unos instantes, su mirada se perdió en el ventanal mientras la lluvia golpeaba los cristales con una calma que contrastaba con el caos que sentía por dentro.

Nunca había imaginado que una conversación con su abuela, terminara hablando de matrimonio. Mucho menos en aquellas circunstancias, respiró profundamente antes de volver a mirarla.

—¿Quién es? — la pregunta salió con más tranquilidad de la que él esperaba.

Beatrice sonrió con discreción, sabía que tarde o temprano, Alex terminaría preguntándolo. Se acomodó en el sillón frente a él y cruzó sus manos sobre su regazo.

—Se llama Emily Carter. — Alex frunció ligeramente el ceño.

Repitió aquel nombre en silencio.

Emily Carter.

No le resultaba familiar.

—No he oído hablar de ella.

—Es normal. — respondió su abuela. —No pertenece a nuestra círculo, ni en el círculo en el que tú te has movido toda la vida.

—Entonces, ¿Cómo la conoces? — preguntó apoyando su antebrazo sobre el reposabrazos de la silla, su abuela sonrió con cierta nostalgia.

—Su abuela y yo éramos amigas desde hace mucho años. — aquella respuesta despertó todavía más curiosidad.

—¿Amigas?

—Si, su abuela y yo nos conocimos cuando eramos jóvenes. La vida nos llevó por caminos muy distintos, pero nunca dejamos de mantener el contacto. — sus ojos se reflejaba el cariño que sentía al recordar eso años. —Cuando nació Emily, la vi crecer. Siempre fue una niña educada, cariñosa y muy responsable. — Alexander permanecía atento, era extraño escuchar a su abuela hablar con tanto afecto de alguien que no era de su familia. —Con el paso del tiempo, se convirtió en una mujer extraordinaria. Trabaja de camarera y ayuda a su madre en todo lo que puede, no ha tenido una vida sencilla, pero jamás perdió la sonrisa.

Alexander permaneció unos segundos pensativo, aquella descripción no escajaba con ninguna mujer que había conocido. No era una empresaria, no pertenecía a la alta sociedad. Simplemente, era una joven corriente que trabajaba duro.

—¿Y por qué con ella? — Beatrice lo miró.

—Porque confío plenamente en ella. — Alex guardó silencio. —Y porque jamás te traicionará y nunca te hará daño.

Aquellas palabras hicieron que Alexander desviará la vista, desde el accidente demasiadas persona interesadas querian todo lo que pasaba en su empresa y quitarle todo. Su padre, su madre y Lucas. Todos esperaban algún movimiento, todos querían algo.

—¿Ella sabe quién soy? — Beatrice asintió.

—Claro que si.

—¿Y aún así estás convencida de que aceptará? — la anciana sonrió con dulzura.

—No puedo asegurarlo.

—Entonces...

—Pero conozco el corazón de Emily. —Hizo una breve pausa antes de seguir hablando. —Y sé que antes de mirar tu fortuna, verá al hombre que hay detrás de ella. Antes mirara tú corazón que tu dinero y no buscará tu dinero, ni tu poder.

Alexander dejó escapar un leve suspiro, aquellas palabras eran demasiadas bonitas para ser ciertas.

Sin embargo...

Hacía mucho tiempo que nadie hablaba de él como si siguiera siendo una persona y no como el abogado más rico de Londres, por primera vez desde el accidente sintió curiosidad. Curiosidad por conocer aquella joven de la que su abuela con tanta admiración.

—Solo te pido una cosa, hijo. — el la miró para que siguiera hablando. —Si ella acepta, prométeme que la cuidaras de esas alimañas. — él asintió.

Sin saber que, en ese mismo instante, Emily Carter también estaba intentando decidir si acepta o no, esa propuesta que cambiará su vida para siempre.

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Último capítulo

  • Casada con el abogado paralítico    CAPÍTULO//12

    El día de la boda había llegado, antes de que Emily estuviera preparada para afrontarlo.Durante unas semanas, todo había sucedido demasiado rápido. El contrato, la convivencia, las cenas familiares, la discusiones, las amenazas y sobre todo, Alexander.Ahora estaba frente al espejo de su habitación, observando su reflejo y una mujer terminaba se ajustar los últimos detalles del vestido.Llevaba un vestido blanco de corte elegante, sencillo, pero hermoso. No era excesivamente llamativo, pero se ajustaba perfectamente a su figura. Su cabello oscuro caía en suaves ondas sobre sus hombros.Se miró durante unos segundos, aquella mujer que veía en el espejo parecía otra.-Estas preciosa. - Emily giró su cabeza y vio a su madre.Su madre había llegado aquella mañana a Londres y, desde que había entrado en la habitación, no había dejado de emocionarse.Laura se acercó a su hija y tomó las manos de la joven.-No puedo creer que no niña vaya a casarse. - Emily sonrió.-Mamá...-Déjame disfruta

  • Casada con el abogado paralítico    CAPÍTULO// ONCE

    A la mañana siguiente, Emily despertó con una sensación extraña, lo sabía exactamente que era. Quizá inquietud, quizá la conversación que había mantenido con Alexander, la noche anterior seguía rondando en su cabeza.Había algo diferente entre ellos, algo que ninguno de los dos se atrevían a nombrar.Emily se incorporó lentamente en la cama y miró hacia la ventana, el cielo de Londres estaba cubierto de nubes y una fina lluvia golpeaba los cristales. Por alguna razón. Recordó las palabras de Alexander.«Porque eres mi futura esposa.»Se llevó las manos al pecho, aquello no debía afectarla. Su matrimonio era un acuerdo, un contrato. Una solución temporal para los problemas de ambos. Entonces, ¿Por qué cada vez le costaba más recordarlo? Se levantó, se duchó, se vistió y abandonó la habitación. Cuando llegó al comedor, Alexander ya estaba ahí. Llevaba una camisa blanca y unos pantalones oscuros, el ordenador estaba sobre la mesa y parecía completamente concentrado en algo.Ella se

  • Casada con el abogado paralítico    CAPÍTULO//DIEZ

    La puerta del comedor se cerró detrás de ellos, durante unos segundos, ninguno de los dos dijo una palabra.Emily caminaba lentamente junto a Alexander por el largo pasillo de la mansión. Las luces cálidas de las lámparas iluminaban las paredes, pero ella apenas prestaba atención a nada.Seguía pensando en lo ocurrido, no esperaba que aquella cena terminara así, mcho menos que Alexander la defendiera delante de su familia.Al llegar al salón, Alexander se detuvo.—¿Estás bien? —Emily levantó la mirada.—Sí. —Él la observó unos segundos.—No tienes que decirme que estás bien si no lo estás. —Emily dejó escapar un suspiro.—Estoy un poco incómoda. —Alexander asintió.—Lo imaginaba.—No quería provocar una discusión entre tú y tu familia.—Tú no provocaste nada.—Pero...—Emily. —Su tono consiguió que ella guardara silencio.—Ellos decidieron comportarse así. Tú no tienes ninguna culpa. —Emily bajó la mirada.—No estoy acostumbrada a que alguien me defienda. —Aquella frase hizo que Alexa

  • Casada con el abogado paralítico    CAPÍTULO// NUEVE

    Los primeros días en la mansión había pasado demasiado rápido de lo que Emily esperaba, poco a poco había comenzado acostumbrarse a los enormes espacios, al personal de la casa y aquella nueva rutina que todavía le parecía demasiado diferente a su antigua vida.Alexander, por su parte, no había intentado cambiarla. Había respetado sus horarios, su trabajo y sus costumbres. Incluso en que siguiera trabajando hasta que se casarán.Aquella tarde, Emily estaba en la habitación cuándo recibió la llamada de Alex.—¿Si?—Tenemos una cena. — Emily quedó inmóvil.—¿Una cena? — repitió.—Mis padres y mi primo. — ella respiró profundamente.—Ah. — Alex notó inmediatamente el cambio de su voz.—¿Estás nerviosa?—Un poco.—No tienes porque estarlo.—Son tu familia.—Precisamente por eso. — ella guardó silencio. —No quiero que te preocupes por ellos. — continuó él. —Si alguien te dice algo que te incomode, me lo dices.—Puedo defenderme sola. — una pequeña sonrisa apareció en los labios del abogado

  • Casada con el abogado paralítico    CAPÍTULO// OCHO

    El sonido de la llave al girar en la cerradura, anunció la llegada de Emily. Nada más entrar en el pequeño apartamento, el aroma del guiso que preparaba su madre la dibujó una sonrisa.Aquel lugar era humilde, no había muebles de lujo ni grandes ventanales como la mansión Whitmore, pero siempre había estado lleno de cariño.Laura apareció desde la cocina secándose las manos con un paño. —¡Cariño! Ya estás aquí. — Emily dejó el bolso sobre el sofá y caminó hasta abrazarla.—Si. — su madre notó inmediatamente que algo había cambiado en su expresión. —¿Cómo ha ido? — la joven sonrió.—Mucho mejor de lo que imaginaba. — la dos se sentaron en el sofá. Laura esperaba pacientemente, conocía demasiado bien a su hija. Sabía que acabaría contándoselo todo. Emily dejó la carpeta negra sobre la mesa. —Ya hemos firmado el contrato. — Laura abrió sus ojos.—¿Ya? — Emily asintió.—Solo falta la boda. — su madre acarició la cubierta de cuero del documento.—¿Y él? — Emily permaneció unos segundos e

  • Casada con el abogado paralítico    CAPÍTULO// SIETE

    La mañana siguiente amaneció gris. La lluvia había desaparecido, pero el cielo seguía cubierto por una espesa capa de nubes que apenas dejaba pasar la luz.Alex llevaba más de una hora trabajando desde el despacho, sobre la mesa descansaban varios expedientes abiertos. Aunque apenas había leído dos páginas. Su mente seguía recordando la sonrisa de Emily, aquella muchacha había conseguido algo que nadie lograba desde hace semanas. Hacer que olvidara, aunque solo fuera durante pocas horas.—Adelante. — el mayordomo apareció con la misma elegancia de siempre.—Señor Whitmore... ha llegado el señor Richard Whitmore, Catherine Whitmore y el señor Lucas Whitmore. — Alex levantó lentamente la vista. Su expresión cambió al instante y la su tranquilidad de su de su rostro.—Hazlos pasar. —Si, señor. Apenas unos segundos después, las puertas del despacho se abrieron. El primero en entrar fue Richard Whitmore. Alto, impecablemente vestido y con una expresión fría como arrogante. Si traje g

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