เข้าสู่ระบบLa última de las visitas abandonó la mansión poco después de la madrugada.La música había dejado de sonar.Las conversaciones se habían apagado poco a poco y, finalmente, el enorme jardín que durante horas había estado lleno de invitados quedó prácticamente vacío.Emily permaneció unos segundos junto a una de las ventanas del salón, observando cómo los últimos coches desaparecían por el camino de entrada.La boda había terminado.Su boda.Durante todo el día había escuchado aquella palabra tantas veces que comenzaba a perder su significado.Esposa.Señora Whitmore.Mujer de Alexander.Todavía le resultaba extraño.—¿Cansada? —La voz de Alexander hizo que se girara.Él se encontraba detrás de ella, en su silla de ruedas, vestido todavía con el traje que había llevado durante la celebración.Emily sonrió ligeramente.—Un poco.—Ha sido un día largo.—Demasiado largo. —Alexander soltó una pequeña sonrisa. —Entonces deberías descansar. —Emily lo miró durante unos segundos.—¿Y tú?—Tambi
La celebración continuó durante la siguiente hora.Emily seguía junto a Alexander, escuchando las conversaciones de los invitados mientras intentaba acostumbrarse a aquella nueva realidad.Era su esposa.Todavía le resultaba extraño pensarlo.Cada vez que alguien se acercaba para felicitarla, Emily sonreía y agradecía las palabras, pero por dentro seguía sintiendo que estaba viviendo la vida de otra persona.Hasta que escuchó una voz masculina detrás de ellos.—Así que finalmente lo has hecho. —Alexander levantó la mirada y una sonrisa apareció en su rostro.—Sabía que vendrías. —Emily giró la cabeza.Frente a ellos había cinco hombres.Los cinco vestían trajes elegantes y tenían ese aire de seguridad propio de personas acostumbradas a entrar en cualquier lugar sin necesitar permiso.El primero, de cabello castaño oscuro y ojos grises, tenía una expresión divertida.—¿Cómo iba a perderme la boda del hombre que juró durante años que jamás se casaría? —Alexander negó con la cabeza.—Oli
El día de la boda había llegado, antes de que Emily estuviera preparada para afrontarlo.Durante unas semanas, todo había sucedido demasiado rápido. El contrato, la convivencia, las cenas familiares, la discusiones, las amenazas y sobre todo, Alexander.Ahora estaba frente al espejo de su habitación, observando su reflejo y una mujer terminaba se ajustar los últimos detalles del vestido.Llevaba un vestido blanco de corte elegante, sencillo, pero hermoso. No era excesivamente llamativo, pero se ajustaba perfectamente a su figura. Su cabello oscuro caía en suaves ondas sobre sus hombros.Se miró durante unos segundos, aquella mujer que veía en el espejo parecía otra.-Estas preciosa. - Emily giró su cabeza y vio a su madre.Su madre había llegado aquella mañana a Londres y, desde que había entrado en la habitación, no había dejado de emocionarse.Laura se acercó a su hija y tomó las manos de la joven.-No puedo creer que no niña vaya a casarse. - Emily sonrió.-Mamá...-Déjame disfruta
A la mañana siguiente, Emily despertó con una sensación extraña, lo sabía exactamente que era. Quizá inquietud, quizá la conversación que había mantenido con Alexander, la noche anterior seguía rondando en su cabeza.Había algo diferente entre ellos, algo que ninguno de los dos se atrevían a nombrar.Emily se incorporó lentamente en la cama y miró hacia la ventana, el cielo de Londres estaba cubierto de nubes y una fina lluvia golpeaba los cristales. Por alguna razón. Recordó las palabras de Alexander.«Porque eres mi futura esposa.»Se llevó las manos al pecho, aquello no debía afectarla. Su matrimonio era un acuerdo, un contrato. Una solución temporal para los problemas de ambos. Entonces, ¿Por qué cada vez le costaba más recordarlo? Se levantó, se duchó, se vistió y abandonó la habitación. Cuando llegó al comedor, Alexander ya estaba ahí. Llevaba una camisa blanca y unos pantalones oscuros, el ordenador estaba sobre la mesa y parecía completamente concentrado en algo.Ella se
La puerta del comedor se cerró detrás de ellos, durante unos segundos, ninguno de los dos dijo una palabra.Emily caminaba lentamente junto a Alexander por el largo pasillo de la mansión. Las luces cálidas de las lámparas iluminaban las paredes, pero ella apenas prestaba atención a nada.Seguía pensando en lo ocurrido, no esperaba que aquella cena terminara así, mcho menos que Alexander la defendiera delante de su familia.Al llegar al salón, Alexander se detuvo.—¿Estás bien? —Emily levantó la mirada.—Sí. —Él la observó unos segundos.—No tienes que decirme que estás bien si no lo estás. —Emily dejó escapar un suspiro.—Estoy un poco incómoda. —Alexander asintió.—Lo imaginaba.—No quería provocar una discusión entre tú y tu familia.—Tú no provocaste nada.—Pero...—Emily. —Su tono consiguió que ella guardara silencio.—Ellos decidieron comportarse así. Tú no tienes ninguna culpa. —Emily bajó la mirada.—No estoy acostumbrada a que alguien me defienda. —Aquella frase hizo que Alexa
Los primeros días en la mansión había pasado demasiado rápido de lo que Emily esperaba, poco a poco había comenzado acostumbrarse a los enormes espacios, al personal de la casa y aquella nueva rutina que todavía le parecía demasiado diferente a su antigua vida.Alexander, por su parte, no había intentado cambiarla. Había respetado sus horarios, su trabajo y sus costumbres. Incluso en que siguiera trabajando hasta que se casarán.Aquella tarde, Emily estaba en la habitación cuándo recibió la llamada de Alex.—¿Si?—Tenemos una cena. — Emily quedó inmóvil.—¿Una cena? — repitió.—Mis padres y mi primo. — ella respiró profundamente.—Ah. — Alex notó inmediatamente el cambio de su voz.—¿Estás nerviosa?—Un poco.—No tienes porque estarlo.—Son tu familia.—Precisamente por eso. — ella guardó silencio. —No quiero que te preocupes por ellos. — continuó él. —Si alguien te dice algo que te incomode, me lo dices.—Puedo defenderme sola. — una pequeña sonrisa apareció en los labios del abogado







