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last update Fecha de publicación: 2026-01-11 02:34:49

El silencio en el auto era casi palpable mientras Maya fingía estar dormida. Podía sentir el peso de la presencia de Oliver a su lado, incluso con los ojos cerrados. Había aprendido a ser inmóvil en momentos así, a volverse casi invisible, como si eso pudiera protegerla de su constante desprecio.

Oliver, sin embargo, no podía apartar los ojos de ella. El mechón de cabello que caía sobre su rostro era un detalle insignificante, pero por alguna razón le incomodaba. Extendió una mano, impulsado por un instinto que no entendía, para apartarlo, pero detuvo el movimiento a medio camino. ¿Qué estaba haciendo?

Sacudió la cabeza con molestia. La imagen de Zoé volvió a aparecer en su mente. Zoé, tan vivaz, tan llena de energía. Su risa resonaba en sus oídos, seguida de su última súplica desesperada: "Oliver, por favor, ayúdame". Su pecho se contrajo, y la culpa que había enterrado bajo una capa de odio hacia Maya comenzó a asomar.

—Es culpa suya —se recordó a sí mismo. Era más fácil pensar así. Más sencillo cargarle a Maya el peso de su dolor que admitir que quizás, solo quizás, él también tenía parte de responsabilidad.

Apretó los puños y desvió la mirada hacia la ventana. Recordó lo que Zoé le había dicho antes de su muerte. Las palabras de su amada habían pintado una imagen de Maya como alguien cruel, manipuladora, y egoísta, una mujer que disfrutaba destruyendo la vida de los demás.

—Maya es la que le dijo a mis amigos que tú me engañabas, Oliver —le había confesado Zoé una noche, con lágrimas en los ojos.

Esas palabras seguían clavadas en su mente. ¿Cómo podría confiar en alguien que había intentado arruinar su relación con Zoé?

Chasqueó la lengua, irritado. Por más que intentara enfocarse en otra cosa, sus pensamientos volvían una y otra vez a la mujer que ahora estaba destinada a ser su esposa.

Maya, por su parte, sintió el cambio en la atmósfera. Aunque no podía verlo, sabía que Oliver estaba molesto. Podía escucharlo en su respiración pesada, podía sentirlo en el aire tenso del auto. Y aunque sabía que ella no era la culpable, no podía evitar sentir un peso en el pecho. ¿Cómo podía seguir soportando todo esto?

El auto se detuvo frente al aeropuerto, interrumpiendo sus pensamientos. Oliver salió primero, ajustándose la chaqueta con movimientos bruscos.

—Vamos, Maya —dijo con frialdad, sin siquiera mirarla.

El aire cálido y húmedo de Dubái envolvió a Maya en cuanto bajaron del avión. Apenas habían intercambiado palabras durante el vuelo, y el trayecto hasta el apartamento de Oliver no fue diferente. La incomodidad entre ellos era palpable, como si el aire estuviera cargado con todo lo que ninguno de los dos se atrevía a decir.

Cuando llegaron al apartamento, Oliver le pasó sus maletas sin ceremonia.

—Cárgalas tú misma —dijo con indiferencia. Fue la primera frase que le dirigió desde que abordaron el avión, y Maya se preguntó por qué había esperado algo diferente.

Mientras él abría la puerta del apartamento, Maya se detuvo un momento para observarlo. Era un edificio moderno, imponente, y desde el primer paso dentro, todo parecía gritar lujo. El interior del apartamento no era la excepción. Las paredes estaban pintadas en un tono crema que daba una sensación cálida y acogedora, el suelo de azulejos brillaba bajo las luces cálidas del techo, y las grandes ventanas ofrecían una vista impresionante del mar. Las cortinas de color neutro ondeaban ligeramente con la brisa del aire acondicionado.

Maya dejó escapar un suspiro de alivio al ver que al menos Oliver era organizado. Si iba a pasar tiempo aquí, al menos estaría en un lugar agradable.

—Deja de quedarte parada y haz algo útil —espetó Oliver sin mirarla, mientras se dirigía hacia el salón.

Maya ignoró el comentario y comenzó a dejar las maletas en un rincón. Mientras apreciaba los detalles del lugar, su mirada se perdió en el ventanal, donde el horizonte se mezclaba con las aguas cristalinas del Golfo Pérsico. ¿Qué estaba haciendo aquí?

—¿Te gusta el lugar o necesitas un mapa para orientarte? —preguntó Oliver con sarcasmo.

Cuando se giró para responder, se quedó helada. Oliver, como si fuera lo más natural del mundo, estaba desabrochándose la camisa. Antes de que pudiera procesarlo, ya había dejado caer la prenda al suelo, revelando un torso que parecía esculpido a mano. Su piel bronceada y sus músculos definidos parecían fuera de lugar en un hombre que siempre parecía tan frío y distante.

Maya intentó apartar la mirada, pero era como si algo la obligara a observar. Cuando finalmente se deshizo de los pantalones, quedando solo en ropa interior, ella sintió cómo el calor subía a sus mejillas.

¡Dios, Maya! ¡Deja de mirarlo!

Tragó saliva y apartó la vista de inmediato, pero su corazón seguía latiendo con fuerza. ¿Qué estaba pensando este hombre? Era como si estuviera probándola, esperando verla incómoda.

Sin embargo, Oliver ni siquiera se molestó en mirarla. Agarró una toalla y caminó hacia el baño como si nada hubiera pasado.

Maya dejó escapar un suspiro pesado, intentando calmarse. Esto será un infierno, pensó, mientras se dirigía a la habitación más cercana con sus maletas.

Una vez dentro, cerró la puerta tras ella y apoyó la espalda contra ella. La habitación era igual de pulcra y elegante que el resto del apartamento. Su mirada se dirigió automáticamente hacia la ventana, donde la vista al mar parecía ofrecer un respiro a su mente atormentada.

—Un paso a la vez, Maya —se dijo en voz baja.

Pero sabía que sobrevivir cada día junto a Oliver sería más complicado de lo que imaginaba.

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Último capítulo

  • Casada con el hombre que me odia   Fin

    Oliver bajó un poco la mirada, apenado pero honesto.—Desde ese día… —tragó saliva— ese día que tomé tu feminidad. Es vergonzoso, pero real. Ese día, entendí que era el hombre más afortunado del mundo por tenerte. En todos los sentidos. Supe que no quería estar con nadie más que contigo.La miró de nuevo, esta vez con los ojos brillantes por la emoción.—¿Y tú? ¿Tú me amas?—Sí… te amo —respondió Maya con la misma intensidad, mirándolo fijamente. Fue sincera, sin titubeos.Oliver sonrió y la abrazó con fuerza, como si necesitara fundirse con ella para no dejarla ir nunca. Era la primera vez que ambos pronunciaban ese "te amo" con palabras claras. Siempre lo habían demostrado con gestos, con silencios compartidos, con miradas que decían más que cualquier promesa. Pero esta vez, por fin, lo dijeron.—¿Y tú? ¿Cuándo supiste que me amabas? —preguntó él, sin soltarla.Maya pensó por un momento, con una pequeña sonrisa curvando sus labios.—No lo recuerdo exactamente… pero creo que fue en D

  • Casada con el hombre que me odia   .157.

    Nadie se lo había dicho aún, pero lo sabía. Lo supo en el fondo de su alma desde el momento en que abrió los ojos. Había perdido a su bebé. Recordó el impacto, ese golpe inesperado en su abdomen. Y luego, el grito. El dolor.Estaba embarazada de 21 semanas.Las lágrimas se acumularon en el borde de sus ojos mientras el corazón se le rompía en silencio. ¿Por qué? ¿Qué había hecho para merecer algo así? Después de todo lo que había soportado, ¿esto también?Las lágrimas comenzaron a correr por sus mejillas. Se acarició la barriga suavemente, como si aún pudiera sentir a su bebé. Su mente se llenó de preguntas sin respuesta, de un dolor imposible de describir. Una culpa silenciosa se apoderó de ella.Su visión estaba tan nublada por las lágrimas que apenas pudo distinguir la figura que se acercaba… hasta que escuchó su voz.—Estás despierta… por favor, sé fuerte, esposa —susurró Oliver junto a su oído.Ella se giró hacia él con los ojos llenos de dolor.—Yo… perdí a nuestro bebé. No fui

  • Casada con el hombre que me odia   .156.

    Cuando Maya vio a su abuela postrada entre máquinas y cables, sintió como si una piedra enorme le aplastara el pecho. Le costaba respirar. Las lágrimas comenzaron a correr por su rostro sin poder detenerlas.Parecía que todos los aparatos conectados al cuerpo de su abuela eran lo único que la mantenía con vida. Nunca imaginó verla en una situación así. Sintió que si alguno de esos dispositivos se apagaba, la anciana se iría para siempre.Recordó de pronto la llamada que su abuela le hizo cuando se casó y estaba en Dubái. Siempre se preocupaba por ella, quería saber si todo marchaba bien, si Oliver la trataba con amor.En medio del silencio cargado de emociones, la abuela Catalina extendió su mano hacia Zoé y con voz temblorosa, entrecortada por los sollozos, dijo:—Yo… perdón… Zoé. Lamento haber herido tus sentimientos. Tus padres me lo contaron antes de morir. Cuando regresaste, te fuiste de inmediato a Dubái… nunca tuve la oportunidad de hablar contigo, de pedirte perdón. Lo siento,

  • Casada con el hombre que me odia   .155.

    Maya nunca imaginó que Zoé estaba lidiando con tanto dolor por parte de la abuela. Siempre pensó que a Zoé le daban todo lo que quería, que era tratada como una princesa. Pero estaba equivocada. Detrás de esa fachada había lágrimas, tristeza y heridas ocultas. Jamás sospechó que Zoé estaba sufriendo en silencio.—Eso fue lo que viste en el aeropuerto —explicó Martin—. Fue uno de esos momentos de crisis. Actuaba así cada vez que algo le recordaba lo que vivió. Sentía que la abuela Catalina volvería a menospreciarla. Estaba asustada y, como no podía hacerle daño a ella, toda esa frustración se canalizaba hacia ti. Se volvió más agresiva cuando se enteró de que ustedes se habían casado.Maya miró a Martin y pudo ver la sinceridad en cada palabra. Él era un hombre amable, y le costaba creer que alguna vez intentara hacerle daño. Tal vez simplemente amaba demasiado a Zoé y estaba dispuesto a todo para hacerla feliz. Especialmente porque Zoé creía que nadie se preocupaba realmente por ella.

  • Casada con el hombre que me odia   .154.

    Maya sabía que existía una habitación privada destinada exclusivamente a la familia Harris. Aquella debía ser. Aunque ella era la médica de cabecera de la abuela de Oliver, nunca antes había estado allí. Era la primera vez que veía ese lugar, y debía admitir que estaba hipnotizada por su belleza.¿Quién imaginaría que dentro de un hospital pudiera haber una habitación como esa? Parecía más una suite de un resort de lujo que una simple sala hospitalaria.Todos entraron. En el centro de la habitación había una cama, pero no era una cama común para pacientes. Era de alta tecnología, moderna, cómoda y elegante.Oliver sostuvo la puerta abierta.—Podemos entrar todos —le dijo a Zoé con voz firme—. Como dije antes, no dejaré sola a mi esposa. No importa lo que digas, estaré aquí con ustedes dos. No voy a permitir que le hagas daño. Tendrás que pasar sobre mi cadáver antes de que la lastimes a ella o a nuestro bebé.Su tono era autoritario y su mirada penetrante. No podía arriesgarse a dejar

  • Casada con el hombre que me odia   .153.

    Era exactamente la misma escena que Maya había presenciado hacía cuatro años, cuando Zoé saltó del acantilado. La mujer estaba lastimando a Martín, y él lo aceptaba todo sin resistirse. Zoé lo abofeteaba una y otra vez, y luego le tiraba del cabello con violencia.Martín se sujetaba la cabeza, tratando de mitigar el dolor de los jalones. No respondía. No se defendía.Maya quedó congelada. Sujetó con fuerza los antebrazos de Oliver.Él se sorprendió por el gesto arrepentido y siguió la dirección de su mirada. Lo que vio lo dejó estupefacto. No podía creer que fuera Zoé quien estaba actuando con tanta crueldad. Sintió lástima por Martín. El hombre era tan amable que no podía defenderse, cegado por el amor que aún sentía por Zoé.Oliver entendía ese sentimiento. Él también había estado ciego. Había amado a Zoé con una intensidad que no le permitía ver su verdadera naturaleza. Si no hubiera cambiado el rumbo de su vida, si no se hubiera casado con Maya, ¿acaso sería él ahora quien sufrirí

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