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Capítulo 6

作者: Mangonel
Dije lo que había aprendido en las novelas, pero no sirvió de nada. Marcos seguía callado, mirando hacia la ventana. Sabía que no convenía quedarme más, así que me despedí de Ingrid y me fui a casa.

Al llegar, mi papá me preguntó de entrada:

—¿La mamá de tu compañero dijo algo hoy?

—No, nada. —Lo miré.

Era obvio que le había echado el ojo a Ingrid. Mi papá quería encontrar esposa, e Ingrid estaba soltera.

Por sus circunstancias, los dos hacían buena pareja. Y había algo más. A mí también me gust
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  • Castigo de A PIE   Capítulo 7

    Al ver que empezaba a nacer algo entre ellos, se me hizo un nudo en la garganta. Ingrid y yo ya habíamos tenido lo nuestro; si llegaba a ser mi mamá, no sabría ni qué hacer.Cuando terminamos de cenar, aproveché que mi papá se fue a lavar los platos y me llevé a Ingrid a mi cuarto.Ella pensó que otra vez quería hacerlo. Como si nada, se arrodilló y llevó las manos a mi pantalón.Lista para bajarme el pantalón y ayudarme. Me asusté y le aparté las manos.—Espérese, no empiece. Le pregunto una cosa. Si mi papá quisiera casarse con usted, ¿aceptaría?Ingrid lo pensó un momento y enseguida respondió:—Pues supongo que sí. Tu papá es un buen hombre y nuestras familias tienen historia.Desesperado, le dije:—Ay, pero si usted y yo ya lo hicimos. Si se casa con mi papá, ¿no se convertiría en mi mamá? Y entonces, ¿qué seríamos usted y yo?Al escuchar eso, Ingrid por fin cayó en la cuenta.—Tienes razón. Sería incesto.—Así que no se le vaya a ocurrir aceptar la propuesta de mi papá, ¿me escuc

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    Dije lo que había aprendido en las novelas, pero no sirvió de nada. Marcos seguía callado, mirando hacia la ventana. Sabía que no convenía quedarme más, así que me despedí de Ingrid y me fui a casa.Al llegar, mi papá me preguntó de entrada:—¿La mamá de tu compañero dijo algo hoy?—No, nada. —Lo miré.Era obvio que le había echado el ojo a Ingrid. Mi papá quería encontrar esposa, e Ingrid estaba soltera.Por sus circunstancias, los dos hacían buena pareja. Y había algo más. A mí también me gustaba Ingrid, pero si mi papá se casaba con ella, se convertiría en mi mamá.Y si yo estaba haciendo esas cosas con mi mamá…Sacudí la cabeza con fuerza para no pensar en ese enredo.Unos días después, mi papá me dijo:—La vez pasada tu compañero te invitó a comer; ahora nos toca invitarlo a él.Al escuchar eso, me di cuenta de que llevaba varios días sin saber nada de Marcos, ni de cómo estaba. Era una buena ocasión para verlo. Mi papá siguió:—Ah, y que su mamá también venga; si no, se va a qued

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    Ella improvisó una excusa:—Ah, nada, solo le pedí a Ulises que revisara por qué la computadora no funcionaba.Marcos nos miró desconfiado y dijo enseguida:—Ulises, asómate a ver si el de abajo es tu papá.¿Mi papá? Estaba seguro de que le había avisado antes de venir a casa de Marcos. ¿Qué hacía ahí?Sin pensarlo demasiado, me asomé por la ventana. El que estaba de pie en la entrada, fumando, era mi papá.Le grité desde la ventana:—¡Papá! ¿Qué haces aquí?Levantó la mirada.—Vine a ver dónde andabas. Ni siquiera volviste a casa a cenar.Mi papá no tenía remedio. Antes de salir ya le había dicho que estaría en casa de Marcos y que no volvería a cenar; nunca imaginé que vendría a buscarme.No me quedó otra que bajar a buscar a mi papá y traerlo arriba. En cuanto subió, vio a la señora y se quedó mirándole el escote. Mi papá le extendió la mano.—Hola, me llamo Raúl Beltrán.La mujer le dio la mano con educación.—Hola, me llamo Ingrid Mercado.Así que se llamaba Ingrid. Ingrid señaló

  • Castigo de A PIE   Capítulo 4

    Ella ya no se resistía. Apoyó las manos en la cama y abrió las piernas sin vergüenza. Le subí el vestido hasta la cintura y quedó expuesta frente a mí. Me bajé los pantalones.—Házmelo.Abrió la boca con obediencia. Su técnica era increíble; me dejó temblando.—No imaginé que fuera tan buena en esto. ¿Con quién aprendió?Tenía la cara encendida y hablaba con puro deseo.—Me quedé sin esposo, me sentía sola y aburrida, y veía muchos videos. Así aprendí un par de cosas. Estoy desesperada, te lo ruego, métemela, por favor.Cuanto más se acercaba el momento, más la hacía esperar.—¿No estabas muy valiente hace un rato? Hasta me golpeaste con el tacón. ¿Y ahora me suplicas?Ella apretaba los muslos sin parar; estaba desesperada.—Me porté mal, dame lo que necesito.Le levanté la pierna con la media puesta y me la llevé a la cara.—¿No decías que no me dejarías lamerte hace un rato? ¿Y ahora?—Sí, haz lo que quieras —dijo entre jadeos.Aspiré hondo aquel aroma; olía riquísimo. Sentía que iba

  • Castigo de A PIE   Capítulo 3

    Entonces Marcos habló desde el otro lado de la puerta.—Mamá, ¿qué le pasó a Ulises? ¿Por qué gritó así? ¿Qué hacen ahí adentro?Ella se quedó con la cara desencajada y respondió enseguida:—¡Nada! Ahorita les preparo de comer.Yo también me subí los pantalones de prisa y salí del cuarto. Al ver la cara de desconcierto de Marcos y que no imaginaba lo que acababa de pasar, sentí una satisfacción secreta. Ella se fue a la cocina y al rato tenía los platos servidos para nosotros.La sirvió y nos llamó a sentarnos a comer. En la mesa, me miraba mientras tamborileaba los cubiertos con los dedos, y eso me dejó ardiendo. Dejé caer los cubiertos al suelo a propósito y me agaché bajo la mesa para recogerlos.De reojo alcancé a ver los pies suaves y deliciosos de la señora, cubiertos por las medias. Hacía un momento me había provocado así y no me había dejado lamerle el pie; ahora lo haría por gusto. Me pegué al piso, le pasé la lengua y dejé una marca húmeda.Ella se sorprendió y engarrotó los

  • Castigo de A PIE   Capítulo 2

    ¿Se habría dado cuenta tan rápido de que había sido yo? Entré a su habitación con el corazón en un puño.Entró detrás de mí y cerró la puerta al pasar. Me quedé encorvado al pie de la cama, sin atreverme a enderezarme, con miedo de que se diera cuenta del bulto. Se sentó en la cama, frente a mí, cruzó las piernas y dejó uno de sus pies hermosos delante de mis ojos.Lo levantó despacio y me lo acercó a la cara; en la media de aquel pie redondo y tentador todavía se veía una mancha húmeda.—Dime, ¿fuiste tú el que lamió mi media?¿Cómo iba a confesarlo? Lo negué.—No, no, no fui yo.Mientras tanto, con la mano metida en el bolsillo del pantalón, intentaba aplastar desesperadamente el bulto para que bajara.—Quieto. No te muevas. Saca la mano y no te encorves —dijo en tono seco.Saqué la mano y me enderecé poco a poco; sentía cómo el bulto empujaba hacia adelante, hasta que la entrepierna del pantalón se levantó como una carpa.Vio el bulto y se sorprendió.—Y todavía lo niegas; mira cómo

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