로그인RYSA
El jardín de la mansión Botticelli es un lugar de ensueño, con rosales perfectamente podados, fuentes de agua y una brisa fresca que acaricia las hojas de los cipreses. Pero yo no estoy en calma. Camino de un lado a otro como una prisionera en su celda, el corazón galopando en mi pecho me impide la concentración que requiero. Mi mente no deja de repetir la imagen: el golpe certero en la entrepierna de Leon Rossetti. Es absurdo. Es insólito. ¿Cómo terminé aquí, regresando al pasado, en este juego peligroso?
Esta no es una segunda oportunidad cualquiera. Es una lucha por mi vida. Ya sé lo que me espera si me dejo arrastrar por los hilos de la mafia: muerte, caos, sufrimiento y el bebé que nunca nació. Mi padre, mi hermano... todo está en riesgo. Y hay algo más que me atormenta: ¿soy realmente una Botticelli? Esa pregunta me consume como un veneno lento.
—Ry.
La voz ronca y masculina a mis espaldas me saca de mi ensimismamiento. Me giro rápidamente y ahí está Gab, mi hermano mayor, impecable como siempre. Su cabello rubio, perfectamente peinado hacia atrás, refleja la luz tenue del atardecer, y sus ojos, tan azules como el cielo, me observan con ternura.
—¿Estás bien? —pregunta, su tono está cargado de afecto, pero también de preocupación, me lo dice su mirada antes de que su voz lo delate.
—Sí, claro —intento parecer tranquila, pero todo mi cuerpo tiembla, soy como una crisis nerviosa existencial con piernas y brazos.
—Rysa... —Hace una pausa, su mirada se mantiene fija en mí—. ¿Conoces a Davian Rossetti?
Niego rápidamente, casi demasiado rápido.
—No. Solo sé que es el hijo mayor de Perseus Rossetti, uno de los hombres más poderosos de la mafia italiana. He escuchado rumores, pero nada más —me apresuro a decir, incapaz de ocultar mi miedo por esa familia.
Gabriel aprieta los labios, su expresión se vuelve más seria, casi sombría.
—El tipo que vino hoy es Leon Rossetti, su hermano menor. Aunque no es el primogénito, es el más peligroso de los dos, es el capo, tiene, 22 años y ya es portador de uno de los títulos más peligrosos de la pirámide criminal —su voz baja a un susurro, cargado de advertencia—. Rysa, debes mantenerte lejos de él. Nunca debes estar a solas con ese hombre. La gente dice que es... asfixiante, como una sombra que te envuelve, y que muy pocos salen con vida tras encontrarse con él. No es de los buenos, es un asesino.
—Como papá —esclarezco en un tono apenas audible, deseando que no me hubiese escuchado, pero lo hace.
Mi hermano ladea una sonrisa de media luna, pero no una con gracia, sino, una llena de lástima y resignación.
—Como nuestro padre, solo que al menos nosotros, acabamos con quienes se lo merecen, en cambio, los Rossetti, en especial Leon, matan a las personas aun siendo inocentes, no importa si son niños o mujeres, todos deben pagar por igual —sisea y cada una de sus palabras se siente como un golpe en el estómago. Esta vida parece incluso más peligrosa, tal vez eso es porque antes tenía una venda en los ojos y ahora veo las cosas desde la perspectiva real, veo a los monstruos sin máscaras.
Un escalofrío me recorre, pero intento no mostrar mi temor.
—¿Qué hacía aquí, hablando con papá? —inquiero con cautela, fingiendo indiferencia.
No pienso seguir viviendo a las sombras, si quiero mantener a mi familia unida y con vida, tengo que enfrentar esto, tengo que convertirme en una mujer a sangre fría. Sin corazón, con los sentimientos nublados y guardados solo para a aquellos a quienes pienso proteger.
La mirada de Gabriel se oscurece, su preocupación se transforma en algo más profundo.
—No lo sé. Últimamente, nuestro padre me ha dejado fuera de sus asuntos. No me cuenta nada de lo que trama —refuta con las pupilas dilatadas—. Pero esas son cosas que no deben preocuparte.
Antes de irse, me abraza con fuerza, como si quisiera protegerme de algo que no puede controlar.
«Hay, Gabriel, si supieras lo que nos espera si esta vez no actúo como una Botticelli letal, fría y calculadora…»
—Tengo cosas que hacer, pero estaré en tu fiesta —se detiene antes de soltarme y me mira a los ojos, serio—. ¿Estás segura de que no conoces a Davian?
—Por supuesto que no —mi respuesta es casi desesperada.
—Es que cuando tiraste los claveles blancos que él te envió... pensé que lo conocías. Parecías inquieta y temerosa.
—No, Gabriel. Fue una coincidencia —le regalo una sonrisa falsa, pero no importa, en esta familia al parecer, todos somos mentirosos.
Él asiente, aunque parece dudar, y finalmente se marcha luego de darme un beso en la coronilla. Yo, en cambio, me dejo caer en una banca de mármol, sintiendo cómo el peso de esta nueva vida amenaza con aplastarme.
Más tarde, la noche cae, y la mansión se llena de luces y movimiento. Me preparo para mi fiesta de cumpleaños con una mezcla de ansiedad y determinación. Este es el momento para cambiar el curso de mi destino.
El agua caliente de la ducha alivia un poco mi tensión, pero mi mente no deja de correr. Me pongo un vestido rojo, atrevido y elegante, con una abertura en la pierna y un escote en forma de V. Dejo mi cabello castaño suelto, cayendo en suaves ondas sobre mis hombros. Me observo en el espejo y me repito que esta vez será diferente.
Unos golpes en la puerta interrumpen mis pensamientos al instante, y ya sé quién es.
—Adelante —tomo una larga bocanada de aire.
Bella, mi doncella, entra con una sonrisa que no alcanza sus ojos.
—Se ve hermosa, señorita Rysa —arguye, fingiendo admiración.
Sé que miente. Bella siempre fue una buena actriz.
—Gracias. Puedes ir a descansar —hago un ademán con la mano, que la molesta.
Ella parpadea, confundida.
—Pero me dijo que podía asistir a la fiesta —se muerde el labio inferior.
Recuerdo ese detalle. En mi otra vida, fue en esta fiesta donde conoció a Davian y comenzó a sabotearme. No cometeré el mismo error.
—He cambiado de opinión. No puedes asistir. Te veré mañana —me limito a responder.
Bella parece furiosa, pero se inclina ligeramente.
—Feliz cumpleaños, señorita.
—Gracias, Bella —miro su reflejo a través del espejo.
Ella sale de mi habitación, silenciosa, letal, tengo que pensar qué voy a hacer con ella, no puedo quitarle los ojos de encima. Me echo un último vistazo y bajo las escaleras en forma de caracol, son tan amplias que podrían caminar a mi lado cinco personas más.
El salón de eventos está lleno de luces doradas y murmullos de conversaciones elegantes. En cuanto pongo un pie dentro del enorme salón, mi padre me exhibe como un trofeo, recibiendo cumplidos de sus socios. Los hijos de estos hombres me observan con descarado deseo, lo que me hace sentir incómoda.
Busco a Gabriel entre la multitud y lo encuentro coqueteando con varias chicas, su sonrisa es tan encantadora como siempre. Pero entonces lo veo. A lo lejos, Davian Rossetti, al lado de su padre Perseus. Mi cuerpo se tensa, como si una alarma interna se activara. Salgo del salón con una excusa apresurada, diciendo que necesito ir al tocador. Mi padre desaprueba mi elección, sin embargo, no puede hacer nada, impedirlo sería lo mismo que quedar como un padre que no puede controlar a su hija, solo asiente y vuelve a su conversación.
En el baño, me remojo el rostro, intentando calmarme. Cuando salgo, busco aire en uno de los balcones. La noche es fresca, el aire huele a jazmín y humedad. Las manos me tiemblan, Davian, el hombre que amé y que me mató, está abajo, no quiero verlo, no quiero que siquiera pose sus ojos en mí.
—Ni loca dejaré que un encuentro con Davian Rossetti marque mi destino —cierro mis manos en perfectos puños, mirando hacia el jardín iluminado.
Enseguida, una voz ronca interrumpe mis pensamientos.
—Hablas como si mi hermano mayor fuera un monstruo.
Doy un respingo, el corazón está a punto de salirse de mi pecho. Me giro para ver al dueño de esa voz, se trata de Leon Rossetti, apagando un cigarrillo con el zapato. Su mirada gris me atraviesa, fría como una cuchilla. Observo la cicatriz en su ceja derecha, es demasiado apuesto, pero… él podría llevarme a la muerte también.
—¿Acaso no lo es? —respondo, armándome de valor, mostrando una expresión en blanco, ilegible.
Leon sonríe, una sonrisa sin alegría que me pone la piel de gallina.
—No, porque el verdadero monstruo soy yo, Rysa Botticelli.
Se acerca, y mi instinto me grita que corra, pero no me muevo. Sus ojos me sostienen en mi lugar mientras rodea mi cuello con una mano, ¿acaso me piensa matar? De repente, siento algo frío alrededor. Es un collar, un dije con un diamante azul.
—Feliz cumpleaños. —Su aliento a ron roza mi piel, antes de que se marche se inclina hacia adelante, susurrando en mi oído—. Lo conservarás y llevarás puesto todo el tiempo, ¿cierto?
Quiero decirle que no, jamás usaría una joya de una familia que arruinó en el pasado, mi anterior vida, pero su aura es tan pesada, tan penetrante, que compruebo que son ciertos los rumores acerca de que él tiene cierto poder en las personas, le tengo miedo, y mucho. Por lo que asiento con la cabeza.
—¿Lo prometes? —Se aleja; esta vez su rostro permanece cerca del mío, los dedos de su mano, aun en mi cuello, se deslizan por mi clavícula, él me da más miedo que Davian, si no le respondo, no me dejará en paz—. Usa tu boca para contestar.
—Lo prometo —no reconozco mi voz cuando brota de mi garganta.
Por el momento parece satisfecho.
—Bien, creeré en tu palabra, me tomo muy en serio las promesas que me hacen —se aparta, dirigiéndose a la salida, no sin antes mirar por encima de su hombro y anclar sus ojos grises en el diamante que cae sobre mis pechos—. Volveré por lo que me pertenece, Rysa.
Se marcha, ¿a qué se refiere? ¿Al diamante? De regreso al salón, no veo a Leon, solo a Davian, de quien logro escabullirme toda la velada. Cuando la fiesta termina, estoy a punto de retirarme a mi habitación, casi saboreando la victoria al no tener un encuentro con quien sería mi verdugo, hasta que una sirvienta me detiene.
—Su padre la espera en el despacho, señorita.
—Gracias, Martina.
Entro, nerviosa. La luz de la chimenea ilumina a mi padre, sentado detrás de su escritorio. Sus ojos se detienen en el collar que traigo puesto, pero no dice nada.
—Me mandaste llamar, papá —rompo el silencio incómodo que se instala entre los dos.
Noto un tic en su ojo izquierdo, es apenas visible para otra persona que no lo conociera, y eso pasa solo cuando está muy enfadado.
—Quiero presentarte a Davian Rossetti —su tono es frío, calculador.
Antes de que pueda reaccionar, la puerta se abre. Davian entra, acompañado de su padre Perseus. Su mirada azul me analiza, pero se detiene en el collar.
—¿Quién te dio eso? —hay un tinte amargo en su tono de voz.
Abro la boca para responder, sin embargo, otra voz resuena a sus espaldas.
—Fui yo, querido hermano.
Leon entra, y el aire en la habitación se vuelve irrespirable. En especial cuando los dos hermanos se miran con ojos asesinos.
RYSALa cabeza me estalla, las punzadas en mis sienes son insoportables y me cuesta trabajo respirar. Un sinfín de imágenes de lo que ha pasado, son un flash por mi mente, hasta recordar las últimas crudas palabras de Leon Rossetti. Sabía que meterme con él en un juego, era peligroso, que terminaría perdiendo, el asunto es que pensé que tenía palabra. Las cosas no salieron como las pensaba, estoy más perdida que al comienzo. Lo peor es que ya sé que todo el teatro de la boda con él, todo el show de actuación con la mentira de que él obtendría algo a cambio de ayudarme, era eso; una mentira bien manipulada por el capo de la mafia italiana. Hago un conteo mental de ya no volver a confiar en nadie que no sean mi padre y Gabriel. Algo se quiebra en mi interior, porque sé que tiene razón en algo, fui ingenua, impulsiva y orgullosa. Me creí invencible por el hecho de conocer algunos acontecimientos que tendrían que pasar, evitando los caminos que me llevarían a mí y a mi familia a la ruin
LEONEl puto beso me ha jodido la cabeza. Rysa Botticelli cree que puede jugar conmigo, mi sangre hierve con una mezcla de rabia y algo más oscuro que no quiero nombrar. La miro de reojo mientras el coche avanza por las calles oscuras de la ciudad, mi estómago se contrae al verla confundida, con esos ojos azules desorbitados y esa boca entreabierta que todavía sabe a mí. La he obligado a sentarse a mi lado luego de apuntarle con un arma.—¿Qué está pasando? —su voz tiembla, aunque intenta disimularlo con firmeza, es una niña ingenua—. ¿Por qué estás aquí?No respondo. No puedo. Mi mandíbula está tensa, mis nudillos blancos agarran con firmeza el arma que descansa sobre mi regazo. El sabor de su boca aún persiste en mis labios, dulce, amenazante, adictivo, eso me enfurece más que cualquier traición. No debí haberla besado. No debí haber sentido esa corriente eléctrica recorriendo mi columna, ese estúpido latido desbocado en el pecho que ahora me avergüenza y que no sé qué significa.
RYSANo me hace feliz tener la mirada de todos encima de mí, en especial cuando mi cabeza está dándole vueltas al mismo asunto una y otra vez; ¿por qué el capo sigue con esta farsa si sabe que no soy hija biológica de Enrique Botticelli? Supongo que lo voy a tener que averiguar, no obstante, algo me dice que soy una pieza que él puede mover a su antojo en su tablero.—Deja de pensar tanto.Su voz me saca de mi ensimismamiento. Espabilo, parpadeando un par de veces hasta que caigo en la realidad de nuevo.—¿Qué?—La gente va a pensar que estás pasando un mal momento.—Es la verdad.El fantasma vago de una sonrisa apenas visible, se dibuja en su perfecto rostro.—Es la segunda vez en el día que me tratas como a un enemigo acérrimo.—Lo eres —respondo con seguridad—. Lo único que nos diferencia del resto, es que ambos queremos conseguir algo del otro, aunque no he descifrado por qué aceptas casarte conmigo ni cuál es el beneficio que obtendrás por ello.Una risa que no tiene nada de amab
RYSALa cabeza me estalla, no he podido dormir en toda la noche, dándole vueltas al mismo tema una y otra vez. He pensado en todas las opciones de una posible emboscada, al final llego a la misma conclusión, es imposible que la persona que me mandó el mensaje anoche, sea alguien que me quiera hacer daño, de lo contrario, ¿por qué pedirme vernos? ¿Por qué no solo anunciar al mundo que no tengo sangre Botticelli? Ese sería un golpe duro para mi familia. Hay algo raro aquí y pienso averiguarlo. La opresión en mi pecho no desaparece, este mal presentimiento no me ha abandonado desde que salí de aquella casa en medio del bosque. Sigo recordando al capo desnudo, cubierto de sangre, follando a su amante mientras su mirada permanece sumida en una oscuridad escalofriante. Si pensaba antes que Davian era un monstruo, Leon es el verdadero diablo, algo me dice que jugar con él es peor que el infierno, es por eso que debo ir a tientas, soy consciente de que este es su terreno, su mundo, uno en e
RYSANo tengo idea de lo que hago en el auto de Davian, hace más de dos horas que salimos de mi casa, no hemos cruzado una palabra desde entonces, es incómodo, más cuando escucho el sonido ligero de su respiración a mi lado, me pregunto si él podrá escuchar el tambor de los latidos de mi corazón. El miedo me invade, después de todo, él sigue siendo aquel hombre que no tuvo piedad de mí, mucho menos de la vida que se estaba gestando en mi interior. Ese recuerdo me sigue aplastando el pecho, creo que nunca lo voy a poder superar. Veo los árboles negros perderse detrás de nosotros, la oscuridad de la noche se los va tragando conforme avanzamos. Las luces delanteras de su auto es lo único que ilumina el camino, dentro de la espesa carretera, no hay luna, no hay estrellas, solo nubes grisáceas que anuncian una lluvia repentina. Esto ya no me gusta nada, es un Rossetti, no me debo olvidar de eso, tal vez quiera matarme como ya lo hizo, no le tembló la mano antes, ahora, no creo que sea m
RYSANo pude dormir en toda la noche, me sofoca la decisión que tomé, pese a tener una nueva oportunidad, se siente como caminar directo a la horca. Todos son mis enemigos, quiero proteger a los míos, sin embargo, me cuesta hacerlo cuando ellos me ocultan muchas cosas, una de ellas es mi verdadero origen.«No puedo pensar en eso, primero tengo que asegurar la vida de mi padre y hermano. Después, me encargaré de conseguir más información acerca de mis verdaderos padres»El día va empezando y ya se siente igual que el inicio de una película de suspenso. Observo la hora que marca el reloj digital sobre el mueble a un costado de mi cama, son las once de la mañana, jamás me había permitido despertar tan tarde, sin embargo, después de la horrible noche llena de pesadillas, ameritaba más descanso. Tomo una bocanada de aire, me levanto, me doy una ducha y me visto, saliendo de mi habitación, el aire se comprime en mis pulmones, tengo mucho qué planear, en especial, el cómo daré la noticia de







