INICIAR SESIÓNRYSA
Despierto con el leve susurro de las cortinas al moverse, con el viento frío de la mañana rozándome la piel. Hoy cumplo veinticinco años. Es irónico pensar que he llegado a esta edad siendo la esposa de Davian Rossetti, un hombre que parecía perfecto hace cinco años, pero que ahora se siente como una sombra constante a mi alrededor.
Miro al techo, incapaz de moverme por un momento. ¿Es esto felicidad? ¿Es este el futuro que soñé alguna vez? El peso de la responsabilidad, de ser la señora Rossetti, la mujer de uno de los hombres más influyentes del mundo de la mafia, no me ha dejado espacio para mí misma. Pero hoy… hoy quiero creer que será diferente. Tiene que serlo.
Dejo las sábanas de seda deslizarse por mi cuerpo al levantarme. Camino hacia el espejo del tocador, estudiando mi reflejo con ojos críticos. Mi rostro aún parece joven, pero mis ojos azules, no. Hay algo apagado en ellos. Algo roto. Paso los dedos por mi cabello castaño y trato de sonreír, pero incluso esa mueca parece forzada. Suspiro y me preparo para el día, hoy no es solo mi cumpleaños, también es nuestro aniversario de bodas. Tal vez, solo tal vez, Davian recuerde lo importante que es este día para mí.
Bajo al comedor y, como siempre, todo está impecable. Los criados se mueven en silencio, colocando cada plato en su lugar como si fuera parte de una coreografía ensayada. Bella, mi doncella, está allí, con su rostro perfecto y su sonrisa tan calculada como cada uno de sus movimientos.
—Feliz cumpleaños, señora Rossetti —me dice mientras me entrega una taza de té.
—Gracias, Bella —Trato de ser amable, aunque algo en su tono siempre me resulta… extraño.
Llevo casi toda una vida conociéndola, ella es la persona que me acompaña a todas partes, y aunque debería verla como algo tan cercano como una amiga íntima, no es así, siempre hemos mantenido la distancia. Miro a mi alrededor, la mesa está llena de platillos que apenas probaré, hay un ramo de flores en el centro, un regalo de Davian. Claveles blancos. No son mis favoritas, pero no me sorprende, él nunca presta atención a esos detalles.
—El señor Rossetti llegará más tarde —dice Bella, sirviéndome una porción de fruta.
—¿Lo mencionó? —enarco una ceja con incredulidad.
—Sí. Dijo que tenía asuntos importantes que atender en la ciudad —se limita a responder sin darme la cara. Odio cuando hace eso, pareciera que oculta algo todo el tiempo.
Asiento, tragando mi decepción tras un sorbo de té. Por supuesto. Asuntos importantes. Siempre hay algo más importante que yo. Ya es una costumbre en él.
El sol comienza a llenar el comedor con su luz cálida, pero el frío en mi pecho no se disipa, a veces me pregunto si esta mansión, con toda su grandeza, no es más que una jaula dorada. Las horas pasan hasta que la tarde trae consigo algo inesperado. Mientras reviso algunos documentos en el despacho, un mareo repentino me obliga a sentarme. Respiro hondo, tratando de calmarme, pero el malestar no desaparece.
—¿Señora? —la voz de Bella me sobresalta, suele hacer eso, aparecer de la nada como una sombra que me acecha a cada segundo. Está en la puerta, con esa expresión de falsa preocupación que parece llevar consigo con orgullo.
—Estoy bien… es solo un poco de vértigo.
Sin embargo, el malestar persiste, así que decido llamar a Lucía, nuestra médica de confianza. Minutos después, aprovecho que Bella no se encuentra merodeando, estoy recostada en mi dormitorio mientras Lucía me examina.
—Rysa, creo que deberías sentarte —dice con una sonrisa suave.
—¿Qué sucede? —pregunto, aunque mi corazón ya late con fuerza, presintiendo algo.
—Vas a ser madre —eleva las comisuras de sus labios en dirección al cielo.
Por un momento, no sé qué decir. Las palabras parecen flotar en el aire, imposibles de atrapar. ¿Es esto real? ¿Finalmente…?
—¿Estás segura? —inquiero con mi voz temblando de incertidumbre.
—Completamente —Lucía toma mi mano, su mirada es cálida y comprensiva, ella sabe que he luchado por hacer esto realidad—. Sé cuánto has deseado esto. Felicidades, Rysa, estás embarazada.
Tenso el cuerpo, miles de cosas se cruzan por mi mente, en cuanto observo que ella comienza a tomar sus cosas para marcharse, la duda me invade y tiro de su brazo.
—No informes de esto a Davian.
—¿Por qué no? Sabes que no se le oculta nada, no se le puede mentir —frunce el ceño.
—Deja que sea yo quien se lo diga, solo esta vez, quiero darle una sorpresa y creo que ya tengo planeada cómo será —miento a medias.
Lucía parece dudosa, no la culpo, mentirle a Davian Rossetti, es el equivalente a tener una marca de muerte en la frente.
—Está bien, pero no tardes demasiado, no lo podrás ocultar mucho tiempo —enfoca su mirada en mi vientre.
—Gracias.
Cuando me quedo sola, me siento junto al ventanal y dejo que las lágrimas caigan. Es un torrente de emociones: felicidad, alivio, pero también un miedo que no puedo ignorar. ¿Cómo reaccionará? ¿Cambiará esto algo entre nosotros? La noche llega, y con ella, Davian. Lo recibo en el salón principal, tratando de mantener una fachada serena. Llevo un vestido que escogí con cuidado, uno que pensé que podría agradarle.
—Feliz aniversario, Davian —le digo, acercándome para besarlo en la mejilla.
Él apenas reacciona. Su expresión es fría, distante, algo está mal, la verdad es que ni siquiera esperaba a que me felicitara por mi cumpleaños, nunca lo hace.
—Tenemos que hablar —dice, y su tono me pone en alerta de inmediato.
—Yo también… tengo algo que decirte —me remuevo inquieta sobre mi eje.
—Empieza tú —dice firme.
Respiro hondo, buscando el valor para pronunciar las palabras.
—Estoy embarazada, Davian. Vamos a ser padres.
El silencio que sigue es insoportable, espero ver algo en su rostro: sorpresa, alegría, incluso confusión. Pero lo que veo es ira. Una ira que no entiendo.
—No puede ser… —Murmura, dando un paso atrás como si hubiera recibido un golpe.
—¿Qué estás diciendo? Esto es lo que siempre hemos querido.
—¡Tú no entiendes nada! —grita, y su voz es un puñal que atraviesa mi pecho—. ¡Maldición!
—¿Entender qué? —pregunto, sintiendo que mi mundo comienza a desmoronarse.
Davian me mira con una mezcla de desprecio y furia.
—No puedo seguir contigo, Rysa. Esto… —nos señala—. No debió pasar.
—¿Qué estás diciendo? —mi voz tiembla, y las lágrimas comienzan a arder en mis ojos.
—Estoy enamorado de otra mujer. De Bella, es con ella con quien he estado saliendo todo este tiempo, es ella con quien quiero estar, no contigo —espeta con firmeza.
El suelo desaparece bajo mis pies. Bella… mi doncella. La mujer que he tenido cerca durante años.
—No… no puede ser —retrocedo un par de pasos, sintiendo que las piernas en cualquier momento me van a flaquear.
—Y eso no es todo —su tono es cruel, tratando de herirme más profundo—. Descubrí que no tienes sangre pura. No eres una Botticelli. Eres adoptada. No eres la heredera que pensaba, la mafia italiana, la orden, la Cosa Nostra, jamás van a aceptar esto.
Davian me da el golpe final, tal y como suele hacer un Rossetti, despiadado, a sangre fría, haciendo que mi identidad, mi lugar en el mundo… todo se derrumbe en un instante.
—Davian, por favor… no hagas esto, debe ser un error —la confusión me aturde por segundos que me parecen eternos.
Él niega con la cabeza, dando un paso hacia mí, con la mirada oscurecida.
—Tengo que casarme con Bella, ella es la única que podrá tener a mis hijos en su vientre, ella sí tiene sangre italiana, tal vez no pura, pero es la mujer que elijo, tú solo fuiste la opción del momento —mueve el cuello con estrés—. Cuando la orden se entere de esto, la sentencia será peor, por ello no puedo dejarte viva, sabes cómo funcionan las cosas en la mafia.
Mis ojos se llenan de lágrimas que se quedan suspendidas a causa del dolor que me atraviesa el pecho.
—¿Qué estás diciendo? —pregunto, retrocediendo aún más, mi tono es apenas un susurro delirante.
—Digamos que esto lo hago como agradecimiento por haber hecho el intento de calentarme la cama, aunque follarte fue más cómo hacerlo con una muñeca sin vida.
En ese momento, Bella aparece desde las sombras, su mirada es tan fría como el hielo.
—Lo siento, Rysa —sisea, vacía de arrepentimiento—. Esto es por el bien de todos. Los Rossetti son la familia criminal más influyente dentro de la mafia italiana, no pueden tener un heredero o una esposa que no pertenece a la clase alta, eres una don nadie. Basura humana.
Me congelo.
—Tú tampoco eres de clase alta…
Una sonrisa se ensancha en sus labios fruncidos.
—No, pero soy la mujer que ama.
El miedo me invade por completo. Tienen razón en algo, sé cómo maneja las cosas esta organización criminal, así que mi cuerpo actúa antes de que mi mente pueda procesarlo, al ver sus intenciones, ella saca una pistola, esa es mi señal y corro. Corro como si mi vida dependiera de ello, porque lo hace.
—¡No la dejes escapar! —grita Davian a mis espaldas.
El frío de la noche me golpea cuando salgo al jardín. Las ramas me arañan la piel mientras me adentro en el bosque, el mismo que rodea toda la zona residencial de lo que antes consideraba un hogar, mentira, ahora lo acepto, nunca lo fue, no me detengo. Mi corazón late con tanta fuerza que creo que va a estallar. Llego al borde de un acantilado, jadeando, mis piernas temblando. Me giro y los veo acercarse: Davian con una daga en la mano, Bella siguiéndolo de cerca, sin dejar de apuntarme, cualquier movimiento en falso y estaré muerta.
¿En qué momento me perdí en este mundo cubierto de sangre inocente? Pienso en mi familia, en mi padre, en mi madre, pero, sobre todo, en Gabriel, mi hermano mayor, no, Davian debe estar equivocado, ellos son mi mundo, nunca me mentirían.
—Por favor, Davian… no hagas esto.
—Esto termina aquí, Rysa, estoy siendo demasiado amable contigo —arguye con la mirada oscurecida por el odio que me tiene.
Doy un paso atrás, pero pierdo el equilibrio. Él se lanza hacia mí, y siento el filo de la daga que sostiene con sus manos, atravesar mi vientre. El dolor es insoportable, pero más lo es ver su rostro lleno de odio y triunfo.
—No eres nada, Rysa, y ese producto que llevas en el vientre, solo es un error con el que acabo ahora mismo. Por cierto, te encontrarás con Gabriel, mi hermano Leon lo asesinó.
El dolor en mi pecho y en el vientre al empujarme, es lo último que siento. Saca la daga, sonriendo mientras Bella lo abraza por detrás, felices… ellos dos son felices. Caigo. El aire se vuelve un vacío alrededor de mí, y antes de que la oscuridad me envuelva, solo puedo pensar en una cosa: esto no puede ser el final. No quiero, desearía regresar al pasado, quisiera… que todo esto fuera una terrible pesadilla.
Cierro los ojos, dejo de luchar, el corazón se me muere, el alma se me quiebra, abrazo mi vientre deseando tener una sola oportunidad, pero es demasiado tarde, porque esta noche… he muerto a manos del hombre que ha sembrado en mí la semilla del odio, y aunque ya no pueda hacer nada, juro esperarlo en el infierno.
RYSALa cabeza me estalla, las punzadas en mis sienes son insoportables y me cuesta trabajo respirar. Un sinfín de imágenes de lo que ha pasado, son un flash por mi mente, hasta recordar las últimas crudas palabras de Leon Rossetti. Sabía que meterme con él en un juego, era peligroso, que terminaría perdiendo, el asunto es que pensé que tenía palabra. Las cosas no salieron como las pensaba, estoy más perdida que al comienzo. Lo peor es que ya sé que todo el teatro de la boda con él, todo el show de actuación con la mentira de que él obtendría algo a cambio de ayudarme, era eso; una mentira bien manipulada por el capo de la mafia italiana. Hago un conteo mental de ya no volver a confiar en nadie que no sean mi padre y Gabriel. Algo se quiebra en mi interior, porque sé que tiene razón en algo, fui ingenua, impulsiva y orgullosa. Me creí invencible por el hecho de conocer algunos acontecimientos que tendrían que pasar, evitando los caminos que me llevarían a mí y a mi familia a la ruin
LEONEl puto beso me ha jodido la cabeza. Rysa Botticelli cree que puede jugar conmigo, mi sangre hierve con una mezcla de rabia y algo más oscuro que no quiero nombrar. La miro de reojo mientras el coche avanza por las calles oscuras de la ciudad, mi estómago se contrae al verla confundida, con esos ojos azules desorbitados y esa boca entreabierta que todavía sabe a mí. La he obligado a sentarse a mi lado luego de apuntarle con un arma.—¿Qué está pasando? —su voz tiembla, aunque intenta disimularlo con firmeza, es una niña ingenua—. ¿Por qué estás aquí?No respondo. No puedo. Mi mandíbula está tensa, mis nudillos blancos agarran con firmeza el arma que descansa sobre mi regazo. El sabor de su boca aún persiste en mis labios, dulce, amenazante, adictivo, eso me enfurece más que cualquier traición. No debí haberla besado. No debí haber sentido esa corriente eléctrica recorriendo mi columna, ese estúpido latido desbocado en el pecho que ahora me avergüenza y que no sé qué significa.
RYSANo me hace feliz tener la mirada de todos encima de mí, en especial cuando mi cabeza está dándole vueltas al mismo asunto una y otra vez; ¿por qué el capo sigue con esta farsa si sabe que no soy hija biológica de Enrique Botticelli? Supongo que lo voy a tener que averiguar, no obstante, algo me dice que soy una pieza que él puede mover a su antojo en su tablero.—Deja de pensar tanto.Su voz me saca de mi ensimismamiento. Espabilo, parpadeando un par de veces hasta que caigo en la realidad de nuevo.—¿Qué?—La gente va a pensar que estás pasando un mal momento.—Es la verdad.El fantasma vago de una sonrisa apenas visible, se dibuja en su perfecto rostro.—Es la segunda vez en el día que me tratas como a un enemigo acérrimo.—Lo eres —respondo con seguridad—. Lo único que nos diferencia del resto, es que ambos queremos conseguir algo del otro, aunque no he descifrado por qué aceptas casarte conmigo ni cuál es el beneficio que obtendrás por ello.Una risa que no tiene nada de amab
RYSALa cabeza me estalla, no he podido dormir en toda la noche, dándole vueltas al mismo tema una y otra vez. He pensado en todas las opciones de una posible emboscada, al final llego a la misma conclusión, es imposible que la persona que me mandó el mensaje anoche, sea alguien que me quiera hacer daño, de lo contrario, ¿por qué pedirme vernos? ¿Por qué no solo anunciar al mundo que no tengo sangre Botticelli? Ese sería un golpe duro para mi familia. Hay algo raro aquí y pienso averiguarlo. La opresión en mi pecho no desaparece, este mal presentimiento no me ha abandonado desde que salí de aquella casa en medio del bosque. Sigo recordando al capo desnudo, cubierto de sangre, follando a su amante mientras su mirada permanece sumida en una oscuridad escalofriante. Si pensaba antes que Davian era un monstruo, Leon es el verdadero diablo, algo me dice que jugar con él es peor que el infierno, es por eso que debo ir a tientas, soy consciente de que este es su terreno, su mundo, uno en e
RYSANo tengo idea de lo que hago en el auto de Davian, hace más de dos horas que salimos de mi casa, no hemos cruzado una palabra desde entonces, es incómodo, más cuando escucho el sonido ligero de su respiración a mi lado, me pregunto si él podrá escuchar el tambor de los latidos de mi corazón. El miedo me invade, después de todo, él sigue siendo aquel hombre que no tuvo piedad de mí, mucho menos de la vida que se estaba gestando en mi interior. Ese recuerdo me sigue aplastando el pecho, creo que nunca lo voy a poder superar. Veo los árboles negros perderse detrás de nosotros, la oscuridad de la noche se los va tragando conforme avanzamos. Las luces delanteras de su auto es lo único que ilumina el camino, dentro de la espesa carretera, no hay luna, no hay estrellas, solo nubes grisáceas que anuncian una lluvia repentina. Esto ya no me gusta nada, es un Rossetti, no me debo olvidar de eso, tal vez quiera matarme como ya lo hizo, no le tembló la mano antes, ahora, no creo que sea m
RYSANo pude dormir en toda la noche, me sofoca la decisión que tomé, pese a tener una nueva oportunidad, se siente como caminar directo a la horca. Todos son mis enemigos, quiero proteger a los míos, sin embargo, me cuesta hacerlo cuando ellos me ocultan muchas cosas, una de ellas es mi verdadero origen.«No puedo pensar en eso, primero tengo que asegurar la vida de mi padre y hermano. Después, me encargaré de conseguir más información acerca de mis verdaderos padres»El día va empezando y ya se siente igual que el inicio de una película de suspenso. Observo la hora que marca el reloj digital sobre el mueble a un costado de mi cama, son las once de la mañana, jamás me había permitido despertar tan tarde, sin embargo, después de la horrible noche llena de pesadillas, ameritaba más descanso. Tomo una bocanada de aire, me levanto, me doy una ducha y me visto, saliendo de mi habitación, el aire se comprime en mis pulmones, tengo mucho qué planear, en especial, el cómo daré la noticia de







