LOGINRYSAEl corazón me late tan fuerte que siento que va a salírseme por la garganta. La mano que toca la manzana que yo iba a tomar es la misma que tantas veces me ha rozado el rostro, y su dueño me sonríe como si nada, como si el mundo no se hubiera venido abajo sobre mí en las últimas cuarenta y ocho horas.—Hola, Rysa.El alma se me cae a los pies. Retrocedo un paso, procesando lo que está pasando. «No, no puede ser real»—¿Qué haces tú aquí? —pregunto, y mi voz suena demasiado aguda, demasiado rota.Davian toma la manzana con calma, la hace girar entre sus dedos. Lleva una camisa blanca arremangada hasta los codos, el cabello oscuro revuelto por la brisa marina, y esa sonrisa suya de anuncio de perfume que siempre me pareció tan perfecta.«No pienses en eso, no confíes de nuevo, Rysa»—Podríamos decir que pasaba por el barrio —bromea pero sin gracia, sin borrar de su rostro una preocupación aparente que me pone los pelos de punta. —No seas imbécil. Esto está a miles de kilómetros d
RYSA«No volveré a confiar en nadie que no sea mi familia»Con ese pensamiento me despierto, el corazón me sigue latiendo con desenfreno, apenas y he podido dormir, la ansiedad, el terror y la incertidumbre por todo lo que ha ocurrido hace tan solo unas horas, me hacen tragar duro y no poder conciliar el sueño. Me muevo inquieta sobre la cama que huele a nuevo y está más fría que mi interior. No tenía conocimiento de esta mansión escondida de mi padre, Gabriel sí lo sabía, por supuesto. Aún no puedo olvidarme de la dura mirada que me lanzó antes de que me encerrarán en esta habitación. Lo hicieron, en cuanto puse un pie adentro, la puerta se cerró con llave. No grité por mi libertad, no hice ningún ruido que pudiera molestar más a mi padre o a mi hermano. Estando sola, me desnudé en medio de la estancia, iluminada por la tenue luz de la lámpara a un costado de la cama, y por las llamas que desprendían como brasas de infierno, provenientes de la chimenea. Arrojé al fuego todo lo que
NARRADOR OMNISCIENTELa estancia oscura se llenaba con el humo del cigarrillo de los hombres que se veían entre sí, enemigos reunidos para un fin en común. Perseus Rossetti era un hombre que se sabía manejar como un tiburón en aguas oscuras, cuando de hacer negocios con la mafia Yakuza, se trataba.Algo que lo tenía meramente orgulloso de sí mismo. Sin embargo, el ambiente era hostil. Las putas que se paseaban a su alrededor mientras les servían los tragos, casi juraban que olía a sangre, antes de que esta se derramara. Los nervios de aquellas mujeres estaban a flor de piel, un error y lo pagarían caro.—Así que tu hijo menor es el capo —rompió el silencio uno de ellos, el hermano del líder de la Yakuza; Orione Tachikawa.El silencio se alargó, mientras Perseus miraba con suspicacia las cartas de póker que sostenía con una mano. Tiro su siguiente jugada, un gruñido a su izquierda le sacó una sonrisa interna. El consejero Takashi Ochiimoto.—Lo es —se limitó a responder sin apartar la
LEÓNLa oscuridad de mi cabina privada me asfixia. Desde aquí, puedo ver cada ángulo de la habitación circular, cada rostro que se oculta tras los vidrios polarizados de las demás cabinas. El juego acaba de comenzar, y el premio en el centro de la plataforma giratoria es una mujer que, por alguna razón que aún no logro descifrar, ha logrado desestabilizar cada uno de mis planes.«Rysa Botticelli»Su vestido azul marino se ajusta a sus curvas de una manera que me obliga a apretar la mandíbula. La luz tenue la baña por completo, la única iluminación de la sala, y ella gira lentamente sobre esa plataforma mientras los números en rojo parpadean frente a cada cabina. Su postura es rígida, sus manos tiemblan apenas, pero su mirada azul, la misma que me ha desafiado desde el primer momento, permanece fija en algún punto que no alcanzo a identificar.Ya no es la misma chica valiente que me sostuvo la mirada cuando la desarmé en su habitación. Ahora está aterrada y lo disfruto.—Seis millones
RYSADuele como el infierno. No puedo creer que León me hubiese disparado, no soy tan inocente como para no haberme dado cuenta que lo hizo como una demostración de su poder sobre mí. Aun así, una voz en mi interior me dice que, si él lo deseaba en ese instante, me hubiera matado en un abrir y cerrar de ojos. —Listo. La voz del médico me saca de mis pensamientos, en cuanto me dispararon, el capo ordenó que me curaran la herida del hombro, mientras él tenía asuntos que atender con Davian. Y desde entonces, he permanecido encerrada en una habitación, en compañía del hombre italiano que ha estado evitando mirarme a los ojos. Desciendo la vista, me ha limpiado, suturado, y vendado luego de que me sacara la bala. —Deberás tomar analgésicos para el dolor, pero eso lo decidirá el capo —se limita a responder mediante una breve inclinación de cabeza, al tiempo que comienza a guardar sus cosas. Todo está mal, casi pude saborear el dulce que ofrece la vitoria y la libertad. Desde que salí d
RYSALa cabeza me estalla, las punzadas en mis sienes son insoportables y me cuesta trabajo respirar. Un sinfín de imágenes de lo que ha pasado, son un flash por mi mente, hasta recordar las últimas crudas palabras de Leon Rossetti. Sabía que meterme con él en un juego, era peligroso, que terminaría perdiendo, el asunto es que pensé que tenía palabra. Las cosas no salieron como las pensaba, estoy más perdida que al comienzo. Lo peor es que ya sé que todo el teatro de la boda con él, todo el show de actuación con la mentira de que él obtendría algo a cambio de ayudarme, era eso; una mentira bien manipulada por el capo de la mafia italiana. Hago un conteo mental de ya no volver a confiar en nadie que no sean mi padre y Gabriel. Algo se quiebra en mi interior, porque sé que tiene razón en algo, fui ingenua, impulsiva y orgullosa. Me creí invencible por el hecho de conocer algunos acontecimientos que tendrían que pasar, evitando los caminos que me llevarían a mí y a mi familia a la ruin







