INICIAR SESIÓNEn algún punto del camino me quedé dormida, no supe cuánto, pero lo cierto fue que cuando abrí los ojos fue porque alguien golpeó el costado del coche.
Me apresuré a bajar cuando escuché la puerta abrirse. Estaba tan oscuro que no podía ver ni siquiera dónde pisaba, pero parecía que para ellos no era problema porque andaban como si nada.
Caminé tras uno de los hombres, intentando ir justamente sobre sus pasos para no caer, tanto que finalmente unas enormes puertas se abrieron y las luces de una ciudad amurallada me recibieron.
Entonces vi a mucha gente, riendo, hablando, disfrutando. Pensé si toda esa gente eran también lobo, o si eran humanos, pero no hice ninguna pregunta, solo los observé y caminé tras el hombre que me guiaba.
Pronto fui llevada a una enorme habitación construida en piedra. Era enorme, tan alta que mareaba si yo veía hacia el techo.
Me senté en la cama sin entender qué era lo que pasaba. Sin embargo, no tuve que esperar mucho, puesto que unos minutos después, dos chicas aparecieron frente a mí.
Reconocí a una de ellas, era la hija del carnicero. El año pasado tuvo que ser presentada.
En cuanto me vio, me sonrió.
—Anika —dije al verla y ella asintió risueña.
La otra chica también me sonrió.
—Yo soy Tory —musitó y se inclinó—. Está noche seremos tus doncellas.
—¿Doncellas? —inquirí y ambas sonrieron pícaras—. ¿Qué significa?
—Vamos a ayudarte a bañar y vamos a prepararte —aclaró Tory, soltando una risilla—. No te preocupes, estarás bien.
—¿Prepararme para qué? —cuestioné de forma autoritaria sin entender de qué se trataba.
—Para qué más, para el Alfa —añadió Anika.
—¿Va a comerme? —pregunté aterrada.
—¡Oh, sí que lo hará! —replicó Tory, ganándose un codazo de Anika—. No te preocupes, no pasará mucho. Es mejor si no eres virgen.
—¿Qué? —cuestioné sin entender.
—Ellos nos hacen sus mujeres —declaró Anika, siendo clara—. Nos eligen para ser sus… amantes, concubinas, diversión, lo quieras. A cambio, nos dan comida, alojamiento, un trabajo. No es tan malo, siempre que sigamos las reglas, no es tan malo y si les damos hijos, es mejor, subimos estatus.
—¿Qué? —Volví a preguntar—. ¿Nos traen aquí como prostitutas?
—No, solo… bueno, algo así, somos sus mujeres, pero no somos su pareja. Ellos encontrarán a su pareja en algún punto y si ellas deciden que no nos quieren, nos dejarán ir —declaró Tory mientras se encogía de hombros—. Cualquier cosa es mejor que vivir en ese pueblo donde no hay nada, aquí a veces nos dan regalos.
—Serás la mujer del Alfa, seguro que te irá mejor —añadió Anika.
—Pero dicen que el Alfa es sanguinario —repliqué sin comprender del todo lo que significaba nuestra presencia en aquel lugar—. ¿Somos esclavas?
—Sí, lo somos, con ciertas libertades, pero no dejamos de ser esclavas —añadió Tory y soltó una risa—. Como dije, no es tan malo. Tenemos trabajo y hacemos lo que cualquier persona, solo que a veces nos llaman para… ya sabes, luego volvemos a lo de siempre.
—¿Qué pasa si encuentran a su pareja? —inquirí nerviosa.
—La pareja destinada decide si quiere que nos quedemos —aclaró Anika, apretando los labios—. también depende del lobo, algunos son más considerados que otros. De lo que debes cuidarte, es de las lobas, son unas malditas. Odian que los lobos no las miren y que año con año algunos de ellos tomen más de una humana. Son groseras y malas, no te fíes.
—Es que…
—Hablaremos mañana, por ahora es largo y no lograrás procesarlo. Mañana que pase todo, tendremos tiempo para hablar largo y tendido —dijo Tory y me dio la vuelta para ayudarme con el vestido.
Sabía que no encontraría marcas, puesto que mi madrastra pensó en todo y nunca me golpeaba donde pudiera ser visible.
—No te preocupes tanto —dijo Anika—. No son las bestias que parecen, al menos no la mayoría del tiempo.
No me dijeron nada más, solo me llevaron a la ducha, me asearon y peinaron para luego vestirme con un ligero camisón y sin más me dejaron sola.
Me senté en la cama, preguntándome si ese animal iba a abusar de mí.
Había escuchado tantas cosas de él, que tenía pánico.
Se decía que el Alfa Magnus era cruel, despiadado, sanguinario, y que no elegía mujeres porque a las que había elegido alguna vez, había muerto.
—Dios —dije temerosa, pero cualquier cosa que pudiera pensar, murió cuando escuché los sonoros pasos por el pasillo y casi de inmediato, la puerta se abrió para dar paso al Alfa.
Conocía su nombre, Magnus, y al verlo, imponente y salvaje, pensé que le hacía honor a su nombre.
Desde su lugar me miró y por instinto recorrí mi cuerpo hasta llegar al cabezal de la cama, abrazando mis rodillas para evitar que se acercara o más bien, como si eso lo evitara.
La bestia sonrió con malicia. Me miró y se acercó lento, así que todo lo que pude hacer fue ponerme de pie e intentar huir de la habitación; no obstante, me atrapó en apenas un movimiento y me acorraló contra la pared.
Todo lo que podía sentir era el frío de las piedras detrás de mí mientras rozaban mi espalda y también el pavor que me provocaba la cercanía del enorme hombre frente a mí.
Vi su perfecto rostro, surcado por cicatrices de batalla, pero de cualquier forma, nada le quitaba lo atractivo, más bien, le confería un aire misterioso que lo hacía más atractivo.
Quise moverme, pero él me atrapó por la cintura y me hizo mirarlo. Temblé en sus brazos y me sentí extraña, de una forma que no me había sentido nunca, algo que se incrementó cuando su nariz olfateó mi cuello, oliendo y aspirando el aroma como si quisiera grabarlo y al mismo tiempo, yo solo pude permanecer paralizada, no supe si de miedo o porque la sensación que me recorría en ese momento era extraña.
Sus labios se pasearon por mi cuello.
—Detesto el olor a humanos —murmuró con esa voz salida del infierno, pero tan caliente que provocaba algo indescriptible—. Detesto que tu aroma me provoque —añadió con un gruñido y al mismo tiempo, sus labios comenzaron un recorrido por mi cuello, deslizando su lengua por la zona.
Inevitablemente mi piel se enchinó en una sensación desconocida, mientras mis vellos se erizaban sin poder contenerme.
Un gruñido salió de sus labios al mismo tiempo que sus dedos recorrían mi rostro, desde mis ojos hasta mi clavícula.
Bajaron un poco más hasta llegar al valle de mis senos, donde sutilmente movió los dedos y acarició lento, rozando mis pezones por encima del camisón.
Mi cuerpo se crispó sin que pudiera entender del todo lo que pasaba.
Su maldita risa resonó, como si supiera lo que estaba provocando.
Permanecí en silencio y al mismo tiempo, sentí su mano moverse por todo el frente de mi cuerpo, deteniéndose en mi abdomen unos segundos antes de rodear mi cintura y atraerme a su cuerpo con fuerza, estrellándome contra su pecho.
Me miró y sonrió con malicia.
—Ustedes son las que nos complacen —dijo de forma ofensiva—. Ese es tu trabajo.
Rodeó con más fuerza mi cintura y deslizó su mano hasta mi trasero antes de darme una sonora y dolorosa palmada.
Dio un respingo cuando sentí sus manos amasar mis nalgas unos segundos antes de bajar y meterse bajo el camisón.
Mi traidor cuerpo no se movió, no supe si porque estaba aterrada o porque nunca me había sentido tan calurosa como en ese momento, mientras sus manos recorrían mis piernas y se asentaban en mi trasero.
Elegí creer que seguía inmóvil para evitar la vergüenza que sentía de mí misma.
Sus manos me recorrieron, abriéndose paso entre mis muslos hasta llegar a la entrepierna.
—Dios —dije de forma inconsciente y apreté las piernas al sentir su mano posarse sobre mi sexo.
—¿Dios? —inquirió y sonrió como un truhan—. No, Dios no. Serás el juguete del Alfa, te aseguro que vas a disfrutarlo al menos.
Su promesa hizo que algo escurriera por mi entrepierna y me maldije por sentirme así.
No movió su mano durante algunos segundos, solo observó mi rostro y yo bajaba la mirada avergonzada.
De pronto sentí los dedos moverse, abriéndose paso entre mi ropa interior y palpando los húmedos pliegues de mi coño.
Chillé al sentirme expuesta y caliente.
Agaché la vista al sentirme apenada, pero a él parecía no importarle, solo movió sus dedos y me quejé de forma involuntaria, dolorosa, casi delirante.
Deslizó sus dedos entre los labios de mi sexo, esparciendo la humedad que emanaba con su toque, fácil, casi sin problema mientras yo solo cerraba los ojos sin saber exactamente cómo sentirme, solo podía disfrutar de su toque travieso.
Escondió su rostro en mi cuello, me olió y lamió, deslizando su lengua por mi piel mientras yo solo podía emitir un lastimero gemido al sentir sus dedos hurgando también en mi entrada.
Magnus escuchó atento y no se atrevió a decir nada, después de todo, ella parecía tener toda la razón en lo que decía y no quiso entrar en una discusión que claramente no podía ganar.Tampoco se movió un ápice ni la interrumpió, dejó que se desahogara como mejor le pareció y porque en la mirada colérica de Tessa podía ver el resentimiento y todo aquello que llevaba cargando desde hacía tiempo.—¿Sabes lo miserable que ha sido toda esta situación para mí? —susurró Tessa y en su voz había algo que le hacía sentir un cerdo. Vio sus lágrimas correr por las mejillas y sus ojos empañarse con un dolor que no podía esconder—. Cada día fue un desafío. No sabía si estabas feliz, enojado, contento o simplemente de mal humor. —Lamento que te hayas sentido así. Mi intención nunca fue hacerte daño, al menos no de forma deliberada —confesó con sinceridad mientras intentaba que ella dejara de llorar—. En mi defensa diré que no lo planeé. La marca solo se dio y ya.—¿Por qué me odias? —preguntó la jo
Magnus observó el cuerpo de Tessa desmoronarse. Por un instante se quedó pensativo, sabiendo que apenas un minuto antes ella estaba discutiendo con él y al siguiente estaba en el piso.No necesitó verla para saber lo que pasaría. Tampoco la vio tambalearse, algo dentro de él se disparó hacia ella como si una cuerda invisible lo hubiese jalado.La vio tambalearse y caer.—¡Tessa! —exclamó antes de apresurarse a ir por ella.Magnus no podía definir la sensación que lo embargó cuando vio el cuerpo de Tessa dejar de sostenerse. Viéndola ahí, con los ojos se cerrados y su cuerpo desplomado sin fuerzas, entendió lo mucho que le importaba.El impacto de saber que ella era una de sus mayores debilidades le hizo sentir miedo, un miedo inmediato, brutal e incontrolable.—¡Tessa! —gritó de nuevo pero al ver que ella seguía inconsciente, la desesperación comenzó a embargarlo.Ella no reaccionó.Magnus la sujetó con fuerza para evitar que siguiera en la dureza del piso. La cabeza de Tessa cayó co
La furia se instaló en él al recordar que su marca parecía más un veneno para ella que una bendición.Sentir en ella un olor diferente lo hizo sentir enervado. La rabia que le embargó fue indescriptible, pero a medida que la marca le permitía sentir cada cosa que ella vivía, era imposible no sentir que había otro.De cualquier forma, no pensaba dejarla partir para que otro la tomara, pero tampoco podía ignorar la situación o aquello solo se tornaría peor.La situación se estaba complicando, desde el mismo momento en que su olor no era lo suficientemente fuerte y conciso para evitar que otro la rondara.Sus instintos estaban… apagándose. No del todo, pero lo suficiente para irritarlo y para que se diera cuenta de que ella no era completamente suya, no si él seguía negando el vínculo.Sin embargo, también sabía que la manada pequeña que tenía confiaba en él y deseaban una alianza poderosa, una que los devolviera a la gloria, incluso si no lo externaban, Magnus sabía que era así y su pro
En medio de la bruma, sintió sus cómo las manos llegaron hasta la fina tela de sus bragas y poco después la hacía a un lado para rozar su sexo, con los nudillos. Sintió que los nudillos masajeaban su coño, pero en medio de la bruma, ella solo podía dejarse llevar. Sumida aun en su sueño, cerró los ojos, mordiendo ligeramente sus labios mientras disfrutaba de las sensaciones.Sintió el ligero masaje en su sexo, sintiendo los primeros estertores del inminente orgasmo. Los vestigios de su humedad rezumaban por toda su piel y escurrían impunes por la cara interna de sus piernas.Sintió el peso del hombre cernirse sobre ella, al mismo tiempo que sus dedos tocaban descarados entre sus pliegues. Los retiró y pudo escuchar el suspiro del hombre inhalando. Abrió los ojos un poco, apenas lo suficiente para entrever.Se sentía adormitada, profundamente cansada y no podía distinguir más allá de una silueta, pero sí que pudo ver perfectamente los labios del hombre y lo observó lamer los dedos qu
La mujer se giró lentamente hacia la voz que resonó detrás de ella. Miró a todos lados de forma discreta, intentando encontrar cómo escapar antes de tiempo.Con temor miró el rostro del hombre. Se sorprendió de ver que a pesar de las marcas en su cara y ese semblante sombrío y aterrador, el sujeto era extremadamente guapo.Sus intrigantes ojos se posaron sobre ella, quien instintivamente se vio retrocediendo pero a medida que lo hacía él avanzaba hacia ella.Tessa intentó huir, pero de inmediato fue tomada del brazo por el hombre, cuyos ojos se volvieron rojos en un instante y apenas por unos segundos. Se vio arrastrada lejos, sin que nadie hiciera nada a pesar de que ella exigió que la liberara.Tan pronto como pudo, él se la echó en hombros y corrió a una velocidad sobrehumana. Terminó de confirmar que no era humano.—¿Quién eres y qué quieres de mí? —preguntó nerviosa, alejándose de él en cuanto este la lanzó al piso cual costal de papa—. No sé lo que eres…—Deja de fingir que no sa
Tessa despertó y lo primero que hizo luego de comprobar que el bebé estuviera bien, fue ir a buscar a Magnus. Tuvo que hacer una pausa en el camino cuando sintió que la herida de la marca del Alfa, dolía. Se bajó la blusa para comprobarla y la vio inflamada, con un color extraño y provocándole un dolor punzante.Volvió a subir la manga de su blusa y caminó hacia el comedor, pero no lo encontró ahí. Preguntó al Beta y este le respondió con claridad:—Debe estar en su torre de caza, arriba. —Tessa miró la imponente escalera que la llevaría al lugar—. Va ahí cuando está estresado, así que seguramente lo encontrarás. Suele acostarse a dormir y descansar por horas para aclarar sus pensamientos.—Gracias. No quiero molestarlo, pero me gustaría curar su mano —respondió diligente y el otro asintió, señalándole que fuera a buscarlo.Tessa sonrió y agradeció; no obstante, se encontró con Rabel, quien le bloqueó el paso y le miró con aire de superioridad.—Iré a la ciudad en un par de horas, nece







