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Capítulo 2

Autor: Lucio
Bruno se despertó con una resaca espantosa. No tenía idea de cuánto tiempo había pasado, pero al abrir los ojos vio que estaba en la cama amplia y lujosa de un hotel.

Estaba completamente desnudo bajo las sábanas. Al ver el desorden en la habitación, era más que obvio lo que había pasado la noche anterior.

Le zumbaba la cabeza. Trató de hacer memoria: recordaba el golpe de descubrir la traición de su esposa, el dolor de no querer volver a casa y su decisión de ahogar las penas en el bar. Pero después de eso, nada.

¡Se le había borrado el casete por completo!

"¿Acaso me metí al hotel con alguna mujer del bar? Si fue así, técnicamente yo también le puse los cuernos. ¿Qué diferencia hay entonces entre Lorena y yo? No, no es lo mismo. Me voy a divorciar de ella, lo nuestro ya se acabó. ¡De ahora en adelante puedo hacer con mi vida lo que se me dé la gana!"

Bruno se consoló con ese pensamiento para calmar la culpa. Intentó incorporarse, pero un pinchazo agudo en la cabeza lo hizo soltar un quejido.

En ese momento, escuchó el ruido del agua en el baño. Al voltear, la puerta se abrió y vio a su esposa saliendo de ahí.

"¿Me atrapó? No puede ser... Lorena, tú me viste la cara de imbécil durante años y yo jamás sospeché nada de tus porquerías con ese infeliz. En cambio, yo me vuelvo loco por el alcohol una sola noche, ¿y me cae la ley en el acto? ¡Qué maldita injusticia!"

Bruno se quedó helado, mirándola fijo, sin saber ni qué decirle.

Pero antes de que pudiera abrir la boca, Lorena habló:

—Por fin despiertas. Te pasaste de copas y te quedaste dormido casi al amanecer. Debes de tener la cabeza estallando. Ya no estás para esos trotes, Bruno, que no se repita. Te preparé un café bien cargado para la resaca, levántate a tomártelo.

Bruno no notó ni un rastro de enojo en ella. Al contrario, se acercó con ternura para ayudarlo a incorporarse, dejándolo aún más desconcertado.

—¿Cómo... cómo llegué aquí? ¿Y tú cómo supiste?

En medio de la confusión que traía, Bruno recordaba haber estado en su propiedad oculta, no entendía qué hacían en ese hotel.

—¡Pues tú me mandaste un mensaje anoche rogándome que viniera! Lo que no me imaginé es que hubieras tomado tanto y que te fueras a poner como una fiera. De verdad, anoche me diste un poquito de miedo. Estabas desatado y me costó un mundo calmarte. Si te vas a poner así de salvaje la próxima vez, avísame para estar lista, porque casi me lastimas.

Lorena sonrió con picardía. Sus hermosos ojos desbordaban dulzura y tenía las mejillas ligeramente sonrojadas, derrochando un aire maduro y sumamente sensual.

El Bruno de anoche había recuperado toda su hombría, y a ella eso la había vuelto loca.

Bruno se obligó a espabilarse y revisó su celular. Vio que, en efecto, le había mandado un mensaje a Lorena la noche anterior, lo que lo dejó todavía más confundido.

No recordaba absolutamente nada. Estando tan borracho, ¿cómo demonios había podido escribir eso y hacer todo lo demás?

"Bueno... al menos esta fue la última vez que me acosté con ella como esposo", aceptó Bruno para sus adentros.

Se acomodó un poco la ropa y bajó a entregar la habitación. Se dio cuenta de que el cuarto estaba a su nombre, y tuvo que pagar mil dólares por la cuenta y el depósito.

Pidió ver las grabaciones de seguridad de la noche anterior, pero el hotel se negó de inmediato alegando las políticas de privacidad. Lo único que le soltaron fue que la persona que lo había llevado era una mujer de cabello corto y rojo.

Bruno seguía sin entender nada. Como su esposa ya lo estaba presionando, salió a toda prisa del lobby para ir a comer con ella.

Casona Dorada, uno de los mejores restaurantes de Lucana, era propiedad de la familia Braga.

Lorena pidió que los ubicaran en un salón privado y reservado.

Además de varios platillos exquisitos, le pidió especialmente a Bruno un buen levanta muertos para que repusiera fuerzas.

Después de todo, lo salvaje que había sido él la noche anterior la había hecho disfrutar como nunca... una experiencia increíble.

Bruno no tenía mucho apetito. Comió solo un poco y dejó los cubiertos a un lado.

Volvió a leer el mensaje enviado desde su celular: "Tomé de más y no quiero ir a la casa. Hace mucho que no nos metemos a un hotel para variar la rutina, ven rápido, te espero."

Era imposible que él le hubiera escrito algo así a su esposa, sobre todo sabiendo ya que ella le ponía los cuernos.

Al ver a Bruno tan distraído, Lorena sonrió de medio lado y le dijo en tono de burla:

—Ándale, tómatelo todo. Aunque sigues siendo un toro, ya tienes cuarenta años. Te tienes que tomar las cosas con calma en la cama, ¡hay que cuidar la energía para que dure!

A Bruno no le hizo ni pizca de gracia el comentario. Al mirar a su espectacular esposa sentada enfrente, un sabor amargo le inundó la boca.

Era una mujer tan increíble que, a pesar de haberla contemplado durante más de una década, jamás se cansaba de verla. Si no hubiera descubierto su traición, seguro seguiría perdiendo la cabeza por ella el resto de su vida.

Tragó saliva y soltó como quien no quiere la cosa:

—Lorena, eres una mujer hermosa... me imagino que debes tener a un montón de hombres detrás de ti allá afuera, ¿no?

—Por supuesto que sí —respondió ella, sin inmutarse.

Ella seguía comiendo despacio, derrochando elegancia en cada movimiento.

A Bruno se le revolvió el estómago al instante. Clavó la mirada en ella y disparó:

—¿Y te has acostado con alguno?

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Último capítulo

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