Bruno se quedó mirando fijo las tres pruebas de ADN que tenía enfrente. Las palabras "Exclusión de paternidad" bajo el sello rojo le daban una bofetada en los ojos.Tres hijas... y ninguna era suya.La mayor tenía quince años, la segunda once, y la más chica apenas seis. ¡Las hijas que había criado con tanto esfuerzo no llevaban su sangre!Todo era una maldita farsa.Sintió que la sangre se le congelaba en las venas. Las manos le temblaban sobre el volante mientras la furia y la impotencia lo asfixiaban.Él y su esposa, Lorena Braga, tenían la misma edad. Se conocieron a los veinticuatro, se casaron y, según todos, llevaban dieciséis años de matrimonio perfecto.En ese tiempo, ella le dio tres hijas y se desvivió por la familia. Muchas mujeres cambian muchísimo después de tener hijos, pero ella no. Al contrario, después de tres partos, su cuerpo se volvió aún más atractivo y perfecto, con unas curvas tremendas. No tenía ni una sola arruga, y su piel estaba tan suave que parecía haber
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