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Hotel.

Autor: PerezPonce
last update Fecha de publicación: 2025-08-05 03:43:40

Pasan cinco minutos que para mí resultan una eternidad. Ahí está el taxi.

El camino de regreso es deprimente: un fuerte dolor de cabeza me agobia y una vergüenza inexplicable me consume.

Nada más llegar, me tumbo en la cama. Cada pregunta sin respuesta se adhiere a mi mente como pegamento.

Conforme los minutos pasan, mis ojos adormilados y estresados se van cerrando lentamente. Una sonrisa imperceptible adorna mi rostro cuando recuerdo sus últimas palabras.

La mañana llega rápida, puntual. Intento difuminar los recuerdos de la noche mientras me dirijo a vestirme.

Esta vez no quiero usar mis típicas sayas y camisas. Elijo una falda muy alta detrás del vestido verde y una blusa fina con flores negras. La falda es algo corta, bastante osada, pero no me importa.

Mi cabello mantiene la plancha, así que lo llevaré suelto. Un poco de maquillaje atrevido y unos labios rojos sangre: no quiero impresionar a nadie, pero quiero que Sam no me tome por tonta.

La llegada es rápida. Por suerte, cuando entro, su escritorio está desierto. Jamás había visto un jefe tan incumplidor.

A los pocos minutos, la puerta se abre y mi corazón se acelera. Un nerviosismo persistente se apodera de mí.

—¡Buenos días, Estela!

Ni caso.

—Ejem… Estela, hola.—carraspea.

Finjo ser sorda, no alzo la vista y continúo tecleando. Al ver su intento fallido de saludo, se cansa y se sienta a trabajar.

No quiero dirigirle la palabra, pero no estoy en posición de ganar esta guerra con mi jefe.

—¡Estela!… pásame las ventas de ayer —me ordena, sin mirarme siquiera, extendiendo el brazo por encima del ordenador.

Me levanto segura, tomo los documentos y se los llevo. Cuando lo miro, sus ojos están tan perdidos en mí que parece que el mundo ya no gira.

Tiene esa mirada picante y profunda que tambalea mi mundo cuando recuerdo lo sucedido anoche.

—¡Estás muy bella hoy! —espeta sin pensar, en un tono relajado.

—Gracias… señor.

Al tomar asiento, no entiendo lo que sucede. La pantalla parpadea y un sonido corto e impreciso me asusta.

—Sam… Sam… ¡ayúdame!

Sam sale disparado como una flecha, se acomoda cerca de mí y con un solo clic todo vuelve a la normalidad.

—El cable, Estela, debiste removerlo —alardea, poniendo los ojos en blanco.

A pesar de que el problema está resuelto, Sam no se marcha. Su aliento a fresas me roza la oreja, emana un aroma a perfume mezclado con su olor natural, y su pecho casi roza mi hombro.

Nuestros ojos se encuentran y una atracción devastadora me corrompe por completo. Pierdo la cordura, los sentidos… todo desaparece a mi alrededor.

Poco a poco, sus labios suaves y carnosos rozan los míos. Su lengua juguetona se abre paso y me besa.

Su beso sabe a infinito, a chocolates, a cielos nublados que el sol disipa con su luz… a gloria y vida eterna.

Estoy consternada, pero no lo rechazo. Me dejo llevar por esa sensación maravillosa. Su mano suave y escurridiza acaricia mi muslo mientras me besa, subiendo poco a poco, casi llegando a mi ropa interior, cuando unos golpes estruendosos azotan la puerta.

—¡Señor Hill!… ¡Señor Hill!

Es Natali, tan imprudente e indeseable como siempre.

Sam se retira rápidamente, se sienta en su escritorio y se pasa las manos por la cabeza.

—¡Entra! —grita, acomodándose la corbata.

Cuando Natali entra, el tiempo parece detenerse. Su mirada cruel y fría arremete contra Sam, y luego se vuelve hacia mí, igual de malvada y despiadada, llena de envidia.

Es increíble… justo esta mañana había decidido cambiar mi labial. Para empeorar la situación, no era mate, sino un antiguo lápiz cremoso que se esparce por todas partes como gotas de agua.

Sam tiene toda la boca embadurnada, como si hubiera comido fresas. ¿Y yo?

—La reunión en Ohio… es para hoy, señor —le ordena Natali, cruzada de brazos.

—¿Qué… no puede ser?

—En una hora debemos irnos. Ya reservé nuestros asientos.—espeta ella ,con un tono agrio.

—Tres… —grita Sam alzando la vista.

—¿Cómo? —pregunta, intentando ignorar el rostro de Sam.

—¡Somos tres, Natali! Estela debe ir… es imprescindible.

—¿¡Imprescindible!?

—Sí… vamos, apresúrate —responde él con crudeza, evadiendo su mirada indiscreta.

Natali sale irritada, molesta. Su cabello impecable se mece con la brisa que entra por las cortinas, y da su típico portazo lleno de celos y molestia.

—Estela… ¡vamos! Te llevo a tu casa, empacas y de ahí vamos a la mía. Esta reunión es clave para la empresa, todo debe ser perfecto.

No dudo ni pregunto. Recojo mis cosas y sigo a Sam. Su auto está en el parqueo como si fuera una reliquia invaluable:en efecto un Ferrari deportivo, costoso y elegante. Por dentro, todo es negro, con su aroma  impregnado en cada asiento.

Mi hogar es pequeño y modesto. Cuando llegamos, Sam entra con prisa y ni siquiera se detiene a mirar.

Se tumba en la pequeña butaca y me apura con la mirada. Subo sin pensar, tomo ropa, maquillaje y lo esencial, y bajo con la misma rapidez.

Luego viene la otra parada.

La entrada al departamento de Sam me trae recuerdos, pero la presión del viaje y sus palabras sobre el negocio perfecto me aturden. No analizo nada más.

Por suerte llegamos a tiempo para el vuelo. Ahí está Natali, con un provocador vestido rojo que marca casi por completo su envidiable trasero. Tiene curvas perfectas y un rostro hermoso.

Sam no parece impresionado; parece acostumbrado a ver lo que se esconde tras la ropa y sabe que no es tan increíble como lo que hay afuera.

El viaje es tranquilo. Los nervios agitan mi corazón, pero la emoción lo relaja.

Al llegar al gran hotel Paraíso, alto y lujoso como el condominio de Sam, nos recibe la chica de reservaciones con una voz muy amable:

—¡Bienvenidos!—¡Vaya! Lo siento mucho, señor Hill.

—¿Qué pasa?

—Veo que son tres… pero la reservación es para dos. ¡No puede ser! —musita, rodando los ojos hacia nosotros.

Natali sonríe, arquea una ceja y se encoge de hombros, irradiando satisfacción.

—No se preocupe, señor. Tengo otra habitación, solo hay un detalle: es la única y debe ser compartida. Lo siento mucho —comenta la chica, con aflicción.

—¡Oh! Perfecto… no se preocupe. Nosotros nos quedaremos en ella, la otra será para la secretaria.

Mis ojos se iluminan y no puedo evitar voltear hacia Natali. Está que echa fuego; su enojo es evidente. Aprieta sus uñas extravagantes contra su bolso caro, se da la vuelta y busca su habitación sola.

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Último capítulo

  • Cinco    Final que no culmina.

    Pero mi mirada se vuelve a Sam con un brillo cómplice, todos se marchan, hasta Mark. Cuando el silencio prevalece me siento al sofá . —Sam... Debo decirte algo ... Estoy... —¿Embarazada? —gritamos al unísono. Sam se lanza hacia mí , con un abrazo tan fuerte que no respiro. —¿Cómo lo ...? —Intuición—me corta eufórico, besa mi frente y acaricia mi vientre aún plano. Su sonrisa no se despega, se queda ahí , quieta. —¡Estoy tan feliz Tela! —chilla y me abraza nuevamente . No sé cómo reaccionar, así que me quedo en silencio , y lo dejo estar . —Llamaré a la doctora de la aldea —me dice , atolondrado, se pone de pie y corre hacia las llaves del auto. —Yo... Debo hacer algo primero—digo, él se detiene y deja su mirada en mí, comprendiendo sin decirle. Voy al botiquín y tomo un frasquito diminuto, y una agujita,él se acerca .—Hazlo tú...por favor —le pido y giro la cabeza hacia el lado.Con mucha delicadeza hace un corte en mi dedo y dejo caer la sangre dentro del frasco.Él asien

  • Cinco    Maldad en sombras

    Apenas vislumbro una silueta borrosa, pero ese cabello revuelto y esa risa despiadada la reconocerían en cualquier lugar del mundo, incluso en medio de la oscuridad más absoluta. Es ella, Laila, la que alguna vez fue sombra , ahora transformada en algo que trasciende la forma humana, una manifestación pura de su fuerza y de su rabia contenida durante años. Mi corazón se acelera, y por un instante siento que la realidad se vuelve líquida, como si el tiempo mismo se doblara ante la presencia de lo que está a punto de suceder.Sin previo aviso, Laila se transforma frente a mí en un lobo enorme, más grande de lo que cualquier criatura natural podría ser, con los huesos marcados bajo la piel y la carne que parece supurar un líquido viscoso y oscuro, casi tan antiguo como la tierra. La esencia de su ser se derrama en un aroma a hierro y a fuego, y no hay espacio para la duda ni para el miedo: se empuja con sus patas traseras y lanza un mordisco feroz hacia Kárida, que apenas tiene tiempo

  • Cinco    El infierno

    Un chico moreno se materializa frente a mí. —Ten... Aire..., limpió mi alma , también mis pulmones,obligar a quien amas no es lograr lo que te propones —dice Jhonas, empujando un aire limpio hacia mi cuerpo,lo absorbo,y puedo respirar mejor .La sombra se despega más de prisa de Mark, mientras Miranda intenta evadir el torbellino de aire y camina hacia mí.—Aquí hay tierra,la heché sobre mi hermano,y mi corazón se partió,no se entierra tu sangre ,el poder es nada ,en mi ya se perdió —el chico de la oficina esparece tierra sobre mí.Siento que me muevo con más libertad.—Agua para desprender las cadenas ,atado a tu mate el amor te llena —susurra el beta que rechazó a la chica —Fuego en mi corazón,matar no es la solución —dice el de la cuarta regla:convertirse por matar al alfa.La sombra casi llega a Miranda ,ya no ardo, siento una mezcla de poder ...y paz silenciosa.Pero creí que el fuego representaría a Cyrus,solo existen cuatro elementos,y son cinco reglas para convertirse en alf

  • Cinco    Casi al final

    El aire cambia, y puedo percibir cómo el lugar responde a mi presencia. Cada objeto, cada rincón, parece vibrar con la energía liberada. —¡Aquí queridos!... Llegan justo a tiempo —dice el diablo, saliendo de quién sabe dónde. No digo nada , él tampoco y lo seguimos,abre una de las puertas de acero.Dentro todo está impecable, no parece que estamos a un paso del mismísimo infierno La pintura cuelga en la pared, más viva que nunca, y siento cómo su mirada parece atravesar el tiempo y el espacio, como si conociera cada secreto, cada deseo y cada miedo.La energía que contiene es peligrosa, pero también es nuestra mejor arma si sabemos cómo usarla.Cada sombra que emite parece intentar alcanzar mi mente, susurrando los deseos que nunca quise admitir y las promesas del pacto que me atan. Siento un tirón profundo en el pecho; es como si el lienzo conociera cada temor y deseo que he guardado en secreto.—Estela… —susurra Sam a mi lado, su voz firme pero suave—. No te acerques demasiado. M

  • Cinco    Al más allá.

    Termino todo y cuando voy por el tercer vaso de zumo Sam se levanta de golpe. Regresa al rato , cuando ya estoy lavando la loza. —¿Dónde estabas ? —le pregunto, él se coloca a mi lado hojeando un libro . —¿Aún lo tenías ? —chillo,me seco los dedos en la blusa y se lo arrebato. —Claro... Pero creí que lo había perdido, no encuentro nada que diga que soy heredero de un guardián... Tampoco más , el diario llega hasta aquí solamente —me dice llegando a la última hoja , que en efecto, solo contiene pintarrajos torcidos. Debe ser idioma sumerio. —Mira Sam ,¿Lo habías visto antes ? —chillo de repente, viendo algo muy raro que no noté la última vez . Sobre la hoja estrujada, yace un dibujo de un hombre de pelo negro y saco hasta las rodillas:el diablo, a un costado una frase y un humo hacia una chica jóven de ojos dementes:Miranda. —Contiene el pasado porque ya pasó y el presente porque se está escribiendo, pero debería tener el futuro completo —dudo,y pienso. —Esto llevará el diablo

  • Cinco    Triste.

    Un hombre cubierto de pieles y la cara pintada está cerca de la hoguera. Junto a él, una chica jóven. Entonces la música se detiene de golpe. Él se vuelve hacia ella y levanta la mano al aire . —Te rechazo —dice ,y todos a su alrededor se quedan boquiabiertos. Ella explota en llanto, y cae de rodillas sobre el suelo, su pecho se enciende , como si quemara brasas vivas . La multitud pasmada, simplemente se retira, entre murmullos , y miradas de indiscreción. —¿Por qué, por qué lo hiciste, pensé que me amabas ? —lo enfrenta ella , con las manos cubriendo su pecho. —Lo siento, la luna me elegirá a mí y seré el alfa , su poder no recaerá en ti —le dice y entonces ella sonríe. Se pone de pie . —Maldito tonto, la luna no me elige por poder , tampoco lo hará contigo. Entonces se retira y se queda solo, cuando se marcha llega Kárida y repite el ritual. Nos vamos y llegamos a unos arbustos manchados de sangre , el chico mira al cielo con las manos igual, y en el suelo, un hombre her

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