INICIAR SESIÓNLas lámparas irradian una luz tenue y opaca; solo se percibe el brillo del portátil en nuestros rostros, creando un ambiente tranquilo y reconfortante.
Me acomodo un poco cerca de Sam. El vestido se me encoje tanto que casi llega a mi ropa interior, pero no me doy cuenta.
Le explico conceptos de informática que aprendí por mi cuenta y preparo una tabla en Excel para que me comprenda. Siento la garganta seca de tanto hablar.
Él parece entender todo, pero hay un nerviosismo contenido que se nota en su mirada. Sus pupilas se dilatan ligeramente, y cada tanto sus dedos se tensan sobre el escritorio, como si midiera su propia fuerza.
Sus ojos recorren el enorme ventanal, cubierto por cortinas. La luna llena brilla fuera, y noto que algo en él parece reaccionar a esa luz: la piel se le ve más tersa, la respiración más controlada… y la tensión en sus músculos es imposible de ignorar.
—Sam… Sam.
—Sí… sí… ¡lo entendí todo perfecto!
—Sam… ¿ocurre algo? Pareces querer escapar por la ventana —pregunto, rodando mis ojos por su rostro mientras señalo la pantalla.
—¿Qué hora es?
—Las diez y diez.
Suspira profundamente, como si esperara algo. Sus pupilas siguen dilatadas y su mirada oscura parece captar cada detalle de la habitación, incluso la mía, sin dejar de contener un instinto que parece salvaje.
—¿Quieres que te traiga algo de beber?
—No sé… quizás otra soda —titubeo, dando el último sorbo.
—No… me refiero a un poco de vino. Es muy suave, todavía tenemos un par de horas —me interrumpe, mirando su reloj, que al parecer ni siquiera sabía que llevaba.
—Es que… no bebo alcohol —farfullo, cruzándome de brazos.
—Disculpa si es demasiado para ti… ¡pero te invito! Vamos.
—Bueno… de acuerdo, solo un poco, ¿sí?
Se pierde entre las cortinas otra vez. Cada segundo que pasa me enredo más en esta situación: de una simple clase de Excel en el trabajo, termino aquí, bebiendo con un chico que acabo de conocer… y que, para colmo, es mi jefe.
—¡Aquí tienes!
Sam entrega una copa de vino color miel, con un aroma embriagador, pero su mano tiembla ligeramente y un destello de locura cruza su rostro. Su mirada recorre mis muslos descubiertos, fijándose en la comisura de mi ropa interior azul.
—Sam… ¿estás bien? La luna te está volviendo loco… je —sonrío, dando un sorbo que me calienta hasta el estómago.
Sam reacciona con furia y timidez a la vez. Tiembla y sus pupilas permanecen negras.
—Lo siento… esta noche… ¡estoy bien! ¡Estoy bien! —arrastra las palabras, con la lengua enredada y la mirada cortante.
Para la segunda copa, Sam está tan cerca que puedo analizar cada detalle de su rostro. Una sonrisa maliciosa y muy sexy se dibuja en sus labios mientras no deja de mirarme, hasta que siento un leve cosquilleo de incomodidad.
—¿Qué te parece si jugamos a algo? —pregunta, algo atolondrado.
Sus palabras suenan lejanas, su rostro ligeramente borroso. Una alegría placentera me recorre: el vino parece estar haciendo efecto.
—Sí… claro.
—Te haré tres preguntas, tú también a mí… y si alguien cree que no debe responder, se quita una pieza de ropa. Al final… ¡habrá una sorpresa! —celebra, ladeando la cabeza con la mirada perdida.
Un calor extraño recorre mi cuerpo. No es por la bebida, es por algo más… algo que no controlo. Es una propuesta indecorosa y, obvio, debería decir que no.
—Sí, claro —respondo, con la garganta seca a pesar del vino.
—Comienzo yo… ¿vale?—chilla él,con una alegría casi espeluznante en su voz —¿Tienes novio?
—No.—repondo blanqueando los ojos.
—Mmm… muy fácil… ¿eres virgen?
Un hormigueo carcome mi pecho y mi corazón se acelera. Me pongo de pie.
—Solo tengo dos piezas de ropa: mi vestido y mi braga —mi voz suena difusa, y no puedo pensar con claridad.
—¿No llevas sujetador, Estela?—me cuestiona descaradamente.
—No… este vestido trae relleno, no lo necesito… pero no quiero responder.
Los ojos de Sam se iluminan, pendientes de cada movimiento mío. Sutilmente, se nota un bulto en su entrepierna. Disimuladamente, se coloca la mano sobre él, intentando distraerme.
—¡Cambiemos las reglas! Esta vez me la sacaré yo.—suelta de repente.
—¿Qué te sacarás? —pregunto sin pensar.
—La ropa, Estela… la ropa.
Sam se pone de pie y se quita el pulóver. Puedo ver más tatuajes en su pecho, músculos marcados y algunas cicatrices. El sudor le recorre el cuello formando un surco hasta el abdomen. Mis ojos lo siguen, perdiéndose en su ombligo.
Una humedad recorre mi cuerpo; siento el suelo moverse con cada latido de mi corazón. Mi boca está reseca.
—Última pregunta, Estela… ¿yo te gusto?
Un as bajo la manga, muy astuto.
Tomo el borde de mi vestido, lo bajo lo suficiente y me quito la braga.
—¡Aquí está mi pieza!—grito casi ,con mi braga entre mis dedos
Los ojos de Sam parecen irradiar luz. Se carraspea y se sienta, colocando un cojín sobre su entrepierna y pasando las manos por su cabeza.
—Ahora… tú.—me órdena con el sudor formando una segunda piel sobre su cuerpo.
—Muy bien, Sam… ¿tienes novia?
—¡No! —sonríe malévolamente.
—De acuerdo… ¿yo te gusto?
Sam se pone de pie nuevamente. Me mira como si no existiera nada más en el mundo y se quita el pantalón.
Ahora puedo ver claramente su ropa interior alzada por completo, el sudor le empapa el vientre y sus ojos acechantes parecen acorralarme, como si fuera presa.
—Última, Sam… ¿qué harías si me quito el vestido?
El silencio llena la sala. Su bulto parece a punto de explotar. Con una mirada desafiante y tono calmado, responde:
—¡Follarte hasta que te desmayes!
Mis ojos se pierden en los suyos. El pecho me explota, las manos me tiemblan.
—Las… las doce… Estela, debes irte —interrumpe de repente, mirando a todos lados.
—¿Qué?… ahora… ¿por qué?
Sam está extraño. Se viste rápidamente, temblando, y parece empujarme fuera del departamento. Me visto a toda prisa, lo observo dubitativa.
—Te llamo un taxi. Aguarda abajo —me ordena, apagando el portátil.
Sus ojos son aún más extraños que antes; su cabello parece más alborotado y los labios resecos. Casi me empuja afuera y cierra de un portazo.
Es increíble… no comprendo nada. La culpa me remueve el alma y estremece cada fibra de mi ser. No debí aceptar tal propuesta. Soy una persona tranquila, muy cuerda… y no sé en qué estaba pensando.
Pero mi mirada se vuelve a Sam con un brillo cómplice, todos se marchan, hasta Mark. Cuando el silencio prevalece me siento al sofá . —Sam... Debo decirte algo ... Estoy... —¿Embarazada? —gritamos al unísono. Sam se lanza hacia mí , con un abrazo tan fuerte que no respiro. —¿Cómo lo ...? —Intuición—me corta eufórico, besa mi frente y acaricia mi vientre aún plano. Su sonrisa no se despega, se queda ahí , quieta. —¡Estoy tan feliz Tela! —chilla y me abraza nuevamente . No sé cómo reaccionar, así que me quedo en silencio , y lo dejo estar . —Llamaré a la doctora de la aldea —me dice , atolondrado, se pone de pie y corre hacia las llaves del auto. —Yo... Debo hacer algo primero—digo, él se detiene y deja su mirada en mí, comprendiendo sin decirle. Voy al botiquín y tomo un frasquito diminuto, y una agujita,él se acerca .—Hazlo tú...por favor —le pido y giro la cabeza hacia el lado.Con mucha delicadeza hace un corte en mi dedo y dejo caer la sangre dentro del frasco.Él asien
Apenas vislumbro una silueta borrosa, pero ese cabello revuelto y esa risa despiadada la reconocerían en cualquier lugar del mundo, incluso en medio de la oscuridad más absoluta. Es ella, Laila, la que alguna vez fue sombra , ahora transformada en algo que trasciende la forma humana, una manifestación pura de su fuerza y de su rabia contenida durante años. Mi corazón se acelera, y por un instante siento que la realidad se vuelve líquida, como si el tiempo mismo se doblara ante la presencia de lo que está a punto de suceder.Sin previo aviso, Laila se transforma frente a mí en un lobo enorme, más grande de lo que cualquier criatura natural podría ser, con los huesos marcados bajo la piel y la carne que parece supurar un líquido viscoso y oscuro, casi tan antiguo como la tierra. La esencia de su ser se derrama en un aroma a hierro y a fuego, y no hay espacio para la duda ni para el miedo: se empuja con sus patas traseras y lanza un mordisco feroz hacia Kárida, que apenas tiene tiempo
Un chico moreno se materializa frente a mí. —Ten... Aire..., limpió mi alma , también mis pulmones,obligar a quien amas no es lograr lo que te propones —dice Jhonas, empujando un aire limpio hacia mi cuerpo,lo absorbo,y puedo respirar mejor .La sombra se despega más de prisa de Mark, mientras Miranda intenta evadir el torbellino de aire y camina hacia mí.—Aquí hay tierra,la heché sobre mi hermano,y mi corazón se partió,no se entierra tu sangre ,el poder es nada ,en mi ya se perdió —el chico de la oficina esparece tierra sobre mí.Siento que me muevo con más libertad.—Agua para desprender las cadenas ,atado a tu mate el amor te llena —susurra el beta que rechazó a la chica —Fuego en mi corazón,matar no es la solución —dice el de la cuarta regla:convertirse por matar al alfa.La sombra casi llega a Miranda ,ya no ardo, siento una mezcla de poder ...y paz silenciosa.Pero creí que el fuego representaría a Cyrus,solo existen cuatro elementos,y son cinco reglas para convertirse en alf
El aire cambia, y puedo percibir cómo el lugar responde a mi presencia. Cada objeto, cada rincón, parece vibrar con la energía liberada. —¡Aquí queridos!... Llegan justo a tiempo —dice el diablo, saliendo de quién sabe dónde. No digo nada , él tampoco y lo seguimos,abre una de las puertas de acero.Dentro todo está impecable, no parece que estamos a un paso del mismísimo infierno La pintura cuelga en la pared, más viva que nunca, y siento cómo su mirada parece atravesar el tiempo y el espacio, como si conociera cada secreto, cada deseo y cada miedo.La energía que contiene es peligrosa, pero también es nuestra mejor arma si sabemos cómo usarla.Cada sombra que emite parece intentar alcanzar mi mente, susurrando los deseos que nunca quise admitir y las promesas del pacto que me atan. Siento un tirón profundo en el pecho; es como si el lienzo conociera cada temor y deseo que he guardado en secreto.—Estela… —susurra Sam a mi lado, su voz firme pero suave—. No te acerques demasiado. M
Termino todo y cuando voy por el tercer vaso de zumo Sam se levanta de golpe. Regresa al rato , cuando ya estoy lavando la loza. —¿Dónde estabas ? —le pregunto, él se coloca a mi lado hojeando un libro . —¿Aún lo tenías ? —chillo,me seco los dedos en la blusa y se lo arrebato. —Claro... Pero creí que lo había perdido, no encuentro nada que diga que soy heredero de un guardián... Tampoco más , el diario llega hasta aquí solamente —me dice llegando a la última hoja , que en efecto, solo contiene pintarrajos torcidos. Debe ser idioma sumerio. —Mira Sam ,¿Lo habías visto antes ? —chillo de repente, viendo algo muy raro que no noté la última vez . Sobre la hoja estrujada, yace un dibujo de un hombre de pelo negro y saco hasta las rodillas:el diablo, a un costado una frase y un humo hacia una chica jóven de ojos dementes:Miranda. —Contiene el pasado porque ya pasó y el presente porque se está escribiendo, pero debería tener el futuro completo —dudo,y pienso. —Esto llevará el diablo
Un hombre cubierto de pieles y la cara pintada está cerca de la hoguera. Junto a él, una chica jóven. Entonces la música se detiene de golpe. Él se vuelve hacia ella y levanta la mano al aire . —Te rechazo —dice ,y todos a su alrededor se quedan boquiabiertos. Ella explota en llanto, y cae de rodillas sobre el suelo, su pecho se enciende , como si quemara brasas vivas . La multitud pasmada, simplemente se retira, entre murmullos , y miradas de indiscreción. —¿Por qué, por qué lo hiciste, pensé que me amabas ? —lo enfrenta ella , con las manos cubriendo su pecho. —Lo siento, la luna me elegirá a mí y seré el alfa , su poder no recaerá en ti —le dice y entonces ella sonríe. Se pone de pie . —Maldito tonto, la luna no me elige por poder , tampoco lo hará contigo. Entonces se retira y se queda solo, cuando se marcha llega Kárida y repite el ritual. Nos vamos y llegamos a unos arbustos manchados de sangre , el chico mira al cielo con las manos igual, y en el suelo, un hombre her







