LOGIN—Padrino, me equivoqué, no volveré a ir al club nocturno... Mmm, ahí no me puedes tocar. A altas horas de la noche, en la entrada del club nocturno, una atractiva mujer con medias negras estaba tirada en la calle, tan borracha que dejaba a la vista su calzoncito blanco. Me puse eufórico y deslicé la mano por debajo de su falda. Para mi sorpresa, me confundió con su padrino y creyó que venía a darle una lección, por lo que se quedó tan asustada que no se atrevió a moverse. Aproveché la situación para separarle las piernas y me abalancé sobre ella con fuerza. —¡Padrino! ¿Por qué me castigas de esta manera? —gritó aterrada.
View More—Lo siento, señora. En el sistema oficial no existe ningún registro de matrimonio a su nombre. Legalmente... usted es una mujer soltera.
Las palabras de la funcionaria cayeron sobre Lola como una balde de agua helada, petrificándole la sangre en las venas.
El Registro Civil estaba sofocante. El zumbido monótono de los ventiladores viejos y el golpeteo rítmico de los teclados creaban una atmósfera pesada, casi asfixiante.
Lola había llegado a toda prisa solo para tramitar la renovación de su acta de matrimonio perdida.
—Eso... eso es imposible —dijo Lola, forzando una sonrisa temblorosa mientras se apoyaba contra el mostrador de cristal—. Debe haber un error en su base de datos. Por favor, busque bien. Mi nombre es Dolores Bárcenas Villejo. Estoy casada. En solo tres días cumpliré mi primer aniversario de bodas.
La empleada ni siquiera se molestó en mostrar empatía. Con dedos perezosos, volvió a teclear sobre el gastado teclado.
—Dígame el nombre completo de su cónyuge.
—Darius Loredo Rivas.
Al escuchar el nombre, la funcionaria hizo una pausa imperceptible.
Revisó en su computadora. Un destello de extrañeza cruzó por sus ojos apagados.
—Efectivamente, el señor Darius Loredo Rivas aparece en el sistema como un hombre casado —declaró la mujer con voz neutra—. El acta fue registrada hace exactamente un año.
Lola soltó un suspiro ahogado, sintiendo que el corazón le volvía al pecho. Una oleada de alivio artificial la recorrió.
—¿Lo ve? Se lo dije, fue solo un fallo del sistema...
—El problema, señora, es que no está casado con usted —la interrumpió la funcionaria sin un solo tono de piedad.
Giró la pantalla de la computadora hacia Lola.
El mundo no se detuvo de golpe; en lugar de eso, la realidad de Lola se fragmentó en mil pedazos invisibles.
Lola se inclinó hacia adelante, con las pupilas dilatadas por el horror.
Sus ojos recorrieron la pantalla iluminada, devorando cada letra negra.
CÓNYUGE MASCULINO: Darius Loredo Rivas
CÓNYUGE FEMENINO: Chantal Bárcenas Villejo
ESTADO CIVIL: Casado.
Chantal Bárcenas Villejo. Su hermana. Su propia hermana.
La mujer que compartía su misma sangre.
—No... no, esto es una locura —musitó Lola, dando un paso hacia atrás como si la pantalla la hubiera golpeado físicamente. Las manos le empezaron a temblar de forma incontrolable—. ¡Es un error de digitación! ¡Esa es mi hermana! ¡Yo soy la esposa de Darius!
—El sello digital y las firmas del acta oficial coinciden con los registros del Estado —respondió la mujer, entregándole un papel recién impreso con una indiferencia cruel—. Es el documento legal. Ante la ley, la esposa legal es Chantal Bárcenas.
Lola sostuvo la hoja impreso. El papel crujió bajo la fuerza de sus dedos temblorosos.
Ahí estaba. Los sellos de agua, la tinta fresca, la firma elegante de Darius... colocada justo al lado del nombre de su hermana.
Un año.
Había vivido 365 días en una mentira perfecta. Había entregado su cuerpo, su corazón, y su devoción a un hombre que cada noche la llamaba "esposa", mientras en el papel, la dueña de su posición era otra.
Lola retrocedió un paso, rozando la pared con la espalda para no colapsar en el suelo.
Si ella no era la esposa legal... ¿qué habían sido estos 365 días de matrimonio?
¿Qué eran los besos apasionados de Darius cada noche? ¿Qué eran las promesas de amor eterno que él le susurraba al oído mientras la poseía en la oscuridad?
¿Una farsa? ¿Un juego perverso orquestado por el hombre que juró protegerla y la hermana de sangre?
La señora Silvia terminó de revisar las fotos, apagó su cigarrillo y su expresión se volvió muy seria.—Al principio no quería involucrarte en esto. —Sacó una memoria USB de su bolso—. Aquí adentro están los libros contables originales con los que Armando lava dinero, además de una lista con todos sus desfalcos.—Antes no me atrevía a usarla porque no había pruebas directas que lo señalaran —continuó.—Pero ahora, con la evidencia de evasión fiscal que tú tienes, es más que suficiente para refundirlo en la cárcel por el resto de su vida.—Sin embargo... —Me miró fijamente a los ojos—. Una vez que entreguemos esto, no habrá marcha atrás. Es muy probable que también te investiguen a ti, e incluso podrías enfrentarte a represalias severas.Tomé la memoria USB y la apreté en mi mano, sintiendo cómo el peso de la situación me hacía volver a la realidad.—No tengo otra opción —respondí.Después de guardar la memoria, me despedí de la señora Silvia y regresé a mi casa.A las ocho y media de l
Mis compañeros bajaron la cabeza y fingieron estar trabajando; nadie se atrevía a mirar en nuestra dirección.Me levanté y lo seguí hasta su oficina. En cuanto la puerta se cerró, Armando vació todo el contenido del sobre sobre el escritorio.Eran unas fotografías, imágenes de ayer donde aparecíamos Dayana y yo entrando a mi casa.—Te crees muy listo. —Armando apretó las mandíbulas y me clavó un dedo en el pecho—. Crees que ya ganaste, ¿no?No dije nada, solo me quedé mirándolo.—Lo del fisco es solo una revisión de rutina, ¿de verdad crees que pueden hacerme algo? —Se rio con burla, sacó un documento del cajón y me lo arrojó—. Este es el acuerdo de confidencialidad y no competencia de la empresa. Fírmalo y lárgate de aquí; además, te prohíbo volver a esta ciudad.Revisé el documento. Las cláusulas eran bastante estrictas: no podría trabajar en el mismo rubro durante tres años y debía presentar mi renuncia de inmediato.—No voy a firmar. —Arrojé los papeles de vuelta al escritorio.La
Dayana levantó la cabeza y, al verme, la mirada apagada que tenía de pronto se iluminó.Por instinto quiso correr hacia mí, pero el director Salazar estiró el brazo y la agarró de la muñeca con tanta fuerza que hizo que arrugara la frente.Él me acorraló contra la pared; el olor a puro que desprendía era tan fuerte que resultaba asfixiante.—¡Idiota! ¿No he sido demasiado bueno contigo en la oficina? —me recriminó, golpeándome el pecho con las llaves del auto—. Aléjate de ella. Si no lo haces, ve a Recursos Humanos por tu carta de renuncia. Le avisaré a todos en la industria; cualquiera que se atreva a contratarte se las verá conmigo, Armando Salazar.Me llevé la mano al pecho, pero no retrocedí; mi mirada pasó por encima de él para fijarse en Dayana.Ella se estaba mordiendo el labio inferior y me miraba con los ojos enrojecidos. —Suéltala —exigí—. Es una persona, no es de tu propiedad.El director Salazar se rio y levantó una mano con la intención de empujarme por el hombro.Me hice
Ella sonrió; era la sonrisa de alguien que se quita un gran peso de encima, acompañada de un toque de determinación.Intercambiamos números de teléfono y nos separamos a toda prisa, como si fuéramos ladrones, desapareciendo cada uno en la noche.En ese momento, creí en el poder del amor y estuve seguro de que podría sacarla de ese pozo en el que estaba.Sin embargo, el destino me tenía preparada una broma pesada.***Lunes por la mañana, reunión habitual en la empresa.Las puertas de la sala de juntas se abrieron y Armando Salazar, nuestro jefe, famoso por su mal genio y su necesidad de controlarlo todo, entró con pasos largos y decididos.No solo era quien llevaba las riendas de la empresa, sino también un sujeto conocido en la industria por ser implacable.Se decía que tenía un carácter explosivo; a la menor provocación empezaba a insultar a todos o incluso a aventar cosas.Justo cuando se dio la vuelta para escribir en el pizarrón, me quedé paralizado.¿Él era el hombre que mantenía
Ella, excitada, apretó los muslos con fuerza y sentí que me atrapaba el cuello entre sus piernas.Era la primera vez que hacía algo así en plena calle con una completa desconocida, y la emoción me tenía temblando entero.Sin querer, la penetré en un mal ángulo.De su boca escapó un gemido.—Mmm… Pad
Su falda se había enganchado sin querer y dejaba ver el calzoncito blanco que llevaba debajo.Me acuclillé a su lado, armándome de valor, y estiré la mano con sigilo. Apenas rocé su muslo, una suavidad extrema se transmitió a mi palma. Era demasiado sedoso. Las medias negras se deslizaban con facili
Me llamo Bruno Iglesias. Llevo varios años soltero y estoy desesperado por encontrar a una mujer que me haga perder la cabeza.Había oído que las chicas de los clubes nocturnos son muy abiertas y fáciles de llevarse. Sobre todo, todas se veían increíblemente jóvenes y frescas, llenas de vitalidad.
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