FAZER LOGINEl sueño de cualquiera en Noriah North sería quizás entrar a Babylon sin hacer fila, presentando una tarjeta VIP. Era casi como tener un pase de celebridad. Pero no era nuestro caso, ya que entraríamos por la puerta de servicio.
La discoteca Babilônia era simplemente gigantesca, ocupando una cuadra entera. El aparcamiento estaba abajo, bajo tierra. Pero solo aquellos que tenían el certificado VIP tenían derecho a estacionar allí.
Con clientes de élite, dado que la entrada era casi el precio de un riñón en el mercado negro, el lugar tenía mujeres de todo tipo "cazando" por comodidad con la cuenta bancaria de un hombre rico. Y, por otro lado, hombres que buscaban mujeres hermosas, calientes y famosas.
Vivíamos cerca y nuestro mejor amigo trabajaba allí y nunca habíamos puesto un pie dentro.
Salma había trabajado allí durante muchos años. Pero mi amiga fue muy correcta y nunca se planteó darnos pases gratis, ni siquiera por la entrada donde hoy había decidido ir en contra de todo lo que nos había dicho durante años.
Me picó la curiosidad. Sabía que Salma era bailarina. Y claro, por lo que me contó y por fotos en los medios, más o menos me imaginaba cómo funcionaban las cosas allí. Pero siempre soñé con verlo todo en vivo y asegurarme de que las mujeres que bailaban no hicieran shows después, como decía mi amiga que no sucedía.
Salma y yo éramos muy buenos amigos. Pero creo que si saliera con alguien por dinero, nunca me lo diría.
Entramos por una pequeña puerta en la parte de atrás. Había mucho movimiento de entrada y salida: llegada de mercancías, especialmente bebidas, así como gente que entraba y salía, creo que de guardias de seguridad, cantineros , bailarines, etc. El lugar empleó a cientos de personas.
Entramos sin siquiera ser notados. Pasamos por un pasillo angosto y bien iluminado con paredes oscuras, y Salma deslizó su tarjeta magnética, abriendo la puerta grande frente a nosotros.
Allí la agitación fue aún mayor. Gente por todas partes, gritos estridentes y olores variados mezclados.
- Voy al vestidor. – explicó ella . “Y vas a ir directamente por este pasillo. - señaló . - Baja las escaleras y al final hay una puerta. Ella entregó la tarjeta. – Pasa la cerradura electrónica y estarás en el club.
Ben rápidamente tomó la tarjeta de ella con entusiasmo:
- Y tardaste años en traernos aquí... - Rodó los ojos. “Tu vida va a ser un infierno después de esto, perra. Vengo todos los fines de semana.
- Oye, así de fácil fue porque hoy es viernes. Y tuviste suerte de que el dueño de todo este puto asunto esté aquí. De ahí toda esta locura. De lo contrario, es seguridad en todas partes. Ahora están enfocados en proteger al Sr. Casanova. – explicó ella . “Porque a excepción de él, nada más importa.
- Ese pedazo de mala manera. Ben sonrió, aplaudiendo.
- Pedazo de todo... Principalmente carne... Cuando lo miro me recuerda a bistec. - Salma suspiró.
- Hmm, corazoncitos saliendo de tus ojos. Él es lindo. – continuó Ben.
- Ya tiene dueño... De hecho, no solo uno.
- Ya lo odio. - dije sinceramente.
Los dos empezaron a reír.
- ¿Odias a Héctor Casanova? Ben rió divertido. – Es simplemente perfecto.
"Un bastardo traidor, por lo que acaba de decir nuestro amigo," me encogí de hombros. - La bigamia es un delito. Y la traición es lo peor que puede hacer un ser humano.
- ¿Conoces tan bien a Heitor Casanova, Babi? - se burló Ben.
- Claro que sí... De donde conoce a Bon Jovi. “Salma ha destruido el resto de mi dignidad.
- Está bien, dos contra uno no es suficiente. - Salí mientras tomaba la tarjeta de manos de Ben, quien la mostró sin recordar que éramos unos intrusos en ese lugar, casi delincuentes.
Seguí el pasillo, contra la corriente de gente que venía por el otro lado, siendo seguido por Benício, queriendo quitarme la tarjeta de la mano como si valiera oro.
- Sabes que Bon Jovi ha estado aquí, ¿no? Me acordé de Benicio.
- Sí... ¿En 1980? – me provocó. – Creo que Heitor Casanova ni siquiera había nacido todavía. Así que Babilonia no existió, cariño.
Bajé las escaleras y lo miré antes de deslizar la tarjeta en la puerta:
- Han pasado ocho años, Ben. no vino a jugar...
- Vino a ver a Babilônia con su banda, en un fin de semana que tocó en Noriah Norte. Rodó los ojos . Lo has dicho mil veces. Abre la puta puerta de la alegría, Babi o me voy a flipar y mandaré tu Bon Jovi al cabrón.
Acomodé el sombrero negro sobre su cabeza, que estaba ligeramente torcida:
- Pisaré donde un día pisó mi ídolo. Tomé una respiración profunda.
- Solo quiero ver a Heitor Casanova, cariño. El resto es descanso. Poder decir que un día respiré el mismo aire que ese bombón.
Pasé la tarjeta y la puerta se abrió, dejándonos directamente al lado de una de las barras.
Intenté abrirlo de nuevo, desde adentro, pero no se abría:
- Sólo hay billete de ida, cariño. Me tomó las manos .
- Que sea lo que Dios quiera.
- Y esta vez lo hará, amigo mío.
Las luces brillantes y coloridas que vagaban afuera también estaban adentro. Las cajas vidriadas estaban ubicadas en varios puntos del lugar, en la parte superior. Uno de los bares era casi del tamaño de todo el Hazard, nuestro pequeño bar favorito , que estaba a una cuadra de nuestro apartamento. La otra barra, un poco más pequeña, daba al otro lado de la pista de baile.
Además de todas las bebidas, hubo cerveza tirada artesanal en diferentes sabores, elaborada por la propia marca Babilônia.
La pista de baile era enorme y tenía un escenario no demasiado grande en un extremo. El DJ estaba arriba, en una especie de escenario suspendido, de cristal. Todo era absolutamente tecnológico e impresionante.
La oscuridad fue compensada por la luz coloreada. El ritmo techno se apoderó del lugar.
Arriba, estrechos camarotes, a los que solo podía acceder la élite de la élite, con más de diez guardias de seguridad a lo largo de las escaleras de acceso. Desde allí, se podía ver a los bailarines de frente, sin tener que mirar hacia arriba y quizás provocar una tortícolis en el cuello, como si estuvieran en el fondo.
- Se fue, amigo. Ben me tiró al suelo.
- Necesito beber. Grité para ser escuchado.
- Ve allí... Te espero aquí, Babi.
Empezó a bailar solo. Fui al bar y pasé más de diez minutos pensando qué cerveza probaría. Terminé comprando uno de chocolate con pimienta. Tenía curiosidad por los sabores.
Bebí el líquido frío y sabroso. El sabor era tan maravilloso como exótico. Podría tomar diez más de esos. Suave, pero se podía oler el alcohol. Sin duda para paladares exigentes. Yo era pobre, pero de la clase de persona de paladar refinado, rica.
La copa se vació en poco tiempo. Y cuando me di cuenta, estaba consiguiendo otro. La elección esta vez fue la cereza. M*****a sea, ¿quién ha tenido el privilegio de beber cerveza de cereza ? YO.
Tan pronto como entré a la habitación, acompañado por el médico, vi a mi padre envuelto en un montón de cables que controlaban todos sus movimientos. Sabía cuánto odiaba él esa situación y la razón por la que huyó: todo se repetía, había pasado antes.Me acerqué a la cama y tomé su mano, que él apretó.- Estoy cansado. – dijo, con los ojos cerrados.- Entonces descansa.- Es complicado saber que no nos volveremos a ver... - Aún tenía los ojos cerrados - Te voy a extrañar.- No, no te lo perderás. Pero yo voy...- Sé que no fui un padre perfecto. Y por eso me disculpo. Pero entiende, nunca fue con malas intenciones. Siempre te amé, sin importar lo hijo de puta que fuera.- Creo que todo el mundo tiene una fase de mierda en la vida. Lo bueno es que podemos darnos cuenta de eso algún día. Hiciste lo mejor que pudiste.- Haz que cada gota de mi sudor cuente... Pero no pongas a North B. por encima de tu familia como hice yo.- No voy a hacer eso. No se preocupe.- Ahora... Dame un beso, hi
Tan pronto como descendimos los escalones de las escaleras laterales, la ceremonia aún continuaba, salimos afuera.Cuál fue mi sorpresa cuando encontré a Anya y Breno hablando con Nic, mientras Maria Lua estaba en su regazo, con Be en su regazo.Corrí hacia ellos, casi cayendo, mis tacones de aguja se hundían en la hierba blanda.Me detuve entre ellos y Nic, evitando que vieran a mi hija:- ¿Qué estás haciendo aquí? – pregunté, sintiendo la ira acumularse dentro de mí.- Nosotros... Sólo vinimos a ver a la chica. – dijo Anya.- No puedes verla. Ella es nuestra hija. – habló Héctor con firmeza – Si te vuelves a acercar, te pediré una medida de protección.- Realmente solo queríamos ver a la chica. Después de todo, no queremos tener el mismo final que Daniel. – dijo Breño.- No entiendo... - Me hice el tonto.- ¿De verdad crees que creemos que Daniel desapareció o se fue? Simplemente desapareció del país.- No sabemos de él - dije - Y ni siquiera quiero saberlo.- Bueno, a diferencia de
Me arreglé el vestido por última vez antes de entrar a la iglesia. Maria Lua no podía quedarse quieta y yo temí que la dama de honor no llegara al altar, pudiendo salir corriendo o correr con los anillos a cualquier parte, aunque fuera tras Be, el gato que llevaba corbata. , perdido en el gran salón, lleno de gente que apenas conocía.Mandy arregló mi vestido hacia atrás y dijo:- Creo que elegiste un vestido muy ajustado, querida. Espero que no se rompa mientras caminas al son de la marcha nupcial.- Voltea la boca para allá, abuela... Sería una pena.- Mandy, cariño, si eso sucede le cortaré el cuello a tu nieta. – dijo Ben, abanicándose con la mano – ¡Estoy tan nervioso! ¡Creo que me va a dar un ataque, lo juro!- Olha para mim, Ben – peguei o rosto dele com as duas mãos e encarei seus olhos brilhantes, como duas pedras preciosas na pele limpa e completamente perfeita e bem cuidada – Você merece cada segundo disso... Aproveite o seu dia, amor da mi vida.Besó mis labios y al instan
- ¿Mamá? María extendió sus brazos hacia mí.Sentí mi corazón romperse en mil pedazos y fui hacia ella, siendo empujado hacia el interior de la casa. La puerta se cerró y Daniel pasó la llave.- ¿Que haces aquí? - Le preguntó.María Lua me siguió con los brazos hacia mí y Daniel me impedía acercarme a ella. Fue suficiente para ella comenzar a llorar con vehemencia.Celine vino hacia mí y me entregó a la niña:- Odio su llanto. Ella es mimada y astuta.Cerré los ojos, oliendo su cabello entrando por mis fosas nasales. Su piel era cálida, la sangre circulaba por su cuerpo, sus mejillas sonrosadas.Apoyó la cabeza en mi hombro y dejó de llorar inmediatamente.- Mamá está aquí, mi amor.- ¿Papá? Ella me miró a los ojos.- ¡Papá también! - dije, viendo una sonrisa en su rostro, de esas que me hacían perder la cabeza y donar un riñón sin pensarlo dos veces.Sequé las lágrimas que aún estaban en su rostro y le pregunté:- ¿Esta con hambre?Ella asintió afirmativamente.- ¿Qué carajo haces aq
- Estoy de acuerdo - dijo Allan - Tenemos muchos hombres armados y entrenados aquí. Si no hacemos algo ahora, nunca se volverá a hacer.Todos miraron a Héctor. Él me miró. Sentí que algo le molestaba, aunque estuve de acuerdo con Allan y mi hermano.- Habla, Héctor... - Me acerqué a él, tomándolo de la mano, sin apartar los ojos de los suyos. - ¿Que piensas sobre todo esto?- Tengo miedo por Maria Lua. ¿Y si Daniel también está armado? ¿Qué pasa si no estás solo? ¿Qué pasa si una bala perdida alcanza a nuestra chica? - Noté cierto pánico en su voz.No había pensado en eso. Y tenía razón. Por supuesto, la voluntad era acabar con Daniel y todos los que estaban con él. Pero mi hija era una de las personas bajo su influencia.- Podemos intentar hablar - sugirió Ben - ¡Odio la violencia, gente! No es que crea que tenemos que ceder al chantaje de este Daniel descalificado, pero no está de más intentar resolverlo en paz.- En este caso, no hay forma de resolverlo en paz, Ben. – Le dijo Anon
- ¿Cómo desapareciste? No hay forma de que ella desaparezca. Si la dejaste en la sala, debe estar en algún lado... Le gusta jugar al escondite.Me levanté y bajé corriendo las empinadas escaleras de madera. La habitación estaba vacía.Fui a la puerta de cristal que daba a la calle y estaba cerrada pero no con llave.- Es imposible que alguien haya entrado aquí... y se la haya llevado. - dije inseguro.- No está en la cocina - dijo el ama de llaves - Ni en las habitaciones de camino.Héctor bajó corriendo las escaleras, metiendo un abrigo en sus brazos:- Tenemos que buscar en todas partes.- ¿Como supiste? – Lo miré.- Ben... Escuchó todo por teléfono. Y me dijoEmpezamos a buscar por la casa. El hombre a cargo del lugar también ayudó, pero por fuera. Después de un tiempo, ya sabía que mi hija no estaba en la casa.Salí a la calle, sintiendo mis pies sobre los pequeños y esponjosos copos. Ese momento se suponía que iba a ser tan perfecto. Sin embargo, todo lo que sentí fue que mi cora







