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Capítulo 3

Author: Yo-yo
last update publish date: 2026-10-05 03:25:45

—Entonces, ¿cuándo te vas a casar, Ezra? ¿Ya has encontrado una mujer?

Ezra levantó la mirada del naranja que estaba pelando, con una expresión de desaprobación en el rostro.

—¿Eso es de lo que deberías preocuparte ahora mismo? Estás en el hospital. Concéntrate en recuperarte.

Su abuela hizo un gesto desdeñoso, como si su salud no tuviera ninguna importancia comparada con el hecho de que él siguiera soltero. Empezaba a pensar que en realidad no le pasaba nada a la mujer. No le sorprendería que fingiera estar enferma solo para conseguir que él pasara tiempo con ella y así poder tenderle una emboscada para que se casara, o al menos para que iniciara una relación.

—Has estado fuera durante casi diez años —dijo ella—. ¿De verdad quieres que crea que no has tenido una relación desde entonces?

—No tengo tiempo para una relación —respondió, concentrándose en pelar un gajo de naranja.

—¡Pero han pasado años! —insistió ella—. Sé que Lana te hizo mucho daño, pero esa no es razón para que te cierres al amor para siempre.

La expresión de Ezra se ensombreció ante sus palabras y fulminó con la mirada a su abuela.

Ella puso los ojos en blanco al ver su expresión.

—Sí, sí, ya sé que no quieres volver a escuchar su nombre. Pero mira lo que estás haciendo contigo mismo por culpa de ella. Tienes casi cuarenta años y sigues soltero. ¿No te sientes solo?

—No estoy solo.

Y su edad era una exageración. Había cumplido treinta y dos años el año pasado.

Sin querer escuchar más propaganda sobre el matrimonio, Ezra le metió en la boca el gajo de naranja que acababa de pelar, con la esperanza de que eso la hiciera callar. Ella le lanzó una mirada sucia que él fingió no ver.

—Tener un asistente no cuenta como no estar solo. Jason debe estar harto de tu presencia constante a estas alturas —dijo ella después de terminarse la fruta.

—Le pago lo suficiente a Jason.

—¿Qué tal una cita a ciegas? —preguntó ella, ignorando su comentario—. Conozco a la persona perfecta. Es una chica encantadora, su padre es uno de los miembros de nuestra junta directiva. Te gustaría.

—No —se negó Ezra con firmeza—. No más citas a ciegas.

—Ni citas a ciegas, ni citas que yo organice, ¿cuál es exactamente tu problema? ¿Has olvidado lo que está en juego? —Al ver que él no tenía intención de responder, continuó—. Soy vieja y, dejando de lado mi deseo de tener bisnietos y de verte feliz con una familia, necesitas esto. La junta ya está descontenta contigo y busca maneras de echarte de la empresa. Sin mencionar a Olivia y a su hijo Ethan. Si sigues retrasándolo, Ethan se te adelantará y tendrá una esposa y un heredero. Escuché que incluso ya tiene prometida. Entonces la empresa caerá directamente en sus manos. ¿Es eso lo que quieres?

—Me pregunto de quién fue la brillante idea de establecer una cláusula de herencia tan estúpida —dijo, levantando una ceja.

—¿Quieres la empresa o no? —preguntó su abuela con impaciencia.

Por supuesto que la quería. No se quedaría de brazos cruzados viendo cómo la empresa de su familia caía en manos de la hija de la mujer que arruinó la felicidad de su familia. Pero simplemente no actuaría como un títere para conseguir lo que quería. Hacía las cosas a su manera.

Decidiendo que ya era hora de cambiar de tema, preguntó:

—¿Cuándo te vas a reunir con Olivia y su hijo?

Ella también debía haberse cansado del tema anterior, porque no intentó volver a insistir.

—No tengo que reunirme con ellos. La única razón por la que permití que me involucraran en esa reunión familiar es porque acababas de regresar al país y sabía que Olivia seguiría molestándome para que nos reuniéramos, solo para poder fingir que somos una gran familia feliz mientras te lanza insultos apenas disimulados y su hijo intenta ganarse tu favor. Son agotadores. Me alegra estar aquí en el hospital en lugar de estar allí con ellos.

Que su abuela no soportara a Olivia no era ninguna novedad para nadie. Ezra negó con la cabeza, le entregó el resto de la naranja y pulsó el botón para llamar a su asistente.

—Voy a hablar con el médico. Después de eso, me iré.

Ella puso los ojos en blanco.

—Lo que sea. Adelante. Pero piensa en lo que te dije. Necesitas una esposa y un hijo.

Ignorándola, giró su silla de ruedas motorizada hacia la puerta justo cuando esta se abrió desde fuera y apareció Jason.

—Jason, convéncelo por mí, ¿quieres? —le dijo ella a Jason, inclinándose ligeramente fuera de la cama.

Ezra salió de la habitación en su silla de ruedas mientras Jason simplemente sonreía y le decía que haría todo lo posible.

Cuando llegaron al consultorio del médico, lo encontraron caminando de un lado a otro, con el expediente de Ezra sobre la mesa. Ezra levantó una ceja al ver la carpeta con su nombre. Se preguntó por qué el médico tenía su expediente sobre la mesa, pero decidió preguntar primero por su abuela.

—Estoy aquí por mi abuela. ¿Hay algo que no me hayan contado?

El médico de mediana edad se quedó paralizado, con el aspecto de un ciervo atrapado por los faros de un coche. El hombre había sido el médico de su familia desde que Ezra podía recordar, y Ezra nunca lo había visto tan aterrado.

—Su abuela… Está bien. Ejem. —Se aclaró la garganta—. La hemos examinado y no hay nada grave. Le hemos dado más suplementos y algo más para aliviar el dolor. Solo tiene que asegurarse de que los tome con regularidad.

Como sospechaba, no había nada malo con la vieja bruja. Simplemente había conseguido que la ingresaran para poder arrastrarlo hasta allí y someterlo a otra ronda de chantaje emocional.

Asintió y luego señaló con la cabeza la carpeta que seguía sobre la mesa.

—¿Y eso?

La palidez volvió al rostro del médico.

—Sobre eso, señor Grey… Hay buenas noticias y malas noticias.

Ezra estaba impaciente.

—No me hagas perder el tiempo. Suéltalo.

—Sí, señor —respondió el hombre—. Tiene que ver con su muestra de semen y la mujer en la que fue inseminada.

Ezra se quedó inmóvil.

¿Qué mujer?

Todavía no había ordenado que comenzara el proceso de inseminación. Esa muestra era solo un respaldo.

—¿Qué quiere decir?

El médico tragó saliva.

—Hubo un error, verá. Una mujer vino aquí queriendo ser inseminada con una muestra, pero hubo un error con el etiquetado. La muestra que trajo estaba etiquetada como E. Grey, idéntica a la suya. Pero cuando la analizamos, descubrimos que no era viable. Sin embargo, como ya habíamos analizado su muestra anteriormente y estábamos seguros de que era viable, pensamos que había habido un error en otra parte. Así que nosotros…

—Así que inseminaron a una mujer al azar con mi muestra de semen —terminó Ezra por él, con una expresión fría.

—Sí, señor.

El médico parecía estar a un segundo de morir.

Ezra guardó silencio. Por dentro, estaba furioso.

—¿Me está diciendo —preguntó con un tono escalofriante— que hay una desconocida por ahí llevando a mi hijo?

—Señor, nosotros no sabíamos…

—¿No sabían? ¿Este es el tipo de error que pueden cometer así como así? ¿¡Sabe lo que han hecho!?

El médico estaba listo para rezarle a cualquier dios de cualquier religión. Realmente había sido una coincidencia con una probabilidad extremadamente baja de ocurrir. ¿Qué probabilidades había de que otra persona llegara al hospital no solo con el mismo apellido, sino también con la misma inicial en su nombre? Dios, estaba acabado. Este sería el fin de su carrera.

Se secó más sudor de la frente, con aspecto de que podía desmayarse en cualquier momento.

—Señor Grey, me disculpo por lo…

—Guarde sus disculpas para el tribunal después de que los demande —la voz de Ezra era peligrosamente tranquila—. En cuanto a la mujer, encuéntrela y asegúrese de que se deshaga de ese feto.

Al mencionar Ezra la demanda, el médico cayó de rodillas suplicando.

—Señor Grey, por favor, escúcheme…

—No quiero escucharlo. ¿La mujer?

Sus hombros se hundieron en señal de derrota. Intentar suplicar era inútil. Ezra no era conocido por ser un hombre amable. Sería mejor recurrir a alguien de mayor autoridad. Alguien como la abuela de Ezra.

—Eh… la mujer ya está aquí, en el hospital.

—Mejor aún —dijo Ezra.

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