ANMELDENHola, Sé que he estado un poco perdida por acá, pero no en r3des. El trabajo y los compromisos me han tenido muy ocupada, en especial, ahora que empiezo un emprendimiento y la inspiración parecía haberse ido de vacaciones, sin embargo, por acá vuelvo. Gracias a quienes siguen dándonos su apoyo ♥ Besos y esperamos sus comentarios motivadores.
Las vidas de Regina y de William habían cambiado de nuevo en un abrir y cerrar de ojos, ganaron, pero también perdieron y no sabían qué pasaría más adelante. Durante las siguientes semanas se concentraron en la recuperación de Regina y en conocerse. Se habían enamorado de sus formas de ser, pero desconocían muchas más facetas de su pasado, que eran las que los habían llevado al punto en el que se encontraban. Los dos abrieron sus corazones para contar todo de sí mismos.William intentó comunicarse con sus padres, pero solo obtuvo una carta sin sello, de parte de Asher, su hermano.Hermano querido,Es extraño escribirte después de tanto tiempo. Ojalá pudiera darte mejores noticias, pero debo ser honesto, padre no quiere saber de ti. Para él, lo que hiciste fue una traición imperdonable. No entiende que, al elegir el amor por encima del deber, no lo traicionaste a él, sino que fuiste leal a ti mismo. Yo no lo condeno, Will; al contrario, te admiro.Madre no dijo nada, pero sé que está p
El tiempo se había detenido dentro de aquellas paredes.Los días transcurrían pesados, marcados por el silencio del castillo y los pasos de las sirvientas que iban y venían con tazones de agua caliente, paños limpios y ungüentos de hierbas.Regina aún no abría los ojos por completo, aunque había momentos en los que murmuraba palabras incomprensibles, como si desde el umbral de la inconsciencia luchara por regresar. William permanecía a su lado sin descanso. Apenas comía, apenas dormía; el único instante en que se levantaba de la silla junto a su cama era cuando Dash lloraba con hambre o necesitaba consuelo.El niño había quedado bajo el cuidado de la anciana sirvienta, que lo atendía con paciencia maternal, pero William insistía en tenerlo en brazos cada tanto. Lo acercaba a Regina, hablándole al oído con la esperanza de que la voz de su hijo la hiciera despertar.—Te espera, ¿lo escuchas? —susurraba cada noche y rozaba con sus labios la frente fría de ella—. No puedes dejarnos.La her
William deseaba que Gastón corriera mucho más rápido, pero el animal iba al máximo, así como lo hacían los caballos de Frederick y sus guardias. Las horas que estuvieron detenidos en la noche, los alejaron mucho más de Regina. Había guardado la esperanza de encontrarlos por el camino, que también hubiesen detenido su recorrido en la noche, pero no fue así.El Rey Frederick intercambiaba órdenes con Edward, su hombre de confianza, ya estaban próximos a llegar al castillo del Condado Norwood. Debían estar atentos ante cualquier suceso.Poco a poco la residencia se reveló ante sus ojos, algunos sirvientes corrieron a resguardarse y el grupo de bandidos aliados a Lucio, que celebraban la gran hazaña de haber conseguido llevar de vuelta a la mujer de McKay, corrieron por sus espadas y cuchillos.—¡No quiero que ninguno escape! —ordenó Frederick. Edward asintió y con algunas señas se desplegaron sus hombres.Los filos metálicos de las espadas resonaron, pero se perdieron en el espacio abier
Regina no supo cuánto tiempo había dormido, pero al abrir sus ojos se exaltó, el carruaje ya no se movía y el paisaje que alcanzó a ver por una apertura de la cortina se le hizo de lo más conocido, pero ya no se sentía como el hogar en el que creció.Había pasado tanto tiempo desde el día que salió de ese castillo, donde pasaron tantas cosas que la llevaron a lo que vivía en su vida, además de los intensos recuerdos con su padre. Era el mismo lugar, pero ya no era su hogar. Las paredes se veían iguales, pero ya nada se sentía igual, en absoluto agradable.De repente algunos ruidos, voces y gente que corría de un lado a otro la hicieron despertar por completo y cayó en cuenta de que no sentía a su pequeño bebé a su lado.Dash no estaba en el carruaje, alguien lo había tomado y su corazón se detuvo por un segundo, para después empezar una arremetida intensa dentro de su pecho.—¡Llévatelo y deshazte de él! —Escuchó la voz de Lucio afuera del carruaje, así que, se aventó hacia la salida.
Selene miraba a Frederick y ninguno de los dos sabía qué decir, porque lo que sabían parecía ser insuficiente en ese momento. La única que podía dar un poco de información se encontraba golpeada y todavía en el suelo, porque Jack no se atrevía a levantarla y que alguna herida de las que tenía pudiera empeorar.—No-no-nosotras hui-mos de él —murmuró Serafina.—Mi amor, no hables, guarda fuerzas —le pidió Jack, sin evitar que una lágrima se deslizara por su mejilla. Serafina le regaló una leve sonrisa y levantó su mano para limpiarle el rostro a su esposo.—Lucio… —hizo una pausa para tomar un sorbo de agua más largo— intentó ahogar al bebé, ella lo detuvo y casi la… a ella —omitió la palabra, pero todos supieron cuál era. La joven hacía un gran esfuerzo por contar las cosas—. Yo lo golpeé y salimos —dijo Serafina y no pudo seguir con las explicaciones, aunque no fueron necesarias.—¿Fue ahí cuando las encontramos? —preguntó William y la joven asintió.—¡Dios, mío! ¿En qué momento pasó
En el castillo las cosas no estaban mucho mejor. William avanzó hacia sus padres con el corazón latiendo a un ritmo feroz. Sabía que, en cuanto abriera la boca, todo se saldría de control… pero ya no podía seguir callando.—No puedo hacer esto —susurró lo bastante bajo para que solo sus padres lo escucharan.La princesa permanecía junto al consejero real de Valoria, quien lanzaba miradas incandescentes hacia los reyes y hacia William, como si con ellas quisiera sentenciarlo.—¿De qué hablas? —exigió el rey, endureciendo la voz.—William… —intervino la reina, con tono suplicante.—No, madre —replicó él, con una calma tensa—. No puedo casarme con la princesa. Sí, es cierto… conocí a alguien más. Y es la mujer que quiero a mi lado por el resto de mi vida. Nada más me importa. Pueden tomar las decisiones que deseen, pero yo debo partir.Se soltó del agarre cariñoso, aunque preocupado, de su madre.—¡William! —bramó el rey, pero ninguna palabra logró frenar el paso decidido del príncipe.L