Se connecterPOV KARINA La luz de la Toscana entraba a raudales por los ventanales de nuestra cocina, una estancia cálida que olía a café recién hecho y a pan tostado. Era mi momento favorito del día. Leo, sentado en su trona, era un torbellino de energía. Tenía las mejillas manchadas de mermelada de albaricoque y soltaba carcajadas agudas mientras intentaba atrapar una cuchara de plástico con sus manos regordetas. —¡Leo, vas a terminar pintando las paredes con esa mermelada! —reí, limpiándole la barbilla con una servilleta mientras mi corazón se ensanchaba de puro gozo. Había un brillo especial en mis ojos, una paz que se sentía sólida como la piedra de nuestra villa. Pero, de repente, el mundo dio un vuelco. Una oleada de náuseas me golpeó el estómago con la fuerza de un impacto, y un mareo repentino hizo que tuviera que aferrarme al borde de la mesa. La palidez invadió mi rostro en segundos. Andrew entró en la cocina en ese preciso instante. Su instinto de protección, siempre alerta, se
POV KARINA 2 años después.El aire de Nueva York se sentía pesado, cargado de esa humedad gris que siempre parecía preceder a las tragedias en esta ciudad. Pero hoy, para nosotros, solo era un trámite de respeto. La mansión Thorne, esa estructura de mármol que una vez me pareció una fortaleza inexpugnable, lucía hoy como un mausoleo descuidado. Silas Thorne había fallecido, y con él, se iba el último vestigio de la vieja guardia que intentó destruirnos.Andrew y yo bajamos del coche blindado. Ambos vestíamos de un negro riguroso y elegante. Yo llevaba un vestido de corte impecable y un sombrero con un velo sutil que apenas cubría mis ojos. Andrew, a mi lado, caminaba con una seguridad imponente, cargando en sus brazos a nuestro hijo de un año, Leo.Leo era el vivo retrato de su padre: el mismo cabello oscuro, la misma mirada analítica y penetrante, y esa seriedad innata que ya empezaba a mostrar a pesar de su corta edad. Verlo en los brazos de Andrew, protegidos ambos por esa aura
POV KARINADos meses.A veces me despierto en mitad de la noche, con el sonido de las olas rompiendo suavemente contra los acantilados de la costa de Amalfi, y tengo que tocar la calidez de la piel de Andrew para convencerme de que no es un sueño. Nueva York, con su ruido asfixiante y sus sombras de traición, parece ahora una vida que le perteneció a otra persona.Nuestra nueva casa es un santuario de piedra blanca y ventanales infinitos que miran al mar Tirreno. Aquí, el tiempo no se mide en cierres de bolsa o en escándalos de prensa, sino en la luz del sol que baña nuestra terraza y en las risas que compartimos sin miedo.En estos dos meses, Andrew ha completado una metamorfosis que me deja sin aliento. El "Tirano" no ha muerto —su mente sigue siendo la más brillante y afilada que he conocido—, pero esa ferocidad que antes usaba para levantar muros, ahora la usa para protegerme y adorarme. Es un hombre que se vuelca en los detalles: sabe exactamente cómo me gusta el café al aman
POV ANDREW La mansión de mi abuelo, Norman Thorne, siempre me había parecido un lugar frío y lleno de soberbia. Al cruzar el umbral del gran salón, el aire se sentía cargado, denso, como si las paredes mismas estuvieran conteniendo la respiración. Allí estaban todos, formando un semicírculo de falsa autoridad: mi madre, Beatrix, con los ojos llenos de una furia contenida; mi abuelo, sentado en su trono de cuero como un rey que se niega a aceptar su caída; y mi primo Gael, que intentaba inútilmente lucir el traje de mando que le quedaba grande en todos los sentidos.Junto a Gael estaba Alison, la mujer que alguna vez fue mi prometida y que no tardó ni un mes en saltar a la cama de mi primo cuando los médicos dijeron que yo nunca volvería a caminar. Verlos allí, pretendiendo salvar un barco que ellos mismos habían hundido, me produjo asco seguidos de náuseas. —Andrew, finalmente —dijo mi abuelo, golpeando su bastón contra el suelo—. Siéntate. Tenemos mucho que discutir sobre el desa
POV KARINA La pregunta de Andrew quedó suspendida en el aire, vibrando entre nosotros como una promesa de libertad. Lejos de aquí. Lejos de la mirada inquisidora de Beatrix, lejos del olor a sangre y pólvora del muelle, lejos de los recuerdos que Sasha intentó profanar. Miré a Andrew, a los ojos del hombre que le había traído este cheque no como una tentación, sino como un mapa de la toxicidad que nos rodeaba.—Sí —susurré, y la palabra se sintió como un suspiro de alivio que llevaba meses reteniendo—. Sí, Andrew. Vámonos. No necesito nada de esto. Solo te necesito a ti.La respuesta pareció romper la última presa de contención en él. Andrew no dijo nada, simplemente me atrajo hacia sí con una ferocidad que me dejó sin aliento. El cheque arrugado quedó en el suelo, olvidado, simbolizando el desprecio absoluto por el valor material que intentaba comprar nuestra felicidad.En la penumbra de la habitación, el mundo exterior desapareció. Ya no había tiranos, ni herencias, ni padres m
POV ANDREW El día había sido una sucesión de números y contratos que no lograban retener mi atención. Mi mente estaba anclada en el departamento, en la imagen de Karina recuperando su luz. Sin embargo, una llamada rompió mi frágil burbuja de tranquilidad.—¿Qué quieres, madre? —pregunté, sin ocultar mi hastío apenas descolgué el teléfono.—Solo quería advertirte, Andrew —la voz de Beatrix sonaba cargada de una falsa compasión, esa que usa cuando está a punto de dar una estocada—. Acabo de ver a tu "adorable" Karina. Le ofrecí una salida, Andrew. Un cheque en blanco para que se fuera de tu vida y dejara de arrastrarte a su miseria de Brooklyn. ¿Y sabes qué hizo?Sentí que el corazón se me detenía un segundo. El aire de la oficina se volvió asfixiante.—¿De qué hablas?—Lo tomó, Andrew. Tomó el cheque sin dudarlo ni un segundo y se marchó con una sonrisa de suficiencia. Esa mujer solo está buscando al mejor benefactor. Primero fue su padre intentando extorsionarte, y ahora ella ace







