FAZER LOGINCuando abrí los ojos, estaba sola en la cama.Tenía bastante calor. Seguramente Simón se había ido a buscar a su madre y a Silvia. Por eso no me había despertado.Me levanté lentamente y entré al baño. Estaba sudando muchísimo. El aire acondicionado estaba apagado y no recordaba haberlo apagado. Tal vez por eso parecía una deportista después de una carrera, con el sudor recorriendo todo mi cuerpo.Abrí la ducha y dejé que el agua refrescara mi piel.Últimamente había ganado peso y comenzaba a acomplejarme por eso. Me sentía poco atractiva, incluso indeseable.No me gustaban demasiado los cambios que estaba experimentando.Pero, al mismo tiempo, amaba este embarazo.Amaba a mis bebés.Amaba saber que estaban creciendo dentro de mí.Y, sobre todo, amaba al hombre que había hecho posible que los tuviera.Ellos eran mi adoración.Cuando salí del baño, me puse un vestido azul sencillo y unas sandalias. No quería utilizar tacones. Me dolían demasiado los pies y necesitaba descansar un poco.
Ya estaban instalando a mi madre en el cuarto que Martha había preparado para ella. Como Simón tenía mucho trabajo que hacer —revisar documentos, atender llamadas y resolver asuntos de la empresa—, yo estaba algo desocupada, así que decidí ayudarla a sentarse.Nada me costaba hacerlo. De todos modos, yo la veía como mi madre.Aunque no me había dado la vida. Aunque me había separado de mi verdadera madre.Tal vez, sin ella, nunca habría conocido a Simón. Quizá nunca habría terminado trabajando para él. Cada persona tiene su propio destino, un camino que seguir, y las cosas pasan porque tienen que pasar.Si la vida fuera fácil, si simplemente nos entregaran a la persona indicada sin hacernos luchar por ella, probablemente nadie aprendería a valorarla.La vida sería demasiado simple.Pero la vida no funciona así.Es difícil. A veces es cruel. No todos nacen en una cuna de oro ni tienen la oportunidad de conseguir todo lo que quieren.Y quizá por eso valoramos mucho más aquello que conse
CAPÍTULOLuego de recorrer nuestra habitación, conocer a todos los empleados y organizar la habitación de mamá y la de Lucía, solo faltaba hablar con mi suegro para saber cómo iban las cosas por allá. Así que nos dirigimos al despacho de la casa para poder hablar con él.—Hola, padre. Cuéntame, ¿cómo está todo por allá? —preguntó Simón, colocando la llamada en altavoz para que yo también pudiera escuchar.—Simón, hijo, todo está bien. Tu madre está preocupada por Natasha y su embarazo, pero todo está bajo control. Jacok me está ayudando con lo del trabajo. Ya sabes que soy viejo y casi no puedo con todo eso, pero, por lo demás, todo está de maravilla. Y dime, ¿cuándo piensan regresar?Creo que esa parte no la habían hablado con el padre de Simón, porque él tampoco tenía planeado regresar todavía.—Papá, esperaremos a que Natasha se ponga mejor. Ella no podrá viajar. Estuvo demasiado alterada y tiene prohibido hacerlo, así que esperaremos hasta que nazcan los bebés.Se le olvidó mencio
No sabía a dónde me iba a llevar, pero estaba muy emocionada y, al mismo tiempo, un poco asustada. En cualquier momento podía detener el carro y llevarme hasta nuestro destino.Aunque no podía dejar de pensar en mamá, en Lucía y en todo lo que mi vida había cambiado durante aquella última semana.Me había enterado de demasiadas cosas. Habían sucedido demasiadas cosas.Era imposible no sentirme aterrada.No quería que me ocurriera nada malo. Ni a mí ni, mucho menos, a ninguna de las personas que amaba.También tenía miedo de lo que pudiera ocurrir con Luca. Todavía no había hablado con él sobre la cita. No le había dicho que Simón estaría presente, ni que él ya sabía toda la verdad porque yo misma se la había contado.—Amor, ¿cuándo llegamos? —pregunté, inquieta.Estar embarazada y tener los ojos vendados definitivamente no era la mejor combinación. Y mucho menos después de haber visto tantas películas en las que las sorpresas terminaban de la peor manera posible.—Calma, princesa. Ya
No podía creer todo el daño que nos había hecho. Siempre lo quise demasiado; fue una persona muy importante para mí y, aun así, terminó lastimándonos.¿Por qué?¿Cómo podía alguien llegar a hacer cosas así? ¿Acaso me odiaba? ¿Nos odiaba?Después de aquel espectacular desayuno y antes de su gran sorpresa, convencí a Simón de visitar a mi madre y a mi hermana. Todavía no había hablado con mi padre y tampoco sabía nada de Vanessa.Mi madre seguía sedada, al igual que mi hermana. Ninguna despertaría ese día, pero yo necesitaba estar con ellas.Me acerqué a mi madre y tomé su mano. Sentía un nudo en la garganta.—Mamá... aunque no seas quien creí que eras, quiero darte las gracias. Gracias por todo lo que aprendí contigo.Las lágrimas comenzaron a acumularse en mis ojos.—Aunque nunca nos llevamos bien y todavía me cuesta aceptar todo lo que descubrí, tienes un lugar en mi corazón. Quizá algún día pueda dejar atrás todo este rencor y aprender a ver también las cosas buenas que hiciste por
Me levanté asustada, con lágrimas en los ojos.No podía creer lo que acababa de soñar.—Simón...Lo dije intentando comprender lo que estaba pasando.—¿Qué pasa, amor? ¿Qué tienes?Cuando escuché su voz a mi lado, lo miré.Estaba despeinado y sin camisa.Me lancé inmediatamente a sus brazos.Había pensado que me había dejado, pero todo había sido un sueño. Un horrible y espantoso sueño.—¿Qué tienes, amor? ¿Por qué lloras?Comencé a llorar aún más fuerte. Él pasó un brazo alrededor de mi espalda y empezó a acariciarla lentamente.—Shhh... amor, cuéntame. ¿Qué tienes?—Simón, tuve un horrible sueño.Tenía miedo.Miedo de perderlo, de que algún día decidiera dejarme, de que ya no me quisiera.Yo lo amaba.Amaba a Simón con todo mi corazón y la sola idea de que pudiera abandonarme me destrozaba.—Simón... ¿tú qué sientes por mí?Me separé un poco para mirarlo a los ojos.—Nat, creí que eso ya estaba bastante claro.Las lágrimas continuaban cayendo por mis mejillas.Simón me acercó a él y







