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Sombras entre el Jardín

Autor: Afrodita
last update Fecha de publicación: 2026-04-27 06:21:08

Capítulo 1 – Sombras entre el Jardín

La tarde caía lentamente sobre la elegante casa de Alina Procter, tiñendo el cielo de un tono anaranjado que parecía acariciar las copas de los árboles del jardín. Madison Montenegro, con su caminar pausado y elegante a su manera, atravesaba la entrada con una mezcla de familiaridad y nerviosismo. No era la primera vez que ella visitaba a su amiga en esa casa, pero había algo en ese día que la hacía sentirse más vulnerable de lo habitual: el sonido del timbre de la puerta siempre le recordaba que su presencia allí era una elección, no un hecho automático.

Alina, como siempre, apareció antes de que Madison pudiera siquiera anunciarse. Sus brazos abiertos y su sonrisa cálida fueron suficientes para disipar cualquier incomodidad. Haciendo que esta se sintiera más segura.

— ¡Madi! — exclamó, abrazándola con fuerza al igual que siempre — ¡Me alegra tanto que hayas venido!

— Gracias. Yo… yo también estoy feliz de verte, Alina —respondió Madison, intentando devolver la calidez del abrazo. Su voz era suave, como siempre, y sus ojos reflejaban la combinación perfecta de cariño y resignación que llevaba consigo desde que recordaba.

Desde la preparatoria, Alina había sido su refugio más seguro cuando nadie la quería y en la muerte de sus padres, cuando Madison se quedó sola y vulnerable frente al mundo cruel, Alina no había dudado en permanecer a su lado. Era la única persona que nunca le había hecho sentir que su apariencia, sus vestidos anticuados o su rostro “poco agraciado”, como decían algunos, importaban en lo absoluto.

Luego de saludarse, ambas se acomodaron en la sala, donde los rayos de sol se colaban por los ventanales, iluminando los rostros de ambas amigas con un dorado tibio. Sin embargo, mientras Madison dejaba su bolso a un lado y se sentaba cómodamente, Alina comenzó a hablar con entusiasmo, relatando cosas íntimas que solo una verdadera amiga puede saber. De esa manera Madison la escuchaba, sonriendo genuinamente, pero no podía evitar que su mirada buscara en vano la presencia que tanto deseaba: Rowan Porcter, el hermano de su mejor amiga.

Ella llevaba años enamorada de él en silencio. No como un amor adolescente y pasajero, sino como uno profundo y silencioso, que había crecido entre suspiros discretos y observaciones a distancia. Rowan era el tipo de hombre que parecía moverse siempre con un brillo propio, rodeado de mujeres hermosas y la vida de fiestas interminables, sin notar jamás la existencia de alguien como Madison y ella lo sabía. Había aprendido a resignarse y a permanecer en las sombras de su propio mundo.

— ¿Jose? — habló Alina sacándola de sus pensamientos — ¿Me estabas escuchando?

— Claro… sí, te estaba escribiendo — respondió, un poco sonrojada — Es solo que una idea vino a mi mente y me distraje un segundo.

— Está bien, no importa — contestó Alina.

Las horas pasaban mientras ellas conversaban sobre trivialidades, recuerdos compartidos y planes futuros. Madison se sentía cómoda en ese momento, pero la tensión volvía cada vez que el nombre de Rowan aparecía. Sabía que Alina lo amaba a su manera, pero también entendía la frustración de su amiga por no poder cambiar la actitud de su hermano. Él ciertamente era mayor que ella por cuatro años al igual que yo, pero si vida de libertinaje no le traerá nada bueno.

Ese día, sin embargo, había algo más en el ambiente, algo demasiado fuerte: el señor Carlos Procter, padre de Alina y Rowan, parecía visiblemente molesto a pesar de ser un hombre bastante tranquilo. Su ceño fruncido y la manera en que recorría el jardín con pasos firmes indicaban que algo lo tenía irritado y pocas veces Madison lo había visto de esa manera.

— Hola, niñas ¿Todo bien por aquí? — pregunto tranquilamente mientras las saludaba a ambas.

— Todo bien papá ¿Sucede algo?

— Nada malo mi vida ¿Has visto a tu hermano? No lo encuentro por ningún lado.

— No sé nada de él, papá —dijo Alina, alzando los hombros mientras seguía a su padre con la mirada — Ha estado desaparecido todo el día.

— Desaparecido es lo menos que podrías esperar de él —resopló el señor Carlos, cruzando los brazos — Ese muchacho no tiene cabeza ni control sobre sí mismo y si no aparece pronto, voy a tener que encontrarlo yo mismo.

Madison sintió un pequeño nudo en el estómago al escuchar esas palabras. La preocupación de Alina era palpable, y aunque deseaba acercarse para ofrecer consuelo, algo en ella siempre la detenía. Rowan nunca le había dirigido la palabra a Madison en los años de conocerlo, ni siquiera en las ocasiones en que ella había estado frente a él. La idea de interponerse parecía inútil, incluso dolorosa tan solo por preocuparse.

Finalmente, después de media hora, cuando el sol comenzaba a ocultarse detrás de los edificios lejanos de la ciudad y la tarde se volvía un poco más fresca, el momento esperado —y temido— llegó. La puerta principal se abrió de golpe y un olor a alcohol se coló hasta el jardín.

Rowan apareció en el umbral, irreconocible, con la ropa arrugada y el rostro marcado por un golpe reciente. Su cabello revuelto y la mirada turbia indicaban claramente que la noche había sido más violenta que cualquier fiesta, haciendo que Madison contuviera el impulso de acercarse. Sus dedos querían rozar su brazo, su corazón deseaba preguntarle si estaba bien, pero sabía que no era su deber hacer eso. La única persona que parecía poder intervenir era Alina, y Madison se limitó a observar desde la distancia, sintiendo una mezcla de pena y frustración.

Alina corrió hacia su hermano con preocupación visible y ese solo esquivó su acercamiento cuando esta quiso tocarle la herida.

— ¡Rowan! ¿Qué te pasó? — preguntó, mientras él solo guardaba silencio.

Sin embargo, antes de que Madison pudiera dar un paso más o él pudiera decir algo, el señor Carlos irrumpió en el jardín con su figura imponente y furiosa visible. Su voz cortó el aire con la precisión de un látigo y todos se sorprendieron:

— ¡Rowan! — gritó — Ven conmigo ahora mismo al despacho. Hay algo que tengo que discutir contigo.

El joven titubeó, y por un momento pareció querer responder, pero finalmente cedió. Con la mirada esquiva y un leve temblor en todo su cuerpo debido al alcohol, siguió a su padre, dejando a Alina detrás, aún preocupada, y a Madison en silencio, observando cómo su sueño imposible de ser vista por él continuaba siendo inalcanzable. De esa manera mientras Rowan desaparecía detrás de la puerta del despacho, Madison suspiró y fue un suspiro que contenía toda la frustración, la resignación y el cariño que llevaba años ocultando. La tarde terminaba con la misma sensación de impotencia que tantas otras veces; ya que estar cerca de la persona que amas sin que él siquiera note tu presencia es asfixiante.

Madison recogió su bolso, y antes de despedirse de Alina, le ofreció una sonrisa sincera. Su amiga no merecía menos que eso y ella lo sabía.

— Gracias por invitarme, Ali. Pasé un buen día contigo —dijo, aunque su corazón seguía latiendo con fuerza por la escena que acababa de presenciar.

Alina le sonrió, intentando transmitirle que todo estaría bien, pero Madison sabía que, por más días que pasaran juntas, por más conversaciones y confidencias compartidas, Rowan siempre permanecería en su mundo… y ella, inevitablemente, en el suyo propio, un lugar invisible para el único hombre que había logrado despertar algo más que simples emociones pasajeras.

Al salir de la casa, la brisa fresca de la tarde la envolvió, llevándose consigo el olor a alcohol, a fiesta y a problemas que no eran suyos. Sin embargo, la sombra de Rowan, golpeado, apestando a excesos y bajo la mirada furiosa de su padre, permanecería grabada en su mente mucho después de que la puerta se cerrara tras ella.

Madison Montenegro regresaba a su mundo de soledad amable y esperanza silenciosa, mientras la casa de Alina quedaba atrás, testigo de una tarde más en la que la di

stancia entre ella y el hombre que amaba parecía insalvable.

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