INICIAR SESIÓNCapítulo 2 – El Juicio del Despacho
El despacho de la familia Procter siempre había sido un lugar imponente, con muebles de caoba pulida que reflejaban la luz de los ventanales y paredes adornadas con cuadros de generaciones pasadas. Allí, el silencio tenía peso propio sobre las palabras; cada objeto parecía observar y cada sombra parecía juzgar lo que habías hecho.
En total silencio y olvidándose del mundo exterior, Rowan cerró la puerta detrás de él, sintiendo cómo la tensión llenaba el espacio casi de inmediato. Su padre, el señor Carlos Procter, permanecía de pie junto al escritorio, con los brazos cruzados y la mirada fija en él. Era obvio que su padre no se encontraba feliz y el joven titubeó tan solo un momento.
Por primera vez en años se sintió pequeño, vulnerable ante la autoridad que siempre había evadido con sonrisas y bromas sin sentido, pero tras unos segundos que parecieron eternos, rompió el silencio:
— ¿Qué… qué pasa, papá? —preguntó, intentando ocultar el temblor de su voz con una falsa seguridad — Esta tarde intenté pagar con mis tarjetas y me dijeron que estaban bloqueadas ¿Hay algún problema?
Su padre no respondió de inmediato a sus preguntas. Este solo lo miró con la calma que precede a la tormenta, pero con una intensidad que hacía que Rowan sintiera cada palabra antes de que fuera pronunciada. Finalmente, elevando ligeramente la voz, replicó con ironía sin perder la autoridad.
— ¿Qué pasa? ¿Tú me estás preguntando qué pasa?
Rowan tragó saliva. El tono de su padre, tan grave y al mismo tiempo cortante, le hizo comprender que no había espacio para bromas ni evasiones.
— Papá… — intentó una vez más — no entiendo…
— No entiendes, Rowan, porque nunca has querido entender y a veces siento que te haces el estúpido solo porque sí —interrumpió Carlos, caminando lentamente hacia él, con pasos firmes que resonaban sobre la alfombra — Yo cancelé todas tus tarjetas de crédito para hacerte regresar y mira nada más cómo llegaste a esta casa. No eres más que un desastre andante, golpeado, apestando a alcohol… y, además, gastando el dinero de la familia como si fuera infinito ¿Hasta cuándo vas a jugar con tu vida y la de los demás? — su voz se elevó, cortante y tajante — ¡Por una vez en tu vida, exige responsabilidad de ti mismo!
Rowan, con una sonrisa nerviosa, intentó quitarle hierro al asunto, pero al parecer no se daba cuenta de que el terreno dónde estaba era frágil.
— Vamos, papá, todavía soy joven y no puedes hacerme regresar a casa cancelando mis tarjetas.
Carlos al fin estalló y no era una explosión desmedida, sino una liberación controlada de toda la frustración contenida durante años.
— ¡Joven! — gritó — ¿Te crees joven? ¡Casi tienes veintiséis años, Rowan! Además ¿Crees que puedes vivir sin esfuerzo, sin consecuencias y sin responsabilidad alguna? — se acercó Carlos a él hasta quedar frente a frente — Pues déjame decirte que te equivocas. Desde hoy, aprenderás a ganarte el dinero con tu propio esfuerzo y no habrá más tarjetas de crédito. No habrá más flujo de efectivo sin control y mucho menos algo de lo que antes te di a manos llenas. De ahora en adelante, trabajarás como todos los demás para sustentar tu vida y si no consigues un trabajo pronto sufrirás las consecuencias.
Rowan quedó paralizado al escuchar eso, con los ojos abiertos de par en par sin saber si debía reír o enfurecerse. Aquello lo tomó completamente por sorpresa, pero algo tenía que hacer para hacerle cambiar de opinión.
— Papá, lo que me exiges es demasiado, no puedes estar hablando en serio —murmuró, con la voz quebrándose un poco — ¡No puedes hacerme esto!
Carlos lo miró con la dureza de un hombre que sabía que estaba haciendo lo correcto por su propio bien, aunque ahora su hijo no pudiera verlo.
— No es demasiado, Rowan. Más bien es lo que deberías de haber aprendido hace años, pero dejé que tu madre te consintiera demasiado. Ahora gracias a eso eres un bueno para nada, incapaz de manejar tu propia vida correctamente. Cuando yo tenía tu edad, ya dirigía la empresa familiar y me hacía cargo de su prosperidad. Sin embargo, tú… tú apenas puedes sostenerte sin ayuda, y miras con superioridad a los que trabajan y luchan mientras tú derrochas lo que otros han construido.
— ¡Pero…! — Rowan intentó protestar, con el rubor de la indignación mezclado con incredulidad en su rostro — ¡Estás exagerando! Esto es completamente innecesario…
— Yo no lo veo de esa forma y no voy a cambiar de opinión —respondió Carlos, con una calma que parecía absorber toda la energía de la sala — Todo lo que has conocido hasta hoy, Rowan, ha sido un regalo que ha alimentado tus vicios y esos vicios te han hecho un hombre que podría desaparecer del mundo sin que nadie notara su ausencia. Es por eso que todo termina hoy y esa es mi última palabra.
El joven respiró con dificultad al verse sin salida. Su mundo, hasta entonces garantizado y protegido por el dinero y la indulgencia de su padre, se desmoronaba ante él. La idea de tener que buscarse la vida, de ganar dinero por sí mismo, de enfrentarse a la realidad que siempre había evitado, le resultaba aterradora e innecesaria.
— Papá… yo… — intentó de nuevo, con voz temblorosa — No puedo…
Carlos permaneció inmutable. Su mirada no vaciló, y sus palabras, frías, pero firmes, no dejaban lugar a discusión:
— Sí puedes y lo harás. Tal vez hoy sientas que te estoy quitando todo, pero en realidad te estoy dando la única oportunidad que jamás has tenido. Esa es la de convertirte en un hombre de verdad para que dejes atrás al inútil que eres.
Rowan giró sobre sus talones y salió de la oficina de su padre con pasos pesados, respirando con fuerza y con el corazón latiendo con un ritmo que parecía golpear su pecho desde dentro. La puerta se cerró tras él con un portazo que resonó en toda la mansión y asustó a más de un empleado.
Mientras el joven recorría el pasillo hacia su habitación, lleno de ira y con la frustración ardiendo en cada músculo de su cuerpo, Carlos permaneció en su despacho, sin alterarse por la reacción de su hijo. Sabía que esto era necesario. Que cada golpe de realidad era una lección que Rowan había necesitado durante años y no se arrepentía. No lo hacía porque un hombre que depende del dinero fácil, que evade responsabilidades y se hunde en sus excesos, nunca será un hombre de provecho.
Carlos Procter, con toda la paciencia y severidad de su carácter, estaba decidido a que su hijo entendiera esa verdad, aunque le doliera más que cualquier golpe físico.
El despacho volvió a su silencio habitual. Solo con el tic-tac del reloj sobre la pared marcaba el paso del tiempo, un recordatorio constante de que la vida no espera a los irresponsables, y que cada decisión
tenía sus consecuencias por más dolorosas que fueran.
Capítulo 53 — La persona indicada Sus labios ya estaban unidos cuando Madison dejó de pensar en cualquier cosa que pudiera distraerla. El beso había comenzado despacio, casi como si ambos estuvieran comprobando que aquello que sentían seguía siendo real, pero bastaron unos segundos para que la calma desapareciera.Rowan deslizó nuevamente su mano hasta su cintura y la acercó más a él como si pudiera fundir sus cuerpos en uno solo. Madison por otro lado rodeó su cuello con los brazos y ninguno dijo nada. No hacía falta, sabían lo que estaba por ocurrir. Después de todo lo sucedido durante los últimos días, aquel silencio decía mucho más que cualquier conversación hasta que Rowan se separó apenas unos sentimientos de sus labios.— Madison... — ella abrió los ojos en ese momento.— ¿Sí?— respondió con la voz entrecortada y él la observó durante unos segundos.— Si quieres podemos detenernos — Madison sostuvo su mirada al escuchar eso.— ¿Quieres detenerte? — Rowan dejó escapar una peque
Capítulo 52 — La verdad a punto de romperlo todoLa dirección que Rowan le había enviado a Madison no decía demasiado. Solo iría a un edificio, un número de departamento y una hora. Ella se había preguntado por qué tenían que verse allí, pero Rowan había respondido con un simple mensaje que decía:— Quiero hablar contigo a solas. Te espero.Aquello había sido suficiente para que Madison pasara las últimas horas preguntándose qué podía querer decirle. Sin embargo, mientras subía en el ascensor, había algo que ocupaba mucho más espacio en su cabeza que cualquier conversación pendiente. Su nueva imagen.Alina había insistido en todo momento en que no necesitaba cambiar para gustarle a nadie, sino gustarse a sí misma, pero Madison había querido experimentar. Había elegido un vestido rojo que marcaba suavemente su figura, unos zapatos elegantes y había dejado que su cabello negro cayera en ondas sobre sus hombros. Llevaba un maquillaje delicado que resaltaba sus ojos y, por primera vez en
Capítulo 51 — Una mentira demasiado grandeMientras la mañana avanzaba lentamente, después de aquella llamada que Madison recibió, Rowan se encontraba entrando en el departamento de Kevin, solo que esta vez era diferente.En el departamento de Kevin, Rowan permanecía de pie frente a la ventana y llevaba varios minutos sin decir una palabra. Kevin estaba sentado en el sofá observándolo con una mezcla de preocupación y desconcierto, ya que su amigo no decía absolutamente nada.— Rowan, vas a romper el cristal si sigues mirándolo así — Rowan ni siquiera sonrió ante su comentario.— Tengo que decirle toda la verdad a Madison está misma tarde — Kevin al escuchar eso casi se ahoga con su propia saliva.— ¿Espera qué? ¿Qué has dicho? ¿Habas en serio? — pregunto Kevin de inmediato.— Por supuesto que hablo en serio. Ya es algo que había hablado contigo antes.— ¿Es por lo de Defne cierto? ¿Sabes si tuvo que ver con lo que le pasó a Madison la otra vez?— Por supuesto, fue ella quien casi la a
Capítulo 50 – La primera grietaLa mañana había comenzado demasiado tranquila para todo lo que Rowan llevaba dentro. Había dormido poco. Cada vez que cerraba los ojos aparecía la misma imagen: Madison frente a él, sonriendo en la cabaña, completamente ajena a la tormenta que se estaba formando alrededor de ella y después estaba el momento exacto en el que había enfrentado a su hermano diciéndole que estaba enamorada de él. Sin embargo, también aparecía Defne, su amenaza, las fotografías y después el automóvil.La manera en que había jugado con él como si todavía pudiera controlarlo lo sacaba de sus cabales por lo que Rowan apretó la mandíbula mientras conducía hacia la cafetería donde había decidido encontrarse con ella.Esta vez no iba a negociar. No iba a pedirle que se detuviera. Iba a terminar con aquello de una buena vez, por lo que en cuanto entró al establecimiento donde habían quedado, Defne ya estaba sentada junto a una ventana como si fuera una reina. Ella vestía elegantemen
Capítulo 49 – Lo que nunca me atreví a decirteDespués de que Rowan se marcha de la mansión, Alina le hizo creer a Madison que su hermano tuvo que irse porque Kevin lo necesitaba con urgencia. En realidad, Alina solo quería quedarse a solas con su mejor amiga para poder entender mejor esa situación que estaba ocurriendo entre ella y su hermano.Casi una hora después de haber estado en el baño, Madison salió de este, envuelta en una bata color marfil. El agua caliente había relajado su cuerpo por completo, pero no había logrado borrar la sonrisa que aparecía en su rostro cada vez que un recuerdo de la cabaña cruzaba por su mente. Su cabello aún estaba húmedo y caía sobre sus hombros cuál cascada, mientras caminaba por su habitación.Cuadro por fin Madison sintió que era el momento de hablar, entre ella y Alina solo quedaba una pequeña mesa donde descansaba una tetera humeante y dos tazas de té.El ambiente era tranquilo, intimo. Como tantas tardes que habían compartido juntas durante a
Capítulo 48 – Secretos entre hermanosEl silencio que quedó después de la discusión con Dylan resultaba casi tan incómodo como todo lo que acababa de ocurrir. Madison aún permanecía inmóvil junto a Rowan, mientras ahora era Alina quien los observaba con una expresión que mezclaba sorpresa, confusión y una evidente necesidad de respuestas.Nadie hablaba, nadie parecía saber por dónde empezar hasta que finalmente, Alina fue había sido la primera en romper el silencio.— ¿Acaso no piensan explicarme qué está pasando aquí? Les hice unas preguntas — Madison tragó saliva dándose cuenta de que no podía seguir callando.— Alina yo...— No, Madison. No me digas solo mi nombre porque quiero respuestas. Acabo de escucharte decir que estás enamorada de mi hermano y, por si fuera poco, descubrí que ustedes dos tienen al parecer una relación de la que nunca me dijiste absolutamente nada.Madison bajó la mirada, sintiendo un enorme peso sobre los hombros al escucharla.— Lo siento, no debí...— No,







