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Establecimiento

Autor: Coral
last update Fecha de publicación: 2025-10-01 10:56:14

Aimunan

​Mike se acercó y me entregó las llaves de la camioneta. Me le quedé viendo sin comprender si se quedaba con nosotras o no.

​—El auto es suyo, Señorita; la cabaña también. Todo está bajo su nombre. Su hermano preparó esto para cuando llegara un momento así —Mi sorpresa fue total. Años viviendo en un apartamento en el centro de la ciudad y jamás mi hermano me había pasado un bolívar. Si algo tenía a mi nombre era la posada que me dejó mi abuela en mi pueblo, lo cual agradecí, pero dejé e
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Último capítulo

  • Cruce de Dos mundos Ancestrales    Promesa y final

    Aimunan ​El 31 de diciembre. Víspera de Año Nuevo. Es el día de la consumación de nuestra promesa. ​El aire en la ancestral villa del Abuelo Lee, en las montañas de Gyeonggi-do, está impregnado de la solemnidad del invierno. Huele a pino resinoso, a la escarcha cristalina sobre la nieve reciente y al incienso antiguo quemándose en braserillos de bronce. Es un lugar que respira paz y milenaria tradición. Para mí, sin embargo, el aroma dominante es la dulzura embriagadora y terrosa de las orquídeas Cattleya Mossiae que Jin-Sung ha dispuesto con devoción por todo el pabellón, un cálido eco floral de mi tierra. ​Estoy vestida con un hanbok de seda color marfil que contrasta con la intensidad de mi piel trigueña. La tela, suave como agua helada, me envuelve. El diamante Mossiae en mi dedo no solo brilla; irradia una luz rosa pura, la certeza de nuestra unión. ​Miro a la pequeña congregación. No hay cientos de invitados, sino los pilares de nuestros mundos, cuidadosamente seleccionad

  • Cruce de Dos mundos Ancestrales    Yo me curé

    Alexander Lee (Jin-Sung) ​Caminé hacia Munan, ansioso, sintiendo el calor del hogar que me había negado por años. La había dejado hacía apenas unas horas, pero cada minuto lejos de ella era una traición a la promesa que hice en el bar. La vi sirviendo, su perfil iluminado por el reflejo de la vajilla de porcelana. ​—Te adelantaste —dijo, con una risa suave. ​La abracé por detrás, hundiendo mi rostro en su cuello. El aroma a lirio era mi único santuario. Dejé de ser el CEO en el umbral y me convertí en el hombre que ella había elegido. La besé, un beso que prometía amor sin límites. ​Nos sentamos a la mesa, bajo la luz tenue que ella había dispuesto. La cena fue sencilla y exquisita. Mis ojos, sin embargo, solo estaban en ella. La preocupación subyacente de la mañana—el agua, el silencio— me taladraba. ​—Hablemos de lo que hacías en el baño esta mañana —exigí, dejando el tenedor. Mi voz era firme. —Prometimos no guardar nada. ​Munan sonrió, esa sonrisa que era mi perdición

  • Cruce de Dos mundos Ancestrales    Te lo diré al caer la tarde

    Aimunan Una semana nos quedamos en Múnich. Fue la semana más hermosa de mi vida, una burbuja de calor y redención envuelta en el frío diciembre. Jin-Sung y yo nos dedicamos a redescubrirnos. Su toque ya no era el del CEO que controlaba, sino el del hombre que se había rendido. Cada beso, cada caricia, era un juramento no verbal tallado en la piel. ​A mediados de Diciembre, regresamos a Corea. La casa se sentía diferente, llena de vida, sin el eco de nuestra ausencia. El aire en Seúl era fresco y vibrante. Jin-Sung estaba ansioso; la boda sería el 7 de enero y él ya no quería esperar. La presencia del anillo Mossiae, ese sol rosa de mi tierra, en mi dedo era una certeza pesada y dulce. ​La segunda noche en nuestro penthouse en Seúl, desperté. Eran las cuatro de la madrugada. El silencio de la alta torre era absoluto. ​Creí haber escuchado el correr de un riachuelo, pero era imposible. Mis sentidos, sin embargo, estaban hipersensibles; podía oler la brisa fría colándose por la vent

  • Cruce de Dos mundos Ancestrales    Noche sin límites

    Alexander Lee (Jin-Sung) ​El 30 de octubre me fui a la cama con el cuerpo de Munan. El 31 de octubre me desperté y me encontré solo en el silencio. El mes de noviembre fue el purgatorio. ​Volví a mis pesadillas, pero esta vez eran peores: tenía el recuerdo vívido de su piel, de su toque ancestral, y el pánico de su ausencia. Dormía dos horas, me levantaba, trabajaba con una eficiencia brutal y llamaba a Karl. ​—¿Está bien? —mi única pregunta diaria. ​—Está en paz, Jin-Sung. Con Trina. Feliz —respondía Karl, mi amigo, agente secreto y mi espía consentido. ​Cada reporte de "paz" y las fotos de una vida feliz me destrozaban. Munan estaba sanando, pero esa sanación dependía de mi ausencia. Yo le había dado la libertad para elegir una vida sin mí, y ella la estaba construyendo. Sabía que cada día de felicidad con Trina era un clavo en el ataúd de mi esperanza. ​El 1 de diciembre, no pude más. El imperio me parecía una jaula de oro sin ella. Ni el mejor whisky de mi amigo españo

  • Cruce de Dos mundos Ancestrales    El amor está aquí

    Aimunan ​La primera noche decembrina comenzaba. El pequeño escenario del bar de karaoke en Múnich era el centro de mi nueva paz. El aire estaba espeso con el aroma a cerveza y promesa festiva. ​Cuando el grupo en vivo nos cedió el micrófono, el guitarrista se acercó. ​—Son latinas, ¿verdad? ¿Nos harías el honor de un dueto? —preguntó. ​Acepté. Él comenzó a tocar los acordes melancólicos y familiares de "¿Dónde está el amor?". ​Comencé a cantar la parte inicial, mi voz clara y cargada de todos los sentimientos que había ocultado durante meses: ​...No hace falta que me quites la mirada para que entienda Que ya no queda nada... ​Al llegar al coro, el cuestionamiento que había marcado mi vida se hizo público: ​¿Y dónde está el amor? ¿Del que tanto hablan? ¿Por qué no nos sorprende? Y rompe nuestra calma... ​Mis ojos, llenos de esa pregunta, se fijaron en la multitud, a la vez en la nada. Pero de repente, allí, detrás de la barra, tan quieto y vulnerable como si e

  • Cruce de Dos mundos Ancestrales    La libertad

    Aimunan ​El avión de la Corporación Lee me depositó en Múnich. El vuelo fue un borrón, pero la sensación al tocar tierra era inconfundible: la gravedad de mi propia existencia había regresado. Ya no era un satélite orbitando la culpa de Alexander. Era libre. ​Llegué a la casa del bosque con el amanecer. Abrí la puerta, y el aire frío de la mañana alemana era una bendición en mis pulmones. Antes de sorprender a Trina, necesitaba hablar con mi hermano. Y sin importar la hora le marqué, la respuesta llegó rápidamente. —¿Qué pasa ahora?—Su voz sonó ronco. —Isacc, me quedaré unos meses en Alemania, quiero despejarme antes de volver a casa. —Tómate tu tiempo—no se opuso ni hizo preguntas—hiciste un trabajo impecable, los tomates están pintones....¡Felicidades!.— podía percibir el orgullo en su voz. —Aprendí del mejor— dije ante el mensaje clave. —Repórtate cuando estés lista para regresar. —Así lo haré —no había más palabras que decir. Y la llamada finalizó Miré el peq

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