로그인—Firmen aquí, por favor —dijo el funcionario, deslizando el acuerdo de divorcio sobre la mesa—. Para que el proceso sea definitivo, existe un período de treinta días. Durante ese tiempo, cualquiera de las partes puede retirar la solicitud de forma unilateral.Celia tomó el bolígrafo, estampó su firma y deslizó el documento hacia César. Él se quedó mirando el papel en silencio durante un largo rato antes de firmar. En cuanto ella vio su nombre escrito, se levantó y se dispuso a irse sin mirar atrás. Sin embargo, él la detuvo justo antes de cruzar la puerta.—Celia.Ella se detuvo y se giró. Su expresión era neutra, ocultando cualquier rastro de debilidad.—¿Te vas a arrepentir? —preguntó ella.César la contempló durante un instante eterno. Entonces, en su cara asomó una leve y triste sonrisa.—Solo quiero que seas feliz, que vivas sin preocupaciones... aunque yo no esté a tu lado.A Celia se le cortó la respiración. Apartó la mirada por instinto para que él no viera cómo se le humedecía
Macarena regresó a casa hecha una furia. Fulminó a David con la mirada, incapaz de contener su resentimiento.—¿Por qué te quedaste callado? Si hubieras sabido presionar, Víctor, por pura consideración hacia ti, podría haber cambiado de opinión. ¡Pero no! ¡Ahora nos hemos quedado con las manos vacías!David se desplomó en el sofá, visiblemente irritado. Al notar que su hija seguía allí, bajó el tono de su voz.—Rocío, vete a tu habitación.En cuanto la joven subió las escaleras, David se arrancó la corbata, la arrojó sobre la mesa y estalló:—¡Mi mamá acaba de morir y tú solo piensas en cómo rapiñar su herencia!—¿Ahora la culpa es mía? —exclamó Macarena, fuera de sí—. Bien que esperabas este día cuando decidiste cambiarle la medicina a tu madre…El sonido de una cachetada cortó la frase en seco.Rocío, que se había quedado a mitad de la escalera, se ocultó tras una columna para observar la escena. Macarena se llevó la mano a la cara, con los ojos encendidos. Era la segunda vez que él
Tras el funeral de Valeria, los Herrera aguardaron un día antes de hacer pública la noticia. En cuanto se difundió, el suceso acaparó los titulares de todos los medios. Oficialmente, el accidente se atribuyó a un simple fallo en los frenos. Aunque en internet circularon innumerables especulaciones, la atención de la opinión pública se centró rápidamente en el destino de la herencia tras la muerte de la matriarca.En el salón de la casona de los Herrera, el abogado de Valeria entregó el testamento a Víctor. David y Macarena fingían indiferencia, pero sus ojos delataban una ansiedad incluso mayor que la de Víctor por conocer el contenido del documento.Víctor procedió a leer el testamento en voz alta. La anciana legaba la totalidad de las acciones de la empresa El Valle a César. En cuanto al patrimonio principal del Grupo Herrera, las acciones se repartirían a partes iguales entre César y Rocío.Macarena y David quedaron atónitos al escuchar el reparto. Rocío tampoco daba crédito a lo qu
Cuando Carlos regresó al salón y escuchó esas palabras, quedó petrificado. Retrocedió por instinto hasta ocultarse tras la pared, con el corazón acelerado.¿Un hijo? ¿Celia estaba embarazada?Ella no respondió. Se sumió en un silencio denso. Nicolás, al notar que la luz del día empezaba a desvanecerse, decidió romper la tensión.—Bueno, ya es tarde. Me voy al hotel.Carlos salió de su escondite.—Señor Gómez, tenemos habitaciones libres. ¿Por qué no se queda aquí?Nicolás declinó la oferta con un gesto amable, alegando que no sería apropiado, y se despidió. Carlos lo acompañó con la mirada hasta que la puerta se cerró y, de inmediato, se sentó frente a Celia. No pudo contenerse más.—Celia, ¿es verdad? ¿Estás embarazada?Ella lo miró. Él se apresuró a explicar:—Escuché su conversación sin querer. ¿Es de César?—Es mío —respondió ella tajante.—¿Qué?Carlos la miró, desconcertado, como si intentara procesar si era posible concebir por cuenta propia.—Fecundación in vitro —añadió ella.
Las manos que Lía mantenía rígidas a los costados se relajaron. Exhaló con pesadez y, encarándola, le dijo:—Rocío, no intentes usarme. No soy como tú.Rocío se sorprendió por su actitud y, tras un instante, recuperó rápido su máscara de indiferencia.—No era mi intención, solo te lo decía para que lo tuvieras en cuenta.—Si no fuera esa tu intención, no me habrías dicho eso. —Lía no le dio ni un milímetro de tregua—. ¿Crees que no sé lo que tramas? Es verdad que me gusta Nicolás, pero no voy a ponerme en contra de Celia solo porque él sienta algo por ella. Lo que yo sienta es mi problema, ¿qué tiene que ver Celia en esto?Hizo una pausa y le lanzó una mirada cargada de desprecio antes de continuar:—Con razón te llevabas tan bien con Sira. Siempre culpando a los demás de tus propias carencias… No me extraña que ni la abuela ni mi primo te tengan el más mínimo afecto.Dicho esto, se dio la vuelta y se fue sin mirar atrás. Esas palabras fueron una puñalada directa al orgullo de Rocío. P
La frase estalló en la mente de Celia como una bomba: ¿él quería rendirse? Y lo decía con una facilidad insultante… Quien la había buscado sin descanso al principio era él, y ahora era él mismo quien decidía soltarle la mano.Celia forzó una sonrisa para ocultar el torbellino de emociones que la golpeaba. Si tuviera un espejo delante, vería una mueca de lo más desgarradora.—¿Dices que quieres rendirte? César, ¿entonces qué significaron todas tus promesas y todo lo que hiciste por mí? ¿Me has estado tomando el pelo todo este tiempo? Si este iba a ser el final, ¡no deberías haberte cruzado en mi camino! Ahora que me has arrastrado contigo, pretendes retirarte sin más. ¡¿Con qué derecho?!Incapaz de contener su furia, Celia lo empujó con todas sus fuerzas.Él retrocedió unos pasos por el impacto e intentó sujetarla para que no cayera, pero ella rechazó su gesto de un manotazo.—¡Respóndeme!César bajó la mirada. Sus facciones afiladas estaban en tensión absoluta. Tras un silencio eterno,
Al escuchar esto, Rosa se interpuso frente a Celia protegiéndola, enrojecida y con las venas del cuello marcadas.—¡Ni se te ocurra lastimar a mi hija!Celia, sorprendida, se quedó paralizada, mirándola. Era la primera vez que experimentaba la sensación de ser protegida por su madre. Era tan maravil
Rosa permaneció petrificada durante varios segundos, incapaz de procesar lo que estaba viendo. En ese preciso instante, Jacob apareció corriendo con varios miembros del personal médico.—¡Señora! —gritó él, visiblemente preocupado.Los enfermeros se apresuraron a separar a Nieve de la atónita Rosa.
—¿Por qué sabes lo de mi hermano...? —Celia se sorprendió—. ¿Lo escuchaste todo ayer?—No era mi intención. —Nicolás cruzó los brazos—. Pero no imaginaba que tu esposo fuera César.Ella guardó silencio.—Puedo ayudarte. —Se ofreció.—¿Quieres ayudarme? —replicó ella—. Podrás ayudarme una vez, pero,
—¿Qué muchacho tuvo tanta suerte de casarse contigo? Pero, ¿por qué se divorcian? —preguntó la señora Juárez sorprendida, pero pronto lo aceptó.Celia era tan bonita… Tenía una belleza muy atractiva: con una piel fina e impecable y una apariencia dulce. En cualquier círculo, ese tipo de chicas eran







