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2 | Destinos entrelazados

Author: Gilover28
last update publish date: 2024-06-24 10:56:05

8 de enero de 2021

James

Ella cepilló su cabello rubio con suma paciencia, volvió a observar su reflejo en el espejo y comenzó a pintar sus labios de un fuerte rojo carmesí.

Todas mis mañanas comenzaban de la misma forma todos los días.

Ella adoraba pasarse horas frente al espejo maquillándose, ojalá tuviese esa misma paciencia con nuestros hijos.

—Tu madre me invitó a desayunar, así que saldré temprano. Traeré a los niños en la tarde ¿Está bien? —Me comunicó al mismo tiempo que buscaba un bolso que combinara con su forma de vestir. Eligió ese bolso Dior que tanto le gustaba, la mujer era una completa adicta a las marcas de lujo y la mayor parte de nuestro dinero se lo pasaba gastándolo en sus gustos personales. Sin embargo, mis preocupaciones son más grandes.

—La señorita Dixon me comentó que conoce a una mujer de confianza que puede trabajar como nuestra niñera, así que ella vendrá hoy y hablaré con ella. —Le dije dejando de observar hacia la ventana. Hace unos cuantos años que ella y yo dormimos en camas separadas, solo que tenemos que compartir un dormitorio para disimular cuando nuestros padres nos visitan. —Espero que sea la persona correcta para cuidar a nuestros hijos.

—Por mí no hay problema, mientras puedas encontrar a alguien que puedaquedarse con los niños cuando no estamos...—rodó los ojos. En serio que esta mujer es una irresponsable con nuestra familia. Para ella, Jayden y Rosalie eran una carga más y para mí eran lo mejor que me había pasado en la vida.

—Espero que esta mujer sea la adecuada, no me gusta dejar a mis hijos en las manos de otras personas solo porque su madre no quiere quedarse con ellos y prefiere pasarse viviendo una vida de soltera. —No soporté más y dije todo lo que sentía, lo único que me ha traído esta vida es decepciones y amores fingidos.

—Soy una mujer joven, James, no tengo porqué quedarme en casa haciendo lo que otros pueden hacer por mí. Y no me hagas enojar tan temprano, al final puedes contratar a la mujer que quieras y hacer lo que te venga en gana. No me interesa. —Fue lo último que pronunció antes de abandonar nuestra habitación.

Estaba decidido, ya ni siquiera deseaba continuar compartiendo ni un solo segundo más con ella

puesto que hace más de cinco años que no hemos tenido una relación de pareja.

Bueno, en realidad nunca hemos sido como una pareja como tal, y solo hemos tenido intimidad para tener a nuestros hijos. Imagino que ella incluso ha buscado tener amoríos por fuera.

¿Me interesa lo que haga con su vida? En lo más mínimo, sin embargo, a pesar de todo le he sido fiel todo este tiempo.

Siendo del todo honesto, la fidelidad no es por ella, más bien se trata de serle fiel a un amor que no pudo ser en el pasado.

«La vida no es justa, y el amor tampoco lo es.» —Fue lo que me dijo mi padre cuando me obligaron a contraer nupcias con Priscilla Lexington, la hija de un poderoso empresario de bienes raíces. Su objetivo era incrementar el valor de la fortuna de nuestras familias a partir de nuestra unión, y prácticamente nos obligaron a tener hijos para que existieran más herederos.

En el inicio de nuestro matrimonio, hice todo lo que estuvo en mis manos para intentar aprender a amar a Priscilla, pero ella nunca cedió.

Entonces fue de esa manera que terminé atrapado en un matrimonio forzado que tuvo un mal final y

lo único que deseo ahora es el divorcio.

La única mujer con la que me habría casado con todo el gusto del mundo es Giselle Windsor, la única persona a la que he sido capaz de adorar con toda el alma y por culpa de mis padres la perdí para siempre. A veces me gustaría regresar en el tiempo para enfrentarme a mi familia y tomar mis propias decisiones, si en aquel momento me habría rebelado en su contra ahora sería una persona muy feliz al lado de ella. No obstante de lo que no me arrepiento a lo largo de estos años es de mis dos preciosos hijos por los que daría la vida

entera y al menos soy consciente de que si me divorcio ellos van a quedarse a mi lado, a su madre ni siquiera le importan y supongo que eso también les provoca un dolor bastante grande.

En cuanto me terminé de arreglar para salir a trabajar, encontré a Irene, quien nos ha ayudado en la cocina desde hace varios años.

—Buenos días Irene...¿Cómo estás? —La saludé con una sonrisa mientras ella me servía el desayuno. —Muchas gracias.

—Buenos días señor, he amanecido bien, aunque me parece que usted no...

—Ya sabes, lo mismo de siempre, no creo poder seguir viviendo con Priscilla, de verdad. —le confesé, le he tenido demasiada confianza desde que la conocí.— Si sigo aquí es por los niños y porque compré esta casa con todo el sacrificio de mi trabajo, Jayden ya es un niño de doce años, solo que a Rosalie aún le falta crecer debido a que apenas tiene cinco. Él probablemente entenderá ya, sin embargo, desconozco la reacción que Rosalie puede tener.

—Rosalie quiere mucho a su madre, pero eso es porque aún es pequeña, al contrario de Jayden que acaba de entrar al colegio y que ya entiende mejor todo lo que sucede a su alrededor, él solo tiene contacto con usted debido a que casi no puede ni tener contacto con su madre. A pesar de todo, ellos le tienen más confianza y no creo que el que usted decida separarse de su madre cambie algo dentro de la situación. Con todo respeto señor Windsor, ustedes ya no se ven como una pareja desde hace más de seis años y mucho menos dan la imagen de una familia perfecta.

—Es evidente, en eso puedo darte toda la razón, solo que mis padres no podrían reaccionar de la mejor manera y los padres de Priscilla van a odiarme por todo lo que les queda de vida —terminé mi desayuno y me puse de pie—. Pensaré en qué es mejor para mí, por ahora me iré a la empresa debido a que conoceré a la mujer que me recomendó Jiyeon para que sea la nueva niñera de los niños.

—Si se la recomendó Olivia, de seguro es una mujer de confianza. Váyase a la empresa y deje de darle tantas vueltas al asunto de su matrimonio, cuando llegue el momento adecuado usted mismo sabrá qué hacer. Qué tenga un buen día en la oficina señor.

Asentí, tomando mi maletín de la mesa y antes de abandonar mi hogar, me acerqué a decirle:

—Solía pensar que nuestro amor iba a florecer ¿Sabes? Intenté muchas cosas para que fuera feliz a mí lado, pero, ella jamás tuvo la intención de hacerlo. A veces imagino que debe tener algún amante, solo que no es algo que me interese o me afecte. —No creía merecer todos sus malos tratos cuando nunca he sido un mal hombre con ella.

—El amor no es algo que se pueda forzar, señor. El amor florece cuando debe hacerlo y existe el mismo sentimiento entre las dos personas, confío en que encontrará a la mujer perfecta para usted cuando menos lo imagine. Y cuando ese instante llegue, no se niegue a amarla, no se quite a usted mismo la oportunidad de ser feliz de una forma que nunca lo ha sido. —me aconsejó.

—Siempre logras reconfortarme con tus palabras, Irene, eres como una madre para mí. —Tuve que abrazarla con fuerza —Sé que se acerca tu cumpleaños, trataré de darte lo que quieras, sólo dime qué deseas y te lo daré.

—No tiene razón para hacer eso por mí...

—Eres la única que me escucha además de mis amigos, y yo quiero demostrarte lo agradecido que estoy. Te veré en la noche, no te esfuerces demasiado. —volví a sonreírle y a dejar un beso en su mejilla —Priscilla mencionó que traería a casa a los niños en la tarde, por favor avísame si hasta las cuatro no están en casa. No sería la primera vez que se olvida de recogerlos.

—Está bien señor, le avisaré. —fue lo último que le dije antes de salir de casa.

Llegué a la empresa y me encerré en mi oficina sin dejar que nadie me molestara. Las horas siguieron pasando y en cuanto el reloj marcó las dos y media, alguien golpeó la puerta por lo que me apresuré en abrir. Allí me encontré con una mujer preciosa.

—Buenas tardes señor Windsor, soy April McCoy —Una mujer de ojos verdes y cabello negro me sonrió. Es bastante bonita, y parece que nuestras edades son contemporáneas.

—Es un placer conocerte señorita April, siga por favor, empezaremos la entrevista en unos minutos. —fue lo único que pude decirle, ella asintió e ingresó a mi oficina.

Tengo un presentimiento sobre esta mujer, aunque no estoy del todo seguro.

Ella me recuerda a alguien, pero es un recuerdo que no logra ser del todo claro para mí.

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