เข้าสู่ระบบVolkan se le quedó mirando, atónito por la revelación.—¿Tu mate...? —repitió el Alfa, parpadeando.—La he encontrado aquí, en Áurea —expuso Ramsés.—¿De verdad? Vaya... Qué buena noticia. Me dijiste que habías recorrido medio mundo buscándola. Me alegro de que la hayas hallado aquí.—Hacer este viaje ha sido la mejor decisión de mi vida.—Efectivamente. Quizás algún día llegue a conocerla —añadió Volkan.—Probablemente —respondió Ramsés con un encogimiento de hombros lleno de misterio—. Aunque todo depende de ella.Tras esa conversación, Ramsés abandonó la enfermería y se dirigió hacia los aposentos de la Señora Luna.Al llegar al pasillo, divisó a Ágata caminando de un lado a otro con la pequeña Nova en brazos. Tras verlo, la Luna se aproximó a él.—¿Cómo está Galilea? —preguntó.—Sigue igual —suspiró Ramsés—. Solo podrá salir de ese estado cuando Alchester sea finalmente sacrificado.Ágata exhaló ruidosamente.—Es una verdadera tragedia. Alchester es un desgraciado, pero no hubiera
Jonathan retrocedió un par de pasos y su cuerpo comenzó a transformarse. Sus extremidades se alargaron, sus manos se convirtieron en patas y su figura humana quedó cubierta por un espeso pelaje. Cuando terminó la transformación, ya tenía la forma de un enorme lobo.Separó las patas para afirmarse contra el suelo, bajó ligeramente la cabeza y tensó los músculos, preparándose para atacar. Sus labios se retrajeron, dejando al descubierto unos colmillos amenazantes, mientras sus ojos permanecían clavados en su adversario.A Gabriel le tomó unos segundos asimilar la magnitud de lo que estaba ocurriendo. Golpear a un Beta era un tabú absoluto, un crimen imperdonable bajo las leyes del clan. Pero las palabras de Jonathan habían disipado los rangos: ya no existían títulos, solo dos bestias dispuestas a ajusticiar sus propios errores a golpes.Con un gruñido sordo brotando desde lo más hondo de su garganta, Gabriel también se despojó de su apariencia humana y se transformó en lobo. Mostró los
—Hablaré con la Señora Luna para que me la vuelva a entregar —declaró Gabriel con terquedad—. Y volveré a casarme con ella.En ese instante, Volkan se puso de pie de golpe.—Te prohíbo que te vuelvas a acercar a Verónica —decretó—. Y veto de forma definitiva cualquier segundo matrimonio entre ustedes dos.Una fina capa de lágrimas se juntó en las comisuras de los párpados de Gabriel, amenazando con desbordarse, aunque su orgullo de guerrero impidió que cayeran.Un nudo abrasador se le instaló en la garganta; sentía que las entrañas se le quemaban de pura rabia e impotencia. No podía hacer nada.Cruzó por su mente la idea descabellada de secuestrar a Verónica, sacarla del palacio y huir lejos del clan... pero eso significaría renunciar a todo lo que era: abandonar su rango de Gamma, traicionar su lealtad al Alfa y tirar a la basura años de sacrificio y gloria, todo por una obsesión enfermiza con una hembra que lo había engañado.De pronto, Jonathan dio un paso al frente y rompió la qui
Un silencio pesado se apoderó de la oficina tras la helada confesión de Gabriel. —Eso no te correspondía —sentenció Volkan—. Verónica llegó al clan formando parte de un harén como reproductora. Pero cuando ordené la disolución de ese harén, su situación cambió: dejó de ser una reproductora para convertirse en una doncella destinada a casarse con un lobo de alto rango. Esa fue la promesa que Ágata le hizo a cada una de las lobas que pertenecieron a ese grupo. Verónica proviene de una familia influyente fuera de este clan, y Ágata prometió entregarla en buenas manos, haciéndole llegar esa garantía a sus padres. ¿Cómo crees que quedaría la reputación de la Luna si esto se llega a saber? ¿Si sale a la luz que la entregó a un hombre que la ha tenido encadenada como a un animal y en condiciones deplorables?El Alfa hizo una pausa para que sus palabras calaran en Gabriel.—Ágata aun no está enterada de esto, pero cuando lo sepa, se decepcionará de ti tanto como yo. Sentirá vergüenza. Pudist
En el ala oeste del palacio, Gabriel regresaba por el solitario corredor, buscando la habitación donde mantenía recluida a su esposa.En lo que se iba acercando, pudo notar que la puerta de su alcoba estaba abierta. Entonces, apresuró el paso y entró, descubriendo que Verónica no estaba en donde la había dejado.El desastre en la pared captó su atención: un enorme y grotesco boquete en la mampostería, de donde alguien había arrancado violentamente el grueso soporte metálico que sujetaba la cadena.La respiración de Gabriel se volvió agitada; comenzó a inhalar y exhalar por la boca, sintiendo una ola de calor subirle por la garganta.—¡Maldi-ta sea! No puede ser... ¡¿Dónde mier-da está mi esposa?! —inquirió, fuera de sí.Su mente trabajaba a mil por hora. Verónica jamás habría tenido la fuerza física para abrir semejante agujero en la pared. Débil, hambrienta y delgada como estaba, no poseía la potencia para arrancar un anclaje. Aquello era obra de un lobo sumamente fuerte.—¡Verónica!
Un nudo de frustración y remordimiento le oprimía el pecho a Jonathan. A pesar de haber encontrado a Verónica y haberla librado de aquel sufrimiento espantoso, no lograba sentir una verdadera paz. Todo este desastre jamás debió haber ocurrido.Si tan solo se hubiera decidido a tomarla como su esposa desde un principio, nada de esto habría pasado.O si simplemente la hubiera dejado en paz, sin empeñarse en mantener esa llama viva de forma clandestina, el destino habría sido muy distinto: ella se habría casado con Gabriel y habrían sido una pareja feliz, mientras él continuaba su camino.Había dos opciones maduras y dignas, pero eligió el peor de los senderos. Aprovechó los sentimientos que ella albergaba hacia él y la arrastró a un abismo que terminó por desquiciar a Gabriel, convirtiéndolo en un lobo salvaje y lleno de rencor al sentirse traicionado por ambos lados. Una doble puñalada.Sin embargo, aunque podía entender la ira de Gabriel, jamás disculparía la crueldad retorcida que de







